ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

   PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

 

ACERCA DEL ISLAM

 

CAPÍTULO 5 : 

SIYAM

 1. Ramadán

Ramadán es el nombre del noveno mes del año lunar. Durante él, los musulmanes ayunan rigurosamente desde el alba hasta el ocaso. Y éste es el cuarto pilar del Islam.

Esta tradición tiene su origen en la práctica del Profeta (s.a.s.), anterior incluso a la Revelación coránica. En realidad, este ayuno fue el revulsivo que provocó la irrupción de lo trascendente en la vida de Muhammad (s.a.s.). Rasulullah había desterrado de su corazón la idolatría: insatisfecho con los ídolos de su tiempo, se lanzó decididamente a la búsqueda de lo real, de lo verdadero, y adoptó la costumbre de retirarse todos los años a una cueva llamada Ghar Hira, en un monte próximo a Meca, durante todo un mes, el mes de Ramadán. Interrumpía de este modo su actividad cotidiana, y en la cueva esperaba, con entrega absoluta, con actitud receptiva, al Señor de los Mundos. Su suprema atención la simbolizó con el ayuno. La respuesta de Allah fue el Corán.

Ramadán es vivido por los musulmanes como rememoración del momento cumbre en el que es anunciado el Islam. Hacen presente ese acontecimiento repitiendo anualmente el ayuno del Profeta. Dan así cada año nueva vida al Islam, lo reengendran.

 2. El Corán

Ramadán es el mes del Corán. Los musulmanes establecemos el ayuno del mes de Ramadán como núcleo que reactiva nuestra conciencia y nuestra acción. Es el momento propicio para reunirse alrededor del Libro que impregna con su carácter único a la Umma entera, a la nación del Islam.

Estaríamos confundidos si pensáramos que el Corán es un texto normativo, y tampoco es la historia de un pueblo; es una reflexión esencial a partir de la cual el Islam se transforma en un hecho civilizador y universal, abierto, tolerante, capaz de hacer que se encuentren culturas diferentes y proporcionarles una proyección en la solidaridad activa. No es el libro de una idea común, sino el de un sentir común y un estilo, donde es radicalmente posible la diversidad de criterios; es el Libro de un trasiego continuo, de comunicación, el Corán ha sido destinado para suprimir barreras, para ayudar a franquear obstáculos, y no para erigir dioses o dogmas.

El principio del Islam es ese "no" definitivo con el que se inicia la Shahada, la negación y el rechazo categórico a todo lo que constriña al ser humano, a lo que le imposibilita expresar sus potencialidades y verificarse como criatura soberana. El Corán no es abordado por los musulmanes como si fuera un texto repleto de datos para satisfacer la curiosidad: el Corán es una recitación, es una ocasión para vibrar con el ritmo de Allah, y en ese movimiento el corazón es capaz de aprehender lo inabarcable. Por ello se dice que el Corán, intraducible, es infinitamente rico. Por eso, Ramadán es el mes de la Rahma de Allah (su abundancia), de la Báraka (bendición y prosperidad) y la Mághfira (la indulgencia y la tolerancia). El Profeta (s.a.s.) dijo: "Gentes, llega a vosotros el mes de Allah portando Rahma, Báraka y Mághfira, un mes que es, junto a Allah, el mejor de los meses.

 3. Una tradición antigua

Cuando Habibullah (s.a.s.) se retiraba a la cueva para practicar su ayuno, no inventaba nada nuevo. Seguía una tradición ancestral, la de los Hanifs, hombres y mujeres que desde tiempos remotos ya lo venían realizando. Eran quienes despreciaban a los ídolos, incluso los combatían, y esperaban de Allah la respuesta que fuera capaz de crear una nación distinta, fundada en el Tawhid, libre de idolatría.

Los musulmanes recuperan cada año ese sentido primigenio, y prestan oídos atentos al Corán. Ese mes se dedica a una profunda meditación sobre el texto fundador del Islam. Los musulmanes celebran la revelación del Corán como respuesta a la tensión interna del hombre que busca su Señor Uno.

 4. Siyam

El ayuno (Siyam o Sawm), supone una inversión de los valores cotidianos: la actividad se trastoca, la noche y el día cambian de contenido, se paraliza y a la vez se activa todo. Es una profunda ruptura con la rutina. Del Siyam emerge una personalidad distinta, consciente de su capacidad para cambiar el curso de los acontecimientos y superar sus propias limitaciones. Los musulmanes no lo viven como si se tratara de un sacrificio. Realmente, las limitaciones que impone el ayuno son pocas, pero significativas. Mientras dura la luz solar, el musulmán no come, no bebe, se abstiene de relaciones sexuales. Por la noche puede satisfacer sin restricción estas necesidades. Lo fundamental es su facultad para trastocar los órdenes cotidianos, la conciencia de su protagonismo.

El ayuno sirve también para pulir la rudeza del ser humano. Con él se hace consciente de sus necesidades y aprende a valorar aquello con lo que Allah lo sustenta. Una tradición relata que cuando Allah creó a Adán (a.s.), éste se mostró soberbio. Entonces se le hizo pasar hambre y sed, y el hombre conoció entonces a Allah. Con el Siyam, el hombre va conociéndose a sí mismo, sus posibilidades y sus limitaciones, y va conociendo a Allah que a la vez que lo eleva se le muestra. El ayuno le enseña que es capaz de superarse y a la vez, le evita la arrogancia.

 5. Laylat al-Qadr

Las noches de Ramadán son momentos especialmente propicios para la recitación del Corán. Tras el Salat 'Isha, en todas las mezquitas, los musulmanes establecen los Tarawih: son series de Raka'as durante las cuales adquiere especial importancia la recitación posterior a la Fátiha, completándose al final del mes la lectura del Libro.

De todas las noches de Ramadán, una posee mayor importancia, es Laylat al-Qadr. Se celebra la vigésimo séptima noche. Es la Noche del Destino, en la cual fue revelada el Corán.

El Islam es un desafío lanzado al ser humano. A lo largo de toda la historia humana, todos los profetas del Islam, desde Adán a Muhammad, representantes de momentos cumbres de la humanidad, suponen todos ellos rupturas con la vida rutinaria e idolátrica de sus pueblos. Cada generación humana, cada ser humano, tiene su Noche del Destino, el instante en que es desafiado, la hora en que es conminado a posicionarse. La Noche del Destino significa para él conciencia de sí mismo, tensión, crisis. Laylat al-Qadr es definida por el Corán como "mejor que mil meses": es mejor que todo el tiempo vivido hasta entonces, que toda la ignorancia anterior, que toda la sabiduría anterior.

El Islam es desafío: el Corán lo describe como una noche tempestuosa, una tormenta desatada, que lo anega todo en agua que proviene del cielo, acompañada de estruendosos truenos y fulgurantes relámpagos. El Islam es como una explosión del cielo que despierta la atención del hombre, que lo desconcierta, lo empuja y obliga. Entonces el hombre demuestra realmente lo que es: se apresura a taparse los oídos, a refugiarse en sus ídolos, a buscar la protección de su "saber"; o bien se desata, se entrega, se ofrece, completamente dispuesto al Saber de Allah, emprende el Yihad, la Lucha que le marca su Destino, se renueva a sí mismo y lo afronta todo.

Laylat al-Qadr es, según el Corán, Salam, Paz. Paz que en árabe es sinónimo de Salud. A pesar de su violencia es Salam, una paz distinta a la de los sepulcros. Su violencia es sólo aparente, es la violencia que engendra claridad, como dice el Corán: "Es Paz hasta rayar el alba".