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CAPÍTULO
6 :
HAYY
De
todas las 'Ibadas, el Hayy reviste un carácter muy especial. La Peregrinación
no exige solamente atención, sino dedicación exclusiva. El Islam establece
una gran asamblea a la que convoca a todos los musulmanes del mundo, y durante
todo el tiempo que dura, el peregrino no sólo realiza un gran esfuerzo físico
y económico, sino que centra en las actividades del Hayy todos sus esfuerzos.
Este
quinto pilar del Islam cimenta su carácter universal. Millones de hombres y
mujeres se congregan cada año en unos lugares especiales: Meca, el Valle de 'Arafa
y Medina. Todo el que tiene posibilidades acude para llevar a cabo una
fascinante y vertiginosa experiencia. Durante unos días, acata unas
prescripciones repletas de significados en los que subyace, fundamentalmente,
una actitud de absoluta entrega al Señor de los Mundos.
1.
Qibla
En
Meca se encuentra la Kaaba. Para los musulmanes es el centro del cosmos. El Corán
enseña que es el primer edificio construido por el hombre para la asamblea y
el reconocimiento de la Unidad de Allah. Es un lugar especial, lleno de fuerza y
bendición. Simboliza el corazón de lo creado, alrededor del cual gira el
universo y del que fluye la sangre purificada que lo mantiene vivo. Es la Casa reconstruida
por Abraham (a.s.) para la congregación de los seres humanos,
para ser lugar de paz y encuentro.
Cinco
veces al día los musulmanes del mundo entero vuelven sus rostros hacia ella, y
al menos una vez en la vida, si pueden, deben dirigirse hacia ella para cumplir
a su alrededor los actos del Hayy.
La
Kaaba es un edificio vacío: en su tiempo Rasulullah (s.a.s.) expulsó de ella
los ídolos que durante el tiempo los árabes fueron acumulando. Llegar a la
Kaaba es comprender el Tawhid, alcanzar el vacío en el que está Allah.
La
Kaaba ya era para los árabes un símbolo importante. Les recordaba lejanamente
sus orígenes unitarios. También era para ellos un poderosísimo vínculo
nacional: los árabes era el pueblo que se reunía alrededor de la Kaaba para
honrar a sus dioses. Por ello, la primera misión de Muhammad (s.a.s.) fue la de
borrar esta connotación que pervertía el sentido universal de la Kaaba. Ordenó
a los primeros musulmanes volverse durante el Salat hacia Jerusalén, el otro
gran centro del unitarismo; con ello daba un gran golpe a sus sentimientos
tribales. Sólo cuando hubieron entendido el sentido del Islam, se les permitió
recuperar a la Kaaba, una vez depurada de todo lo que la hacía signo de un
pueblo concreto y de una religión.
2.
El espejo del Islam
Meca
ha sido a lo largo de los siglos un denso foco cultural. En ella se reunían los
musulmanes con sus sabios. Se aprovechaban los conocimientos de un fecundo
intercambio. El Islam, que había abierto o vitalizado rutas comerciales por
todo el mundo, convirtió ese pequeño oasis del desierto en el eje donde todos
confluían. El Hayy siempre ha sido una magnífica oportunidad para intensificar
esa gran ambición del Islam: la de hacer que las gentes se encuentren,
contrasten, intercambien. El Islam es en cierto modo el resultado de todas esas
amalgamas, crisol de pueblos y civilizaciones que al mezclarse dan frutos
jugosos.
Nada
más contrario al Islam que el aislamiento, el oscurantismo. Desde sus comienzos
el Islam alienta el comercio, la circulación de los bienes materiales, la
difusión de los saberes, la discusión... En el Islam se dice que el sabio es
esclavo de su saber, y no se libera hasta no haberlo comunicado al menos a diez
personas.
El
Hayy es la cumbre de todos estos objetivos. Durante él, a pesar de la atención
extrema que requieren sus ritos, no se excluye cualquier otra actividad, e
incluso se alienta, no se descartan ni las actividades comerciales, porque
"hay que dar vida" en ese sentido integral que tiene el Islam. Deja
claro que lo que se desea con el Hayy es que sea aprovechado en todo lo que
facilita: el encuentro entre musulmanes. No nos extraña, pues, que en la
actualidad siga siendo lo que siempre ha sido, un gran espejo en el que se
refleja de modo claro e inequívoco la situación real de los musulmanes en el
mundo.
3.
El viaje
La
Peregrinación es un gran viaje, y como tal requiere de una preparación previa.
Al-Gazali señala que lo primero que debe hacer el musulmán antes de iniciar el
viaje es cumplir con una serie de condiciones. La primera de ellas es el
entendimiento: comprender realmente la importancia de su empresa, saber que se
va a dirigir hacia Allah y que ello le impone la previa eliminación de todo
otro interés o ambición. Para Al Gazali, el Hayy es la prefiguración de la
muerte, el viaje que todos deberemos realizar, para el que debemos prepararnos y
cuya meta es finalmente Allah. Para empezar el Hayy, como para la muerte, el
musulmán se hará con las mejores provisiones, se despedirá de sus familiares,
mentalmente se despedirá de todo, abandonará su país como la vida sale del
cuerpo. Por supuesto, costeará los gastos con sus propios bienes, si no los
tiene, como si está enfermo, no debe emprender la Peregrinación, está
excusado ante Allah. Estos bienes es necesario que tengán una procedencia
honesta: nadie llega a Allah con mentiras, engaños o traiciones, sino con su
propio esfuerzo. Por ello es importante que, todo el que pueda, emprenda sin
dilaciones el Hayy, sin perezas ni miedo.
4.
Ihram
Al
llegar cerca de Meca, en lugares señalados, declarará su intención, se vestirá
con dos paños blancos sin costuras, al igual que al muerto se le envuelve en el
sudario y pronunciará la talbía, la frase con la que manifiesta su deseo de
cumplir estrictamente lo establecido por Allah: labbaika Allahumma labbaik.
Su
viaje al Hiyaç lo asoma a uno de los desiertos más terribles de la Tierra. El
espectáculo de la aridez lo sitúa como fuera de este mundo, en un lugar inhóspito,
donde sólo está la presencia de Allah, sin que nada la enturbie. Dice Al
Gazali: "Es como si estuviera en la soledad de la tumba".
Si
el peregrino cumple los requisitos anteriores se dice que está en estado de
Ihram, es decir, ha entrado en el Haram de Allah, el espacio que El ha reservado
para sí en la Tierra. Es el lugar que recuerda a Allah, en el que el hombre da
testimonio de su Señor, se adentra en su vedado, se sitúa bajo su exclusiva
protección. Es el momento y el espacio de Allah. Se ha convertido en un dáif
ar-Rahmán, en un huésped de Allah.
5.
Tawaf
Cuando
el peregrino llega a Meca y se acerca a la Kaaba es conmovido en sus cimientos
por una fuerte emoción. Va a asomarse por primera vez al lugar donde ha vuelto
su rostro cinco veces al día durante toda su vida. La inmensidad de Allah se le
hace tangible, y con miles de peregrinos dará siete vueltas (Tawaf) alrededor
de la Kaaba, como el universo entero gira alrededor de su eje invisible.
Durante
todo este tiempo, Allah no deja de ser recordado, y el recuerdo es más intenso
cuando al terminar el Tawaf se acerca a la Piedra Negra, el pilar más antiguo
de la Casa, e intenta besarla o tocarla con la mano; es como si renovara su
juramento de fidelidad a Allah, pues se ha dicho: "la Piedra es la diestra
de Allah en la Tierra, con ella saluda a las criaturas como las gentes se
saludan entre sí".
Un
nuevo Tawaf deberá hacerlo al acabar los demás actos del Hayy, y uno más
cuando vaya a regresar para su país, a modo de despedida. El Tawaf, pues, es un
saludo, es un decir "estoy dispuesto"; durante él el peregrino con
los demás musulmanes reafirma su pertenencia a la Umma y su lealtad hacia Allah,
participa de un movimiento circular universal, gira con el cosmos, se integra en
la existencia despojado de sus ropajes y sus sandalias, amortajado reconoce la
soberanía absoluta del único Señor de los Mundos, se pone entre sus manos
como el muerto en manos de quien lo lava, dejándose purificar.
6.
Safa y Marwa
Muy
cerca de la Kaaba hay un corredor entre dos pequeños montes: Safa y Marwa. El
peregrino recorre siete veces la distancia que los separa. A este acto se le
llama Sa'i.
La
tradición musulmana relata que cuando Agar fue abandonada por Abraham en el
desierto, una intensa sed se apoderó de ella y de su hijo Ismail. La madre
desesperada iba de un lado para otro sin saber qué hacer. De este modo fue ella
la primera en realizar este recorrido entre Safa y Marwa, quedando así como uno
de los actos del Hayy. Cuando el cansancio pudo con ella y se sentó, muy cerca
de ella brotó un manantial: Çamçam. Efectivamente los peregrinos al acabar el
Sa'i beben agua de ese mismo pozo.
Los
dos montes representan los dos opuestos en la Existencia: la Belleza de Allah (Yamal
Allah) y la Majestad de Allah (Yalal Allah), extremos entre los que la vida se
agita.
Safa
significa pureza y representa un acto de Belleza, mientras que Marwa significa
madurez y representa un acto de Majestad. Moverse entre ellos es cumplir con los
aspectos de la existencia.
Beber
del agua pura finalmente es llegar a la síntesis y el equilibrio, unificar la
existencia, llegar al conocimiento de su Unidad.
Tras
el Sa'i, el peregrino se afeita la cabeza, o al menos se corta el pelo. Con ello
deja algo suyo en Meca y a la vez manifiesta su pertenencia a Allah como el
esclavo que es marcado por su Señor.
7.
El Wuquf
El
Wuquf es la estancia en la llanura de Arafat la víspera de la gran fiesta. Ahí
deben estar reunidos todos los huyyay; si no lo hacen su Hayy queda invalidado.
Es el lugar y el momento de una intensa Báraka, una fuerza vivificadora que
viene de Allah. Arafat significa "reconocimiento". Se ha dicho que fue
el lugar y el momento en el que se reencontraron Adán y Eva. Es el reencuentro
y el reconocimiento de los principios masculinos y femeninos, origen de la vida.
El
espectáculo de millones de personas reunidas en medio del desierto rememoraba
para Al-Gazali el momento en que tras la muerte Allah imparte justicia entre los
hombres: el día en que no habrá más sombra que la de Allah, el día terrible
en el que el hombre se encontrará desnudo y despojado ante su Señor, y sólo
le cabrá esperar que Allah sea misericordioso con él. Es el día que fijará
el destino eterno de cada ser humano.
8.
El Raym
La
madrugada del día del 'Id, el peregrino deberá encontrarse en el valle de
Minan. Allí deberá lapidar (Raym) al shaytán, el enemigo declarado del
hombre, aquello que lo aparta de Allah. Esta acción deberá hacerla durante
tres días consecutivos.
Según
la tradición musulmana shaytán se apareció a Abraham tres veces en ese mismo
lugar en esa fecha. Abraham lo apedreó, hasta que finalmente se desvaneció. La
actitud del musulmán frente a la idolatría, la mentira y la injusticia no es
pasiva. El Islam le exige emprender una lucha constante contra todo lo inhumano.
Muhammad (s.a.s.) enseñaba que la vida estaba en la acción; él no predicaba
retirarse ante los peligros, sino que exaltaba la valentía y el arrojo. El enseñó
que el hombre debía ser combativo, luchar por lo que creyera justo. Entendía
que este esfuerzo debía ser continuo, "hasta el último de los días",
decía.
Después
del primer Raym, debe sacrificarse un animal, camello o cordero, recordando el
rescate de Ismail: Allah había ordenado a su padre Abraham, en sueños,
sacrificarlo al siguiente día, pero fue dispensado de ello en el último
momento a cambio de la sangre de un cordero. La obediencia absoluta de Abraham
fue así puesta a prueba y se manifestó como digno ante Allah. El peregrino
rememora ese gesto y declara su Islam, su abandono en la voluntad del Creador.
El
peregrino vuelve a Meca, realiza un nuevo Tawaf, como ya hemos señalado, y
abandona el estado de Ihram. Ha concluido la peregrinación.
9.
Medina
Antes
o después de los actos descritos someramente más arriba el peregrino se dirigirá
a Medina, a unos quinientos kilómetros de Meca. Allí está la tumba del
Profeta del Islam, bajo una cúpula verde. Realizará una çiyara, una visita a
un lugar bendito.
La
Mezquita de Medina fue protagonista del nacimiento del Islam como nación; en
ella Muhammad formó a los primeros musulmanes, los sahaba. Desde ella irradió
el Islam hacia todos los puntos cardinales. Es el lugar donde los musulmanes
encontraron refugio cuando huyeron de Meca; Medina fue la ciudad hospitalaria,
la ciudad de la luz (al-Madina al-Munawara). En ella tuvieron lugar
acontecimientos que marcarían al Islam para siempre: se rompió con lo árabe
para preparar el advenimiento de una civilización universal, se instituyeron
las bases de una comunidad llamada a ser nación.
En
Medina está el cuerpo de Muhammad (s.a.s.), el maestro que debe ser saludado
como cuando estaba vivo, pues mientras haya un musulmán, Muhammad será su guía
y su protector, a través del Corán, a través de su presencia innegable.
10.
Ummatu-l-Islam
El
Islam es una gran nación. Ha vivido innumerables vicisitudes, que son su
historia y su experiencia. Durante siglos fue una Umma esplendorosa,
predominando en el mundo: creó una civilización hermosa y armoniosa, llena de
sabiduría, ambiciosa y próspera, siempre dentro de los justos límites de lo
humano. Después vino su decadencia cuando el mundo occidental se alzó
rompiendo sus rutas comerciales y ocupando sus territorios. Una cultura
belicosa, que cifró su progreso en la fuerza del capital y de las armas, que
despreciaba las otras civilizaciones, con un carácter exclusivista e
intolerante, arrasó en su provecho al mundo y acabó colonizándolo,
destruyendo las culturas y cometiendo genocidios.
Aún
el Islam no se ha recuperado del impacto, pero sí da muestras de ser la cultura
no occidental más activa y vitalista. In shá-Allah su futuro será tan hermoso
como su pasado, pero su presente es el de una nación completamente aplastada,
violentada continuamente, objeto de todas las agresiones, oprimida de la forma
más deplorable, creándose artificialmente en ella tensiones y guerras a veces
fratricidas. La pobreza y la miseria son la tónica general: se trata de una
cultura a la que se quiere desnaturalizar, pero que se resiste a ser aniquilada.
Las contradicciones internas son inevitables, Occidente las crea, las fomenta,
pero al final no puede evitar que el Islam siempre se le escape de las manos. El
Islam no está ni estará jamás bajo el control de nadie y menos aún bajo la
supervisión del Káfir. Su misma esencia lo hace imposible.
Meca
y Medina son el espejo del Islam. Visitarlas es llegar al centro del Islam, ahí
donde está condensado todo lo expuesto en este trabajo.

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