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1.3. BARDA’A
Otro tipo de cuero
al que no alude Ibn Sida es el de ganado caballar, y sin embargo su uso
fue habitual, tanto para la defensa de la montura como para la del
jinete. El nombre que se dio a estas láminas de cuero caballar fue el
barda’a o barda’a, vocablo de origen persa que se remonta a su vez hasta
las mesetas del Asia Central, de donde procedía el caballo
primitivamente salvaje denominado Equus Przewalski, que vive en el
desierto de Gobi, el cual, junto con el tarpán, ya extinguido, de las
estepas del sur de Rusia, fue el antepasado del caballo común, ya
domesticado en la época prehistórica.
Probablemente del
nombre de este caballo se formó la raiz persa b-r-z-g-h de donde procede
el árabe barda’a, al igual que el nombre de la ciudad de Barda, que en
árabe se escribe igualmente Barda ‘a, y llamada después Partav por los
armenios. Esta ciudad, situada al sur del Cáucaso, en el Azerbeiján,
perteneciente en la actualidad a la Unión Soviética, fue un importante
centro urbano famoso por sus mulos, los cuales se exportaban a las más
diversas regiones; por su situación geográfica, entre montañas, era
propicia para esta clase de ganado, y su posición en zona habitualmente
fronteriza entre dos imperios (árabe y bizantino) se prestaba a la
universalización de sus productos, de los cuales los más importantes
eran las acémilas y sus cueros.
Indudablemente
procede de la misma raiz persa el nombre que se dio en árabe al mulo
romo, hijo de caballo y burra, y que ofrece las variantes de birdawny
burdũn. Kazimirski define este vocablo (I, 109) como: "Béte de somme de
corps lourd et au pas lent, chaval qui n'est pas de race". Freytag (I,
106) recoge las dos formas y lo define: "lumentum, idque gravius seu
tardius incedens, equus talis, quo quis vehitur (etiam onerarius), non
b-d-w-y Arabicus, sed vilior; nam Arabici sunt praestantiores. Veredus
seu burdo. Haec duo nomina cum Arabico consonant; idque hoc notata vox
Persica b-r-z-w-n a qua fortasso Arabica illa vox manavit".
También Lane da una
amplia explicación de estevocablo y, entre otras cosas, dice de él que
se trata de un caballo que no es de raza árabe. . . un caballo de figura
basta, robusto tanto para el trabajo pesado sobre los caminos montañosos
como en los terrenos escarpados..., comúnmente traído de al-Rũm
(significando Asia Menor o Grecia)... o un caballo turco, distinto del
árabe.
No cabe la menor
duda de que la misma palabra persa se derivaron las griegas bourdõ,
-õnos y bordõn, "mulo", empleadas en el Edicto de Diocleciano, y las
latinas burdus, -iy burdõ, -onis, préstamos griegos, Ernout y Meillet
afirman que estas dos formas están representadas en las lenguas
románicas, salvo en rumano, y remiten a "grm.: v. h. a. burdihhĩn—.
Ninguna de estas
palabras pertenece al griego ni al latín clásico; su introducción es
tardía, lo cual apoya la tesis de la aportación del persa, confirmada
aún más en la forma latina burdicanus, más próxima a ella fonéticamente,
y de donde derivaría la española burdégano, mientras que la forma
albardón, del mismo significado, procede directamente del árabe.
Quiero con esto
demostrar que el material empleado primitivamente para la fabricación de
las albardas, con las que se protegían los lomos de las bestias de
carga, era precisamente cuero de ganado caballar, empleado también para
otros usos, como veremos más adelante.
Hasta tal punto era
inherente a este material el sentido de defensa o protección, que dio
origen a una raíz verbal, badraga, clara transposición de bardaga, que
Belot traduce como "proteger". Existe también una forma III de esta raíz
cuadrilítera ibranda; que se encuentra en Freytag (pág. 106) con la
traducción "Paratus fuit ad rem", con un sentido reflexivopasivo, y que
viene a significar lo mismo, puesto que estar preparado para una cosa es
sentirse protegido contra cualquier eventualidad a ese respecto.
El empleo del cuero
de caballo era muy frecuente entre los pueblos asiáticos, como
corresponde a la abundancia de este ganado que poseían.
En Asia Central,
especialmente entre los turcos, se fabricaban tiendas de campaña
confeccionadas en fieltro de pelo de camello, cortadas a cascos, que se
hicieron famosas; éstas se mantenían por medio de largas y finas correas
hechas de cuero de caballo o de buey; al Muqaddasi destaca la
exportación de estas tiendas desde Samarcanda y el Šãš.
Cristóbal de
Villalón, hablando de los turcos, refiere:
"acostumbran
también comer en suelo, y ponen por manteles, para que las alfombras no
se ensucien, un cuero colorado y grueso, como de guadameci de caballo...
El cuero de caballo se llama zofra."
Es interesante
también el que, en las fuentes árabes, los búlgaros, procedentes de
Tartaria, sean llamados Burdján. Al-Mugacidasĩ da una lista de productos
de exportaciones búlgaras, entre las cuales se encuentran pieles de
diferentes especies, cueros de caballo y de cabra, calzados, ...
armaduras. . ., mencionados también por otras fuentes. De lo que no cabe
duda es de que los búlgaros, como los otros pueblos asiáticos que
invadieron Europa en la Edad Media (hunos, magiares, ávaros, cázaros,
pechenegos, cumanos, turcos) fueron unos consumados y expertos jinetes,
y su vida económica estaba fuertemente ligada a la cría del caballo
Del mismo modo
étimo persa barzagah debió derivarse también el árabe barzaj, del que
Lane dice:
"A thing that
intervanes between any two things: or a bar, en obstrucción, or a thing
that makes a separation, between two things".
Dozy recoge un
texto de al-Marrãkusĩ,que hablando de los judíos, dice que llevaban "en
lugar de ímãmas (turbantes), unos casquetes de la forma más villana
(plebeya), como si fuesen albardas, que les llegaban hasta por debajo de
las orejas". Dozy traduce por albardas ("housses de cheveaux"), pero la
correspondencia exacta del árabe barádT (p1. de barda á) empleado en
este texto hubiera sido la de alpartaces. En la misma página Dozy, a
continuación, hace referencia a un texto de lbn Sa id, en donde se habla
de que los judíos llevaban gifáras de lana, especialmente amarillas para
ellos. La gifára precisamente es la prenda paralela del migfar, étimo de
almófar, es decir, una prenda que hacía el mismo oficio que el alpartaz,
aunque para el uso civil el cuero fuera sustituido por la lana, como en
el militar lo fue por el acero. Las gifáras debían ser una especie de
almuzas cortas, también usadas por los campesinos.
Voces romances
relacionadas con este vocablo:
A).-ALBARDA, BARDA
Ya en nuestro bajo
latín, en un documento de h. 1050 de Bezdemarbán (part. de Toro),
referido al embargo y atropello padecidos por la casa de Sta. María, se
dice:
"Hec est noditia de
ganato de Sancta María de Uec de Maruan que leuarunt jnde sajones. Id.
est: ... I.° corio de boue et alío de cauallo. .”
Este tipo de cuero
no solamente se empleaba para las albardas de las acémilas; era una
protección de uso múltiple. Menéndez Pidal, en su introducción al Poema
del Cíd, dice en la época del Campeador el escudo era grande, de tabla,
forrada de cuero de caballo.
De barda dice la
Academia: "Armadura de vaqueta o hierro, o de una y otro juntamente, con
que en lo antiguo se guarnecían el pecho, los costados y las ancas de
los caballos para su defensa en la guerra, en los torneos, etc.". La
idea de encubertar los caballos es muy antigua, pues ya se citan tales
defensas en la Iliada, aunque se usó principalmente entre los siglos XII
y XVI. Estas primeras armaduras de los siglos XII al XIII eran de cuero
cocido o de mallas, y se completaban con el arnés del caballero.
El sentido
protector de la palabra barda se manifiesta también claramente en su
derivado albardilla que la Real Academia define como "especie de
almohadilla de paja y cuero que ponen los esquiladores de lana en los
ojos de las tijeras para no hacerse daño en los dedos" y también como
"almohadilla forrada de cuero por un lado, que llevan los aguadores
sobre el hombro para apoyar la cuba...".
Covarrubias dice de
albarda: "notoriamente es arábigo... del verbo berdea, que vale cubrir
las espaldas, o el lomo...".
En cuanto a las
prendas que el hombre empleó para su propia protección, fabricadas de
este material, y que cumplían la misma misión sustancial que la albarda
con respecto a las acémilas, protegiendo la piel del portador, pueden
señalarse dos especialmente que se estudian en los dos apartados
siguientes y son el alpartaz y el borceguí.
B).-ALPARTAZ
El Alpartaz, según
el Diccionario de Autoridades (I, 241) era "una especie de saco de
malla, o loriga, que parece tenía capucho, que se ponía en la cabeza, y
era lo que llamaban almófar de la loriga. Es voz anticuada".
La Real Academia en
1970 lo define como "trozo de malla de acero que, pendiente del borde
inferior del almete, defendía su unión con la coraza".
En la Enciclopedia
Larousse (I, 346) se nos dice: "Ant. Cota o saco de mallas de acero que
pendía del borde inferior del almete y defendía el pecho y la espalda.
(Se colocaba encima del jubón y debajo de la armadura de placas)".
Podemos deducir de
estas definiciones que el alpartaz cumplía una misión semejante al
almete y al velmez, es decir, protegía cabeza, el cuello y el tronco; su
única diferencia con los anteriores era que se fabricaba en cuero de
caballo en lugar de ser de cabra. Hemos de tener en cuenta que estas
definiciones recogidas expresan su versión más moderna, cuando ya se
había abandonado el cuero para sustituirlo por el metal.
A una prenda
semejante parece referirse el texto de González de Clavijo cuando
describe el atavio de la primera mujer de Tamorlán:
“e en la caveça traya una commo çamira de un panno colorado, que
paresçia de las con que justan, que le deçendia del paño della un
poco por las espaldas; e este çimera era bien alta arriba”
La primera
documentación de este vocablo la he encontrado en un inventario de D.
Alvaro de Zúñiga, conde de Palencia, de 1457, en donde se dice:
"unas corazas
fuertes blancas con su alpartaz: cuatro alpartaces de corazas e dos
pares de mangas de corazas".
También aparece
esta palabra en la Historia de don Florisel de Nicea de Feliciano de Silva
de 1532, donde se dice:
"que la malla del
alpartaz aunque era gruessa, no fue bastante que la cerviz del Gigante
no tuesse cortada"
Parece ser, pues,
que la palabra alpartaz tiene el mismo origen que barda, con la
diferencia de haberse introducido por la vía europea como aportación de
los cruzados, mientras que barda paso directamente del árabe. Vemos cómo
la fonética de alpartaz está más próxima a la pronunciación armenia de
la ciudad de Barda'a (Partav).
C).-BORCEGUI
En cuanto a la voz
borceguí, creo que es sencillamente el determinativo derivado del mismo
étimo persa Barzágah, y por tanto designaba las botas altas fabricadas
con este cuero, especialmente adecuadas para proteger la pierna y el
muslo del jinete, con lo que sé completaba su defensa personal.

Situación del
alpartaz, entre el almete y el espaldar, para defender el cuelo y el
arranque de la espalda.
Este tipo de
calzado-puede considerarse que se hizo universal a partir de la
Baja Edad Media como prenda distintiva de caballeros. Desde el siglo XVI
comenzaron a fabricarse de otras materias, empleándose el terciopelo, la
seda y hasta el tisú de oro, pues era prenda de alta estima, usada
también por las damas, llegando incluso a bordarse de pedrería. A
principios del siglo XIX los borceguíes comenzaron a ser más sencillos y
ligeros, hasta convertirse en una simple bota de caña semilarga que ha
alcanzado nuestro siglo.
A partir de
mediados del siglo XV son muy abundantes los textos españoles en los que
se hace mención de esta prenda, y de ellos podemos deducir sus más
importantes características. Por las Ordenanzas de Granada de 1528 y de
1562, tanto las de zurradores como las de zapateros y chapineros, vemos
que se confirma su confección de cuero, mencionándose el cordobán; sólo
se permite la badana para los de mujer. Este cuero solía estar coloreado
de tonos muy vivos, entre ellos se mencionan negros, colorados,
leonados, datilados, azules, verdes, amarillos, morados... que además
podían enriquecerse con adornos dorados y argentados sobre la labor
repujada realizada en el cuero, lo que le daba la calidad del guadamecí
del que hablaremos más adelante, en el capítulo IV, referente a la
decoración del cuero.
Leyendo a Pérez de
Hita podemos encontrar las más diversas variedades de ellos, usados
tanto por los cristianos como por los musulmanes; en este autor se le
califica a veces de bayos, es decir, "de color blanco amarillento",
adjetivo que se aplica comúnmente a los caballos y a su pelo, lo que
abunda más en la idea de que eran de cuero caballar.
El cuero recio se
destinaba a usos militares o para el invierno, ya que Villalón afirma,
hablando de los turcos:
" ... las medias
calzas de los tobillos abajo son de un sutil cordobán amarillo o
colorado... Porque tienen necesidad de traer contino los pies más
limpios que las manos, y en el verano todos traen unos borceguís muy
delgados, cortos hasta la rodilla, morados, colorados o amarillos, y dan
al cuero esta color allá tan fino como acá a los paños... El borceguí y
la calza es tan ancho por bajo como por arriba".
Sobre el borceguí
se llevaba un zapato o algún otro tipo de calzado, que frecuentemente
contrastaba en su color; Cobarruvias dice "chinelas o çapatos";
Cervantes dice del atuendo de D. Quijote que "los borceguíes eran
datilados, encerados los zapatos"; Pérez de Hita habla de 'borceguíes y
çapatos de los mismo" o 'borceguí verde y argentado, el çapato
amarillo", y dice del Tuzani que llevaba borceguí "y un alpargate de
seda"; en La Gatomaquia se dice "púsose borceguíes y zapatos". También
Ruth Matilda Anderson hace referencia a que entre el séquito de la reina
Isabel se les daba, no a las camareras sino a las infantas, unas
servíllas para que las usaran con los borceguíes.
Frecuentemente en
los textos castellanos se hace referencia a la procedencia morisca de
los borceguíes, y concretamente se habla de los fabricados en Marruecos
y en Argel. Tambíén en textos moriscos se hace alusión a este calzado .
En El libro de las batallas, en escritura aljamíada, se lee
"kunburzãgiyãs dãl-Hiyãz", es decir, "con borceguíes del Hiyãz",
fabricados por tanto en Arabia .
Como
ya hemos indicado anteriormente, el borceguí solía llevar ricas labores
repujadas en el cuero formando dibujos, según se cita en Covarrubias
("labrados a la morisca ricamente"); esta decoración iba a veces a juego
con otros arreos del jinete o del caballo: en el Quijote leemos: "los
borceguíes eran de la labor del tahalí".

Criador de caballos vistiendo un "gabá"
Saadi: Bustan.
Darío y el criador de caballos. Pintado por Behzab. Herat, 1488. Bibl.
Nacional de El Cairo (n.° 22).
y en las Cortes de
Valladolid de 1258 se dice "ni trayan siella de varda dorada ni
argentada", lujo que se había hecho frecuente.
A través de los
textos castellanos puede verse cómo este calzado era prenda común entre
los árabes. Dozy, en el articulo que dedica al juff, la bota , menciona
un texto de al -Maqrĩzĩ en el que se narra: "Para montar a caballo e
incluso para pasear por la ciudad, se calza el juff, especie de botines
de cuero rojo o amarillo, que son comunes a los hombres y a las
mujeres"; también recoge una cita de Mantegazza que afirma cómo las
mujeres llevaban "botines de diversos colores, que llegaban hasta la
mitad de la pierna o poco más arriba", así como otro texto de Dandini
afirmando que las mujeres de Trípoli de Siria "para ir más cómodamente
por las calles, cuando hay agua o barro, llevan botines de cuero, que
les suben hasta las rodillas...". También Lane dice de las egipcias que
llevaban en los pies pequeños botines o calcetines khuff, de cuero
amarillo, y sobre ellos la báboog (babucha).
No cabe dudar de la
identificación de estos calzados con los borceguíes usados por los
cristianos, ya que así son denominados por los autores castellanos.
Francisco de la Cueva (sacerdote de Baeza) refiere un suceso de la
guerra en el norte de Africa y dice: "lo despojó (a un moro), y le halló
doce doblas y una buena marlota,y la lanza, y espuelas y borceguíese.
También destaca
Rachel Ariée cómo los caballeros nobles y las gentes de la l’ ãmma
llevaban en invierno borceguíes de cuero en extremo puntiagudos, según
puede verse en las pinturas de la Alhambra, y en los viajes y en la
guerra llevaban estas botas altas, como prueban los testimonios de las
pinturas del PartaL En el Museo del Ejército (Madrid) podemos ver los
borceguíes de Boabdil, el último rey de Granada.
Según L. Bréhier,
en el Imperio Bizantino, a partir del siglo V se abandonó el uso de las
sandalias antiguas para dar paso a los zapatos orientales y a los
borceguíes; indica este autor que los altos dignatarios llevaban zapatos
bajos abiertos por delante, mientras que los caballeros usaban botas y,
en el siglo XII, los elegantes usaban calzado de puntas largas.
Hemos visto cómo en
textos moriscos al jamiados se hace alusión al empleo de este calzado
entre los árabes (Libro de las batallas). Tambien en un manuscrito
morisco de 1607, escrito en caracteres latinos, procedente de la
Bibl. Prov. de Toledo, en el capítulo que denomina "El alquiteb del
attahor", se incluye un apartado especial titulado "En el machar sobre
los borzeguines”
Ya en las
ilustraciones de las "Maquãmãt" de al-Harĩrĩ podemos ver a los jinetes
calzados doblemente con el borceguí labrado y el zapato sobrepuesto, en
cuero de otro color. Son muy abundantes también las muestras que podemos
encontrar en el arte europeo de personajes vestidos a la moda oriental y
calzando estas dos prendas.
Sin embargo, entre
los árabes, no prevaleció este adjetivo borceguí, determinativo de su
cuero, para calífícar este tipo de bota, sino que lo distinguieron por
otras cualidades que le
adornaban. P. de Alcalá traduce 'borceguí iltímáq iltímaquit"y
"borziguinero çapatáir çapatairĩn", y más adelante "calçada cosa de
borceguies mulébec al íltimáq mulebecin al iltimáq"
Creo que también
pudo ser una corrupción de este mismo étimo persa el vocablo tarbũga,
usado en el norte de África, considerado por Simonet como "polaina o
botin morisco" y "polainas o botines de cuero o de tela que usan las
moras de Argel y de Marruecos, especialmente en el campo y que les cubre
las piernas hasta el tobillo". Píenso que este vocablo pudo ser una
corrupción de "botarga", en el que se había producido ya la misma
metátesis del castellano "botarga", por "bortaga". Según la definición
del Diccionario de Autoridades, la botarga viene a ser lo mismo que el
borceguí, pues nos dice de ella que es: "una parte del trage que se
trahía antiguamente, que cubría el muslo y la pierna, y era ancha. Pudo
decirse quasi "Bota larga", y por ser toda de una pieza, que empezaba en
la cintura, y llegaba hasta el tobillo".
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