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Nacido en Suecia en 1919, cursó
estudios de derecho y de idiomas extranjeros, preliminares de una carrera
diplomática que le llevó a ocho países (España, Francia, Unión Soviética,
Estados Unidos, Brasil, Colombia, Venezuela y Marruecos y, finalmente, a los
puestos de Embajador en Caracas 1963-66, Madrid 1973-76 y en Rabat 1976-83).
Participó en la sesión de la Asamblea General de las Naciones-Unidas de 1970
como miembro de la delegación de Suecia, en la Conferencia de la CNUCED
(Conferencia de las Naciones-Unidas para el Comercio y el Desarrollo) en
Santiago en 1971 como vicepresidente de la delegación sueca bajo la presidencia
del entonces ministro de Comercio, Gunnar Lange; en los años 1966 a 1970 fue
encargado por los Gobiernos de Suecia, Dinamarca y Noruega de negociaciones con
el fin de obtener modificaciones de los acuerdos firmados por los países
escandinavos con la Unión Soviética y el Japón regulando los transportes aéreos.
Pidió su retiro en 1983, estableciendo su residencia en Marruecos en la ciudad
costera de Al-'Ara'ish (Larache).
Durante los años que pasó en España y Brasil tuvo la oportunidad de llevar a
cabo, en cooperación con un escritor español y uno brasileño, traducciones al
castellano y al portugués de obras de teatro del autor sueco Augusto Strindberg,
a saber La Señorita Julia y La más fuerte.
Después de un largo y minucioso estudio del Islam, en 1986, decide hacer la
Shahada (Testimonio de reconocimiento del Islam) con el nombre de Mohammed.
Explica su entrada en el Islam de la siguiente forma:
<<Yo, Mohammed Knut Bernström, profeso
el Islam, "la religión (Din) del perdón y de la misericordia", que encontré después de una
larga vida como cristiano (católico). En los años 60, la década del Concilio
Vaticano II, llegué a la conclusión que esta religión, cuyos dirigentes
quisieron poner en tela de juicio sus formas de culto con prácticas más que
milenarias para modernizarlas y, dando a los laicos un nuevo papel más activo en
los servicios divinos, atraerse nuevos adeptos y conseguir avivar la fé, que la
religión católica, decía, demostraba con este súbito zelo reformador que no era,
después de todo, como yo había creído, la religión instituida por Dios, Creador
de todas cosas, sino, por lo menos en gran parte, una creación humana. Las
tareas que se vio atribuir el Concilio no afectaban en principio sino la fachada
externa de la religión, sus usos y prácticas, de ninguna manera indiferentes o
faltos de importancia, y el estudio de los medios de recuperar de algún modo
para la Iglesia Católica la posición que antes ocupaba en el centro de la
sociedad y algo de su antigua influencia. Pero la sustancia de la fe, marcada
por la larga cadena de dogmas y doctrinas, no fue tocada; dogmas basadas en
decisiones tomadas durante los siglos por los Concilios y los Papas, es decir
por los hombres, desde la definición de la naturaleza de Jesucristo, a la vez
humana y divina, establecida por el Concilio de Nicea en 325 y confirmada por él
de Constantinopla en 381, hasta la doctrina enunciada por el Papa Pio IX en 1854
que dice que la Virgen María, madre de Jesús, que fue muchas veces objeto de
adoración como si formase parte de la Santísima Trinidad, no había sido tocada
por el pecado original que según la teología cristiana acompaña a todo ser
humano desde su concepción, concebida que fue sin pecado - doctrina ésta llamada
de la Inmaculada Concepción.

Una religión fundada en la revelación divina debe, según mi opinión, ser
universal, aplicable en todo tiempo y en todo lugar e inmutable. Esta religión
existe desde casi 1400 años y se llama Islam, lo que en árabe significa
"sumisión a la voluntad de Allah", y se basa en una Escritura, el Korán o, en
árabe, al-qur'an. Esta Escritura se compone de las divinas palabras
reveladas al Profeta Muhammad (s.a.s) en La Meca primero y después en Medina
durante los años 610 a 631 (era cristiana ) , y que hoy aparece como un libro,
dividido en 114 capítulos o azoras.
He podido conocer esta religión durante una estancia en Marruecos en el mismo
momento en que las reformas, introducidas por las resoluciones del Concilio
Vaticano II, arriba mencionadas, habían asestado un golpe duro a mi conciencia
de católico. Desde entonces he podido apreciar la singular belleza de sus
manifestaciones exteriores: la llamada a el salat, incluso en plena noche
oscura, su rito solemne, culminando en la postración tocando el suelo con la
frente, la lectura con voz modulada del Korán etc. y pensé: He aquí, tal vez, la
verdadera religión sólida, inmutable que buscaba. Pero estas primeras
impresiones de belleza espiritual no eran sino eso, impresiones sujetivas,
inspiradas por emociones, y sentía la necesidad de una convicción intelectual,
un criterio de verdad. Y fue el mismo Korán quien me lo daría. Encontré en la
azora 113 estas palabras: Di: Busco refugio en el Señor del Alba contra el
mal de lo que El a creado… y me dije que jamás en los más de 40 años en los
que he practicado conscientemente el cristianismo ví u oí una explicación clara
y coherente del origen del mal y del papel que cumple en el mundo. Más bien me
dejaron entender, sin usar estas palabras precisas, que el mal tiene otro origen
que la creación divina. Pero ¿no es esto sugerir otro "creador" al lado de Dios?
Y los cristianos ¿no declaran creer, ellos también, conforme reza la confesión
de Nicea y no obstante la doctrina de la Trinidad, en un sólo Dios ("credo in
unum Deum, Creatorem cœli et terræ")? Allí está el problema y allí se
queda. El Korán en todo caso lo expresa de forma clara y directa: el mal existe
en la creación de Allah, lo hacen los que Allah ha creado. Todos, de eso estoy
convencido, somos conscientes del mal que existe en nuestro alrededor y en
nosotros mismos. Y, sin alejarnos del Korán, podemos dar un paso más: el mal
existe en el mundo y debe existir como un elemento y una condición previa del
gran plan moral porque - ¿cómo reconoceríamos y elegiríamos el bien, si no
existiese el mal? ¿Cómo conocer y apreciar la luz, si no hay su contraste, la
oscuridad? La noción de contraste, de oposición en lo creado, también podemos
encontrarla en el Korán. En el aleya 49 de la azora 51 leemos: Todo lo que
creamos lo hemos creado en pares [de opuestos], en árabe
zawyan, zawyayn, y en el aleya 36:36: Gloria a El que creó en
pares [de opuestos], al-azway, todo lo que es
producido por la tierra, los humanos mismos y lo que ellos [aún]
ignoran. Comentando el primer aleya citada, el gran exegeta del siglo XIII
A.D. Ibn Kacir dice: "Todas las cosas creadas lo han sido en pares (o parejas),
el cielo y la tierra, la noche y el día, el sol y la luna, la tierra firme y el
mar, la luz y la oscuridad, la fé y la descreencia, la vida y la muerte, la
desdicha y la felicidad, el Paraíso y el Infierno, hasta animales y plantas."
Y el erudito sirio,
Muhammad Ali as-Sabuni, profesor de la universidad del Rey Abd al-Aziz en La
Meca, dice, comentando la misma aleya y citando a Muyahid, gran nombre de la
generación que siguió a la de los Compañeros del Profeta (s.a.s): "La palabra
'par' (zawyan) significa muqabilat, 'los que son opuestos entre sí
o que forman contrastes o ocupan ciertas posiciones uno frente al otro, como son
hombre y mujer, cielo y tierra, sol y luna, noche y día, luz y oscuridad, bien y
mal." Estuve satisfecho, porque había encontrado mi criterio y me di por
convencido.
Pero deseo hacer resaltar algo más en el texto koránico y en las "tradiciones"
proféticas que considero de suma importancia en el gran "edificio" del Islam :
el perdón de Allah, Su gracia y Su misericordia. Tal vez,
podamos decir que estas palabras reflejan un tema principal del Korán,
relacionado con el pensamiento que el hombre, a pesar de haber sido creado en
la más perfecta constitución (95:4), sin embargo fue creado frágil
(4:28), y si no fuese por la gracia de Allah y Su misericordia… [sobrentendiéndose:]
¿que serìa de él?

Para explicar mejor mi pensamiento citaré una "tradición" (hadiz),
declarada auténtica, en la que Allah dice : [En el Día de la Resurrección]
entrarán en el Paraíso los que merecieron entrar en el Paraíso y entrarán en
el Infierno los que en él merecieron entrar. Después Allah dirá [a
los ángeles]: Ir buscar [en el Infierno] a aquéllos en
cuyos corazones había fé [o bien] hasta el peso de una semilla de
mostaza y sacarlos de allí. Y les sacarán, chamuscados y ennegrecidos, y les
arrojarán al río de la vida; ya habéis visto como a la orilla del río le salen a
la hierba de antaño, seca y amarillenta, brotes nuevos de un verde fresco y
tenue. Así volverán a la vida. - Una bella imagen, me parece, de la
misericordia divina en acción de la cual, según reza el aleya 156 de la séptima
azora, alcanza todo. Y de la que Allah dice en otro "hadiz"
auténtico: Se adelanta ciertamente Mi misericordia a Mi ira.
Cuando tengo ocasión de hablar del Islam a los no-musulmanes, me gusta hacer
resaltar los conceptos siguientes:
Islam es la religión (Din) del justo medio y rechaza los extremos. El
constreñimiento es ajeno a la religión, dice el Korán (2:256). Ningún
pensamiento nuestro, ninguna acción nuestra tiene valor ante Allah, si no se
basa en una convicción interior y no resulta de una elección libre.
Es la religión del equilibrio. Debemos dar a otros, a los necesitados,
de las buenas cosas que Allah a puesto a nuestra disposición pero sin perjudicar
nuestras legítimas necesidades o las de nuestra familia. No debemos revolcarnos
en el lujo y la opulencia, pero tampoco hacer del ascetismo nuestro ideal. En el
mes de Ramadán ayunamos y trabajamos durante el día, pero descansamos, tomamos
alimento y nos distraemos después de la puesta del sol y a todas horas rezamos a
Allah, dándole gracias por Su bondad, y glorificándole. Si nos atacan tenemos el
derecho de defendernos, pagándole al agresor en su moneda, pero nos habla el
Korán, repetidas veces, del mérito de aquél que olvida el mal que le han hecho y
responde a una mala acción con una buena.
Es la religión (Din) de la simplicidad. Su único dogma es éste: No hay otro
dios que Allah y Muhammad es Su Profeta. Es decir que es el último de una larga
serie de mensajeros de Allah, sucediéndose el uno al otro, y quien nos trajo el
último y definitivo mensaje divino, el Korán. En Islam no hay clero, ni
sacramentos y se ve al hombre sólo delante de Allah, como se encontrará al final
de los tiempos ante El para responder de sus acciones en este mundo.
Es la religión (Din) de la paciencia y la tolerancia. El Korán nos
exhorta a no entablar discusiones con los seguidores de otras revelaciones
divinas (es decir los cristianos y los judíos), si no es de la manera más cortés
y considerada; más bien debemos procurar superarlos en buenas acciones. El Korán
dice (22:69): Allah juzgará entre vosotros el Día de la Resurrección sobre lo
que fue el objeto de vuestras disputas - sobreentendiéndose que es
preferible abstenerse de discusiones religiosas en este mundo. Los musulmanes no
deben tomar las armas si no han sido ellos atacados primero, pero si son
atacados tienen el deber de defender su libertad y su fé. Pero si el enemigo
depone las armas y se declara dispuesto a volver a la paz, debemos los
musulmanes deponer las nuestras y aceptar la paz. - En el texto koránico y en
las "tradiciones" proféticas veo una tolerancia que abre los brazos al mundo
entero y embota la punta de dogmatismos y extremismos fundamentalistas.
Es la religión (Din) de la verdad - y hemos hablado ya de ello. Pero no puedo
dejar de mencionar aquí que me siento impulsado a detenerme, maravillado, en mi lectura
del Korán cada vez que llego a la a1eya 30 de la azora 21donde dice: Los que
niegan la verdad, ¿no pueden comprender que los cielos y la tierra (metáfora: El
universo fueron [al principio] unidos [como] por soldadura y los abrimos? o a la
a1eya 47 de la azonra 51: Hemos construido el universo y somos ciertamente
Nosotros que causamos su expansión y, volviendo a la primera aleya citada: y que
hemos hecho todo lo que vive de agua. También me deja estupefacto la repetida
advertencia koránica contra acciones que constituyen de figuración o degradación
de la tierra (fasad.fi 'l-ard), asombroso para nosotros que vivimos en
una época cuando los hombres han comprendido finalmente que lo que nos hemos
acostumbrado a llamar contaminación o destrucción del ambiente amenaza nuestra
propia supervivencia y se rebelan. Estas advertencias culminan con el aleya 41 de
la azora 30: EI desorden y la destrucción han aparecido en la tierra firme y en
el mar, causados por las manos humanas y así [Allah] les hace saborear algo de
la consecuencias de] sus acciones; ¿volverán atrás?
Islam es una religión
(Din) que
nos acompaña cada día, puesto que rezamos cinco veces al día, vo1viéndo hacia
la Meca, origen geográfico y punto foca1 de nuestra fé. La oración es la forma
primaria de nuestra adoración a Allah, un lazo entre nosotros e impide que jamás
olvidemos que pertenecemos a Allah y que a El volveremos.
Así veo algunos puntos
fundamentales de mi religión (Din) y así es como leo "mi" Korán.
Al-´Ara¨ish y Estocolmo,
1º de Abril, 2001
Mohammed Knut
Bernström
emprendió la gran labor de traducir el Corán en el idioma sueco moderno, dotándolo de
comentarios de la autoría del erudito Leopold Weiss, intelectual austriaco que en su juventud optó por el Islam eligiendo como nombre él
de Muhammad Asad, vivió dos décadas en Arabia
Saudí donde aprendió perfectamente el árabe, paso los últimos años de su vida en
España
donde
falleció en 1992 siendo enterrado en Granada.
Había hecho una traducción magistral del Corán (The
Message of THE QUR'AN) con extensos comentarios. Explicaba Muhammad Asad su
traducción con estas palabras: “No pretendo, sin embargo, haber “traducido” el
Qur´an en el mismo sentido en que podría traducirse, digamos, a Platón o a
Shakespeare. A diferencia de cualquier otro libro, su significado y su
presentación linguística forman una unidad inquebrantable. La posición de las
palabras en una frase y su construcción sintáctica, la manera en que una
metáfora fluye hasta convertirse casi imperceptiblemente en una afirmación
pragmática, el uso del énfasis sonoro no sólo al servicio de la retórica sino
como un medio de alusión a ideas no enunciadas pero claramente implícitas: todo
esto hace al Qur´an, en último caso, único e intraducible. (...) El traductor
debe estar guiado en todo su trabajo por el uso linguístico que prevalecía en el
tiempo de la revelación del Qur´an, debiendo siempre tener presente que algunas
de sus expresiones, especialmente las relacionadas con conceptos abstractos, han
experimentado con el paso del tiempo cambios sutiles en la mente popular y no
deberían, por ello, ser traducidas de acuerdo al sentido que se les da en el uso
post-clásico (...). Otro aspecto (no menos importante) que el traductor debe
tener siempre presente es el iyás del Qur´an: esa inimitable elipsis que a
menudo omite deliberadamente claúsulas de pensamiento intermedias a fin de
expresar el estado final de una idea lo más aforística y concisamente posible
dentro de las limitaciones de un lenguaje humano” (Ibíd. págs. VI y VII).
La interpretación
de los textos y comentarios coránicos
que tradujo al sueco
Mohammed Knut Bernstrom
contó
con la autorización
Muhammad Asad, y
fue publicada por la Librería PROPRIUS de Estocolmo en 1998 bajo el título
de Koranens budskap y una segunda edición, revisada y dotada de unos
nuevos anexos, y que ha sido publicada.
Mohammed Knut Bernstromha también a trabajado en la traduciendo de el Sahih
del Imam Muslim con una introducción que explica en qué consiste esta segunda
fuente del Islam que se llama la sunnah, el cuerpo de alocuciones del
Profeta Muhammad (s.a.s) y de sus tomas de posición respecto de problemas que le
fueron sometidos, todo registrado y clasificado al cabo de extensas y
meticulosas investigaciones con el fin de descartar todo lo que no presentase
signos de una evidente autenticidad, y que son concebidos como reglas y
principios a los que cada musulmán sincero y convencido se debe conformar. La
citada obra del Imam Muslim es una de las más importantes compilaciones de estas
alocuciones y tomas de posición del Profeta Muhammad (s.a.s), consideradas
según el título "sanos", es decir auténticos.
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