CONVERSOS OCCIDENTALES

YIA.LM

 

 

ALI BEY (II PARTE)

 

        

A Domingo Badía le conocemos por los datos biográficos de que  disponemos y por la obra de  Godoy “Memorias del príncipe de la paz”, en su capítulo sobre la “empresa de Marruecos” donde este relata la trama, preparativos y posterior desarrollo del proyecto de anexión para  la corona española de parte del territorio de Marruecos, y por la correspondencia mantenida por Badía con Godoy y con  otros funcionarios de la corona española, conservadas en el Archivo Municipal de Barcelona.

 

         Pero lo realmente excepcional de Domingo Badía, el viaje de Ali Bey por tierras del Islam, lo conocemos por su libro de viajes titulado  “Viajes de Ali Bey”,

publicado en París en el año 1.812.

 

La primera edición de una traducción al español, data del año 1.836. En el prólogo de esta edición, descubre su verdadera personalidad, incluyendo una breve biografía de su vida. La fortuna quiso que en este año de 1.836, Godoy publicara sus memorias, sirviendo para desvanecer parte del misterio de este extraordinario personaje.

 

Después de recorrer la tierras del Islam, desde Tánger hasta Meca y de vivir durante cinco años, -desde el año 1.803 hasta el año 1.807-, el Islam en su más estricta pureza –todavía no había sido contaminado por la colonización occidental-, Domingo Badía escribe un libro de viajes donde relata su experiencia de esos cinco años por tierras del Islam, comenzando su obra con una introducción escrita en árabe, cuya traducción es la siguiente:

 

Alabado sea Allah, el Altísimo, el Inmenso, que nos enseña por el uso de la pluma, que enseña a los hombres a salir de la ignorancia. Alabado sea Allah, que nos guió a la verdadera fe del Islam, hasta el término de la peregrinación y hasta la Tierra Santa.

 

“Este libro, es del religioso, príncipe, doctor, sabio, cherif, peregrino, Ali Bey, hijo de Othman, príncipe de los Abbasidas, servidor de la casa de Allah, la prohibida –sagrada-.

 

Después de haber pasado tantos años en los estados cristianos estudiando en sus escuelas las ciencias de la naturaleza y las artes útiles al hombre en el estado de sociedad, sea cual fuere el culto o religión de su corazón tomé por fin la resolución de viajar a los países musulmanes, cumplir al mismo tiempo el sagrado deber de la peregrinación a la Meca y observar las costumbres, usos y naturaleza de las regiones que hallaría en mí camino, a fin de no hacer inútiles las fatigas de tan larga travesía, antes bien provechosas a mis conciudadanos en el país que escogeré finalmente por patria”.

 

En Abril de 1.803, Ali Bey embarca en Tarifa hacia Tánger, ciudad en la que se instala y en la que rápidamente se relaciona con los principales personajes de la ciudad, el Kaid, una especie de gobernador, representante del Sultán en la ciudad, el Kadí, que ostentaba el poder judicial, etc.,  integrándose en esta sociedad y viviendo en ella su cultura, costumbres y tradiciones, perfeccionando su árabe y ampliando sus conocimientos sobre las “ibadas” (prácticas) islámicas.

 

El tiempo lo pasa entre tertulias -reuniendo en su casa a los personajes más influyentes de la ciudad- y sus estudios del clima –realiza el primer estudio climático de Tánger- y análisis geológicos, con interesantes teorías sobre la formación del “estrecho de Gibraltar”.

 

Su popularidad entre la población tunecina fue en aumento al predecir un eclipse de sol con total exactitud en cuanto a la fecha y las formas, llegando su popularidad a oídos del Sultán.

 

El día 5 de Octubre, motivos políticos llevan al Sultán Muley Soliman a Tánger. Dos días más tarde, Ali Bey se entrevista con el Sultán, previa entrega de los preceptivos regalos, que en este caso se componían principalmente de armas. El Sultán, hombre interesado en los avances científicos que se estaban desarrollando en Europa, y especialmente en la astronomía, queda impresionado por los conocimientos de Ali Bey y por el instrumental del que este disponía. Tras sucesivos encuentros en los días en los que el Sultán permanece en Tanger, Ali Bey va forjando una amistad con el Sultán y con su sequito de confianza, que iría en aumento a medida que los encuentros se sucedían, hasta el punto de ser invitado por el Sultán a viajar con él hasta su residencia de Mequinez para incorporarlo a su Corte.

 

El 25 de Octubre emprende viaje a Mequinez, llegando a esta ciudad el día 1de Noviembre, partiendo seguidamente hacia Fez por orden del Sultán. En esta ciudad, le llama la atención la similitud de las mezquitas con la mezquita de Córdoba, reflexionando sobre la de Córdoba, que en su época, los historiadores oficiales  la asignaban  al período romano en su parte más antigua y a la influencia de este, en la parte construida por los califas andalusíes. En esta época, la historia de Al-Andalus y de Andalucía en general, era completamente desconocida, basada exclusivamente en los dogmas y las leyendas inventadas por los sucesivos gobiernos de España, interesados en mantener una visión de la historia y de la cultura uniforme para todo el estado, y que justificara la unidad política, religiosa y cultural. Por todo ello, Ali Bey se extraña de la similitud arquitectónica en las mezquitas de Andalucía y de Marruecos, sin duda, por su desconocimiento de la historia de Al-Andalus y de su influencia política y cultural en Marruecos, así como de la fundación de la ciudad de Fez (gran parte de ella) por andalusíes llegados principalmente de Córdoba.

 

En esta época en la ciudad de Fez, Ali Bey, nos muestra un gran conocimiento del Corán, cuando hace referencia a sus tertulias con Alfaquies y otras personas de “conocimiento”, o cuando recrimina a los astrólogos  –Ali Bey consideraba la astrología y a las demás artes adivinatorias una farsa-  con citas coránicas en las que intentaba demostrar que estas artes eran contrarias a las enseñanzas coránicas.

 

En su libro de viajes, Ali Bey, no solamente nos ofrece el relato de sus viajes y aventuras  por una zona del mundo desconocida en aquella época para los países occidentales, sino que nos deja el primer libro sobre Islam escrito en occidente después de la conquista Castellano-Católica de Al-Andalus trescientos años antes. En sus páginas nos muestra una breve biografía del profeta Muhammad, una breve historia de la expansión del Islam, así como relatos de los aspectos fundamentales del pensamiento Islámico y su concreción en las “Ibadas” –prácticas islámicas-, las cuales detalla en sus obra: salat (con detalle de todos los salat del día, rakas, recitaciones y movimientos corporales de los mismos), Zakat, ayuno, peregrinación, shahada, es decir, explica a la sociedad occidental a la que iba dirigida su autobiografía, los cinco pilares fundamentales del Islam. Podríamos incluir esta obra entre las de iniciación al Islam, ya que comprende desde historia y principios islámicos hasta la concreción de estos en los actos físicos de obligado cumplimiento (ibadas).

 

Uno de los aspectos del Islam que más llama la atención de Ali Bey, es la ausencia de intermediarios entre Allah y el ser humano, así como la no existencia de una casta sacerdotal:

 

“ La religión musulmana es de extremo sencilla: no tiene misterios, ni sacramentos, ni los intermediarios entre el hombre y Dios conocidos con el nombre de sacerdotes o ministros, tampoco altares, imágenes ni ornamentos. Dios es invisible, su altar es el corazón del hombre y todo musulmán es sumo pontífice. Según el Dais, que es la tradición canónica, declaró el profeta la esencia de su religión con esta célebre sentencia:

 

El Islam está edificado sobre cinco fundamentos que son: hacer la profesión de fé, no hay más Dios que un Dios, y Muhammad es el enviado de Dios; hacer la oración; dar limosna; ayunar en Ramadán y cumplir la peregrinación a la casa de Dios, la prohibida”.

 

El día 27 de Febrero de 1.804, Ali Bey parte hacia Marrakech, vía Rabat, por invitación expresa del Sultán. A su llegada a esta ciudad, recibió numerosos testimonios de amistad por parte del Sultán y de su corte,  haciendo donación a Ali Bey de una casa de recreo llamada Semelalia, que incluía tierras, palmeras, olivares, huertas, etc., y una gran casa en la ciudad conocida con el nombre de Sidi Benhamed Duqueli.

 

Otro de los regalos que le haría el Sultán, fueron dos esclavas, teniendo un hijo con una de ellas.

 

Veintiséis meses después de su llegada a Marruecos, se despide del Sultán con la excusa de de realizar la peregrinación a Meca, objetivo inicial de su viaje a Maruecos, dirigiéndose a Ujda, junto a la frontera argelina.

 

         Una vez fuera de palacio, y por motivos que no han quedado lo suficientemente claros,  Ali Bey pierde la confianza del Sultán, por cuestiones  que podrían ser la animadversión de Ali Bey con algunos miembros de la corte del Sultán, que a  causa de la envidia que este suscitaba, le enemistaran con el este, involucrándole en turbias intrigas palaciegas, o bien por la ambición de Ali Bey y su intervención en algún complot contra el Sultán para sublevar a las tribus bereberes.

 

Por un motivo u otro, o por ambos, Ali Bey,  es conducido por el Sultán, con algunas argucias, desde Ujda hasta Larache,  siendo obligado a abandonar Marruecos en solitario, sin su séquito, que incluía a sus esclavas y a su hijo, embarcando en una corbeta con destino a Trípoli el día 13 de octubre de 1.805.

 

 

CONTINUARA…

ALI BEY III PARTE: “Viaje a Meca”.