ACERCA DEL ISLAM

ZAKAT

 

1. Yama'a

El sentido de la trascendencia, en el Islam, lo impregna todo. El Salat procura al individuo esa dimensión, alienta en él ese sentir que lo conecta directamente, en su conciencia, con Allah y con el universo. El Zakat, por su parte, supone la plasmación de ese sentir y esa conciencia en la relación con los demás hombres: el Zakat vincula a los seres humanos dentro del Islam.

El Profeta (s.a.s.) expresó claramente su condena a aquéllos que necesitan rehuir a sus gentes para trascender. Condenaba toda forma de aislamiento como el celibato o el monacato. Si el musulmán necesita de momentos de soledad es para volver con mayor energía junto a los suyos. El musulmán, apartado de su Yama'a, de su Comunidad, siente su humanidad amputada. Y es porque el Islam ha potenciado en él esa necesidad de compartir su ser con los demás, le ha hecho comprender que la realidad es una y él está inmerso en ella. El musulmán sabe que no puede crecer como ser humano más que compartiendo proyectos, intercambiando experiencias, enseñando y aprendiendo.

Quede claro: del mismo modo que el Islam procura devolver al musulmán el sentido de lo universal uniéndolo a toda la Creación a través del Salat, asímismo lo integra en una comunidad, en una Yama'a, basada en la solidaridad activa que simboliza el Zakat. En el Corán, casi siempre, las ideas de Salat y Zakat están siempre asociadas, y una no tiene valor sin la otra.

 

2. Risq

Igualmente, en el Islam se entiende que todo lo que haga amable y cómoda la vida, es recomendable a los musulmanes. Una conciencia profunda, una "espiritualidad" viva, si son serias, no son contrarias a un sano disfrute de todo aquello que Allah nos ofrece. El musulmán debe buscar enriquecerse. Nada hay más contrario a la pobreza y a la miseria que el Islam.

Si el Profeta (s.a.s.) no dudaba en condenar a quienes se aislaban de sus semejantes, no tenía mejor opinión de quienes "renunciaban al mundo" o quienes hacían "voto de pobreza". Ensañaba que la austeridad no era renuncia, sino una posición sabia contraria al despilfarro; significaba para él también "poseer las cosas, pero no ser poseído por ellas".

En la ciencia del Tawhid, lo anterior significa que en realidad todo es de Allah, que El lo ofrece al ser humano mostrándose con ello Generoso, haciéndose Amable. Los hombres deben aprovechar lo que Allah les ofrece: esa es la actitud de los agradecidos a esa riqueza (Rizq) con la que Allah se manifiesta. Un hombre conocido por su riqueza se presentó ante el Profeta vistiendo ropas remendadas y sucias. Muhammad (s.a.s.) le preguntó: "¿Es que Allah no te ha enriquecido con abundancia?". A lo que respondió: "Sí, Allah se ha mostrado generoso hacia mí". A lo que el Profeta replicó: "Entonces, deja ver la bondad de Allah...", es decir, no renuncies a ella, no la ocultes, embellécete con ella, pues es así como la agradeces.

Realmente, es impropio del musulmán ser pobre. En esa circunstancia, debe dirigir todo su esfuerzo como musulmán a salir de la pobreza. En cierta ocasión Muhammad (s.a.s.) dijo: "El que de vosotros se levante temprano y salga a buscar sustento para sus hijos, está haciendo Yihad...", es decir, está luchando por el Islam. Cuando algún mendigo se le acercaba, no le negaba lo que pudiera llevar consigo, pero también le aconsejaba cualquier oficio en el que pudiera ser experto. Para el Profeta (s.a.s.) el trabajo honesto, por modesto y humilde que fuera, ennoblecía el ser humano y le evitaba la indignidad. Estimulaba a sus compañeros en sus negocios y trabajos, les decía que la pobreza está a punto de ser Kufr, es decir, de excluir del Islam, pues hace al hombre humillarse y es indigno del musulmán tal bajeza.

 

3. Tiyara

Todo lo dicho anteriormente, el sentido de lo común en el Islam y la positiva valoración de la riqueza nos hará comprender mejor la actitud del Islam frente a dos actividades económicas.

Por un lado, la absoluta y radical condena de la usura (Riba), considerándola antinatural, inhumana e insolidaria. Todas las operaciones usureras son Haram, algo que el musulmán debe evitar completamente. Junto al Riba, merecen dentro del Islam la misma condena todas las actividades que monopolicen bienes o estanquen o endeuden económicamente a la comunidad, imposibilitándole su desarrollo.

Muy distinta es la opinión del Islam respecto al comercio (Tiyara). Es una actividad que afronta pérdidas y ganancias, da independencia económica, es aconsejada a hombres y mujeres, opuesta a los trabajos asalariados que son aceptados en el Islam con recelo. Esta actitud tan positiva frente al comercio está justificada plenamente cuando supone, no sólo el enriquecimiento de la comunidad, sino que la abre a otros universos. El Islam se distinguió por abrir rutas comerciales, por poner en contacto culturas y civilizaciones, por facilitar los intercambios, por propiciar el mutuo fecundamiento de las comunidades humanas. Es en este trasiego donde el Islam se cumple. El Corán dice: "A quienes atesoran oro y plata, y no los hacen recorrer los caminos de Allah, anúnciales un castigo doloroso".

 

4. Zakat

El Zakat es la riqueza común de un colectivo musulmán. Los musulmanes se organizan en comunidades asamblearias y administran el Zakat que ha de servir para potenciar a ese colectivo, financiar proyectos, remediar las situaciones de pobreza extrema, etc. El Zakat se recoge anualmente, recaudándose de todos los individuos con capacidad económica. No se trata de unas limosnas, sino un porcentaje determinado sobre los bienes que se poseen, cifrado en un 2.5 por ciento. En las obras de Fiqh se detalla con rigor la aplicación de este porcentaje a las distintas actividades económicas y tipos de propiedad.

El Zakat que entregamos a la comunidad no nos pertenece. Expresa nuestra solidaridad, simboliza nuestro reconocimiento de lo común y legitimiza nuestro disfrute de lo que Allah nos proporciona. Es el derecho de los demás en lo que tenemos. No se trata pues de caridad, como algunos autores pretenden presentarlo. Quienes se benefician de él no son humillados: toman el Zakat sabiendo que es suyo. Los proyectos que se financian con el Zakat pasan a ser propiedad común de todos los musulmanes.

El objetivo del Zakat es permitir a todos un nivel de vida aceptable y unas circunstancias económicas apropiadas. No es sólo una obligación, sino un derecho también, el derecho que cada musulmán tiene de establecer este pilar tan importante del Din.

Prácticamente siempre que el Corán aconseja el Salat, inmediatamente hace hincapié en la necesidad de entregar el Zakat, como si fuera imposible ser musulmán con la mera buena disposición "espiritual". Efectivamente, la integralidad del Din así lo exige. Abu Bakr (r.) primer califa del Islam, enseñó que debía combatirse a los que se negaran a entregar su Zakat a la Comunidad de los musulmanes, no entendiendo cómo podía considerarse a sí mismo musulmán quien fuera avaro con los suyos. Y es que el Zakat no es "caridad" hacia los pobres, sino un deber absoluto establecido con la firmeza del Islam. Significa que no hay que entregar "lo que es del Cesar al César y lo que es de Dios a Dios", en el Islam esto no tiene sentido. El Zakat quiere decir que no hay una sociedad civil y otra religiosa, la Comunidad es una en el pleno sentido de la palabra.

Desde nuestra perspectiva occidental, donde distinguimos y diferenciamos entre lo sagrado y lo profano, entre lo privado y lo colectivo, entre el cuerpo y el alma, este horizonte unitario del Islam nos parece lejano. Pero precisamente de esta ruptura, de esta desintegración de lo humano, proviene nuestro fracaso como civilización. Somos seres aislados que en sí mismos aislan aspectos de la personalidad. Esto no sucede en el Islam, que no construye fronteras sino que edifica puentes dentro de la propia persona, los levanta entre ésta y los demás, entre los distintos pueblos.