ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

  

 

PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

ELENA PEZZI

 

EL CUERO EN EL ATAVÍO ÁRABE MEDIEVAL

Su huella en la España cristiana. I

 

 

INTRODUCCIÓN

Si estudiásemos detenidamente en los diccionarios árabes el número abrumador de vocablos que existen para designar los diferentes tipos y variantes del cuero, probablemente quedaríamos asombrados de la diversidad de sus matices. Solamente en las voces recogidas por Ibn Sida en el Mujassas, en su capítulo IV, en los apartados que dedica a la descripción de los cueros y su preparación (desollado, curtido y teñido, podemos encontrar más de cien vocablos que determinan de un modo preciso la calidad de este material en cada uno de los casos, bien referida al animal proveedor de su piel, bien a la manera específica de su corte o confección. Con ello queda patente la frecuencia y abundancia de su empleo para diversos usos, así como el aprecio y estima que se tenía de sus diferentes cualidades, minuciosamente detalladas.

 

Entre las múltiples aplicaciones para las que se destinaba el cuero, una de las más destacadas era sin duda el atavío militar. El empleo de este material como defensa, tanto para el hombre como para su montura, se pierde en los albores de la humanidad; antes de que el cazador o el guerrero aprendiera a cubrirse de piezas metálicas, su protección había sido la piel de los animales; pero aún después de que el bronce, el hierro o el acero ocultase su cuerpo al enemigo, el cuero siguió cumpliendo una misión fundamental en su atavío: usado bajo la armadura metálica, servía por un lado para acolchar el espacio existente entre la piel y el metal, evitando así las rozaduras producidas por éste sobre la carne indefensa, y por otra parte, cubría los intersticios que quedaban entre las junturas de las piezas metálicas, dificultando la penetración de las armas ofensivas enemigas por las ranuras sumamente peligrosas que constituían sus articulaciones, y que eran imprescindibles para evitar su rigidez, permitiendo la facilidad de movimiento.

 

Muchos de los vocablos que, en su origen, designaron piezas de cuero de uso militar, pasaron después a denominar las piezas metálicas que sustituyeron en su función a las de cuero, lo cual fue suficiente motivo para que, con el tiempo, se olvidase el verdadero sentido primitivo de aquella palabra y cuál fuese su etimología, perdido el concepto de su materia prima original.

 

El estudio a fondo de este tema podría servir de materia a una investigación de tesis doctoral; sin embargo, por el momento, nos limitamos a dar una visión de conjunto, lo más esquemáticamente posible, de la importancia y trascendencia del uso de estas prendas defensivas de cuero a lo largo de la historia medieval.

La investigación se realiza en dos líneas: una directa sobre los términos árabes con que se designaba estos cueros; otra indirecta, al relacionarlos con las denominaciones de estas prendas que se transmitieron a las lenguas europeas y se conservaron en ellas, especialmente en España, las cuales complementan el conocimiento de su uso específico.

 

La influencia que ejerció el atavío militar árabe fue decisiva, no sólo sobre los bizantinos, que habían empleado las tropas gassanies como elemento de choque en sus fronteras orientales, ya que su caballería había sido especialmente estimada por su habilidad y ligereza de maniobra, sino también, más tarde, sobre los ejércitos de los cruzados establecidos en Siria y Palestina, los cuales imitaron y trajeron a Europa las formas de protección en el vestir que caracterizó a los guerreros islámicos, coberturas fuertes y ligeras al mismo tiempo, lo que les hacía más eficaces.

 

Más tarde, sin embargo, estas armaduras primitivas de cuero se fueron transformando en las defensas metálicas que dieron lugar a las pesadas armaduras europeas de los finales de la Edad Media, conservando en muchos casos la misma denominación que se daba a su equivalente de cuero usada en principio.

 

La similitud de las prendas militares medievales usadas tanto por musulmanes como por cristianos nos facilita el reconocimiento de la identidad de muchas de ellas. Una prueba de esta similitud del atavío para la guerra nos la dan las ilustraciones de la Crónica bizantina de Skylitzes (siglo XIV) [1], donde se muestran enfrentamientos entre tropas a caballo árabes y bizantinas: los combatientes se encuentran alineados frente a frente, pero no parecen ser enemigos unos de otros sino compañeros, pues sus atavíos no se diferencian en el menor detalle, de pies a cabeza visten las mismas prendas, que no se diferencian ni siquiera en el colorido.

 

Las palabras de González de Clavijo, a comienzos del siglo XV, en la Embajada a Tamorlán, confirma este mismo hecho, que vuelve a repetirse con los turcos; hablando de los bizantinos habitantes de la ciudad de Trebisonda (él la llama Traspisonda) escribe:

 

"e otrosy los griegos se arman de arcos e de espadas, e arman se commo los turcos e caualgan eso mismo" [2].

 

Dejo para un futuro estudio la investigación sobre otras interesantes aportaciones árabes relacionadas con la industria del cuero, como son los productos empleados para su curtido y elaboración, las técnicas, los instrumentos y, de un modo especial, los nombres de los oficios con él relacionados; es interesante descubrir por qué designa el mismo oficio la palabra zurrador, empleada en Castilla [3], que la catalana assahonador [4], siendo ambas absolutamente diferentes de las denominaciones dadas respectivamente en ambos reinos a los curtidores o blanquers, ya que a éstos correspondía solamente realizar las operaciones iniciales de los cueros crudos hasta su curtición, mientras que los primeros tenían la misión de acabarlas, quitándoles el pelo y tiñéndolas, para venderlas a los sastres, zapateros y otros artesanos de artículos de piel; igualmente merece la pena destacar la distinción entre el aprendiz y el oficial, llamado en Cataluña fadrí [5] y en Castilla fadrin [6], nombre de indudable origen árabe.

 

Dividimos este trabajo en varios apartados, correspondientes a los diversos aspectos bajo los que se estudian las denominaciones de las diferentes clases de cuero y sus aplicaciones, los cuales son:

I .Nombres de cueros referidos a la especie del animal proveedor de su piel.

II. Nombres de cueros en relación con el desollado de la piel, la forma de su corte o la parte del cuerpo del animal elegida para su obtención.

III. Nombres referidos al proceso de la manipulación del cuero: curtido y teñido.

IV. Nombres referidos a la decoración del cuero

V. Nombres relativos al lugar de origen del cuero.

VI. Nombres de cuero referidos a su modo de utilización.

VII. Otros nombres de piezas de cuero de usos diversos.