|
No alimentes todo lo que nace de tu corazón, antes bien
recházalo lejos de ti y no te ocupes de criarlo olvidando a tu Señor, como hacen
la mayoría de los hombres, que divagan y yerran y se pierden en un espejismo; si
comprendieran, dirían: cosa sorprendente es el corazón; en un instante da a luz
innumerables hijos, unos legítimos, otros ilegítimos, y aun otros que no se sabe
cómo son... ¿Cómo, pues, alguien que se ocupa de alimentar a todos esos hijos
podría hallarse disponible para su Señor? Qué piedad este hijo de Adán que borra
el cosmos hasta que de él no queda ni rastro, y que el cosmos borrará a su vez
hasta que no quede ni rastro de él, salvo un poco de olor que se irá
desvaneciendo en un breve lapso de tiempo...
 
|