ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

  

 

PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

TRADUCIDO POR: ABDEL KARIM FELICES

AHMAD HULUSI

  

Capítulo 1: 

  DE LAS IMÁGENES DE DIOS A LA COMPRESIÓN DE ALLAH

La humanidad, sintiéndose sin poder para afrontar muchos fenómenos inexplicables que la rodeaban, ha vivido desde antiguo con un ansia interior de adorar algo con la esperanza de encontrar favor, y buscaban ayuda al refugiarse en lugares u objetos hasta el grado que su entendimiento permitía.

             Tales inclinaciones de adorar esperando ayuda y deseando éxito han conducido finalmente al hombre a sustentarse en varios seres en una esperanza ficticia de que sus deseos fueran concedidos.

             Bajo la influencia de tales inclinaciones, la gente comenzó a definir muchos objetos externos como dioses, a los cuales les atribuían el poder y la capacidad de conceder sus esperanzas y deseos. De esa forma la humanidad ha entrado en la era de “adorar a los dioses”.

             Al definir a sus dioses como seres a adorar sobre todas las cosas en la Tierra, el hombre cedió a la inclinación de adorar también animales, minerales o plantas.

             Mucho más tarde en el proceso, el hombre se dio cuenta que esos seres que se hallaban en la tierra eran tan mortales como ellos mismos, y que no podían ser dioses. Fueron los profetas los que los llevaron a la comprensión mediante sus avisos que tales seres nunca podrían ser dioses.

             Entonces la humanidad abandonó la adoración de sus deidades ancestrales. Pero, desafortunadamente, volvieron sus ojos al cielo hacia otros seres para aceptarlos como dioses y comenzaron a adorar a las estrellas.

             Cualquier fenómeno que entrara en la vida del hombre del que no se pudiera conocer su naturaleza o controlar, ha permanecido como producto de una autoridad desconocida para él. Así una imagen de Dios era creada y reconocida como una autoridad desconocida.

             En realidad la aceptación de un dios bien en el cielo o en la tierra no es otra cosa que una asunción hipotética completamente contraria a los datos científicos actuales.

             Paralelamente, tal asunción que contradice la realidad científica es rechazada por el Corán por medio del aserto conocido como la Palabra de la Unidad (Kalimat-it tawhid), que dice: “No hay dios”.

             Debido a la adoración del fuego o de las estrellas desde tiempos tan remotos, la humanidad se ha aprisionado a si misma en la concha de sus hipotéticas concepciones de dios durante siglos; y ha pasado su vida condicionada por lo que rodea a estas preconcepciones sin interés por el análisis o la pregunta. Día tras día estas conchas se han hecho más gruesas, más duras e imposibles de penetrar, el hombre finalmente se convirtió en un esclavo de los dioses que creó.

             Cuando Mohammad (aleihi salam) proclamo en Meca que era el Mensajero de Allah (RasulAllah), había 360 ídolos solamente en la Ka’ba cada uno representando a una deidad. Allí la gente intentaba tranquilizarse a ellos mismos mediante la adoración de esos 360 ídolos, cada uno con una labor especial.

             Eran incapaces de comprender el concepto de la no existencia de un dios ni en el cielo ni en la tierra, porque tampoco tenían entonces ninguna idea sobre las dimensiones reales del Universo.

             Tal dios era uno que posado sobre la tierra o sobre una estrella en el cielo, dirigía al mundo y a sus habitantes; a veces interfería en sus asuntos, otras los dejaba seguir para probar su comportamiento desde arriba para conocerlos y distinguirlos realmente. De tal forma que pudiera que pudiera recompensar a aquellos que llevaban a cabo los deseos de su corazón admitiéndolos en su paraíso  y castigar a aquellos que rechazaban sus órdenes arrojándolos al fuego del infierno.

             La humanidad con tales hipotéticas preocupaciones no podía sustraerse de ninguno de sus absurdos asuntos para conseguir ayuda y encontrar el favor a los ojos de su dios, que podía estar en la tierra o en el cielo.

             Como relata Hazrat Omar, había incluso paganos que solían cocinar sus ídolos para representar a sus dioses y adorarlos antes de disfrutar comiéndoselos.

             Aún más, con la esperanza de conseguir el favor de sus dioses conjeturales que ellos pensaban reales, los hombres de aquellos tiempos solían sacrificar a sus hijas de ocho años enterrándolas vivas y cubriéndolas con arena hasta que murieran.

             DIOS significa “un SER para ser ADORADO”. Dios es un ser al que se le ha de rezar, exaltar y glorificar con la esperanza de conseguir ayuda y bendiciones a cambio.

             Tal clase de ser es el Dios que te dará órdenes y si las obedeces y sigues los deseos de su corazón te dejará entrar en su paraíso y te bendecirá con incontables bellezas en el mundo. Sin embargo si lo rechazas a él o a sus órdenes y actúas a tu libre albedrío, eso te conducirá a su hostilidad y venganza traducidas en interminables torturas.

             Durante tal era de adoración de dioses con tan sin sentido, absurdos y primitivos pensamientos y creencias, Mohammad (aleihisalam) proclamó que él era el Rasul de Allah como resultado del Wahy (la Inspiración Divina) y comenzó a hacer todo lo que pudo para advertir a la gente de no adorar a ningún dios.

             La conquista de Mohammad (aleihisalam) comenzó al sugerir a los hombres el mensaje de la Palabra de la Unidad (Kalimat-it Tawhid): “No hay dios, solamente ALLAH.”

             ¿Qué quería decir realmente la fórmula de la Palabra de la Unidad?

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