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AHMAD
HULUSI

CAPITULO 21
EL VELO DE
LAS PRECONCEPCIONES
Es esencial estar
prevenidos ante el hecho de que:
Son nuestras
PRECONCEPCIONES y HÁBITOS los que nos impiden conseguir nuestros objetivos
y nos hacen vivir en un estado “velado”.
Nos convierten en
personas que pasan su vida entera buscando las gafas que llevan encima de
su cabeza.
Debemos comprender
claramente que:
No seremos capaces de
comprender a ALLAH hasta que nos liberemos de nuestros hábitos
(preconceptos repetitivos, comportamiento preacondicionado...) y de las
emociones provocadas por estos, hasta que no nos purifiquemos de todo
esto.
Hasta que no seamos
conscientes de esto, ni seremos capaces de llegar a la realidad de nuestro
propio “ser” ni entenderemos a ALLAH como Muhammad lo presentó.
Pensando que conocemos,
diremos “ALLAH” cada vez que respiremos y desperdiciaremos toda nuestra
vida dando ese nombre a un DIOS imaginario en nuestra mente debido a esas
preconcepciones.
A menos que el ALLAH de
Muhammad sea apropiadamente comprendido, no sirve de nada en darle a un
“dios” el nombre de ALLAH, que uno crea en su propia mente siguiendo sus
inclinaciones o sus preconcepciones. Por que como dice el Corán: “Sin duda
el politeísmo (Shirk) es la mas grave de las crueldades”.
No hay posibilidad de
reconocer el origen de la propia consciencia, alcanzar la dimensión de la
consciencia cósmica y apreciar el universo en todo su valor hasta que se
comprenda totalmente el ALLAH de Muhammad. Por que el DIOS ilusorio que se
ha creado en la mente impide salir del caparazón para experimentar la
verdad.
La única forma de que
el hombre pueda salir de esa concha creada por sus preconcepciones es que
el conocimiento de la verdad (Haqikat) lo alcance, que medite sobre ella y
viva bajo su guía.
Sabemos que
las personas adquieren su educación normalmente basada en un método de
memorización de forma que talentos como el análisis y el pensamiento
profundo no son desarrollados. En consecuencia la gente no suele pensar
sobre los asuntos que requieren cuestionamiento o comprensión profunda; ni
les gusta pensar en ellos.
Por esta
razón las personas adecuan sus actos al comportamiento de otros, con los
que los rodean.
Todo el
mundo imita lo que los “OTROS” hacen.
Esto los
conduce a un nivel en el que casi se da una idolatrización de esos “OTROS”.
Desde la
niñez misma, antes de tener ninguna oportunidad de cuestionar nada, cada
individuo adopta el comportamiento de los otros y adquiere sus hábitos por
la imitación, casi condicionamiento, creyendo que los mayores siempre lo
saben todo mejor y actúan de la forma adecuada. Y de esta manera empiezan
a actuar como ellos. De esta manera en el proceso, adquieren las
perspectivas de otros, opiniones concretas como hechos absolutos.
Todas estas
conclusiones y comportamiento adquiridos por el camino del hábito conducen
al individuo a una SUPOSICIÓN completamente opuesta a la VERDAD.
Y
finalmente la persona se ve atrapada en una concha creada con los hilos de
su SUPOSICIÓN de tal forma que comienza a quejarse con palabras como:
“¡Por qué
debería pasar toda mi vida adorando a DIOS! ¡De una u otra forma haré algo
bueno al final y alcanzaré la salvación adquiriendo méritos ante los ojos
de Dios!
Todo esto
son SUPOSICIONES ficticias (CONJETURAS) que no tienen base en la verdad y
que son causadas por una falsa información adquirida por medio del
condicionamiento (hábito).
Sin embargo
el Corán advierte que una vida construida sobre tales preconcepciones y
falsas SUPOSICIONES traerá consecuencias lamentables; aquí observamos
algunos de estos signos:
“No siguen
nada si no meras conjeturas y las ideas a las que sus almas se inclinan,
aunque les haya sido dada la guía” (53:23)
“No tienen
conocimiento, siguen meras conjeturas – y la conjetura no es sustituto
para la verdad” (53:28).
“Es esta
ilusión la que te ha arruinado, ahora estás entre los perdidos” (41:23)
Esto es por
lo que nada puede causar más daño en nosotros que nuestras preconcepciones
y hábitos.
Simplemente
al conjeturar sobre nosotros mismos como seres materiales visibles,
formados de carne y hueso como nos viene impuesto por lo que nos rodea,
creemos que hay un DIOS-ahí-fuera que reside por encima del mundo y además
lo adoramos como un dios-lejos con las características de nuestros cuerpos
físicos.
Nos
enfadamos con TAL DIOS, juzgamos a TAL DIOS, criticamos y acusamos a TAL
DIOS por sus actos irrelevantes y a destiempo.
Nunca nos
damos cuenta que tal DIOS no puede estar ahí en absoluto.
Nunca
prestamos atención al aviso del Profeta Muhammad (s.a.s.) de que no hay
tal DIOS en el cielo.
Además
persistimos en la realización de inmensos errores que no pueden ser
arreglados más tarde.
Si no otra
cosa, al menos deberíamos tener en cuenta este simple hecho.
¿Qué
parcela ocuparía un solo hombre en la tierra?
Considera
que haya solamente un hombre en el planeta tierra e intenta imaginar la
tierra que ocupa. Entonces piensa que hubiera un DIOS tan grande como este
planeta. ¿Qué representaría un hombre al lado de tal DIOS?
Piensa
después en el Sol, que tiene una masa un millón trescientas mil veces más
grande que la tierra. ¿Cómo se compara la tierra con tal masa? Además
intenta imaginar la posición y el tamaño de una persona al lado de una
masa tan inmensa.
Aún más,
piensa en la posición del Sol en una galaxia formada por 400 mil millones
de estrellas como el sol.
Y
pregúntate: Si tal galaxia que contiene 400 mil millones de soles fuese un
DIOS, ¿cómo se compararía el Sol con su magnificencia?
E
intentemos entender que representaría si el Sol adorase, glorificase y
exaltase a tal dios, o si lo negara, se resistiera o la maldijera.
Bien,
entonces ¿qué puede hacer un hombre al lado de tal Dios tan grande como
una galaxia?
Consideremos esto seriamente y en un sentido realístico.
Si captamos
este punto, simplemente nos daremos cuenta que las tareas ofrecidas en la
religión conocidas como oraciones no están organizadas para adorar o
agradas a un DIOS-lejano.
Puede que
hayas oído de los más antiguos que ALLAH no necesita tus oraciones pero
que tú necesitas realizarlas por tu propio bien, para tu propio futuro.
Necesitas
el Salat...
Eres tú
quien lo necesita no ALLAH.
Si no le
asignas la importancia esencial que posee, habrás oprimido tu propia alma
ya que no habrás ganado las incontables cualidades y potencial que tu alma
merece de forma natural.
Sólo las
prácticas que realices te capacitarán para comprender la realidad de ti
mismo, te hacen encontrar las incontables cualidades en ti mismo y en
consecuencia te hacen alcanzar la vida del paraíso.
Tienes que
realizar estas prácticas por ti, para tu propio beneficio.
Si no las
realizas, eres el único responsable de perder sus beneficios. Porque no
hay ningún DIOS ahí fuera ni lejano a ti. Además no realizas esas
prácticas para agradar a DIOS.
Pero debe
entenderse claramente que:
Si
abandonas las prácticas después de darte cuanta que no hay un DIOS lejano,
sufrirás una gran pérdida. Porque esos actos que tu pensabas de adoración
a DIOS son de una gran importancia para tu futuro. No deberían ignorarse.
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