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CAPÍTULO
3 :
EL
"WUDU", LA ABLUCIÓN
No
se accede bruscamente al Salat. Previamente el musulmán realiza unas
abluciones, como anuncio de su deseo de entrar en un estado diferente, en un
Haram, en la Presencia de Allah donde todo se aúna y armoniza.
El
Islam es la cultura del agua y la pulcritud. El agua, símbolo del principio
vital, del origen de la vida y también de la sabiduría, es el elemento con el
que los musulmanes a la vez que purifican sus cuerpos interiorizan su
significado. El Corán insiste en la bondad de Allah manifiesta en la lluvia,
que da vida a la tierra muerta, al igual que el saber que comunica a los hombres
da vida a sus inteligencias. La civilización musulmana ha mostrado un enorme
respeto hacia el agua, creando ingeniosos medios de irrigación, haciendo de
ella adornos de sus jardines, aprendiendo de su murmullo. El Wudu es uno de los
homenajes del Islam al agua y, así, antes del Salat, el musulmán se lava las
manos, la boca, la nariz, la cara, los brazos, el pelo, las orejas y los pies. Y
entra así, en la mezquita predispuesto al Salat.
La
palabra Wudu tiene su raíz en la noción de DAW, luz. Con el Wudu, el musulmán
pretende presentarse ante su Señor tal como es, libre de lo que no es su propio
ser, su propia naturaleza, es decir, iluminado con lo que él mismo es. El agua
pura cumple esa función simbólica que lo restituye a su origen. Como símbolo
del saber, lo alumbra, lo reviste con la pureza de la Revelación. En su
significado de vida, renueva y da más intensidad a sus percepciones, lo hace más
receptivo, más sensible. El agua de la vida y el saber lo predispone
completamente a su Señor. La pureza del agua invita a una comunicación directa
con la Existencia.
Cuenta
un hadiz que un día comenzó a llover; el Profeta (s.a.s.) salió de su casa y
se expuso al agua. Entonces, al verlo sus compañeros, lo llamaron para que se
guareciera junto a ellos. El rechazó la invitación alegando que le gustaba
exponerse a la lluvia porque así "recién había brotado de junto Allah".

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