PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

   CARTAS DEL SHAYKH AL-´ARABI AD-DARQAWI

 

CARTA 13

 

Los foqarâ (plural de faqîr) de los primeros tiempos no buscaban, sino aquello que pudiera matar sus almas (nufûs, plural de nafs) y vivificar sus corazones, mientras que nosotros hacemos lo contrario: buscamos aquello que mata nuestros corazones y vivifica nuestras almas. Ellos no se esforzaban sino en deshacerse de sus pasiones y en destronar a su ego; en cuanto a nosotros, a lo que aspiramos es a la satisfacción de nuestros deseos sensuales y a la exaltación de nuestro ego. Por eso hemos vuelto la espalda a la puerta y la cara a la pared. Y no os digo esto sino porque he visto las gracias con las que Allah colma a cualquiera que mata su alma y vivifica su corazón.

 

Ciertamente, nosotros con menos que eso somos felices; pero sólo el ignorante se conforma sin llegar al fin de su camino. Me he preguntado si existe, aparte de nuestras pasiones y de nuestro egoísmo, algo más que nos separe de los dones divinos, y he encontrado, como tercer impedimento, la ausencia de nostalgia espiritual; pues las intuiciones no son concedidas generalmente más que a aquél cuyo corazón es traspasado por una intensa nostalgia y un gran deseo de contemplar la Esencia de su Señor, a él afluyen las intuiciones de la Esencia divina hasta que se extingue en Ella, liberándose de la ilusión de otra realidad además de Ella, porque a eso es a lo que Ella conduce a todos aquéllos que en Ella están fijados de continuo. Por el contrario, quien aspira exclusivamente a la ciencia o a la acción no recibe una intuición tras otra; por lo demás, no gozaría de ellas, ya que su aspiración apunta hacia algo distinto de la Esencia divina, y Allah (s.w.t) colma a su servidor según la medida de su aspiración. Ciertamente, todo hombre participa del Espíritu, como el océano tiene olas, pero la experiencia sensual acapara a la mayoría de los hombres: se ha apoderado de sus corazones y de sus miembros y no les deja abrirse al Espíritu, puesto que la sensualidad es lo opuesto de la espiritualidad y los opuestos no se reúnen.

 

Vemos, por otra parte, que no se alcanza el objetivo espiritual con muchas ni con pocas obras, sino únicamente por la gracia, como dice el wali (intimo de Allah) Ibn `Atài-LIâh (que Allah esté satisfecho de él) en sus Hikam: «Si sólo pudieras llegar a El tras la extinción de tus defectos y la anulación de tus pretensiones, nunca Le alcanzarías. Pero cuando El quiere conducirte de nuevo hacia Sí, recubre tu cualidad con la Suya y tus atributos con los Suyos, y "así te conduce hacia Sí, por lo que te llega de Su parte, no por lo que Le llega de la tuya».

 

Uno de los efectos de la bondad, la gracia y la generosidad divinas es que uno encuentre al maestro que educa espiritualmente, porque sin gracia divina nadie lo encontraría ni lo reconocería, ya que es más difícil conocer a un wali (intimo de Allah) que conocer a Allah, como dice el wali Abu-l'Abbâs al-Mursî (que Allah esté satisfecho de él). Asimismo, en los Hikam de Ibn `Atâi-Lláh se dice: «Exaltado sea Aquél que no manifiesta a Sus walis sino para manifestarse y que no conduce hacia ellos más que a aquéllos que quiere conducir hacia Sí».

 

No cabe duda de que el señor de los habitantes del Cielo y de la Tierra, nuestro maestro, el Enviado de Allah (que Allah lo bendiga y le dé la paz) era abiertamente manifiesto, como un sol sobre un estandarte, y a pesar de ello no todos le vieron, sino sólo algunos. A otros, allah se lo veló como vela a los walis para la gente de su tiempo, hasta el punto de que los calumnian y no los creen. De ello es testigo el libro de Allah: «Les verás mirar hacia ti y no te verán (Corán, VII, 197) y «Dirán: Vaya enviado, que se sustenta con corrida y va por los mercados...» (Corán, XXV, 7), y así sucesivamente, según otros muchos pasajes análogos; dos terceras partes, si no más, del Libro divino hablan de los Profetas (sobre ellos la paz) calumniados por la gente de su tiempo. Entre los que no vieron al Enviado de Allah (que Allah lo bendiga y le dé la paz), se encontraba Abú Jahl (que Allah lo maldiga); en él no vio más que al huérfano adoptado por Abú Talib. Ocurre lo mismo con el maestro espiritual que a la vez es arrebatado (majdháb) y metódico (sâfik) y que se halla siempre y al mismo tiempo ebrio y sobrio: sólo algunos lo encuentran.

 

Ahora bien, si se lo encuentra, ese maestro ve a veces que el espíritu de su discípulo será liberado por el ayuno y le hace, pues, ayunar, otras veces, al contrario, le hará comer hasta la saciedad con el mismo objetivo; unas veces ve su beneficio espiritual en un aumento de su actividad exterior, otras en su disminución; unas veces en el sueño, otras en la vigilia; a veces quiere que se aleje de los hombres, a veces, al contrario, le aconseja que los trate, porque puede ocurrir que la luz interior del discípulo se haya vuelto, súbitamente, demasiado fuerte para él, de manera que el maestro tema que pueda perder la razón, como muchos discípulos de otros tiempos y de ahora, que se han vuelto locos; por eso el maestro puede sacar al discípulo de su retiro y hacerle frecuentar a la gente, para que disminuya su tensión espiritual y se vea preservado de la locura; del mismo modo, si la luz interior se debilita demasiado, el maestro lo vuelve a enviar a la soledad para que aquélla adquiera fuerza, y así sucesivamente; y el resultado depende de Allah.

 

Poco ha faltado para que la maestría espiritual haya dejado de manifestarse por falta de aquéllos cuyo corazón es animado por un ardiente deseo de continuarla; pero la Sabiduría divina jamás se agota.

 

Vemos que la vía espiritual (taríqa)  está necesariamente mantenida por el poder y la fuerza divinas, puesto que desciende, por nuestros maestros, del Enviado de Allah (que Allah lo bendiga y le dé la paz) y de los maestros precedentes; como decía el wali Al-Mursi (que Allah esté satisfecho de él): «Ningún maestro se manifiesta a los discípulos si no ha estado determinado por inspiraciones (warìdát) y  si no ha recibido autorización de Allah y de Su Enviado». Nuestra causa está sostenida y el estado de sus adherentes salvaguardado por la bendición (baraka) de esa autorización y el secreto que implica; pero Allah es más sabio.

 

Por lo que respecta a lo dicho sobre la adhesión del corazón a la visión de la Esencia de nuestro Señor, ninguno de nosotros la posee mientras nuestro ego (naft) no está extinguido, anulado, desaparecido, ido y aniquilado, como dice el wali Abul-Mawàhib al-Tûnsi (que Allah esté satisfecho de él): «La extinción es anulación, desaparición, salir de ti mismo y cesación»; y como dice el waliAbú Madyan (que Allah esté satisfecho de él): «Quien no muere, no ve a Allah»; y como han confirmado todos los maestros de la Vía. Y pobres de vosotros, pobres de vosotros si creéis que son las cosas sólidas o sutiles las que nos velan a nuestro Señor, no, por Allah, no es sino la ilusión (wahm) lo que nos Lo vela, y la ilusión es vana, como dice el wali Ibn `Atâi-Llàh (que Allah esté satisfecho de él) en sus Hikam: «Allah no te está velado por cualquier realidad que coexistiera con Él, puesto que no hay realidad fuera de Él; lo que te Lo vela no es sino la ilusión de que hay otra realidad fuera de El».

 

Comprobamos -aunque Allah es más sabio- que la extinción (al fanà) se produce, si Allah quiere, en el más breve plazo con cierto método de invocar el Nombre, de la Majestad: Allâh. Método que he encontrado en el venerable maestro, el wali Abul-Hassan ash-Shàdhilî (queAllah esté satisfecho de él), mencionado en algunos libros que posee un erudito entre nuestros hermanos de los Benì Zarwàl, y que he recibido igualmente de mi noble maestro espiritual Abul- Hassan 'Alì (que Allah esté satisfecho de él) con un aspecto algo diferente, más simple y más directo. Consiste en visualizar las cinco letras del Nombre diciendo Alláh, Alláh, Alláh. Cada vez que las letras se disolvían en la imaginación, las reconstruía, y si se disolvían mil veces por el día y mil veces por la noche, las reconstruía mil veces por el día y mil veces por la noche. Este método me procuró vislumbres inmensas al practicarlo cuando inicié mi camino espiritual durante algo más de un mes. Me aportó grandes conocimientos junto a un intenso temor reverencial (heyba), pero no me cuidé de ellos, ocupado como estaba en la invocación del Nombre y la visualización de sus letras, hasta que transcurrió el mes; entonces un pensamiento se me impuso: "Allah (exaltado sea) dice que El es el Primero y el último, el Exterior y el Interior", (Corán, LVII, 2). Al principio, me aparté de esa insinuación, resuelto a no escucharla, y continué ocupándome de mi ejercicio; pero esa voz no me dejó; insistió y no aceptó mi negativa a escucharla, de igual manera que yo no aceptaba su forma de actuar y no le hacía caso; y al fin, como apenas me dejaba en paz, le respondí: «En cuanto a Sus palabras de que Él es el Primero y el último y de que Él es el Interior, las he comprendido bien; pero no comprendo Su afirmación de que El es el Exterior, porque en el exterior no veo más que las cosas creadas». A lo que la voz contestó: «Si con Su expresión el Exterior entendiese algo distinto del exterior que vemos, no sería en el exterior sino en el interior (donde habría que buscarlo); pero yo te digo: Él es el Exterior». Entonces comprendí que no hay realidad salvo Allah, y que en el cosmos no hay más que Él, alabanzas y gracias a Allah.

 

La extinción en la Esencia de nuestro Señor se produce, si Allah quiere, por el método que acabamos de describir, en poco tiempo, pues por medio de él la meditación da frutos de la mañana a la noche, si la suspensión del pensamiento ha sido practicada durante un tiempo suficientemente largo; para mí, dio sus frutos tras un mes y algunos días, pero Allah es más sabio. Es seguro que si alguien practicase esa suspensión del pensamiento durante un año, o dos, o incluso tres, el pensamiento que a continuación se produciría alcanzaría un gran bien y un secreto deslumbrante.

 

Con esto comprendí la sentencia profética: «Una hora de meditación es mejor que setenta años de práctica religiosa», dado que mediante tal meditación el hombre es transportado del mundo creado al mundo de la pureza, y también puede decirse: de la presencia de lo creado a la presencia del creador, y Allah garantiza lo que decimos.

 

A todo aquél que regresa del estado del olvido (ghafla) al estado del recuerdo (dbikr), le recomendamos que fije de continuo su corazón en la visión de la Esencia de su Señor, para que Ella le dispense Sus verdades, como hace con aquél cuyo corazón se adhiere a Ella; y que no se deje retener por los «fenómenos intuitivos» (warìdât) en detrimento de las "recitaciones prescritas" (awrâd), no sea que eso le impida alcanzar el objetivo (al-murâd

  1. Taríqa- vía, método: la misma palabra designa también una cofradía sufí.

  2. Al-mabm significa a la vez ilusión e imaginación; es la imaginación arbitraria, que obnubila y descarría, mientras que al- khayál a menudo designa la imaginación como facultad normal del alma, receptiva respecto a las formas arquetípicas; expresado en términos vedánticos, son los dos aspectos negativo y positivo de mâyâ, que vela y descubre al mismo tiempo

  3.   Al-heyba es el estado que el alma experimenta frente a la Majestad aterradora de Allah, de la que la expresión «temor reverencial» no da cuenta sino débilmente.

  4.  Quizá no sea inútil recordar aquí que no se puede plantear la práctica de ejercicios espirituales fuera de la forma tradicional a la que pertenecen y fuera de las condiciones exigidas por ella; actuar de otro modo sería exponerse a graves peligros. Si el autor de estas cartas habla de una realización que se produce "en poco tiempo", -Shankara se expresa de manera análoga- es en razón de unas aptitudes espirituales cuyo equivalente, sin duda, hoy se buscaría en vano.

  5. Al-ghafla es la negligencia, la inconsciencia o el olvido, que se oponen al despertar espiritual y al recuerdo (dhikr) actual de Allah.

 

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