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CAPÍTULO
1:
LLAH
ILLAHA ILLAH LLAH
La afirmación
de la Unidad Trascendental comienza para los musulmanes con un rechazo radical a
la idolatría (la ilaha). La idolatría no es el simple culto a ídolos e imágenes;
esa es su apariencia más grotesca. En verdad, la idolatría es escurridiza; ya
Muhammad (s.a.s.) advirtió que es, a veces, más imperceptible que "una
hormiga negra en una noche oscura". Toda su enseñanza se dirigió a
combatirla en su más mínima expresión.
Enfrentarse a
la idolatría supuso para Bilal darse cuenta de que su único Señor era Allah,
que todas las criaturas son iguales, que no hay ningún ídolo, que las
apariencias de poder son meras ficciones. Superada esta primera barrera su
trascendencia como ser humano era posible.
De eso se
trata, de eliminar todo lo que supone un convencimiento previo, de abandonar las
certezas que no son más que bozales, de luchar contra las religiones, las
supersticiones, las ideologías, contra los poderes, contra todo lo que ofrece
una imagen definitiva de la vida, de la existencia, que es en su verdad
inabarcable, libre, infinita.
Se trata de un
proceso lento. Tal vez se comienza por una intuición. Cuando los ídolos dejan
de ser suficientes, empieza el Islam. Cuando ya no tiene dioses, el ser humano
se encuentra con Allah. Esta evolución desmitificadora es lo significado por
"la ilaha illa Allah".
Para el musulmán,
todo lo que no es Allah es ilusión, y su esfuerzo se centra en una
irrenunciable búsqueda de autenticidad. Allah es más grande (Allahu Akbar):
todo se diluye en esta certeza, todo deja de ser terrorrífico, apabullante... Y
es entonces cuando Allah se muestra en su Verdad (illa Allah). La negación de
los ídolos y la afirmación de Allah es el Islam, un doble acto necesario que
implica conocimiento y acción.
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