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Escucha, pues, oh faqîr, porque voy a repetir
algunas de mis admoniciones (mudhâkarât) para que quien no haya obtenido
provecho de ellas la primera vez, lo obtenga la segunda o la tercera, y a fin de
que el faqîr angustiado encuentre en ellas, cuando las considere, aquello que
necesita sin haberlo buscado.
Sabed, y que Allah tenga piedad de vosotros, que había en la tribu de los Beni
Zarwál -que Allah la proteja de todo error- un letrado entre nuestros hermanos
cuyas palabras manifestaban tal estado de ánimo que las personas que lo
escuchaban se echaban a reír incluso cuando estaban tristes o afligidas. Un día
en que se celebraron funerales en su casa, que se llenó de gente, los asistentes
observaron la cantidad de garrotes que había en ella, unos colgados de las
paredes y otros en el suelo. Le preguntaron: «¿Qué es lo que haces con tantos
garrotes?» Contestó: «Si alguna vez entra por aquí un ladrón, no perderé el
tiempo buscando para encontrar un arma, sólo tendré que coger uno de estos
garrotes que he dejado por todas partes al alcance de la mano».
Se trata, me parece, de una excelente idea, y, en ese sentido, repetiré algunas
de mis exhortaciones.
 
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