Lo
primero que aprendí de mi maestro (que Allah esté satisfecho de el) fue esto: me
cargó con dos cestas repletas de ciruelas. Las agarré con las manos, en lugar de
ponérmelas sobre la nuca como él me había indicado, pero aun así pesaba mucho y
me resultaba tan penoso que mi alma (nafs) se contrajo; se agitaba, sufría y se
revolvía en extremo, hasta tal punto que yo casi lloraba, y, por Allah, aún iba
a llorar más por todas las humillaciones, por el desprecio y el despecho que iba
a sufrir en esa situación,
porque mi alma todavía no había aceptado nunca nada semejante
ni había bajado la cabeza, y hasta ese momento yo había permanecido inconsciente
de su orgullo, su rebelión y su corrupción;
yo ignoraba si ella era o no orgullosa, y ninguno de los ulemas cuyos cursos
había seguido —y fueron muchos— me había informado sobre ese punto. Pues bien,
cuando me encontraba sumergido en esa perplejidad y dolor, el maestro, con su
gran intuición, vino hacia mí, cogió las dos cestas de mis manos y me las cargó
sobre la nuca, diciendo: « pruebas el bien, para expulsar un poco de orgullo!».
Por medio de esas palabras me abrió la puerta de la rectitud, porque desde
entonces aprendí a distinguir a los orgullosos de los humildes, a los serios de
los frívolos, a los sabios de los ignorantes, a los hombres de la tradición de
los innovadores y a los hombres que tienen ciencia y la aplican de aquellos que,
aunque la tengan, no la practican. Desde entonces ningún tradicionalista (sunni)
pudo ya engañarme con su saber, ni ningún innovador con sus innovaciones; ya
ningún sabio me infundió respeto (sólo) con su ciencia, ningún (falso) devoto
con sus devociones, ni ningún (falso) asceta con sus privaciones. Porque el
maestro (que Allah esté satisfecho de él) me había enseñado a distinguir la
verdad de la vanidad y la seriedad de la farsa; ¡que Allah lo recompense por
ello y lo proteja de todo mal!
Esta confesión se refiere. evidentemente, menos al carácter particular del autor
que a la naturaleza de la psique (an-nafs) en general, como opuesta al espíritu
(ar-rûb)