ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

  

 

PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

 

CORAN

CAPÍTULO 2: LA VACA

SÛRAT AL-BÁQARA

Revelada en Medina, 286 versículos

   

(Versículo 25)  

 

 25. wa báshshir il-ladzîna â:manû wa ‘amilû s-sâlihâti

Anuncia la buena noticia a quienes se han abierto a Allah y hacen sâlihât

ánna láhum ÿannâtin taÿrî min tahtihâ l-anhâr*

de que para ellos hay Jardines bajo los que corren arroyos.

kullamâ ruçiqû minhâ min zámaratin ríçqan

Cada vez que se les provee de fruto como sustento

qâlû hâdzâ l-ladzî ruçiqnâ min qabl*

dicen: “Esto ya nos ha sido dado antes”,

wa utû bihî mutashâbihâ*

pero tan sólo se les da algo parecido.

wa láhum fîhâ: açuâÿun mútahhara*

Ahí hay para ellos esposas purificadas,

wa hum fîhâ jâlidûn*

y allí estarán eternamente.

 

 

          Tras la imagen aterradora anterior en la que se describía el destino que aguarda a los que están en la falsedad, a los insinceros, el Corán expone su opuesto: el deleite al que están destinados los mûminîn: wa báshshir il-ladzîna â:manû wa ‘amilû s-sâlihât, anuncia la buena noticia a quienes se han abierto a Allah y hacen sâlihât.

         El Corán ordena al Rasûl (s.a.s.) anunciar una buena noticia (báshshara-yubáshshir, anunciar, comunicar algo bueno, alegrar a alguien con esa información) dirigida a los que se han abierto interiormente hacia Allah (âmana-yûmin, abrir el corazón hacia Allah) y lo traducen externamente haciendo (‘ámila-yá‘mal, hacer, actuar, trabajar) sâlihât, que literalmente significa las ‘útiles y provechosas’, es decir, todo tipo de acciones que redundan positivamente en sus protagonistas y en los demás. Ya hemos visto la raíz de esta palabra: el salâh era la bondad, la corrección, la rectitud, la utilidad, y se llama sâlih al que está adornado por la virtud del salâh (los mûminîn son sâlihîn y sus acciones son sâlihât, buenas en sí, correctas, provechosas, correctoras). Vimos también el término slih, reformador, el que actúa según el salâh, el que hace partícipes a los demás de su bondad constructora, y llamábamos ish a su modo de actuar. Todo viene de los verbos sáluha-sluh, ser sâlih, es decir, ser útil y correcto; y de áslaha-slih, ser muslih, ser corrector y transformador del mundo).

         Los mûminîn son quienes internamente se han abierto a Allah, están dotados de salâh, actúan conforme a esa virtud y comunican externamente ese bien; son sâlihîn, gentes rectas, y sus acciones son sâlihât, redundan en su provecho y en el de los demás, pero además el provecho que se saca de las sâlihât no se limita a este mundo sino que esas acciones construyen también su destino junto a Allah pues todo tiene sus orígenes y sus resultados en el mundo del espíritu.

         A ellos, a los mûminîn-sâlihîn, les debe ser anunciada una recompensa conforme a su modo de ser expansivo, y esa buena nueva (bushrà) consiste en amplios Jardines de Placer: ánna láhum ÿannâtin taÿrî min tahtihâ l-anhâr, que para ellos hay Jardines bajo los que corren arroyos, es decir, junto a Allah, en al-Âjira, los aguardan placenteros jardines (ÿannât, plural de ÿanna, jardín, huerto, lugar de recreo) por los que fluyen (ÿarà-yaÿrî, correr, fluir) soterradamente (por debajo de ellos, regándolos en sus mismas raíces) frescos arroyos (anhâr, plural de nahr, río, arroyo). El Profeta debe animar a los mûminîn-sâlihîn a seguir adelante sobre la senda del salâh recordándoles la retribución a sus actos que tienen como consecuencia el disfrute en Jardines eternos, pues absolutamente todo tiene repercusiones, y la mayoría de ellas escapan a las medidas del hombre, por lo que deben serle recordadas.

         De igual modo que la mentira y falsedad de los kâfirîn crea para ellos un Fuego, cuyos signos se ven ahora pero cuya verdadera intensidad sólo se conoce tras la muerte, las sâlihât de los mûminîn, que mejoran el mundo presente, a su vez riegan Jardines preparados para ellos por la Rahma de Allah en Su Eternidad. Las imágenes que ofrece el Corán tanto del Fuego (nâr) como del Jardín (ÿanna) son impactantemente físicas. Si bien pertenecen al mundo del espíritu, éste no está al margen de lo corporal: si al hombre se le exige espiritualizarse, por su lado el espíritu se materializa, pues todo busca la unidad y el encuentro, y el Islam es integración. Este es el mensaje, esencial, que subyace bajo las imágenes que describen el Jardín y el Fuego de al-Âjira. El espíritu por el que se alza el musulmán no lo desliga de la materia, y eso no sucede ahora en la tierra como tampoco después de la muerte, si bien el secreto del modo en que esto se realiza sólo lo conoce Allah en su Ciencia que reúne todas las cosas en un mismo punto. Hablar de una vida meramente espiritual tras la muerte es un intento de racionalizar lo que ya de por sí es inaccesible al entendimiento. Al dar cuerpo y fuerza física a esa experiencia, el Corán rompe definitivamente con esa posibilidad racionalizadora y lo remite todo al Poder Determinante en el que debe sumergirse el musulmán con todas las consecuencia, aspirando siempre a una Unidad que está más allá de todos sus presupuestos y convicciones.

 

         En esos Jardines de Placer hay para los mûminîn-sâlihîn frutos que se ofrecen a su paladar: kullamâ ruçiqû minhâ min zámaratin ríçqan qâlû hâdzâ l-ladzî ruçiqnâ min qabl, cada vez que se les provee de fruto como sustento dicen: “Esto ya nos ha sido dado antes”. En esos Jardines son alimentados (rúçiqa-yúrçaq, ser alimentado, ser proveído, voz pasiva del verbo ráçaqa-yárçuq, proveer, ofrecer sustento) con un fruto (zámara) que será su sustento (riçq), y cada vez que se les ofrezca (utia-yûtà, ser ofrecido, voz pasiva de atà-yâtî, venir, ofrecer) uno nuevo creerán que es idéntico al anterior, y dirán (qâla-yaqûl, decir): “Es como el que ya nos ha sido ofrecido”, refiriéndose a los frutos que conocieron en la tierra, o bien a frutos que les fueron dados antes en el Jardín, wa utû bihî mutashâbihâ, pero tan sólo se les da algo parecido. El fruto nuevo es sólo parecido (mutashâbih) al anterior, pero no es el mismo: es semejante en la forma pero diferente en su sabor.

         El Tashâbuh, el parecido entre las cosas y la homogeneidad formal, y el Tanáwwu‘, la diversidad interior, es una de las más claras características de todo lo creado por Allah. Esto hace de la existencia una realidad múltiple y plural mucho más grande de lo que parece a primera vista. Cojamos a los seres humanos como modelo de esto: todos se parecen entre sí, con cabeza, cuerpo, miembros, órganos, carne, sangre, huesos, nervios, ojos, orejas, lengua, células vivas del tipo del resto de las células vivas,... una composición parecida en la forma y en la materia. Pero el resultado es una diversificación pasmosa en cuanto a comportamientos y reacciones. Cada cual tiene su predisposición, su naturaleza propia, su personalidad definida. A veces, la diferencia que hay entre dos hombres es mayor que la distancia que separa la tierra del cielo.

         La diversidad en la creación de Allah es de proporciones gigantescas que marean la inteligencia de quien quiera censarla: diversidad de tipos y especies, de formas y cualidades, de características diferenciadoras y comportamientos,... y todo, todo tiene su origen en una única célula, parecida a las demás en su formación y en su composición.

         Después de ello, ¿quién no reconocerá como su único señor a Allah, el Uno, la Fuente Original, mientras ve el resultado de su Acción y los signos de su Poder en todo lo que le rodea? ¿quién inventará iguales para Allah y se rendirá a sus invenciones en lugar devolver su ser a quien lo ha creado? La inimitabilidad de la existencia  que reduce a la impotencia el intento de reproducirla es el argumento supremo, y es un argumento que está ante los ojos de todas las criaturas.

 

         Y en ese Jardín cada mûmin-sâlih es completado con su pareja: wa láhum fîhâ: açuâÿun mútahhara*, ahí hay para ellos esposas purificadas. En esos Jardines de Placer encontrarán como retribución su ser entero, sus pares puros, sus açuâÿ (açuâÿ, esposas, plural de çáuÿ, esposo-a, par, pareja) que son mutáhhara, purificadas, es decir, están libres para ellos, dispuestas al encuentro, limpias de contaminación o ataduras. Y en ese estado de plenitud y satisfacción wa hum fîhâ jâlidûn, allí estarán eternamente. Estarán en el Julûd, la eternidad, donde para ellos ya no habrá condiciones limitantes ni tiempo, y serán eternos (jâlidîn, plural de jâlid, eterno).

 

         Todo lo anterior es una imagen que quiere transmitir la idea de placer y deleite máximos, tal como los imagina el hombre sobredimensionados por lo que pueda intuir acerca de las dimensiones infinitas de al-Âjira: Jardines frescos por los que fluyen manantiales que riegan lo más profundo de esos espacios puros, frutos cada vez de un sabor nuevo que sorprende al que lo paladea y que esperaba algo ya conocido, esposas-parejas que confortan a los moradores del Jardín, eternidad que escapa a la angustia del tiempo... Todo esto es el bien que corresponde a la bondad, su paralelo, su correlato radicalmente físico y material en su misma sutileza, en el mundo del espíritu.

 

  VOCABULARIO