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Title: YAMA  •  Size: 25655  •  Last Modified: Fri, 22 Mar 2002 13:32:48 GMT

CAPÍTULO 83:  LOS  DEFRAUDADORES

SÛRAT AL-MUTAFFIFÎN

revelada en Meca, 36 versículos

 

índice

 

 18. kallâ: ínna kitâba l-abrâri la-fî ‘illiyîn*

¡Pero no! El Libro de los Justos está en ‘Illiyîn.

19. wa mâ: adrâka mâ ‘illiyûna

¿Qué te hará saber lo que es ‘Illiyîn?

20. kitâbun marqûmun

Es un Libro grabado

21. yáshhaduhu l-muqarrabûn*

del que dan fe los acercados...

22. ínna l-abrâra la-fî na‘îmin

Los justos están en el Placer,

23. ‘alà l-arâ:iki yánzurûna

sobre tronos, observando.

24. tá‘rifu fî wuÿûhihim nádrata n-na‘îmi

Reconocerás en sus rostros el brillo del Placer.

25. yusqáuna min rahîqin majtûmin

Se les escanciará de un vino sellado,

26. jitâmuhû misk*

cuyo sello es  almizcle...

wa fî dzâlika fal-yatanâfasi l-mutanâfisûn*

¡Que por eso rivalicen los que compiten!

27. wa miçâÿuhû min tasnîmin

y estará mezclado con Tasnîm,

28. ‘áinan yáshrabu bihâ l-muqarrabûn*

la fuente de la que beben los acercados...

 

             El Corán suele definir las cosas en sí mismas y en sus opuestos. Cada imagen va seguida de su contrario y así es reconocida a la perfección. A los fuÿÿâr sigue una alusión a los abrâr, los justos, que son los mûminîn, los que sí han respondido a la llamada del Profeta: kallâ: ínna kitâba l-abrâri la-fî ‘illiyîn, ¡Pero no! El Libro de los Justos está en ‘Illiyîn... Este apartado también empieza con la exclamación kallâ, ¡pero no!, que es un reproche con el que acaba el pasaje anterior dedicado a los desmentidores (mukadzdzibîn).

Los abrâr -que traducimos de modo insuficiente por justos (abrâr es el plural de barr, persona justa, cumplidora, hacedora del bien y que atiende a los profetas y a la sensatez, responsable porque se sabe inserta en una existencia conjugada por Allah)- son lo contrario de los fuÿÿâr, los perversos. A Sidnâ Muhammad (s.a.s.) se le llama Imâm al-Abrâr, el Imam (el Guía) de los justos, porque fue aceptado por los mejores de su época y de él dieron fe los sinceros.

            Si el Libro (el Kitâb) de los fuÿÿâr está en Siÿÿîn, en las partes bajas del ser, el de los abrâr está en ‘Illiyîn, en las zonas elevadas. La palabra ‘Illiyîn deriva de ‘ulû, altura. Se trata del ‘lugar’ en el que son registrados los actos (o bien el lugar en el que están recogidos, o bien es su matriz a partir de la cual nacen).

Al tratarse de un tema difícil de entender porque pertenece al mundo del Gáib, de lo oculto a los sentidos, el Corán repite aquí la misma pregunta que formuló al mencionar el Libro de los perversos: wa mâ: adrâka mâ ‘illiyûn, ¿qué te hará saber lo que es ‘Illiyîn?... Nada te permitirá saber (adrà-yudrî, hacer saber, derivado de darà-yadrî, saber) lo que es ‘Illîyîn, que al igual que en el caso anterior deja de ser el nombre de el lugar en el que está el Libro para ser su calificativo y el ‘Illîyîn es ahora kitâbun marqûm, es un Libro grabado..., es un Libro en el que están siendo esculpidos (marqûm) los actos o bien ya están registrados en él, o bien es un Libro Cerrado (Marqûm) cuyos sellos sólo se retirarán el Yáum al-Ba‘z, el Día del Despertar, el Día de la Resurrección...

Ese Libro Elevado es venerado por los seres más puros, y el Corán añade: yáshhaduhu l-muqarrabûn* de él  dan fe los acercados... y los muqarrabûn (o muqarrabîn, acercados, próximos, plural de muqárrab) son las mejores criaturas, lo más probable aquí es que se refiera a los Malâika, los ángeles más cercanos a Allah. Ellos dan fe del Libro (sháhida-yáshhad, dar fe de algo, testimoniar), es decir, lo contemplan y lo reverencian.

            Continuando con las contraposiciones, el Corán añade: ínna l-abrâra la-fî na‘îm, los justos están en el Placer,... Una de las dificultades que presenta la traducción de los textos que describen al-Âjira, el Universo de Allah, es la elección del tiempo verbal. En árabe se trata de pasajes casi siempre en presente o en pasado mientras que la ‘lógica’ nos hace preferir el futuro. Pero eso limita las posibilidades de interpretar en otras claves legítimas. Los sufíes ven en estos textos, no sólo la referencia a una promesa de acontecimientos que seguirán a la muerte y a la destrucción del mundo, sino también la descripción de hechos presentes. Los fuÿÿâr están y estarán en el Yahîm, el Infierno, mientras que los abrâr están y estarán en el Na‘îm, el Placer. El Infierno, el Dolor, la Frustración, son lo que condiciona la vida y la forma de ser de los perversos, es su Siÿÿîn. El Placer, la Satisfacción, la Paz, la Exuberancia, son la fuente de la que mana la vida y la forma de ser de los abrâr. El Yahîm determina y aguarda al fâÿir, y el Na‘îm está en el justo y será también su recompensa. El Infierno y el Paraíso actuales son signo de al-Âjira, el Universo Real, el de Allah, el de la Verdad. El fâÿir puede triunfar en esta vida como resultado de sus maquinaciones, puede vivir en la comodidad y disfrutar de placeres, pero eso no es más que algo con lo que es ‘confundido’: su realidad es el Yahîm, y es arrojado a su esencia tras la muerte, en la que acabarán los espejismos. Y lo mismo sucede al barr, el justo, cuya integridad es puesta a prueba por las desgracias y los avatares de la vida y la injusticia de los hombres , pero su esencia está en el Na‘îm, en la expansión interior cuyo correlato es el Paraíso que lo aguarda.

La mayoría de los comentaristas del Corán dejan de lado estas consideraciones y huyen de ellas para hablar únicamente del Infierno y el Placer que están más allá de la muerte porque son temas más fáciles y más estimulantes, y a esas prevenciones debemos atenernos porque no es bueno despistarse de lo esencial, que consiste en explicar lo importante. Y lo importante es saber que, a nuestro nivel, se nos enseña que debemos esforzarnos por ser de las gentes del Jardín y ello se logra sumándose al número de los abrâr, para lo que hay que obrar según la justicia, es decir, según la Revelación. Esa acción conforme al bien es signo y manifestación del Paraiso. Y, así, tras la muerte, los abrâr estarán en el Placer supremo ‘alà l-arâ:iki yánzurûn, sobre tronos, observando... estarán sobre tronos (arâik, plural de arîka, sillón mullido, trono confortable) y observarán (zara-yánzur, mirar), es decir, verán, mientras los fuÿÿâr estarán ciegos (mahÿûbûn, velados).

Estas imágenes, y las siguientes, subrayan el carácter delicioso del Yanna, el Jardín, además de tener significados sutiles que solo ‘la gente de Allah’ conoce. Bástenos el resumen: tá‘rifu fî wuÿûhihim nádrata n-na‘îm, reconocerás en sus rostros el brillo del Placer... podrás reconocer (o los reconoces ahora, ‘árafa-yá‘rif, conocer, reconocer) porque en sus rostros (wuÿûh, plural de waÿh) está el resplandor (nadra, brillo, frescor) del Placer (Na‘îm). Este es el resumen de lo esencial, pero el Corán sigue dando pistas para hacernos adivinar y desear la intensidad de ese Na‘îm...

A continuación, dejándonos permanecer algunos instantes más en el Yanna, el Corán nos dice: yusqáuna min rahîqin majtûm, se les escanciará de un vino sellado,... se les dará de beber (asqà-yusqî, escanciar, dar de beber) de un vino especial, el rahîq, que es una bebida pura, que proviene de un recipiente sellado (majtûm). Es un vino reservado para ellos sobre el que se ha puesto un signo para que nadie se le acerque antes: jitâmuhû misk, y su sello es de almizcle... El sello (jitâm) que impide que la vasija se abra es de almizcle (misk), el mejor de los perfumes y que perfuma esa bebida...

Este versículo es ejemplo del inmenso poder connotativo del Corán. A los abrâr, a los justos, se les da (y se les dará) de beber un vino especial: es el amor a Allah (al-mahabba), que embriaga los corazones, pero es un vino puro y lícito. Los abrâr presienten en este mundo a Allah con tal intensidad que ya viven en al-Âjira, en medio de los placeres del Yanna, pero además, tras la muerte, verán con sus ojos a Allah, porque no estarán ciegos, no se llevan de aquí ojos muertos, sino ojos vivos, ellos no están mahÿûbûn, ellos no están ciegos, y verán realmente a Allah, que es el Vino Supremo.

Sobre  la ciencia de estas experiencias hay un sello (jitâm o játam), que es Muhammad (s.a.s.), el Sello de los Profetas, el último, el que cierra el ciclo. Es en Muhammad (s.a.s.) donde los abrâr prueban esa bebida sabrosa y se sumergen en la Verdad de su Señor Absoluto. Y Muhammad (s.a.s.) es Almizcle, es el perfume más puro...

Hay muchas sugerencias en esas pocas palabras, interrumpidas por la siguiente orden: wa fî dzâlika fal-yatanâfasi l-mutanâfisûn, ¡que por eso rivalicen los que compiten!... es propio de los hombres rivalizar (tanâfasa-yatanâfas) porque son inquietos, y así deben ser. Pues bien, que compitan por ese vino extraordinario. En lugar de afanarse por conquistar tonterías, el mutanâfis, el que rivaliza, el que compite, es decir, cualquier hombre, debiera, si fuera sensato, esforzarse por saborear esa bebida espléndida. Esta es la orden que nos da Allah antes de seguir con la descripción del rahîq, el vino de los justos: wa miçâÿuhû min tasnîm, y estará mezclado con Tasnîm,... ese vino puro, debido a su fuerza y para suavizarla estará mezclado con las aguas también deliciosas del Tasnîm, un río del Jardín, ‘áinan yáshrabu bihâ l-muqarrabûn, la fuente de la que beben los acercados...

Tasnîm es manantial (‘áin) del que beben (sháriba-yáshrab, beber) los muqarrabûn, los acercados a Allah, los próximos a Él, ya sean seres humano o Malâika, ángeles de luz. Tasnîm, da nombre a un río fabuloso de aguas frescas y deliciosas, significa Alivio, y es porque suaviza los efectos de la Visión de Allah, haciendo que sea del todo agradable para los que la merecen. Pero Allah es el único que sabe lo que verdaderamente significan estas palabras...

 

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