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Si amas a tu Señor, oh faqîr, abandona tu yo y tu mundo y
a los hombres, a excepción de quien con su estado te eleve y te demuestre a
Allah con sus palabras. Pero cuidado con lo que haces, mucho cuidado en no
dejarte engañar por alguno, pues cuántos hay que parecen predicar por Allah y no
predican sino por sus deseos. El célebre wali (intimo de Allah) Seyidi Abû-sh-Shità
(que Allah por él nos beneficie) dijo a este respecto: «por dios, no llamemos
"mi señor" o "hijo de mi señor" más que a aquel que corta nuestras ataduras».
No se te oculta, faqîr, lo que encierra al hombre en este mundo, que es el mundo
de la corrupción, y lo retiene prisionero en él, no es otra cosa que la ilusión
(al-wabm); si el hombre se deshace de ella, entra en el mundo de la pureza, de
donde ha venido; y a todo extranjero Allah lo devuelve a su patria.
 
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