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CAPÍTULO
3 :
EL
SALAT NO ES ORACIÓN
Los
cristianos rezan. Tienen un diálogo con su dios, un encuentro personal. Por
falso paralelismo, los orientalistas y arabistas han establecido que los
musulmanes rezan al hacer el Salat.
Pero
la diferencia es demasiado grande como para que la pasemos por alto. En la
radical dirección unitaria que tiene el Islam, rezar no tendría sentido. Allah
no es una segunda persona a la que dirigirse. Lo que hace el musulmán durante
el Salat tiene fundamentalmente dos sentidos: en primer lugar, diluirse en la
Unicidad absoluta de Allah para tener una experiencia completamente distinta a
la de la oración; y en segundo lugar, con sus gestos describe una total entrega
a Allah. Preferentemente lo hace en colectivo, es decir, expresa su voluntad de
construir una Comunidad, basada en esta experiencia unitaria que erradica
completamente los ídolos, que los destruye en un proceso que honra al ser
humano y le hace comprender su esencia.
Salat,
el término coránico que vamos a utilizar, procede del verbo "SALLA":
"abrasarse, consumirse... en Allah", es decir, el musulmán durante
esos instantes intensifica su 'Ibada vital, su sentido de la trascendencia.
El
musulmán, durante el Salat, no imagina un interlocutor, como lo hace el
cristiano. Muy al contrario lo que hace es fundirse con la naturaleza,
recobrarse a sí mismo, estar muy cerca de Allah.
El
salat, en el Islam, aparece como una disciplina, una práctica que educa, como
hace el Corán, que elimina la torpeza y la brusquedad del ser humano, es decir,
lo hace sutil, cuidadoso, respetuoso. El Salat tiene una forma estricta y unos
momentos precisos. Su forma y sus momentos son respetados por todos los
musulmanes del mundo.

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