PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

EL AJBÂR MAŶMÛ`A 

 Dra. Dolores Oliver Pérez
Universidad de Valladolid

 

LOS  AUTORES DEL EL AJBÂR MAŶMÛ'A : ¿LOS TAMMÂM B. 'ALQAMA?

 


 Hace bastantes años, cuando leí por primera vez el Ajbâr Maŷmû`a creí descubrir que me encontraba ante una obra con particularidades que parecían diferenciarla del resto de la historiografía hispanoárabe y empecé a preguntarme por los posibles responsables de su creación.

Desde luego no estaba ante esos cronistas del grupo de los mawâlî que, según Dozy (1). "no escribieron la historia de la nación, sino la de la familia real". Los autores del Anónimo de París dirigían su foco de atención hacia un periodo muy breve, de unos veinte años (740-759), el correspondiente a las "hazañas" de los sirios que entraron en al-Andalus con Balŷ y gracias a los cuales Ibn Mu`âwiya consiguió derrocar a Yûsuf y restaurar la dinastía omeya, fragmento que ocupaba la mitad de las páginas y semejaba representar el núcleo original de la obra. Una importancia muy secundaria prestaban tanto al periodo de la conquista y de los walíes como al reinado de los soberanos omeyas. Además de dedicarles un espacio muy inferior, no se preocupaban de recoger de manera metódica los principales acontecimientos que habían tenido lugar en esos dos siglos y medio, sino que se limitaban a consignar aquellos datos, sucesos o anécdotas que para ellos encerraban un mayor interés.

Por otro lado, la lectura del Ajbâr me había hecho sentir que sus autores, a pesar de vivir en diferentes etapas históricas, compartían unos mismos sentimientos, que les impulsaban a ofrecer una visión de la historia de al-Andalus muy diferente a la que transmitían Ibn al-Qûtiyya, al-Râzi- o Ibn Hayyân, claros defensores de la casa reinante. Mis sospechas se confirmaron al realizar un análisis minucioso de la crónica atribuida al primero, a la vista de la obra que había despertado mi interés, porque el estudio contrastado de ambas ponía claramente de manifiesto la imposibilidad de seguir afirmando que los compositores del Anónima pertenecían al linaje de Qurayš o eran "individuos de la familia omeya", aspecto del que informé en un artículo centrado en las expresiones utilizadas por diversos cronistas para definir a los grupos humanos andalusíes (2).

He de confesar que lo que me animó a buscar, a través de diversos caminos, a los posibles autores del Ajbâr, fueron unas palabras de Ribera, que Sánchez Albornoz (3) decía compartir: "todos ellos siguen una tendencia de raza o de clase, como si pertenecieran a una sola familia o linaje"(4), porque, de ser acertada dicha teoría, podría facilitar la labor de investigación. Estaba convencida de que los sucesivos redactores habían ocupado cargos gubernamentales, y gozado de la amistad de los príncipes, y ello significaba que no serían demasiado difíciles de localizar si daba dos pasos consecutivos. El primero consistiría en analizar cada fragmento por separado y tratar de perfilar la personalidad de su autor, pero sin partir de ideas preconcebidas sino de lo que la lectura del Ajbâr me sugiriera; el segundo, buscar en trabajos históricos y biográficos una familia en la que todos pudieran encajar.

Aunque soy consciente de que la meta propuesta es demasiado ambiciosa, quiero aprovechar este homenaje a la gran arabista y mejor persona Soledad Gibert, para informar de los estudios realizados que me han llevado a sospechar de un grupo familiar en particular. Naturalmente, lo que aquí presento es una hipótesis que podrá ser rechazada, pero que, por estar parcialmente cimentada en razonamientos y datos hasta ahora no destacados, puede ser de utilidad para los arabistas y quizá promover nuevas investigaciones siguiendo caminos diferentes a los ya enarcados.

En este artículo no me atengo al esquema utilizado como base de mi investigación ni incluyo una parte importante de los apuntes reunidos. La necesidad de presentar mis conclusiones sin extenderme en demasía me ha obligado a preparar dos trabajos a partir de las notas tomadas, que suman más de un centenar de páginas.

En el que lleva por titulo "El Ajbâr Maŷmû`a una obra polémica" (5), se informa de todas las opiniones formuladas con respecto a esta obra y se ofrece un estudio sistemático y completo de sus características, estilo, lenguaje, etc., es decir, abordo aspectos que en el presente se silencian o se tocan de manera muy superficial. En el que aquí me ocupa, me centro en aquellas cuestiones que más directamente permiten percibir y defender su autoría y que he reunido bajo cuatro apartados distintos. En el primero, realizo un estudio del fragmento considerado más antiguo y, por ello, núcleo primitivo de la narración; estudio en el que sucesivamente se examinan sus principales características, se traza el perfil de su autor y se trata de precisar el nombre de ese personaje que, pensamos, pudo ser su creador. En el segundo se informa de los datos recogidos sobre otros dos miembros de la misma familia y que, a mi entender, continuaron y completaron la primitiva historia. En el tercero se analizan los cuatro fragmentos restantes y se sugieren las diversas manos que intervinieron en cada uno y, finalmente, en el último, se ofrece un resumen de las conclusiones a las que he llegado.

I. LA CRÓNICA SIRIA DEL SIGLO VIII

El primer lugar lo ocupa el análisis de la crónica denominada por Sánchez Albornoz "historia de las guerras civiles” (6), que abarca desde la salida de las tropas de Kultûm (p. 30.11/42) hasta la muerte del antiguo gobernador Yûsuf al Fihrî, durante el reinado de `Abd al-Rahmân I (p.101.l/94) (7) cuando el narrador pone punto final a su relato con las siguientes palabras: "Este es un resumen ordenado de sus (8) hadices pues los hechos acaecidos son muchos más de los que se incluyen". Personalmente considero propias de este fragmento las tres primeras páginas del Ajbâr, donde se narran sucesos ocurridos en Oriente, por creer que en su origen pertenecieron, a modo de introducción, a esta crónica siria y fueron más tarde trasplantadas al comienzo de la obra (9).


1. 1. Principales características

Al tener presente las opiniones de aquellos que se han detenido en su estudio y las nuestras en particular es posible destacar las siguientes características:

1.1.1. La primera es su antigüedad, resaltada por un alto número de eruditos aunque no todos le atribuyen la misma fecha. Sánchez Albornoz defiende que fue redactada antes de finalizar el siglo VIII, tesis que indirectamente apoyan Dozy (10) Ribera (11) y Guichard (12) mientras que Chalmeta la considera escrita poco después del 833 y Manzano acepta ambas opciones (13). Significativo es también que Lévi Provençal y L. Molina, defensores de la modernidad del Ajbâr (siglos XII-XIII), al aludir a sus fuentes, guarden absoluto silencio sobre esta parte como si no hubieran encontrado en ella base alguna que apoyara su tesis. En lo que respecta a los argumentos esgrimidos en defensa de su antigüedad, éstos se basan en el estilo de la narración, en la buena información del autor y en el análisis de las frases utilizadas para la introducción de los relatos que, por corresponder a características dignas de ser resaltadas, serán examinadas en los apartados siguientes.

1.1.2. Una segunda particularidad, íntimamente ligada a la anterior, es la de contener narraciones transmitidas por personas que presenciaron o protagonizaron diversos sucesos (14) Así vemos, por ejemplo, que su autor utiliza el imperfecto "contaba, decía" (kâna yaqûlu / yuhadditu más el nombre de personajes que vivieron en el siglo VIII: Ibn Hurait (60.12); Abû Utmân (72.14), Jâlid b. Zayd (90.6) e lbn Mu`âwiya (94.4-5), como si él mismo lo hubiera escuchado de sus labios; informa de que un determinado relato lo ha tomado directamente de alguien que se lo había oído contar al príncipe `Abd al-Rahmán (50.14-51.1) y emplea, para la introducción de algunos ajbâr, expresiones del tipo "me contó" (ajbara-nî: 34.6, 48.2, 50.14) "me informaron" (huddittu: 37.3), "nos enteramos de que" (balaga-nâ: 45.10), reveladoras de que está recogiendo de primera mano tradiciones orales.

"Historias" o datos que el narrador dice haber tomado de otras personas son los siguientes: la descripción de los movimientos que realizan las tropas dirigidas por Kultûm en su enfrentamiento con Maysara, introducida por un "me contó una persona digna de confianza', a la que suele identificarse con uno de los combatientes sirios" (15); la reproducción de las palabras del califa Hishâm cuando, encontrándose en su lecho de muerte, habla en su delirio con Hanzala b. Safwân, general al que había enviado con un ejército a lfrîqiya después de conocer la derrota de Kultûm por los fugitivos que habían vuelto a Siria, precedida de un "fui informado -Dios sabe si será cierto- de lo siguiente" (16); el detalle de que el gobernador de al-Andalus, Talaba, tras vencer a los baladies, se puso a vender en la Almuzara de Córdoba a importantes jeques medinenses, noticia que sigue a "nos enteramos de que" (17); información relativa a la suerte corrida por los Omeyas, con la llegada de los Abbasíes, que le ha comunicado un jeque a quién da crédito (18); el principio de la fuga `Abd al-Rahmân, así como determinados sucesos de su juventud (50-54/58-61) que le han sido transmitidos por "alguien que lo ha oído de labios del mismo príncipe (19), y que complementa con otros hadices sobre el azaroso peregrinaje de `Abd al-Rahmán por tierras africanas (54/61)(20); la escena que precede a la muerte de Ibn Hurait y Abû I-Jattâr en la que el primero expresa su odio a los sirios mediante una frase que "gustaba repetir" y la respuesta que recibe del segundo (60/62); las conversaciones que mantienen los jefes de la tribu Banû Umayya con al-Sumayl, cuando éste les llama aparte, e información de la decisiones que toman, al perder la esperanza de recibir la ayuda de los Mudar (73.1/74), todo ello narrado por Abû Utmân; la confesión que hace Jâlid b. Zayd (90/86-7), al recordar la petición que hizo a Dios, durante la batalla entre Ibn Mu`âwiya y Yûsuf-, y una anécdota que "solía relatar" Ibn Mu`âwiya (94/89) y en la que comparaba comportamientos de al-Sumayl y Yûsuf mostrando en ella su admiración por el primero. Estas cuatro últimas expuestas en primera persona e introducidas por las expresiones "contaba, decía" (21). A las mencionadas noticias se ha de sumar una anécdota (84-5/82-3) cuyas características obligan a calificarla de interpelación (22). Reproduce las palabras que el cronista ha escuchado "de más de un maestro" (23) sobre dos predicciones que hace Farqad al devoto Abû Fath al-Sadfûri en tomo al lugar en el que se iba a jurar la bandera de Ibn Mu`âwiya, y a su enfrentamiento con el hijo de Yúsuf, predicciones que años después se cumplieron.

Ahora bien, un estudio atento de este fragmento denuncia de manera clara que su autor no siempre reproduce lo que otros le han contado. Es más, sugiere que ha utilizado los pasajes que dice recoger de labios de protagonistas para completar lo que debe considerarse la parte fundamental de esta crónica, parte cuyo transmisor es silenciado. Esto lleva a preguntarnos ¿de donde ha sacado todas esas narraciones que son la mayoría y que no dice tomarlas de nadie?

1.1.3. Al tratar de contestar a dicha pregunta nos vemos obligados a destacar una tercera característica, ya señalada por Ribera y sugerida, con no mucho convencimiento, por Sánchez Albornoz (24). El autor y el narrador son una misma persona o, dicho en otras palabras, construye este fragmento basándose de manera prioritaria en el relato de hechos en los que él ha participado.

Aunque en este caso, dado su extenso número, es imposible ofrecer una exposición detallada de los infinitos pasajes que, pensamos, reproducen acciones o escenas protagonizadas por el autor, he aquí los que, siguiendo el hilo de la narración, consideramos más importantes. La salida de las tropas de Kultûm y el enfrentamiento que tiene lugar entre el grupo acaudillado por Balŷ y los beréberes del ejército de Maysara (25), mucho más detallado que el de Kultûm antes mencionado; su huida a Ceuta, cuando vencidos y sin esperanza de futuro ponen sus ojos en al-Andalus; su entrada en la Península bajo determinadas condiciones; la victoria que alcanzan frente a los beréberes andalusíes; el asesinato del gobernador `Abd al-Malik y la proclamación de su jefe Balŷ como nuevo dirigente de al-Andalus; la segunda y aplastante victoria que consiguen frente a los ejércitos de beréberes y árabes baladíes que trataban de vengarse de los nuevos inmigrantes; la muerte de Balŷ y la elección de un segundo gobernador sirio que tendrá que sofocar y derrotar a los baladíes, sublevados contra él; la llegada de Abû Jattâr "noble siriaco natural de Damasco" y el establecimiento de los orientales en circunscripciones militares; el alzamiento de al-Sumayl, apoyado por yemeníes, cuya finalidad es vengar la afrenta sufrida por el jefe qaysi a manos del gobernador; la cruenta guerra civil que tiene lugar cuando se rompe la `asabiyya siria y dentro de cada Ŷund se separan sus miembros para aliarse a hermanos de tribu que entraron en fechas anteriores, y que concluirá con la batalla de Secunda; el nombramiento de Yûsuf como nuevo dirigente de al-Andalus; la salida de tropas de las divisiones de Damasco y Qinnasrîn para auxiliar a al-Sumayl en Zaragoza; el paso de Badr y Tammâm b. `Alqama al norte de África en busca del príncipe y su encuentro con él; la entrada en al-Andalus de Ibn Mu`âwiya y la reunión que celebran con los enviados de Yûsuf-, el fallo de las negociaciones y los movimientos de los Banû Umayya y de personajes como Tamâm para conseguir en las diversas circunscripciones militares apoyos que permitan formar un ejército capaz de derrotar a las tropas de Yûsuf y al-Sumayl; la victoria conseguida por 'Abd alRahmân, gracias a la ayuda de los yemeníes y, finalmente, el comienzo del reinado del primer emir omeya en la Península marcado por dos sucesivos alzamientos: el primero, protagonizado por Yûsuf y alSumayl, que concluye con la firma de un tratado de paz, una vez que el soberano acepta las condiciones propuestas por ellos; el segundo, promovido por el antiguo gobernador que se ve precisado a recurrir a los baladíes, ante la negativa del jefe qaysí y de los sirios de las divisiones militares a iniciar una nueva guerra. El fragmento concluye con la muerte de Yûsuf a manos de `Abd Allâh b. `Umar que, según sus propias palabras, "le ejecuta para librar a las gentes de su maldad porque se había convertido en un foco de turbulencias" (99.134 ).

1.1.4. Otras características que se atribuyen a este fragmento, que para muchos son prueba palpable de su antigüedad y de que sólo pudo ser escrito por un contemporáneo de los hechos y poco después de que éstos sucedieran, atañen al estilo de los relatos y a la completa, detallada y puntual información que en ellos se ofrece. Se destaca el lenguaje sencillo y carente de retórica; el estilo fluido y natural; el carácter vivo de la narración y la riqueza de detalles, aspectos todos ellos en los que no creemos preciso detenemos al haber sido ampliamente comentados por Guichard (26) y, sobre todo, por Sánchez Albornoz que gusta resaltar los innumerables pormenores que, localizados en él, han provocado su asombro y admiración (27) y le han llevado a definir esta parte como "modelo de historias árabes realistas, detalladas, bien informadas, precisas y cuyas páginas anima un soplo de vida" (p. 81). Únicamente queremos indicar la presencia de infinidad de detalles y datos no consignados en otras crónicas y cuyo estudio podría resultar de gran interés.

1.1.5. Una última particularidad, que en este caso no ha sido señalada, es la de estar ante una crónica centrada en la historia de los sirios llegados a al-Andalus con Balŷ. Esto explica que su autor se limite a narrar hechos en los que ellos han participado o que les afectan de manera indirecta -como es la rebelión de los beréberes andalusíes- y que contenga multitud de datos que sólo a un sirio podían interesar.

En la misma línea se ha de hacer notar el partidismo que refleja en algunos relatos. Por ejemplo, resulta muy sospechoso que se silencie el papel jugado por los baladíes en una batalla en la que, se supone, los sirios figurarían como tropas auxiliares. Nos referimos al enfrentamiento del ejército comandado por los dos hijos del gobernador 'Abd al-Mâlik e integrado, como indica el autor, por "árabes de Siria, compañeros de Balŷ y árabes baladíes" que, naturalmente, cita en segundo lugar (40'50). Tras decir: "se trabó la pelea", sólo le interesa señalar que "los sirios acometieron con furia y batallaron como quien busca la muerte hasta que Dios les concedió la victoria haciendo huir a los beréberes" para añadir. "los sirios vistieron sus armas y, tras dividirse en varios destacamentos, fueron matando beréberes hasta extinguir el fuego de la rebelión" y, después, regresaron a Córdoba, como si los baladíes y los caudillos del ejército, tras iniciarse la batalla, hubieran desaparecido. Relato en el que se manipula la verdad, con el único propósito de dar mayor relevancia a la actuación de los sirios, y que se distingue de la versión de Ibn Hayyân (28), y de la propia del Bayân (29), donde se hace desempeñar a los baladíes el papel principal. Significativo es, también, que se preocupe de indicar el número de guerreros que, acompañando a Kultûm, procedían de cada circunscripción militar de Oriente (31/42), y ofrezca multitud de datos que sólo tendrían interés para los compañeros de Balŷ, datos sobre los que volveremos al trazar el perfil de su autor. Incluso nos podemos preguntar si ha de considerarse normal el uso del término oriental ayâr para definir el mes de mayo (86.13). Asimismo, y en lo que respecta a nuestra hipótesis de que las primeras páginas del Ajbâr pertenecían en su origen a este fragmento, resulta natural que "la historia de esos sirios que acaban de abandonar su país, formando parte de las tropas de Kultûrn" se inicie con noticias de las tierras que dejan a sus espaldas, noticias que sin embargo causan extrañeza como apertura de una "historia de al-Andalus" que, lógicamente, debería comenzar, tal y como su titulo anuncia, con el relato de la conquista.

1.2 Perfil de su autor

Si pasamos al segundo punto con el propósito de tratar de captar la personalidad de su autor podemos señalar las siguientes particularidades, comenzando por aquellas que suelen ser admitidas:

1.2.1. Es, como muchos han señalado, un guerrero experto y habituado a participar en conflictos armados. Ello le permite describir los combates con gran pericia y minuciosidad, sin olvidarse de mencionar las estratagemas empleadas, el número de combatientes que forman los distintos destacamentos, las armas y cabalgaduras que usan, los itinerarios que siguen, los incidentes que se suceden en el camino o en la pelea, y mencionar detalles que sólo para un soldado tienen sentido, como es el que en un momento dado no hubiera postas porque el hambre las había desorganizado (78/78).

1.2.2. Es un tradicionista que ama y guarda en su memoria la historia del pueblo árabe y no pierde la ocasión de transmitir los muchos conocimientos que posee. Esto le lleva a aludir a las principales batallas que marcaron la historia del Islam: Harra (42/51), Marŷ al Râhit (57/63) Siffîn (59, 61/65,66), Badr y Uhud (63/67). En una ocasión, como sucede cuando describe el enfrentamiento ocurrido en Secunda entre yemeníes y mudarles, compara el valor y la furia desplegados en ella con el que mostraron los combatientes en Siffîn para, más tarde, hacer que Abû I-'Ata' intente frenar la matanza de los derrotados, dirigida por al-Sumayl, primero recordándole que su violencia no puede explicarse como venganza de Siffîn (encuentro en el que lucharon codo a codo yemeníes y mudaríes), después, amenazándolo con hacer una llamada a la 'asabiyya siria si no envainaba su espada. En otra, al-Sumayl, para vengar la afrenta recibida de Abû I-Jattâr, va a atraer a su causa a los yemeníes, invocando a los vencedores de Marŷ al-Râhit (56-7/63). Asimismo, como medio de mostrar su erudición, aprovecha la mención del protagonista de un suceso para informar del importante papel jugado en la historia remota del Islam por antecesores suyos. Por ejemplo, cuenta que Šamir, abuelo de al-Sumayl b. Hâtim, mató a al-Husayn, hijo de 'Alî (56/62); que 'Âmir al-'Abdarî, de los Banû 'Abd al-Dâr descendía de Abû 'Adî, hermano de Mus'ab b. Hâšim que llevó la bandera del Profeta en las batallas de Badr y Uhud (63/67) (30), no olvidando tampoco mencionar hechos como que `Abd al-Mâlik había luchado en la batalla de Harra con los medinenses y, derrotado por los ejércitos sirios, huyó a lfrîqiya (42/51). Es además un hombre culto y con ciertas dotes políticas, lo que le autoriza a dar explicaciones precisas sobre las causas de determinados sucesos, como es el levantamiento de los beréberes africanos, rechazando los rumores extendidos por el vulgo (31-2/43, 40/50); aludir a cismas religiosos surgidos en el pasado y a su reflejo en posteriores conflictos (32/43); describir de manera puntual y pormenorizada las argucias diplomáticas de los mawâlî omeyas para hacer triunfar a `Abd al-Rahmân o las negociaciones con el gobernador, y sumar multitud de detalles que nunca hubieran llamado la atención de un simple "guerrero".

1.2.3. Es un árabe de pura raza, que vive en una época en la que aún no se ha perdido el espíritu tribal ni se han olvidado antiguas rencillas. Conoce los nombres de las distintas tribus árabes que poblaban al-Andalus en su tiempo, los lazos de amistad o enemistad y las alianzas que se dieron entre ramas, facciones y grupos familiares, e incluso nimios detalles como el porqué dentro de un clan se ha nombrado jefe a un cierto personaje y no a otro que podría considerarse más destacado (91/87). En la misma línea, su lenguaje tiene un tremendo sabor tribal que sólo se interpreta correctamente si nos trasladamos a un pasado muy remoto, cuando las tribus enfrentadas se lanzaban improperios, amenazaban con terribles venganzas o gustaban, antes de la batalla, recitar versos para animar al compañero y resquebrajar el valor del enemigo. Las palabras que reproduce en determinados contextos, llenas de fuerza dramática, nunca hubieran salido de labios de un cronista de la corte. Son propias de un árabe que ha convivido y luchado con gentes que conservaban en toda su pureza la idiosincrasia tribal y que comparte sus mismos sentimientos. Significativas son las que dirigen los yemeníes a Balŷ cuando trata de proteger a `Abd al-Mâlik (41/51), las de Abû I-`Atâ` a al-Sumayl (61/66); las que pronuncia este último ante Abû `Utmân para hacerle ver el peligro que supone la entrada de un omeya, que han sido traducidas muy libremente (31); las contenidas en el breve poema que, envuelto en una piedra, lanzan al jefe qaysí cuando llegan ante los muros de Zaragoza (32) y, sobre todo, las que salen de boca de los yemeníes cuando, tras alcanzar la victoria, el príncipe les impide ejercer su venganza al estilo beduino, es decir, mediante la afrenta a la familia de Yûsuf (91/87).

1.2.4. No es un omeya ni un quraší, sino que pertenece a una tribu de Qays; afirmación que, al ser contraria a la opinión comúnmente defendida, nos obliga a detenemos en ella.

La tesis de que los autores de esta obra eran qurašíes, e incluso "individuos de la familia Omeya", fue lanzada por Ribera (XV-XVII) y apoyada entusiásticamente por Antuña (33). Más tarde, Sánchez Albornoz, al efectuar un estudio pormenorizada de sus diversas partes, se vio ante la necesidad de confesar que la teoría de Ribera sólo podía considerarse válida para este fragmento y los que atribuye al compilador (34), mientras que la lectura de artículos de arabistas actuales permite localizar frases como la de Fierro: "los autores omeyas de Ajbâr Maŷmû'a", o la de Chalmeta: "Sí, el recopilador fue qurayšì y omeya" (35), aunque, en ambos casos, no se aporta razonamiento alguno.

En nuestra opinión, los argumentos de Ribera, repetidos y ampliados por Sánchez Albornoz no resultan nada convincentes. Por ejemplo, no damos valor alguno al hecho de que se hable de los monarcas reinantes cuando se trata de una historia de al-Andalus, y sí al poco espacio que se les dedica en esta obra. Tampoco es concluyente que conozca algunos linajes y sí significativo constatar que su fallo atañe, precisamente, a las cabilas de Qurayš, al igual que sucede con el autor de la primera parte, que incluso confiesa desconocer "a qué rama de Qurayš" pertenecía el gobernador de Ifrîqiya, `Ubayd Alláb b. Zayd (22.2). El estudio que hemos realizado de las frases utilizadas en apoyo de dicha teoría nos ha venido a mostrar que carecen validez; incluso ha de darse un significado muy distinto a una anécdota que ambos eruditos mencionan como prueba de dicha afirmación, la relativa a la audiencia de 'Ubayd Allâh b. al-Habhâb, que comentaremos más adelante, por pertenecer al primer fragmento.

Más importante es detenernos en infinidad de detalles que claramente vienen a reflejar algo muy diferente, de los que señalaremos algunos:

1) El autor de "las guerras civiles", cuando habla de los componentes de un ejército utiliza la expresión "los yemeníes y los omeyas" (83.3, 5; 87. 1, 8-9; 92.10-I 1), postura naturalmente contraria a la de lbn al-Qûtiyya que, como defensor de la familia reinante, habla de "omeyas y árabes" (ob. cit., 5.5) o de "omeyas y sirios" (16.12, 17.6, 8; 19.8), mientras que al mencionar a las tropas de Kultûm no duda en decir que constaban de 10.000 [pertenecientes a la flor] de los omeyas y 20 .000 de nobles linajes árabes (14.15-15.1), aunque los segundos sumen un número mayor.

2) Silencia su presencia en determinados combates por considerar que es una tribu carente de importancia; por ejemplo, se limita a definir como sirios (ahlu-l-shâm) a los combatientes que, al mando de Balŷ, se enfrentan a árabes baladíes y beréberes dirigidos por los hijos de 'Abd al Mâlik y el gobernador de Narbona 'Abd al-Rahmân b. 'Alqama al-Lajmî (43/52), frente a Ibn al Qûtiyya que siente la necesidad de destacar que a las órdenes de Balŷ luchan 10.000 -omeyas y sirios" (16.12). 3) No duda en menospreciarles cuando tiene ocasión y en mostrar que, antes de alzarse con la soberanía de al-Andalus, fue una tribu que jugó en la historia un papel muy secundario y siempre actuó subordinada a otras más poderosas como la de Fîhr y la de Qays. No es propio de un defensor de los omeyas afirmar que, en el pasado, los miembros de dicha tribu decidieron no contestar a la petición de ayuda de lbn Mu'âwiya hasta no consultar con el jefe qaisí, al-Sumayl (67.11), le entregaron a éste la carta del príncipe diciéndole que no harían nada que a él desagradase (69.13-14), le besaron la mano en señal de sumisión (72.14); ni tampoco poner de manifiesto que 'Abd al-Rahmân conquistó Córdoba gracias a los yemeníes, sin olvidarse de señalar que, antes de comenzar la batalla final, cuando el príncipe pregunta a sus tropas si prefieren la guerra u optan por firmar la paz, el autor diga que "todos los yemeníes mostraron su deseo de pelear y los omeyas estuvieron de acuerdo con dicha opinión" (87.6-7).

En apoyo de nuestra tesis informaremos que E. Manzano, al estudiar uno de los pasajes que forman parte de este fragmento, se ha visto sorprendido al percibir que la versión del Ajbâr no es precisamente pro-omeya. Aunque en un momento dado (p. 197) indica que "el texto de al-Râzî contenido en el Fath al-Andalus y en el Bayân deriva, como repetidamente se ha señalado, del redactado por un noble qurayší“, poco después añade que "el análisis detallado del Ajbâr permite comprobar cómo el comportamiento de Abû Utmân, y 'Abd al-Allâh b. Jâlid no se corresponde muy bien con la imagen de los mawâlî obedeciendo las órdenes de su señor omeya" y "hace dudar que estos dos personajes fueran realmente o se comportaran como auténticos omeyas" (201-2). Por otro lado, al prestar atención a los detalles omitidos o alterados en la versión de al-Râzî, da su opinión de que los cambios obedecen a "la intención claramente enaltecedora de la familia omeya en detrimento del resto de los grupos que por esta época se disputaban el poder de al-Andalus y al deseo de clarificar el comportamiento de los clientes omeyas al servicio de su señor; comportamiento que en el texto del Ajbâr aparece mucho mas confuso y vacilante", para pasar a sugerir que "su parcialidad" y el ofrecer "una imagen considerablemente diferente a la que presenta el Ajbâr" es debida a las estrechas relaciones que los Râzî mantuvieron con los soberanos omeyas de su tiempo (ibid). O sea, está confesando de manera indirecta la dificultad de aceptar que el autor de "las guerras civiles" sea un omeya.

1.2.5. Frente a la opinión comúnmente admitida, nosotros defendemos que un estudio minucioso pone de manifiesto que el núcleo originario de esta obra sólo pudo ser escrito por un sirio que entró en al-Andalus con Balŷ y que pertenecía a una tribu qaysí.

En defensa de la primera afirmación podemos presentar algunos argumentos: Distingue claramente a los árabes baladíes de aquellos que, procedentes de Oriente, llegaron en el año 741, y hace jugar a los segundos un papel destacado; está atento a las palabras que otros dicen contra su grupo (60/65) y se muestra preocupado al hablar de la ruptura de la 'asabiyya siria que provoca la batalla de Secunda (59/64); conoce muchos nombres geográficos del Oriente lejano, ya sean ríos, ciudades, distritos o provincias y los acaeceres que en ellos se protagonizaron (32/43, 46/54-5; 47/56; 48, 49/57; 50/58; 51!59; 53/60; 56/62; 84/82...). Importancia capital tiene la amplia y precisa información que posee sobre sus compañeros sirios y en tomo a los sucesos que tienen lugar en los diversos ŷund-s, siendo muy abundantes las noticias que ofrece y de las que recordaremos algunas: Con el grupo de Balŷ entraron alSumayl h. Hâtim oriundo de Kûfa que vino con la división de Qinnasrîn (56/62) y Ta`laba b. Salâma al-'Amilî, jefe del ŷund de Jordán (30.15/42); Ta`laba b. Salâma al-Ŷudâmî era un personaje importante de la división de Palestina que, movido por la ambición, avisó al príncipe que querían asesinarle (57/63 y 91.13/87); Yahyâ b. Hurayt fue proclamado jefe del ŷund de Jordán provocando el enfrentamiento con Tawâba b. `Adî b. 'Amr, que pretendía tener más derechos; para calmar la situación se entrego al primero la jefatura del distrito de Rayya, donde vivían gentes del Jordán, pero de nuevo surgieron graves conflictos tribales que son expuestos con todo detalle (57-8/63-4); `Abd al-Rahmân b Nu'aym al Kalbî que con doscientos infantes y cuarenta caballos atacó el alcázar de Córdoba liberando a Abû-I-Jattâr y dándole amparo en el yund de Emeso (ibíd), fue más tarde nombrado por Ibn Mu'âwiya jefe de la infantería yemení (87/84); al Husayn b. al-Daŷn al `Uqaylî dirigió la caballería de Qintriasrîn que persiguió a 'Abd al-Rahman b. 'Alqama en el enfrentamiento de las tropas de Baly contra árabes y beréberes baladíes (44/53), indicándose que éste era jefe de los Banú Ka'b b. 'Amir de Qinnasrîn, mientras que en el ŷund de Damasco dirigía la misma confederación tribal Sulaymân b. Šihab (65/69); al-Sumayl envió a los dos últimos a luchar contra los vascones para que perecieran, muriendo el segundo por lo que al Husayn b. al-Daŷn y el hijo de b. Šihab se pasaron a las filas de Ibn Mu'âwiya, siendo más tarde nombrados por el soberano gobernadores de las mencionadas divisiones (92/88). El análisis de éstas y otras muchas noticias, sobre todo de aquellas que sólo pueden interesar a gentes recién llegadas de Oriente, delatan claramente la procedencia de su autor.

En lo que respecta a su filiación tribal son abundantes los pormenores indicativos de su pertenencia a una rama de Qays. Conoce y menciona a las diferentes clanes que integran dicha confederación tribal (Kilâb, Sulaym, Gatafân, Hawâzin, Sa'd, Nasr, Banû Ka'b b. `Âmir, `Uqayl, Qušayr, Taqîf Banû Salûl, Numayr, etc.(36); muestra su admiración por el kilâbi al-Sumayl, que "llegó a ser por su generosidad y superior valor jefe de los qaysíes de al-Andalus" (56/62); insiste en describirle como hombre honrado, valiente, inteligente y, sobre todo, cumplidor de sus promesas; haciendo que incluso 'Abd al-Rahmân pronuncie palabras elogiosas sobre él (94/8990); no deja de traslucir su resentimiento hacia la tribu que desbarató el poder de los Qays y asesinó a su jefe, a la vez que pone de manifiesto su desprecio por el que, en su tiempo, ostentó la jefatura de los Qurayš, el "cobarde" Yûsuf al Fihrî (64.3), que, de haber seguido los consejos de al-Sumayl, no habría perdido el gobierno de al-Andalus ni los omeyas hubieran restaurado su dinastía. También parece propio de un qaysí el utilizar la expresión "Qays y Mudar" (66.15) cuando la primera no es más que una rama de la segunda, o "Qays y otras de Mudar" (83.2) y resaltar que los omeyas siempre acompañan a los qays y no viceversa.

1.2.6. No es un cordobés sino una persona que ha pasado una parte importante de su vida, posiblemente los últimos años, en Córdoba. Estamos de acuerdo en que son innumerables los detalles reveladores de que conoce perfectamente la capital (37). Pero nadie parece aludir a las abundantes noticias que sólo han podido salir de la pluma de alguien que, durante algún tiempo, vivió en el ŷund de Quinasrîn o quizá en el de Damasco. Sabe que ambas divisiones estaban muy cercanas (66/69); que en ellas se instalaron los qaysíes y los omeyas; que en la primera residía Yûsuf b. Bujt (70.14) y en la segunda los dos restantes caudillos de los Banû Umayya, Abû `Utmân `Ubayd Allâh b 'Utmán, y `Abd Allâh b. Jâlid (78.4: 80.11); da a conocer que el caudillo de Qinnasrîn fue primero al-Sumayl -procedente del ŷund sirio del mismo nombre(56/62) y que, al ser nombrado gobernador de Zaragoza, el mando pasó a al-Husayn b. al-Daŷn al `Uqaylî (65/69); conoce los nombres de todas las tribus que se establecieron en dichas divisiones y el de sus dirigentes (65-66/69); informa del numero de combatientes que salen de ambas para auxiliar al-jefe qaysí, sitiado en Zaragoza (66/69-70); cuenta que al desembarcar el príncipe, le reciben `Abd Allâh b. Jâlid y Abû Utmân y le llevan a Turruš, para añadir que se instala en casa del segundo y nombrar a los diversos personajes que se reúnen junto a él (76/76). Incluso ofrece detalles carentes de interés pero reveladores de que está hablando alguien que reside en uno de los dos ŷund-s mencionados; como es el de señalar que, cuando Badr llega con la carta del príncipe, los omeyas mandan a buscar a Yúsuf b. Bojt, quién en ese momento se encontraba en la división de Qinnasrîn (67.10), división cuyo nombre consigna de rnanera reiterada (31.1; 44.3; 52.4; 56.9; 65.4, I I; 67.10; 80.13) y que parece ser aquel por el que el autor muestra un mayor interés, quizá por ser morada de los principales grupos qaysíes y del suyo en particular.


1.3 Posible autor de este fragmento

Una vez conocido el perfil del autor, y tomando como dato básico e indiscutible que estamos ante un tradicionista que vivió en el siglo VIII, hemos buscado en obras bibliográficas e históricas personajes que pudieran haber redactado este fragmento. El resultado ha sido la localización de tres en particular.

El primero es Badr, mawlá de `Abd al-Rahmân, al que Sánchez Albornoz atribuye la composición de una historia hoy perdida, basándose en textos de al-Râzî que le cita como fuente (38). La lectura de los fragmentos que le atribuye el Bayân muypronto nos obligo a desecharle. Primero, porque su historia nunca se hubiera iniciado con la salida de las tropas de Kultûm, de las que no formó parte, sino con su encuentro con el príncipe en tierras magrebíes, para continuar con el relato de sucesos acaecidos en ellas y su llegada a al-Andalus con el propósito de recabar ayuda de los omeyas; pasajes que, curiosamente, coinciden con las narraciones cronológicamente más antiguas que la compilación magrebí dice tomar de Badr (41.3 y 44.4). Segundo, y más importante, porque las versiones que ofrecen el Bayán y el Ajbâr son claramente discrepantes en lo que respecta a su postura hacia los omeyas y al uso de vocablos y expresiones que intentan reflejar dichos sentimientos (39), Por ejemplo, no consideramos casual que Badr haga jugar a los marwâlî omeyas un destacado papel, no acorde con la realidad histórica; presente a al-Sumayl como hombre falto de palabra (43.22; 45.2) o diga que, tras instalarse en Turruš, se reúnen junto a Ibn Mu'âwiya "un grupo de omeyas" (44.18), silenciando la presencia de yemeníes, frente al Ajbâr (80.11) que los menciona, para después añadir que se alternaban en acompañarle y que éstos eran de Damasco, de Jordán y de Qinnasrîn (40).

El segundo es Abû Utmân, del que tanto el Ajbâr como otras obras recogen relatos salidos de su propios labios. En este caso, es el análisis de la imagen que de él ofrece el Anónimo de París, en lo que respecta a su comportamiento antes de que el príncipe se haga con el poder, lo que impide aceptarle como autor, pues son demasiados los datos negativos. Un cronista omeya nunca presentaría a su grupo en actitud humilde, acompañando y secundando a los qaysíes o a los yemeníes, ni confesaría haber besado la mano de al-Sumayl y estar dispuesto a atenerse a sus deseos y no a los de su propio príncipe. Tampoco creemos factible que un narrador o escritor se dibuje a sí mismo como persona orgullosa y falta de palabra o reproduzca una frase soez, que nadie se ha atrevido a traducir y que seguramente dijo (81.8).

El tercero y el único cuya aceptación no presenta problemas es Tammâm b. 'Alqama. Sabemos por el Bayân que fue un transmisor de noticias relativas a esa primera etapa de la vida de los sirios, noticias que escritores posteriores introdujeron en sus crónicas, confesando haberlas tomado de sus labios. Así vemos, por ejemplo, que dos narraciones de Muhammad b. `Isâ autor de una crónica en el IX, utilizada por al-Râzî (41), comienzan con un "me contó Tammâm b. 'Alqama" (46.4: haddata-nî) y "dijo Tammâm" (46.17); en una se narra la entrevista de 'Abd al-Rahmân con los enviados de Yûsuf, donde, curiosamente, se presenta al príncipe rodeado de "árabes y omeyas" (46.5: al-`arab wa-l-umawiyyûn), frase muy significativa por ser en el Ajbâr y no en el resto de las crónicas donde siempre se coloca a los omeyas en un lugar secundario (42), la segunda, narrada por Tammâm en primera persona, se inicia con la visita a los diversos ŷund-s para conseguir apoyos a la causa del príncipe, continua con la marcha de los dos ejércitos y concluye con la batalla final, versión mucho más breve que la del Ajbâr pero que sigue su misma secuencia y presenta frases paralelas (43) Ahora bien, lo que nos interesa es saber que Tammâm gustaba narrar esos sucesos en los que había participado, y que en esta parte del Ajbâr se ofrece un retrato extraordinariamente positivo de él y a la vez diferente del transmitido por otros historiadores. Frente a Ibn al-Qûtiyya que le define como mawlà de `Abd alRahmân, en esta obra jamás se dice que lo fuera; por el contrario, se le presenta como destacado Taqafî que "acompaña" a los mawâlî de Ibn Mu'áwiya y colabora con ellos para ayudar al príncipe a conseguir sus propósitos o que actúa junto a otros mawlá-.s, como Badr (44).

He aquí algunos datos que sobre este "posible autor" hemos extraído del Ajbâr y de otras crónicas, así como de obras bibliográficas:

Abû Gâlib Tammâm ibn `Alqama al-Taqafî (45) descendía de un mawlà de `Abd al-Rahmân b. `Abd Allâh b. `Utmân b. Rabî`a al-Taqafî, nombrado gobernador de Kûfa por Mu'áwiya b. Abi Sufyân, y conocido como `Abd al-Rahmân b. Umm alHakam, designación que resaltaba su nobleza al ser su madre hija de Abû Sufyân y hermana del califa Mu'áwiya.

Nació en Oriente hacia el 101-10/ 720-8 (46), y entró en al-Andalus en 123/741 formando parte del contingente sirio de Balŷ b. Bišr y, posiblemente, del grupo acaudillado por al-Sumayl, que se estableció en Qinnasrîn.

Se une a los Omeyas de al-Andalus cuando éstos, al visitar a al-Sumayl en Zaragoza, le piden su colaboración, presintiendo que su nombre podría ser signo de buen agüero, y es el encargado de acompañar a Badr para rescatar a Ibn Mu'áwiya de manos beréberes y traerlo a la Península; dato que recogen la mayor parte de los cronistas así como su primera entrevista con el príncipe y la conversación mantenida por ambos. A partir de ese momento no se separa de Ibn Mu'áwiya; está presente en las negociaciones con los embajadores de Yûsuf, viaja a las circunscripciones militares, con el propósito de reclutar nuevos efectivos en apoyo del príncipe y forma parte del ejército que le permitirá alzarse con la victoria. Bajo el gobierno del fundador del emirato omeya andalusí ejerce el cargo de hâŷib que, según el Ajbâr Maŷmû`a, le fue conferido en su celebre encuentro en tierras magrebíes, y dirige sus ejércitos como qa'id para someter a sucesivos rebeldes; en el 147 /764 sitia junto a Badr la ciudad de Toledo, donde se había rebelado Hišâm b. `Urwa, empresa que culmina con éxito y le vale el nombramiento de gobernador de la capital del Tajo (104), puesto que después ejercerá su hijo Gâlib. b. Tammâm; también se sabe que al mando de un ejército comandado por él y por Abû Tammâm combate varias veces a Saqyá b. `Abd al- Wâhid al-Fatimî (I11), mientras que menos fiable nos parece la noticia de que fue Tammâm el que, en 149 /766, conduce a Córdoba a Abû Šabbah b. Yahyâ al Yahsubî, sublevado al ser destituido como gobernador de Sevilla (47).

En el año 172 /788, cuando desempeñaba un alto cargo en Córdoba, el recién entronizado Hišám mandó matar y crucificar en Toledo a su hijo Galîb b. Tammâm, castigo que Ibn al-Abbâr atribuye al hermano del nuevo emir, Sulayman, atribución que consideramos poco probable. De su actividad bajo el reinado Hišám, Ibn 'Idarî, tomándolo de al-Râzî, cuenta que, en el 174/ 790, Tammâm y Šuhayd b. '1sâ participaron como generales en el ejército comandado por Mu'awiya, hijo de Hišam I, que asedió a Sulayman b. `Abd al-Rahmân en Tudmir (Murcia). A estas noticias podemos añadir que Ibn Sa'îd le presenta como uno de los más ilustres personajes de la corte de alHakam y que Ibn al-Abbâr afirma que fue gobernador de Huesca, Tortosa y Tarazona, aunque no señala el periodo exacto en el que ejerció dichos puestos. Finalmente, y en lo que respecta a su muerte, frente a los que se limitan a indicar que falleció a edad muy avanzada a finales del reinado de al-Hakam I, Ibn 'Idâri (73.20) precisa que su óbito tuvo lugar en el año 196/811, después de que alHakam volviera a Córdoba tras una expedición al país de los cristianos.

En suma, creemos que no existe impedimento alguno que obligue a rechazarle como posible creador de la parte más antigua del Ajbâr y sí muchos argumentos a su favor. Este guerrero y tradicionista entró en al-Andalus con Balŷ, participó en las llamadas guerras civiles junto a sus compañeros sirios, luchó al lado del príncipe y, más tarde, formó parte de su corte y de la de sus dos hijos; lo que explicaría la presencia en el Ajbâr de esa multitud de detalles que delatan haber salido de la pluma de un testigo ocular.


2. LA FAMILIA DE LOS TAMMÂM B. `ALQAMA

Si hasta aquí hemos fijado nuestra atención en la parte más antigua del Ajbâr para tratar de descubrir a su posible creador, premisa imprescindible para reforzar su autoría es la de hallar descendientes suyos que pudieran haber redactado el resto de los fragmentos.

Las investigaciones que en este sentido hemos realizado nos han permitido localizar a dos destacados miembros.

2.1. El primero y más importante es Tammâm b. `Âmir b. Ahmad b. Gâlib b. Tammâm b. 'Alqama al-Taqafî, al que biógrafos e historiadores denominan "Tammâm b. 'Alqama". Nació en 187/803, cuando aún vivía su tatarabuelo, y murió en 283/896, después de haber sido ministro de tres emires sucesivos, Muhammad, alMundir y 'Abd Allâh (48) De su vida familiar trata Ibn Hazm, quien informa de su matrimonio con la hija de un cristiano llamado Rumân (cuya historia relata Ibn 'Abd al-Barr en su Ajbâr al Julafâ') con la cual tuvo una niña, que más tarde sería esposa de Futays b. Asbag y madre del ministro `Isâ b. Futays (49). Otros biógrafos" nos hablan de una hija suya llamada Ruqqaya que fue kâtiba de la hija del emir al-Mundir.

Interés particular tiene el conocer que, en este caso, estamos ante un literato y poeta (51) autor de una célebre uryûza o crónica en verso, que narra desde la conquista hasta los últimos días del gobierno de 'Abd al-Rahmán II; lo que ha movido a Dozy y a otros a sugerir que debió componerse hacia el año 238/852, fecha de la muerte del soberano. Desgraciadamente, no ha llegado a nosotros ni se conserva fragmento alguno, aunque es citada por cronistas andalusíes y poseemos descripciones de su contenido (52). Según Ibn Hayyân (53), que le califica de "literato eminente" ( `âlîm adîb), en ella se narra la entrada de Tariq y la conquista de al-Andalus, se mencionan los nombres de los gobernadores y emires y se describen los conflictos armados que en dicho periodo tuvieron lugar, o sea, los mismos acontecimientos que se anuncian en el titulo del Ajbâr. Por Ibn al Qûtiyya sabemos (7.1/4) que encerraba noticias relativas a sus propios antepasados, como son las concernientes a Sara la Goda, nieta de Witiza, noticias que se piensa debió recoger de su esposa cristiana. Por su parte, Ibn Dihya (54) le atribuye una crónica en prosa (ta'rij), en la que se exponen con todo detalle y, a veces, en primera persona, e introducidos por un: "dijo Tammâm b. 'Alqama”, hechos que el célebre poeta Yahyâ b. al-Hakam al-Gazâl contó a Tammâm, poemas que recitó y conversaciones que ambos mantuvieron; crónica en la que se narra el viaje que dicho poeta realizó a la corte del rey de los normandos, como embajador de 'Abd al-Rahmân II (55), empresa no mencionada por cronistas o biógrafos árabes anteriores al s. XIII, cuando el escritor valenciano murió, dato que ha movido a Lévi-Provençal, frente a otros eruditos, a dudar de su existencia (56).

Un último punto que creemos debe ser resaltado es el hecho de que viviera el periodo de la formación de la historiografía hispano árabe y fuera contemporáneo de esos primeros cronistas andalusíes, cuyas obras serán utilizadas más tarde como fuente primordial. Si se acepta nuestra tesis y se desea encontrar explicación al porqué en los fragmentos del Ajbâr que atribuimos a este literato y en los trabajos de otros historiadores aparecen unas mismas anécdotas, poemas e, incluso, frases paralelas, se han de tener presente dos etapas de su larga vida. En la primera formó parte de la corte de 'Abd al-Rahmán II, corte a la que también pertenecían Abd alRahmân b. 'Abd al-Hamîd b. Gânim, general y ministro de dicho príncipe, a la vez que literato y poeta, y el célebre al-Gazâl (772-874), que alcanzó la vida de cinco soberanos omeyas (desde Ibn Mu'áwiya a 'Abd Alláh), se encontraba vinculado a nuestro Tammâm por fuertes lazos de amistad y fue autor de una uryúza, que narraba desde la conquista hasta la entrada de 'Abd al-Rahmán (57). En este periodo pudo además entrar en contacto con 'Abd al-Malik b. Habîb (790?-852-3), historiador muy ligado al mencionado príncipe, al que dedicaba versos y asesoraba jurídicamente, y con sus discípulos, Muhammad b, Waddâh (nacido en Córdoba en 814) y Yûsuf b. Yahyâ al-Magâmi (m. 899), así como con otros contemporáneos suyos (58). En una segunda etapa, cuando ejerció el cargo de ministro bajo los tres últimos emires, conocería en la corte de Muhammad, al historiador Muhammad b. Mûsa al-Râzî (m. 890) y al literato y poeta Wâlid b. 'Abd al-Rahmân b. Gânim, mientras que sería en la de 'Abd Allah donde tratase al tradicionista Muhammad b. Walîd.

2.2. Finalmente, y en lo que respecta al último eslabón, podemos suponer la existencia de descendientes directos interesados por la cultura y la historia aunque, en este caso, los biógrafos sólo nos hablan de la hija ya citada. Para localizar al posible autor de la parte de 'Abd al Rahmân III, hemos de volver la mirada a Toledo, a ese Gâlib b. Tammâm, asesinado y crucificado por los Omeyas y, en concreto, a un hijo de 'Abd Alláh b. Tammâm b. Gâlib, del cual no hay noticias en los diccionarios biográficos aunque se le supone nieto del anterior, y se sabe que fue padre de dos ulemas toledanos Tammâm y Muhammad (59) Nos interesa en particular el primero, llamado Abâ Gâlib Tammâm (917-987), que "destacó en el cultivo de las ciencias, hasta el punto que fue llamado a Córdoba por al-Hakam II (60), donde tuvo entre otros discípulos a Ibn Abû Zamanîn y a Ibn al Faradi, el último de los cuales será también discípulo de Ibn al-Qûltiyya. Es decir, contamos con otro tataranieto del primer Tammâm, que vive en la corte cordobesa de ese príncipe que pidió se pusieran por escrito "las hazañas de las pasadas generaciones" y "se renovase el recuerdo de lo que se iba olvidando (61) Pudo, por lo tanto, encargarse de reunir los apuntes del archivo familiar y de completarlos con la redacción del reinado de 'Abd al-Rahmán III.

[CONTINUACIÓN]

[BIBLIOGRAFÍA]



Un trabajo de investigación "EXCELENTE", que sin lugar a dudas representa una luz muy importante sobre las irregularidades de la historiografía oficial, en cuanto a la "invasión árabe" - articulada en base a esta obra ¿inédita? - y sus posibles errores. El presente trabajo (en cuanto a su extesión), apareció publicado con el título: LOS AUTORES DEL AJBÂR MAŶMÛ`A ¿LOS TAMMÂM B. `ALQAMA?, formando una trilogía que publicaremos en tres entregas.

 

1. Cfr. Bayân, p. 19. En este artículo, al aludir a opiniones de R. Dozy, remitimos a la introducción de su ed. del Bayân al-mugrib, Leiden, 1848-51.

2. Oliver, D., "Una nueva interpretación de “árabe”, “muladí” y “maula” como voces representativas de grupos humanos", Proyección histórica de España en sus tres culturas Valladolid, 1993, 143-55.

3. El «Ajbâr Maymû`a cuestiones historiográficas que suscita, Buenos Aires, 1944 (citada SA, Ajbâr Por ejemplo, en pp, 127-8 hallamos las siguientes frases: "el autor (de los Anales del reinado de 'Abd alRahmán I), al encontrar entre los papeles de su gente el relato de las guerras civiles que él se Proponía proseguir o había ya continuado..,", "la afirmación muy justa, de Ribera, sobre la pertenencia a un mismo linaje de los diversos redactores del Ajbâr Maymû`a y sobre la posible transmisión de sus escritos en archivos familiares", y "si, como Ribera ha demostrado, todas las tradiciones compiladas en el Anónimo de Paris pudieron ser obra de distintos miembros de un mismo linaje; si, por tanto, el redactor de la historia de las sublevaciones contra el emir 'Abd al-Rahmán I pudo poseer la crónica de las guerras civiles y pudo sentir deseos de adicionarla por su mano. ."

4. Cfr. Rivera, J, Historia de la conquista de España de Abenalcotia el cordobés , Madrid, 1926, p. XIV.

5. Dicho artículo será publicado, Dios mediante, en Qurtuba 6, Córdoba 2001.

6. SA, Ajbâr, dedica un capítulo a cada uno de los cinco fragmentos que en este artículo examinamos, por lo que sólo informaremos de las páginas correspondientes, al aludir a frases especificas o que se localizan en otros capítulos u obras.

7. Hemos utilizado la ed. de E. Lafuente Alcántara, Ajbâr Maymû`a (Colección de tradiciones), Madrid, 1867. Cuando reproducimos una palabra o frase remitimos a la página y línea del texto árabe. Al hablar de un pasaje o relato sumamos, tras una línea oblicua, las páginas de la traducción, al ser estas últimas las únicas que se citan en trabajos como los de Sánchez Albornoz o de P. Chalmeta.

8. Chalmeta, en "Una historia discontinua e intemporal (jabar)'', Hispania XXXIII (1973), p. 56, interpreta la expresión min hadIt-him por "los hechos de `Abd al-Ramân, de Yûsuf y de al-Sumayl". Nuestra opinión es que se está refiriendo en general a "los sirios", pues dentro de esta crónica se dedican abundantes páginas a la historia de otros muchos personajes.

9 De ser acertada esta hipótesis, habrían sido completadas para enlazar con el relato de la conquista, lo que dificulta la labor de concretar el punto exacto en el que concluian.

10. Cfr. ob. cit. p. 12, donde recuerda la existencia, en esta parte, de un relato que el autor ha tomado de un personaje del siglo VIII.

11. En este sentido interpretamos sus palabras (ob. cit, XV): "narra las negociaciones políticas de 'Abd alRarmân I con minuciosos pormenores que denotan haber sido testigo presencial de algunos de aquellos sucesos".

12. Guichard, P. Estructura antropológica de una sociedad islámica en Occidente, Madrid, 1976, en p. 293, al aludir a dos pasajes utilizados por Sánchez Albornoz para fijar esta obra en el VIII, señala que, al menos en el segundo, tomado por el narrador de alguien que lo había oído de los mismos labios del primer soberano omeya, "no hay motivo para no ver una indicación sobre la antigüedad de la crónica".

13. Manzano, E. en "La rebelión del año 754 en la Marca Superior y su tratamiento en las crónicas árabes", Studia Histórica, IV, 2 (1986), 185-203, afirma estar de acuerdo en considerar "la crónica de las guerras civiles" como la más antigua y, tras defender que el pasaje del Ajbâr estudiado por él es muy anterior al equivalente, ofrecido por alRazî, añade que el primero "ha sido redactado por un noble qurayši a finales del siglo VIII o en la primera mitad del IX" (p. 197).

14. He aquí algunas de las frases pronunciadas por Sánchez Albornoz en ob. cit.: "supo de los sucesos por el testimonio de gentes que intervinieron en ellos" (p. 87); "este fragmento tuvo que ser obra de un contemporáneo" y "la vida del autor tuvo que transcurrir muy en contacto con los hombres y sucesos que relata" (90); "sólo un contemporáneo de `Abd al-Rahmân I, Abû Utmân, Jâlid, al-Marwân, etc. podía conocer con precisión los dichos y hechos de éstos" (107).

" El cronista, tras indicar que Kultûm permaneció firme, añade "uno de los sirios que pasó [junto a él] pues me ha contado persona de confianza (34.6', ajbara-nî:man lâ uttuhima anna-hu que habiendo sido golpeado en la cabeza con una espada...", frase confusa con un corte sin sentido que ha llevado a Sánchez Albornoz a optar por la interpretación de Lafuente (p. 45): "quien pasó por junto a un sirio, persona fidedigna, la cual me ha contado".

16. Cfr. 3T3: huddittu -wa-Allâhu a'lamu-anna-hu.

17. Cfr. 45.10: balaga-nâ anna-hu.

18. Cfr. 48.2: ajbara-nî man uliqu bi-hi mina¡ mašâ`ij anna . '

19. Cfr 50.14-51.1: ajbara-nî man sami'a `Abd al-Rabman b. Mu'âwiya yuhadditu

20. El largo relato atribuido al mismo príncipe (50-4/58-61), que concluye con hada hadîtu-hu, rahimahu-Allâh (54.6), es seguido de wa-min hadît gayra-hu anna ..., introduciendo la exposición de su andadura por tierras africanas.

21. Sobre las expresiones utilizadas para la introducción de éstas últimas, véase en nuestro texto, p. 517, las frases correspondientes a "contaba, decía?'.

22. El narrador, después de informar de la partida de los ejércitos de Yûsuf y del príncipe, y antes de volver sobre el mismo tema para dar cuenta de los avances de ambos contingentes, hace un breve alto con el propósito de explicar cómo y dónde se entrego a 'Abd al-Rahmán un turbante que le serviría de bandera y que todos juraron. Es a continuación donde se inserta está anécdota que semeja un pegote, encierra un lenguaje distinto y alude a hechos sucedidos bajo 'Abd al-Rahmân II . Sobre ella volvemos en p. 540.

23 . Cfr. 84.8: "haddata-nî gayru wâhidin min al mašyâja `an ..." "

24. Sánchez Albornoz, en su obra En torno a los orígenes del feudalismo, t. Il: Fuentes de la historia hispano-musulmana del siglo VIII, Buenos Aires, 1974 (cit. SA, Fuentes), p. 29, después de indicar que el autor de esta parte supo de los sucesos que refiere por el testimonio de gentes que intervinieron activamenteen ellos añade: "quizá fue también actor de los mismos".

25.Con respecto a la mención de Maysara como dirigente de los beréberes que se enfrentan a los ejércitos de Kultûm, error que repite Ibn Hayyán (al-Maqqaf, Analectes, Amsterdam, 1967, 11, 12.8), pensamos que podría ser un error intencionado debido al deseo de que el oyente asocie al caudillo de los beréberes con alguien sobre el que se ha hablado mucho y por lo tanto conocido. Otra hipótesis sería que Maysara no hubiera muerto en fecha anterior, como indican otros historiadores.

26. Cfr. obra cit. p. 295, donde resalta diversas características que diferencian esta crónica de otras como la de lbn 'Abd al-Hakam, "mucho más analítica y desmañada", e incluso de "las obras que señalan el inicio de la prosa literaria árabe en el siglo IX".

27. Cfr. las numerosas referencias de las pp 87-90 y 107.

28. Cfr., al-Maqqarî, Analectes, II, 132-3, donde se dice que "los árabes de las diversas regiones de al Andalus " mataron a los beréberes y persiguieron a los fugitivos, aunque más tarde se indica que fueron los sirios los que se hicieron con el bolín.

29. Cfr. ed. Cólin-Lévi Provençal, Leiden, 1951, p. 31.5 y ss., donde mencionan dos ataques consecutivos; en el primero "los árabes acometen y vencen a sus contrincantes "; en el segundo se indica que 'Abd al-Màlik y Baly avanzan para atacar a los beréberes con "los árabes de al-Andalus", a excepción de los de Zaragoza.

30. Sobre su ascendencia, véase Manzano, art. cit., pp. 197-8.

31. El texto dice literalmente (73.1 I-12/74-5): “ Me he dado cuenta de que `Abd al-Rahmân procede de una familia o linaje (qawm) tal, que si uno de sus miembros se echa una meada en esta Península, nosotros y vosotros nos vamos a ahogar en ella ”.

32. Cfr. Ajbâr 68.10: Oh murallas, anunciar la buena nueva/ A ti llega el socorro pues el asedio loca a su fin / se acercan a ti [las yeguas] embridadas, hijas de A'way [famoso caballo que dio nombre a una raza]/ sobre ellas cabalgan los nobles de Nizâr El mismo poema se reproduce casi al pie de la letra en el Bayân 11, 43.11-12:

33. Cfr. "l,a versión castellana de la crónica de Abenalcotia", la ciudad de Dios, 5-20 octubre, 1927, p. 79, donde indica que los datos y documentos aportados por Ribera y sus observaciones críticas, tanto sobre la estirpe de sus autores como en tomo a la fecha de redacción, restan verosimilitud a la tesis de Dozy.

34. En ob. cit, pp. 22-3, 30, guarda silencio con respecto a la cuarta parte y reconoce que en la tercera no ha encontrado ni una palabra que descubra su devoción por los omeyas o qurayšíes, resultando imposible descubrir "su patria, tribu o familia'.

35. Véase respectivamente, Fierro, L, "La obra histórica de fin al-Qûtiyya", Al-Qantara. X 11989), p. 502, y Chalmem, art. cit., p. 58.

36.Sobre estas tribus, véase en particular pp. 65-6, donde se mencionan los clanes qaysíes de Qinnasrîn y Damasco que acuden a auxiliar a al-Sumayl, citándose incluso tribus (Hars, Muhârib...) no consignadas en la Yamhara de Ibn Hazm Sobre las tribus qaysíes establecidas en al-Andalus, y citadas por Ibn Hazm, véase Terés, E., "Linajes de al-Andalus", Al-Andalus, XXII (1957), pp. 96-106, y cuadro de p. 62-3.

37. Una minuciosa información de los diversos pasajes que denuncian su perfecto conocimiento de la capital es ofrecida pos Sánchez Albornoz en ob. cit. 83-4.

38 . Sánchez Albornoz, en Fuentes, p. 18, dice que al menos "se sabe de tres crónicas hispano arábigas, dos redactadas en el último tercio del siglo VIII (la de Badr, mawlâ de 'Abd al-Rahmán 1, y la del noble guerrero cordobés de Qurayšî, es decir, el Ajbâr y otra, de principios del IX, la de Muhammad b 'tsâ, informado por Tammâm b. 'Alqama. Sobre Ibn 'lsâ (m. 835), como fuente de alRâzî, véase ibid, pp. 22-28.

39. Frente al Ajbâr, que aplica siempre la denominación de Banû Umayya o al de Me alRahmân al grupo establecido en al-Andalus, Badr prefiere concebirlos como mawâlî min al-umawiyyîn (40. 20) o simplemente como al al-umawiyyûn (43.13, 19, 21, 22; 44.18), utilizando incluso extrañas expresiones no localizadas nunca en el Ajbâr como" mawâlî al qawm wa-I umawiyya" (44. 10).

40. Hemos de señalar que el autor del Ajbâr, por primera y única vez rompe aquí su costumbre de poner en primer lugar a los yemeníes, quizá porque el contexto lo exige. En este caso dice literalmente que, en casa de Abû 'Utmân se reúnen "un grupo de Banû Umayya y de hombres yemeníes", para añadir las frases relativas a su procedencia. Sin embargo, poco después, al hablar de las gentes de Elvira que se han unido a él, utiliza las expresiones: al yamâniyya wa-I-umawiyya (83.3) y man fi Ilbîra min al-Yaman wa Banî Umayya (83.5)

41 C fr SA, Fuentes, pp . I 5-28 donde indica los sucesivos párrafos que al-Rád atribuye a Ibn 'Isâ y los que a su vez el último dice tomar de Tammâm b. 'Alqama.

42. En el texto atribuido a Badr, que narra la entrada de Ibn Mu`âwiyya se dice que se unieron a su causa "mawdâlî al-qawm (?) y los mi (44.10), para después indicar que al llegar a Turruš se unen a él un grupo de omeyas (44.18:yamâ´a min al umawî ).

43. Por ejemplo el autor del Ajbâr (87. 14-15) enumera a los caudillos de los diferentes destacamentos, mencionando en último lugar a Ibrâhîm b. Šayara, jefe de la caballería beréber, y añade las siguientes frases: el príncipe entrega la bandera a Abû `Utmân los Banû Umayya se apean colocándose en lomo a 'Abd al-Rahmân, que montaba un caballo alazán e iba amado de arco, y cruzan el río (87.14). En el Boyan (47.1-3) se comienza señalando que el príncipe entrega el mando de las tribus árabes a uno de sus oficiales y pone al frente de los beréberes a Ibrâhîm b. Šayara, y se reproducen las frases siguientes del Ajbâr, copiando incluso la expresión Banû Umayya, aunque suprime una de ellas, la relativa a Abû Utmân.

44. Por ejemplo, al mencionar a los encargados de cruzar el estrecho para ir en busca de 'Abd alRahmân, se les cita como Tammâm b. 'Alqama al-Taqafî, y Badr mawlá del príncipe (74/75); lo mismo sucede cuando, se narra que Ibn Mu'áwiya, una vez convertido en soberano, manda tropas contra Toledo dirigidas por "su mawlà Badr y Tammâm b. 'Alqama (103.16). Significativo es también que al narrar su primer encuentro con Ibn Mu'âwiya la respuesta, cuando el príncipe le pregunta su nombre, sea, según el Ajbâr.: ''Tammâm'' (75.6); según Ibn al Qûtiyya: "tu mawlà Tammâm" (24.8),

45. Para evitar la proliferación de notas, al ser muchas las noticias que se repiten en diversas obras utilizaremos la presente para informar de las fuentes que nos han permitido trazar esta breve bibliografía: Ajbâr Maymû`a, ed. Lafuente, 74/75, 74/76, 82/81, 103/97, 106/98, 111/102; ed. Al Abyán, 72, 77, 95, 97, 101. Fath al-Andalus, e d. L. Molina, 81, 82, 106, 112, Ibn al-Abbâr, hulla, ed. Munís, I, 143-5 (n° 53); ed. Dozy, 77-8. Ibn `Idârî Bayan II, ed. Cólin Lévi Provençal 45-6, 48, 53-4, 63, 73. Ibn Jaldûn `Ibar IV, 122, 124; Ibn al-Quliyya, Ta´rîj ed. y trad. J. Ribera, 24. 3, 6, 8/18; Ibn Sa`îd Mugrib, 1, 44; al-Maqqart, Analectes. 11, 20-I, 30, 31, 34; al-NuwayC, Nihâyat, 1, 3/5; 6/7; 13/13; 18/17; Pons, Ensayo, 47-8 (n° 5).

46.Proponemos esta fecha aproximada al conocer la de su entrada en al-Andalus y la de su muerte.

47. Nuestra impresión es que, el considerado por nosotros segundo autor, tras copiar el pasaje del texto originario donde su antecesor explicaba con todo detalle la misión encomendada a 'Abd Allâh b. Jâlid y sus consecuencias, no pudo evitar la tentación de añadir un "se dice" para introducir una segunda versión que había oído de otros narradores y que le permitía volver a aludir a un miembro de su familia.

48. Sobre este segundo Tammâm b. 'Alqama, véase, Ibn al-Qûtiyya, 6/4, 101/86, 103/88. Ibn `Idârî Boyan 11, 152.7-8, y súmense las páginas citadas en nota 45 de Ibn al-Abbâr (Hulla), Ibn Sa` îd y Pons, que hablan de los dos Tammâm en un mismo artículo, así como las correspondientes a notas posteriores.

49. Cfr Naql al `Arûs ed. A. Ubieto Atleta; texto árabe de Seybold, p. 175; trad. Seco de Lucena, 95. En el texto árabe se lee `Alî b. Futays, lo que consideramos una errata por no conocer ministro con ese nombre.

50.Cfr, Ibn al-Abbâr, al-Takmila, ed. M. Alarcón, Madrid, 1915, n° 2864, e Ibn 'Abd al-Malik Marrâkušî, alDayl wa-I-takmila, VIII/2, n° 252.

51. Como poeta, además de la uryûza compuso casidas, aunque únicamente conocemos una de ellas, reproducida por Ibn al Abbâr, Hulla, p. citada.

52. Comentarios sobre esta uryûza encontramos en J. Ribera, Disertaciones, 1, 106-108; A. Galmés de Fuentes, Épica árabe y épica castellana, Madrid, 1978, 39-41; F. Marcos Marín, Poesía narrativa árabe y épica castellana, Madrid, Gredos, 1971, 105-6.

53. Al-Mugrîb min a´šar ahl al-Magrib, ed. al-Abyán y otros, Beirut, 1955, p. 133.

54. Dozy reproduce el texto de Ibn Dihya en Recherches. II (í-eiden, 1881), Apéndice XXXIV, p. LXXXI-VIII y ofrece su traducción y comentario en pp. 267-78. Sobre esta embajada véase también, alMaqqarî, I, 630-I; LéviProvénqal, Hisbotre de G'Espagne mu.sulmane (cit. HEM). I, Parls-Leiden, 1950, pp. 244-5; ¡bid, "Un échange de ambassades entre Cordoue et Bizancio", en Islam d'Occident. Éludes d'Histoire Médiévale, Paris, 1948, pp. 96-8; C.E. Dubler, "La crónica arábigo-bizantina de 741", AIAndalus, XI (1946), 342; Pons, Ensayo, 39-43 (n° 2) y 281-83 (n° 238).

55. Aunque Pons (Ensayo, p. 47-7, n° 5), R. Dozy (Recherches ti, 268) y Sánchez Albornoz (Fuentes, 95) no ponen en duda la existencia de esta obra en prosa de Ibn 'Alqama y de la mencionada empresa diplomática, Lévi Provençal (HEM, 1, 253-4) califica la embajada a tierras escandinavas de "fábula inventada por el literato valenciano a partir de episodios que tuvieron lugar en el siglo Xº. Por, nuestra parte estamos de acuerdo con Lévi-Provençal en cuanto a la embajada, pero no desechamos la posibilidad de que recogiera el rumor de que Ibn `Alqama había escrito una crónica en prosa.

56. Sobre el contenido de esta uryûza, véase SA, Puentes, p. 94.

57. Sobre los historiadores de este periodo, véase P. Chalmenm, Invasión e lslamización, pp. 40-3 y Sánchez Albornoz, Fuentes, 79-96. Curiosamente, el segundo, al estudiar erg dichas páginas a los primeros historiadores árabes (incluido nuestro Tammâm), menciona a dos cronistas, autores respectivos de dos fragmentos del Ajbâr: el guerrero cordobés que vivió en la época 'Abd al-Rahmân II y otro historiador, contemporáneo de Muhammad, sin pensar que ambos pudieran ser la misma persona.

58. Cfr. Fierro, "Tos mawâlî de 'Abd al Rahmán I', Al-Qantara, XX (1999), p. 85, en la entrada dedicada a Tammâm b. 'Alqama, opina que 'Abd Allah b. Tammâm b. Gâlib y sus descendientes pertenecían a dicha familia, teoría que apoyamos plenamente, sobre todo, si tenemos en cuenta que el autor de la uryuza, era nieto de Ahmad, b. Gâlib b. Tammâm y tendría un hermano al que habrían puesto, siguiendo la costumbre árabe, el nombre de su abuelo, o sea, Tammâm b. Gâlib b. Tammâm, que sería el padre de este 'Abd Allâh.

60. C&. Marín, M, "Familias de ulemas de Toledo", EOBA V, 244-5.

61. Sobre éstas y otras frases relativas ala postura de al-Hakam II, véase la reproducción de las palabras de al-Ju š anî, en 1. Ribera, Historia de los jaeces de Córdoba por Aljoxani, Madrid, 1914, pp. 3-4.

62. Sobre los argumentos del primero, véase, SA, Ajbâr, pp, I 16-131; sobre la opinión de Chalmeta, véase art, cit. p. 59.

63. Cfr, SA, Ajbar, pp. 128 y I 10-I I.

64. Cfr., ibid, 109 y 112

65. Como muestra podemos señalar dos detalles: en el relato de Abû Sahbâh, el hecho de indicar (106 4) que el príncipe, al ser amenazado por el yemeni "llamó a una esclava negra, natural de Medina, que era la que cuidaba de su harén y tenía a su cargo la educación de las esclavas", información que sólo sería conocida por los que vivían en palacio; en el relativo al alzamiento de Yahya b. Yazid, la indicación de que, en ese momento el príncipe "estaba divirtiéndose en una cacería y Badr le envia un correo para comunicárselo (I 10 1-2).

66. Nos referimos al citado en nota 5.

67. Se trata de la sublevación de Rumâhis b. 'Abd al-Azîz al-Kinânî (112/103), gobernador de Algeciras, donde se indica que la conspiración se tramó un lunes, llegó la noticia al emir el viernes, se puso en marcha el sábado y, el miércoles, cuando habían pasado diez, días, se presentaron ante el rebelde las tropas gubernamentales, añadiendo el curioso detalle que de que al-Kiâánî se encontraba en ese momento en el baño y se acababa de untar con una pasta depilatoria.

68. Cfr, respectivamente, SA, Ajbâr, pp. 112, 115, 110 y 111.

69. Reproducimos aquí la traducción elegida por Lafuente (95) para la expresión baqiya hâriban fi-l- ard (101.4), al aplicarse el participio a vagabundos o apersonas que marchan por la vida sin rumbo.

70. Cfr SA, Ajbâr. I 19-20, 125-6, y, en particular, 127-8. Frente a su teoría, defendemos que sólo ha interpolado la última frase "que fue la madre de 'Abd al-Rahmân b. 'Abd al-Hamid b. Gânim"(100.4-5).

71. Cfr. el párrafo que sigue a la noticia de que "fue nombrado oficial de la guardia negra", donde se añade: "la única que había entonces, porque no se conocía la que hoy existe, que fue establecida por el emir al-Hakam; y aunque había infantería y caballería; ésta se hallaba bajo el mando del general de la infantería 'Abd al-Hamîd b. Gânim, sin distinción de caballeros ni guardias como hay ahora"([ 09. 5-8).

72. En ella se indica que el soberano llamó a' Abd al-Hamîd b. âánim, jefe de la infantería y le dijo: " vete y prende al rebelde Yahyá b. Yaziîd ( 11 0. 4-5).

73. Chalmeta (ast. cit., pp. 54, 59) piensa que tanto esta crónica como las dos anteriores se escribieron por la misma época, es decir, hacia el 835, poco después de las campañas de Mérida, tesis que compartimos por atribuir a Tammâm b. 'Amir la redacción final de los tres fragmentos.

74. El primer qâla aparece tras anunciarse la vuelta al hadît de la entrada de Bal y (37.1 I ); el último, poco antes de concluir el fragmento (98.12). Su presencia se capta con claridad en la ed. de al-AbyÂn (pp. 57-92), por haberse separado en ella los diversos párrafos y localizarse al comienzo de ellos.

75. Cfr. D. Oliver, art. cit. Sobre este nombre tenemos en prensa un segundo artículo mucho más extenso con el título: "Sobre el significado de mawlá dentro de la historia de al-Andalus".

76. Cfr. 29.7-8: qad wasafnâ sababa dujûlu-hi fi alhaît ta´tî ba'da hâdâ . No podemos aceptar la traducción de Lafuente (41): "mas adelante referiremos la causa de su venida, según la tradición que se insertará después" porque supondría el estar ante el único ejemplo de esta obra del uso del perfecto con valor de futuro, además de no hacerlo en una frase idéntica incluida poco después (31.14), referente a que "ha explicado" (qad wasafnâ) la causa de la rebelión de Maysara, lo que sí ha hecho antes, en 28.12-5.

77. No creemos necesario detenemos a hablar de sus contenidos, ampliamente estudiados por Sánchez Albornoz en la ob. cit., tanto en el capítulo dedicado a este fragmento como en aquellos donde investiga sus fuentes.

78. Cfr. Oliver, D., "Una nueva interpretación..:', p. 146, nota 9.

'79. En la anécdota del Ajbâr (25-27/36-37), el gobernador sienta en el trono a "un beduino', estando presentes los Quray1 y los árabes, lo que molesta a sus hijos, "que eran unos orgullosos", y pronuncia un interesantísimo discurso contra los omeyas. Si es acertada nuestra sospecha, este relato llegó a oídas de lbn al-Qûtyya y ello hizo que, como mawâlî se sintiera atacado y decidiera, en el relato de Artobás (38-40/2931), sentar a un mawlá en el trono "estando presentes los jefes de los mawâlî y de los árabes", para después contestar a al-Sumayl, que en este caso es el que critica su postura, a través de otro discurso que tampoco tiene desperdicio.

80. Si bien no nos detenemos en este aspecto, al haber sido examinado de manera detallada en el artículo citado, indicaremos, como ejemplo, el frecuente empleo de yaqâlu 'se dice' para introducir una segunda versión o completar la historia con un nuevo dato, uso que se repite en la crónica siria y cuyos dos últimos testimonio corresponden a los anales de'.Abd al Rahmân I.

81. Dentro de los primero podemos citar el vocablo los mawâlî como propio de los segundos, la expresión hukiya anna , que abre esta obra y no volverá a repetirse hasta el fragmento de las estampas de los emires.

82. Para Ribera, éste y el siguiente forman un sólo cuerpo; para Sánchez Albornoz son obra de autores distintos; frente a ellos, Chalmeta duda entre ambas opciones: en art. cit. p. 59, dice, al hablar de las estampas de los emires: "quizá habría de desglosar lo referente a `Abd al-Rahmân III".

83. Chalmeta, en ibid, pp. 54, 59, atribuye esta parte al compilador que, piensa, escribía en el reinado de al-Hakam II (961-76). Sin embargo, en su obra Invasión e islamización (Madrid, 1994, p. 50) señala que el Ajbar Maymú'a fue puesto por escrito hacia el 328/ 940).

84. No olvidemos que atribuye la revolución del arrabal a "los más valientes del ejército de alHakam"(130.14); que cuenta con orgullo cómo "uno de los valientes" de las tropas de Ibn Hafsûn lanzó su espada contra la estatua de la puerta de Córdoba (151.7); o que transparenta su admiración por ese príncipe que, en la mitad de la pelea, tiene la sangre fría de pedir la algalia y el almizcle para perfumarse, porque desea que, una vez muerto, su cabeza se distinga del resto (131.4-5).

85. Cfr. 29.8, 9; 37.11; 50,10, 51.1; 54.6 (2 veces); 56.3; 67,1,15, 85.14, 100.15.

86. Cfr 121.14; 135.13; 156.6; 159.12.

87. En el artículo citado en nota 5 realizamos un estudio detallado de todas estas locuciones que suelen iniciarse con un wa min.

88. Cfr. al-Faradi, n° 1178 y SA, Ajbâr, 143-4.

89. Cfr. film al-Abbâr, Takmila, n° 322 , y al-Dabbi, n° 294.

90. Véase sucesivamente 120.4, 124.10, 135. 8, 141. 14, donde encontramos: wa kâna-l-amir ... b. ... (más hayran, sa šyâ , halîman, 'afifân, y awadân, muzaffaran fi-hurûbi-hi, hasana-l-adab, etc. ).

91. El autor, al hablar de la poesía recitada por H⠚ im en el funeral de Muhammad y que molestó a al Mundir, por creerse aludido, añade: "mandó que le prendiesen y después le mató, según se cuenta ampliamente en otro lugar' (14950), cosa que no sucede ya que en el Ajbâr no su le vuelve a mencionar.

92. SA, Ajbâr, p. 146-7. Sobre referencias a este personaje en el Ajbâr véase, pp. 144/126-7; 148/119, donde respectivamente reproduce sus palabras en defensa de H⠚ im y el texto de una carta suya dirigida al soberano.

93. Cfr. respectivamente lbn al-Abbâr, Hulla, ed. Dozy, pp. 89 y 95.

94. Reunimos aquí, aunque no literalmente, algunas frases suyas de las pp. 154-5.

95. Para nosotros, algunas son simples explicaciones del primer Tammâm; otras, como venimos repitiendo, añadidos de su tataranieto, en un deseo de actualizar datos ofrecidos por su antepasado.

96. Cfr. al-Maqqarî, Annaleclec, ti, 8, donde suma al aviso del final desastroso: ma' al-kuffâr, prueba de que, al copiar el párrafo del Ajbâr hacia el 1050, sintió la necesidad de aludir a los cristianos que empegaban a ser considerados como grave peligro, lo que no sucedía en fechas anteriores, al redactarse esta obra.

97. Significativas son las palabras "Se inclinó a los placeres mundanos; apoderóse de él la vanidad; comenzó a nombrar gobernadores más por capricho que por méritos; tomó por ministros a personas incapaces y ofendió a los bien nacidos con los favores que otorgaba a los villanos, tales como Na'yda y sus compañeros de la misma ralea. Dio a éste el mando de su ejército, le confió los asuntos de mayor importancia y mandó a los nobles de los y und-s, a los jefes del ejército y a los ministros, que eran árabes, supeditarse a él y acatar sus órdenes (...) El y und de la capital y los dirigentes de los distritos militares se pusieron de acuerdo para su derrota en la campaña del año 326" (I 55-6/', 35).

98. En este cuerpo, a pesar de mencionarse a menudo el nombre del califa, sólo en una ocasión, al introducir la poesía que cierra esta obra, se añade, rahima-hu Allâh ta´âlá (164.1)

99. Sobre estas profecías y su presencia en la obra de Ibn Habb, cfr., Aguadó, 1., 'Abd al-Mâlik b. Habîb, Kitâb al ta'rîj, Madrid, 1991, pp.88-100.