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IV. NOMBRES DE PRENDAS REFERIDOS A LA
DECORACIÓN DEL CUERO.
En
cuanto al enriquecimiento del cuero por medio de su decoración, sabemos
la exquisitez de los trabajos que en él se realizaban, tanto por su
repujado en relieve, formando dibujos geométricos o rameados, como por
el colorido con que se embellecía éstos dibujos, incluyendo las labores
doradas y plateadas.
Estos
cueros así elaborados se empleaban tanto para el ajuar doméstico
(tapetes, tapizados de muebles, arcas, etc.), como para el atavío
personal, especialmente el calzado.
Ya
mencionamos este tipo de cuero al hablar de los borceguíes y del vocablo
barda la (I, 3 y apartado C). Ahora haremos un estudio más detallado de
algunos de estos vocablos que dieron nombre a determinados cueros,
precisamente por el acabado y la decoración esmerada que supieron darle
los excelentes artesanos árabes; estos vocablos aquí estudiados son:
1.
Másir 2.lltimáq y 3. Lammã’ a
IV.1.
MÊIR
Siguiendo las diversas acepciones que Kazimirski registra para la raíza
mašara, encontramos algunas de ellas muy interesantes para la
comprensión de este vocablo. En primer lugar traduce por "producir o
tener hojas llamadas masra (se dice de ciertos árboles, de plantas,
sobre todo de plantas llamadas ádah)”: Estas hojas especiales
denominadas mašra son definidas por el mismo autor como: "1. Hoja de una
planta o de un árbol desde que comienza a abrirse y cuando todavía es de
forma oblonga y puntiaguda", "2. Ramo tierno y verde" y también tiene
una tercera acepción como "vestidos, vestiduras que cubren la desnudez y
dan tal o cual aspecto a una cosa", de la cual se deriva la locución
mašra al-ard para indicar "superficie de la tierra adornada de
vegetación".
Esta
condición de superficie recubierta de rameados creo que sirvió para
calificar también las láminas de cuero con estos dibujos, sin duda la
más lujosa de sus variedades.
De este
sentido primitivo de "estar cubierto de vegetación" se derivaron otras
acepciones de esta raíz como "ser vivo, alegre, ardiente", "vestir,
revestir algo, ponerle a alguien vestidos sobre la espalda", "ser de un
verde vivo (referido al follaje)", sentidos que encajan bien todos ellos
con el carácter adquirido por el cuero que ha sido decorado de esta
manera, adecuado para la fabricación de las prendas de mayor lujo; quizá
por ello también este verbo, en su forma V. habitualmente empleada para
indicar el revestirse con una determinada prenda, tiene el valor de
"parecer rico, tener toda la apariencia de la opulencia, de la riqueza".
También
existe el adjetivo mišr para calificar a aquel "que tiene un tinte muy
coloreado, muy rojo".
Aunque
no he podido encontrar en árabe un texto en que se aplique este
calificativo al cuero, sin embargo, creo que hubo de ser este vocablo el
que produjo en toda Europa las distintas denominaciones del cuero
repujado y coloreado que constituyeron el famoso quadamecí, con todas
sus variantes fonéticas, a través de la locución wad'al-mãšir, usada
como un adjetivo, y que podría traducirse como "de la condición del que
es vivo de colores" o bien "del tipo de elaboración del que está rameado",
por los dibujos y colores de su repujado.
Voces
romances relacionadas con este vocablo:
GUADAMECÍ
La
palabra guadamecí se considera derivada de la ciudad de Gadamés (Gadámis),
situada en un oasis de Libia, próximo a la frontera meridional de
Tunicia y del Sahara argelino, y nudo comercial para las rutas que van
desde Gabes y Trípoli al Sudán central. En este caso sería un simple
adjetivo determinativo, pero su derivación no sería muy fácil para
algunas de las variantes, entre ellas las más antiguas, como guadalmeci
o guadalmexir.
Por ello
pienso que su origen es muy diferente, y que su nombre no es un
patronímico, sino que se debe precisamente a las características de su
decoración.
Como ya
hemos indicado, en los textos más antiguos se encuentran variantes que
dificultan grandemente la aceptación de aquella etimología. En el Poema
del Cid se menciona:
"bastir
quiero dos archas.. . cubiertas de guadalmeçí e bien enclaveadas. Los
guadalmeçí uermeios e los clauos bien dorados" (c. 87-88).
Otras
variantes encontramos en el Cancionero de Baena:
"Si era
tapete o guadamezil"
En
Vicente Espinel se dice:
"con su
capisayo o armas de guadamacil"
En el
testamento de Fernando de Rojas, año 1541, aparece como guadamezir. En
la Pragmática de Tassas de 1627 se dice:
'guadamaciles
de la marca ordinaria, cada pieza... de colores, oro verde o colorado, a
tres reales" .
Pero la
variante que considero que se aproxima más a su étimo es la citada por
González de Clavijo, que hizo una más exacta transcripción fonética del
vocablo árabe:
"les
ponían delante un cuero de guadalmexir redondo que llaman çofran, e alli
trayan el pan".
Lo
alambicado y difícil de la traducción completa de la locución árabe,
favorecería el mantenimiento de las dos palabras como un solo vocablo.
Probablemente en el árabe hispano se pronunciaría mašĩr, por la
tendencia habitual a sustituir la forma del participio activo por el
adjetivo correspondiente, lo que sonaría wad' mašr, "elaboración rameada",
(guadamezir, guadamacil, guadamecí), con la desaparición de la
/intermedia del artículo. También apoyan esta etimología las formas
catalanas guadamassil y guadamessí.
El
Diccionario de Autoridades (II, 85) dice de guadamacil:
"Cabritilla adobada, en que a fuerza de la prensa se forman por el haz
diferentes figuras de diversos colores. Es voz arábiga. . ."
Sin
embargo hemos visto que podía hacerse de otros tipos de pieles también,
pues Villalón nos habla de “guadamecies de caballo", según mencionamos
anteriormente (pág.
).
Según
Corominas, los datos que se tienen de la fabricación del guadameci en
España se refieren a Barcelona y Valencia en 1316; sus artesanos sería
los mudéjares de estas ciudades, conservadores de las técnicas del
famoso cordobán repujado.
Ya hemos
indicado al comienzo de este capítulo la diversidad de usos que se daba
a este tipo de cuero, entre ellos la de tapizar o fabricar muebles con
ellos. A este respecto es interesante la descripción hecha por Basilio
Pavón Maldonado referida a una silla de taracea, procedente de Málaga,
de la época del reinado de Muhammad VII de Granada, que se encuentra en
San Esteban del Valle (Ávila); la descripción dice así:
". . .
tiene asiento y respaldo de cuero con decoraciones estampadas muy
sumarias. . . Su respaldo es un rectángulo de cuero teñido de negro. . .
Esta pieza de cuero se adorna con once almenillas de cinco escalones
cada una, dispuestas a modo de fleco, en el remate inferior. . . El
dorso liso del respaldo contrasta con su anverso, plagado materialmente
de ornamentos florales y epigráficos. Lo floral forma estrechas cenefas
de 5 cm., de ancho con palmetas de tres puntas trabadas en cadeneta...
El asiento tiene grabada composición floral central rodeada por una
cenefa semejante a la del respaldo".
Esta
descripción corresponde exactamente al cuero que se denominó en España
guadamecí o cuero labrado.
IV.2. ILTIMÃQ
Ya hemos
indicado anteriormente, al hablar del vocablo borceguí (I, 3, C), cómo
Pedro de Alcalá traduce esta palabra al árabe por iltimáq, nombre que
venía a determinar, en lugar del material empleado para este calzado, su
calidad habitual de bota de esmerada confección, dado el significado de
este nombre de acción de la forma VIII en la lengua árabe.
Según
Kazimirski la raíz lamaqa en su forma I sígnif¡ea: "3. Tracer des
caracteres, écrire ou graver", lo que en la forma VIII equivaldría a
"estar grabado", lo que coincide con una de las características del
calzado al que nos hemos referido.
Belot da
para esta raíz un sentido semejante al de ramaqa, como "bâcler, brocher
(un travail)", indicando que se usa en la lengua vulgar, especialmente
en Siria; el valor que puede tener así este verbo es el de "concluir,
rematar un trabajo" y también el de "labrarlo o recamarlo". Esta segunda
acepción resulta evidente desde el momento en que Belot identifica las
raíces ramaqa y raqama, siendo precisamente esta segunda el étimo del
verbo recamar, así como de margomar y su derivado margomadura (aplicado
a todo objeto recamado, bordado, brochado... ). Esta misma
identificación se encuentra en el Lisãn al- Arab, donde se menciona al-yalmaq
como al gabã' mahu (túnica abierta exterior guateada) y se dan como
sinónimos los verbos lamaza y ramaca, el primero como de origen persa.
Aunque
el vocablo iltimãq no dio ninguna voz a las lenguas romances
peninsulares, sí dejó su huella en cuanto al sentido, si tenemos en
cuenta su identidad con recamar. En una comanda comercial barcelonesa
del año 1382, para llevar cuero a Génova, se dice:
". .
quadraginta tres libras Barchinone, implícitas in tres balas de cuyram
de recamudes, in quibus quadraginta tres libras et decem solidos et in
implicamento jamdicti cuyram. . . “
Creo que
este cuyram de recamudes no es otro que el cuero labrado o repujado, el
de más alta calidad, el empleado para el atavío de gran lujo. El
Vocabulista tradude iltimãg simplemente por "vestire".
En el
árabe vulgar marroquí aparece un vocablo que considero una derivación,
aunque corrompida, de iltimãq; es la palabra que el P. Lerchundi
transcribe como temága (en árabe escrito temãqa), con el significado de
"bota de montar que usan los moros".
IV.3. LAMMÃ’ A
Es otro
de los adjetivos empleados para el cuero que ha recibido un acabado más
completo, de pulido y abrillantado.
La raíz
lama ‘a tiene el sentido de "brillar, lucir, tener aguas, espejear", y
en su forma VIII también vale "cambiar de color"; estas características
podrían considerarse como distintivas de este cuero.
F.
Corriente traduce la locución ŷazma lamma’ a por borceguí, ya hemos
visto en el estudio de este vocablo cómo estas cualidades se hallaban
reflejadas en los textos que hablan, de este calzado, el cual, bajo esta
denominación, parece estar referido a una bota charolada, reluciente o
satinada.
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