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La enfermedad que aflige
a tu corazón, oh faqîr, procede de las pasiones que lo atraviesan; si las
dejaras y te ocupases de lo que Allah te ordena, tu
corazón no sufriría de lo que sufre. Escucha bien, pues, lo que te digo, y que
Allah te coja de la mano: si cada vez que tu alma
(nafs)
te ataca, te apresuraras a hacer lo que
Allah te ordena y Le entregaras por completo tu
voluntad, sin duda te ahorrarías las sugestiones psíquicas y satánicas y todas
las pruebas. Por el contrario, si en los momentos en que tu alma te ataca te
pones a reflexionar sobre ello, a sopesar los pros y contras y a ahogarte en la
palabrería (interior), las sugestiones psíquicas y satánicas refluirán hacia ti
en legión hasta subyugarte y sumergirte, y ya no te quedará ningún bien, sino
tan sólo mal; que Allah nos guíe, a nosotros y a ti,
por el sendero de Sus walis, Amén.
El venerable maestro, el
santo Ibn `Atài-Llâh dice en sus
Hikam:
«Puesto que sabes que el diablo nunca te
olvidará, a ti te corresponde no olvidar a Aquél que te tiene cogido por el
mechón de tu frente» (Corán, XI, 56). Y nuestro maestro decía: «La verdadera
manera de hacer daño al enemigo es ocuparse del amor del Amigo; por el
contrario, si te ocupas de hacer la guerra al enemigo, habrá obtenido lo que
quería de ti, y al mismo tiempo habrás perdido la ocasión de amar al Amigo». Y
nosotros decimos: todo bien se halla en el recuerdo
(dhikr)
de Allah, y la vía
que conduce hacia Él no pasa sino por la resignación respecto al mundo, el
aislamiento respecto a la gente y la disciplina exterior e interior. «No hay
nada más útil para el corazón que la soledad, pues por ella entra en la arena de
la meditación», como ha dicho el venerable maestro, el wali (íntimos de
Allah) Ibn `Atài-Llâh (que Allah
esté satisfecho de él) en sus
Hikam. Y
nosotros decimos: no hay nada más útil para el
corazón que la abnegación respecto al mundo y el hecho de estas sentado ante los
walis (íntimos de Allah) de Allah.
El destronamiento del
ego es para nosotros y para todos los maestros de la Vía una condición
necesaria; y en este sentido ha dicho uno de ellos: «Eso mismo que teméis de mí,
mi corazón lo desea». Pero tú, oh faqîr, no debes decir otro tanto antes
de habérselo dicho a tu propia alma y haberla obligado a andar por ese camino y
no por otro.
 
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