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CAPÍTULO
3 :
QIYAM
El
Salat se empieza de pié. En esta posición, a la que se llama Qiyam, el musalli
recita fragmentos del Corán.
El
Nafs es un concepto islámico con el que se da un nombre general al conjunto de
los rasgos psicológicos que individualizan al ser humano. Si el Ruh es su
dimensión universal, el Nafs hace de él un ser concreto y singular: lo separa
de la creación, lo distingue de sus semejantes. El Nafs preside la vida propia
de cada ser humano y genera el concepto que tiene de sí mismo como entidad
personal. Es el Yo, que cuando se pervierte es el Ego. El Nafs como ego es un
veneno mortal; hace del hombre un ser insolidario, egoísta, avaro, cobarde,
interesado, lo arrastra a los más perversos crímenes, lo hunde en los vicios más
deplorables. En cierto modo, el Salat es un ejercicio para doblegar el Nafs y
acabar convirtiéndolo en un "yo" que, sin renunciar a su conciencia,
tiende puentes hacia el Ruh. Por ello, el Salat comienza con una postura, el
Qiyam, que simboliza la manifestación ideal del "yo": es el hombre
como tal que se coloca erguido ante su verdadero Señor y empieza a renunciar al
egoísmo sumergiéndose en el océano del Corán, el Libro del Todo.
El
Nafs es dulcificado por la adopción de cualidades elogiables, los Ajlaq; con
ellos retoma su naturaleza primigenia, su Fitra. Los Ajlaq consisten en actuar
recta, juiciosa y justamente. Se trata de asimilar la naturaleza de la Verdad,
materia prima con la que Allah ha creado la existencia; el Corán al-Karim enseña
que Allah lo creó todo con la Verdad. Ajustarse a la Verdad, esencia del mundo,
es hacerse musulmán. Por ello hay que educar al Nafs en las cualidades de la
verdad; se evitará así la mentira, la calumnia, la envidia, el rencor, la
intolerancia, la traición... y se fomentará en el ánimo sus contrarios. De
este modo es como se va creando una individualidad virtuosa y fuerte que no se
ajusta meramente a una moral, sino que busca los significados de Allah.

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