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CAPÍTULO
4 :
TIYARA
Todo
lo dicho anteriormente, el sentido de lo común en el Islam y la positiva
valoración de la riqueza nos hará comprender mejor la actitud del Islam frente
a dos actividades económicas.
Por
un lado, la absoluta y radical condena de la usura (Riba), considerándola
antinatural, inhumana e insolidaria. Todas las operaciones usureras son Haram,
algo que el musulmán debe evitar completamente. Junto al Riba, merecen dentro
del Islam la misma condena todas las actividades que monopolicen bienes o
estanquen o endeuden económicamente a la comunidad, imposibilitándole su
desarrollo.
Muy
distinta es la opinión del Islam respecto al comercio (Tiyara). Es una
actividad que afronta pérdidas y ganancias, da independencia económica, es
aconsejada a hombres y mujeres, opuesta a los trabajos asalariados que son
aceptados en el Islam con recelo. Esta actitud tan positiva frente al comercio
está justificada plenamente cuando supone, no sólo el enriquecimiento de la
comunidad, sino que la abre a otros universos. El Islam se distinguió por abrir
rutas comerciales, por poner en contacto culturas y civilizaciones, por
facilitar los intercambios, por propiciar el mutuo fecundamiento de las
comunidades humanas. Es en este trasiego donde el Islam se cumple. El Corán
dice: "A quienes atesoran oro y plata, y no los hacen recorrer los caminos
de Allah, anúnciales un castigo doloroso".

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