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INTRODUCCIÓN
Si
estudiásemos detenidamente en los diccionarios árabes el número abrumador de
vocablos que existen para designar los diferentes tipos y variantes del cuero,
probablemente quedaríamos asombrados de la diversidad de sus matices. Solamente
en las voces recogidas por Ibn Sida en el
Mujassas,
en su
capítulo IV, en los apartados que dedica a la descripción de los cueros y su
preparación (desollado, curtido y teñido, podemos encontrar más de cien
vocablos que determinan de un modo preciso la calidad de este material en cada
uno de los casos, bien referida al animal proveedor de su piel, bien a la manera
específica de su corte o confección. Con ello queda patente la frecuencia y
abundancia de su empleo para diversos usos, así como el aprecio y estima que se
tenía de sus diferentes cualidades, minuciosamente detalladas.
Entre
las múltiples aplicaciones para las que se destinaba el cuero, una de las más
destacadas era sin duda el atavío militar. El empleo de este material como
defensa, tanto para el hombre como para su montura, se pierde en los albores de
la humanidad; antes de que el cazador o el guerrero aprendiera a cubrirse de
piezas metálicas, su protección había sido la piel de los animales; pero aún
después de que el bronce, el hierro o el acero ocultase su cuerpo al enemigo, el
cuero siguió cumpliendo una misión fundamental en su atavío: usado bajo la
armadura metálica, servía por un lado para acolchar el espacio existente entre
la piel y el metal, evitando así las rozaduras producidas por éste sobre la
carne indefensa, y por otra parte, cubría los intersticios que quedaban entre
las junturas de las piezas metálicas, dificultando la penetración de las armas
ofensivas enemigas por las ranuras sumamente peligrosas que constituían sus
articulaciones, y que eran imprescindibles para evitar su rigidez, permitiendo
la facilidad de movimiento.
Muchos
de los vocablos que, en su origen, designaron piezas de cuero de uso militar,
pasaron después a denominar las piezas metálicas que sustituyeron en su función
a las de cuero, lo cual fue suficiente motivo para que, con el tiempo, se
olvidase el verdadero sentido primitivo de aquella palabra y cuál fuese su
etimología, perdido el concepto de su materia prima original.
El
estudio a fondo de este tema podría servir de materia a una investigación de
tesis doctoral; sin embargo, por el momento, nos limitamos a dar una visión de
conjunto, lo más esquemáticamente posible, de la importancia y trascendencia del
uso de estas prendas defensivas de cuero a lo largo de la historia medieval.
La
investigación se realiza en dos líneas: una directa sobre los términos árabes
con que se designaba estos cueros; otra indirecta, al relacionarlos con las
denominaciones de estas prendas que se transmitieron a las lenguas europeas y se
conservaron en ellas, especialmente en España, las cuales complementan el
conocimiento de su uso específico.
La
influencia que ejerció el atavío militar árabe fue decisiva, no sólo sobre los
bizantinos,
que habían empleado las tropas
gassanies
como
elemento de choque en sus fronteras orientales, ya que su caballería había sido
especialmente estimada por su habilidad y ligereza de maniobra, sino también,
más tarde, sobre los ejércitos de los cruzados establecidos en Siria y
Palestina, los cuales imitaron y trajeron a Europa las formas de protección en
el vestir que caracterizó a los guerreros islámicos, coberturas fuertes y
ligeras al mismo tiempo, lo que les hacía más eficaces.
Más
tarde, sin embargo, estas armaduras primitivas de cuero se fueron transformando
en las defensas metálicas que dieron lugar a las pesadas armaduras europeas de
los finales de la Edad Media, conservando en muchos casos la misma denominación
que se daba a su equivalente de cuero usada en principio.
La
similitud de las prendas militares medievales usadas tanto por musulmanes como
por cristianos nos facilita el reconocimiento de la identidad de muchas de
ellas. Una prueba de esta similitud del atavío para la guerra nos la dan las
ilustraciones de la Crónica bizantina de Skylitzes (siglo XIV)
, donde se muestran enfrentamientos entre tropas
a caballo árabes y bizantinas: los combatientes
se encuentran alineados frente a frente, pero no parecen ser enemigos unos de
otros sino compañeros, pues sus atavíos no se diferencian en el menor detalle,
de pies a cabeza visten las mismas prendas, que no se diferencian ni siquiera en
el colorido.
Las
palabras de González de Clavijo, a comienzos del siglo XV, en la Embajada a
Tamorlán, confirma este mismo hecho, que vuelve a repetirse con los turcos;
hablando de los bizantinos habitantes de la ciudad de Trebisonda (él la llama
Traspisonda) escribe:
"e otrosy los griegos se arman de arcos e de espadas, e arman se
commo los turcos e caualgan eso mismo".
Dejo
para un futuro estudio la investigación sobre otras interesantes aportaciones
árabes relacionadas con la industria del cuero, como son los productos empleados
para su curtido y elaboración, las técnicas, los instrumentos y, de un modo
especial, los nombres de los oficios con
él relacionados; es interesante descubrir por qué designa el mismo oficio la
palabra
zurrador,
empleada en Castilla
,
que la catalana
assahonador
,
siendo
ambas absolutamente diferentes de las denominaciones dadas respectivamente en
ambos reinos a los curtidores o blanquers, ya que a éstos correspondía solamente
realizar las operaciones iniciales de los cueros crudos hasta su curtición,
mientras que los primeros tenían la misión de acabarlas, quitándoles el pelo y
tiñéndolas, para venderlas a los sastres, zapateros y otros artesanos de
artículos de piel; igualmente merece la pena destacar la distinción entre el
aprendiz y el oficial, llamado en Cataluña fadrí
y en Castilla fadrin
,
nombre de indudable origen árabe.
Dividimos este trabajo en varios apartados, correspondientes a los diversos
aspectos bajo los que se estudian las denominaciones de las diferentes clases de
cuero y sus aplicaciones, los cuales son:
I
.Nombres de cueros referidos a la especie del animal proveedor de su
piel.
II.
Nombres de cueros en relación con el desollado de la piel, la forma de su corte
o la parte del cuerpo del animal elegida para su obtención.
III.
Nombres referidos al proceso de la manipulación del cuero: curtido y teñido.
IV.
Nombres referidos a la decoración del cuero
V.
Nombres relativos al lugar de origen del cuero.
VI. Nombres de cuero referidos a su modo de utilización.
VII.
Otros nombres de piezas de cuero de usos diversos.
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