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CAPÍTULO
1:
TODO
VUELVE A ALLAH
El Islam invita
a la acción, a un continuado Yihad. Y enseña que el esfuerzo del ser humano
tiene una dimensión trascendental que se le escapa y que le es difícil
advertir.
Nuestra acción,
nuestra intención, son causas que exigen su consecuencia, sea inmediatamente,
sea en Allah. No son experiencias aisladas (nada hay aislado en la existencia),
sino que en cierta manera nos marcan y esperan.
Por otro lado,
el musulmán sabe que todo se agita en la Unidad de Allah, que nada se pierde.
La vida es un incesante retornar a Allah. El musulmán tiene la conciencia de
nacer y morir en cada instante, como creación y recreación constante de Allah.
El sentido de eternidad viene dado por la certeza de que aligual que somos el
producto de una historia cuyos orígenes se pierden en el tiempo, del mismo modo
no desaparecemos con nuestra muerte: simplemente retornamos a Allah.
Ni nosotros ni
nuestras acciones somos hechos independientes. Allah lo rige y lo conduce todo.
Tras la muerte, acaba nuestra acción y sólo esperamos el juicio de Allah, en
Allah. Nuestra naturaleza, nuestras intenciones, reclaman entonces la atención
de Allah, quieren su fruto. Es el momento del destino definitivo, el Día de la
Justicia, el Yawm al-Qiyama, el instante de la absoluta desnudez del hombre ante
Allah. El Corán habla del Jardín y del Fuego como últimas moradas del ser
humano en Allah.
La concepción
que el mumin tiene de la Justicia de Allah es radicalmente positiva y
estimuladora, da sentido a su afán durante la vida, lo hace proyectarse
ampliando infinitamente sus perspectivas. Todo adquiere sentido en esta certeza:
el mal es absolutamente desarraigado por Allah, mientras que todo lo bueno es
alentado y hecho con generosidad y nobleza porque Allah se satisface en ello, y
obtiene su fruto más allá de lo que puede calcular el ser humano. La muerte es
desdramatizada porque significa una vuelta al reposo y al placer en la Realidad
absoluta de Allah, que entonces se deja ver en todo su esplendor.
El Islam invita
a los hombres a la acción y al saber, los remueve en sus cimientos enseñándoles
que sus esfuerzos no son vanos, que todo el bien que hagan encuentra su recompensa
junto a Allah, que la experiencia cotidiana de la muerte no frustre su
ambición, pues "Allah es eterno". Un anciano estaba sembrando el dátil
de una palmera que jamás vería, sin embargo, Rasulullah (s.a.s.) lo alentó:
su fruto lo obtendría junto a Allah.
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