ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

   PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

 

ACERCA DEL ISLAM

 

CAPÍTULO 1: 

ALLAH NO ES DIOS

Imbuidos en nuestra cultura occidental aceptamos irreflexiblemente ideas y conceptos que creemos indiscutibles. Nuestra formación nos hace contemplar un mundo de objetos, de sensaciones, de realidades aisladas, sin conexión alguna. La desolación que produce no encontrar un nexo lógico entre las cosas, nuestra soledad existencial, el aislamiento al que estamos condenados, nos ha llevado a inventar un mundo ideal, un mundo de arquetipos platónicos que resuelva nuestras dudas, aplaque nuestro temor y aligere nuestra desazón.

Muy al contrario, para los musulmanes la Unidad del Universo, de la existencia entera, es algo más que evidente, está en la impresión inmediata que nos produce la vida. Vivimos inmersos en un todo del que formamos parte indisociable, en el que no hay nada aislado sino sabia y perfectamente conjugado. La vida, los seres, cobran sentido en ese cosmos unificado: no son necesarios los consuelos imaginarios ni maquinaciones intelectuales.

Estrictamente hablando, desde un punto de vista islámico, el concepto "dios" no es más que una absurda recreación de la mentalidad idolátrica: dios no es más que un supremo ídolo, una imagen inventada y un recurso mediocre. Pero "Allahu Akbar", Allah es más grande, sentencia perfecta que derriba todos los ídolos, por engañosos y sibilinos que sean: El es absolutamente inconcebible, inalcanzable, inabarcable... pero no en el vulgar sentido monoteísta que pretende describir una supuesta naturaleza espiritual o divina. No se trata de eso: para los musulmanes es absurda cualquier teología. Allah es la meta imposible de la aspiración humana. Como ha sido expresado, Allah es la realidad trascendente de todo lo que podemos contemplar o imaginar, estando siempre más allá de nuestros sentidos y de nuestro pensamiento. El no es nada determinable, ni tan siquiera un concepto más o menos espiritualizado. El Islam no es monoteísta, ni politeísta, ni panteísta, ni ateo: no entra en esos debates. "Allah" presupone la destrucción de cualquier ídolo sin renunciar al sentido de la trascendencia propio del ser humano. El es "autenticidad", por ello se le llama "Verdad" en el sentido más absoluto, y es el que confiere realidad a la existencia: Allah es el Verdadero, la fuente-Una de la que todo brota, el manantial que todo lo alimenta, que da sentido verdadero a todo, el que rige a cada criatura, le da el ser y lo conduce, subyacente en todo, y Destino final en el que todo acaba diluyéndose.

Nada de lo anterior "define" a Allah, nada lo "describe", porque El no tiene límite alguno, es absoluta y radicalmente libre, suficiente en sí mismo, inimaginable... El es el soporte de las realidades múltiples, su razón y su sentido, el soplo que da vida a todas las existencias. "Allah" es el Nombre que hace referencia a esa Realidad impensable, que está fuera del discurso humano, ajena a nuestros procesos racionales, y que es sin embargo vertebradora del lenguaje y de la inteligencia: El es, siempre, anterior a todo, anterior a cualquier pensamiento, a cualquier fórmula con la que el ser humano quiera descifrarlo. Es decir, El es inaccesible a la vanidad humana.

Al hablar de su Unidad (sinónimo de su Existencia) no nos referimos a un dato objetivo, sino a una operación que realizamos nosotros con la que nos desembarazamos de la mentalidad idolátrica. "Allah es Uno" significa en última instancia que no aceptamos dioses ni ídolos, pues nada puede compartir con El, en la absoluta e indefinible dimensión de su Realidad, ninguna de sus cualidades ni puede El ser interpretado de modo alguno. El Tawhid, el principio de la Unidad y Unicidad, no es una doctrina sino el germen de un método, la descripción inicial de una senda. Es un Camino hacia ese vacío que es Allah, un vacío en el que está todo, un todo en el que está el Salam, la Paz, pues libera de los engaños y la falsedad.

Dios, afirmemos de él lo que afirmemos, definámoslo como lo definamos, siempre nos encontraremos con un concepto producto de una elaboración, una idea más o menos grosera, cargada de prejuicios; encontramos a un ídolo más, una imagen ficticia a la que el hombre da el ser y con la que intenta superar sus propias contradicciones. Dios es un añadido a la creación, un producto del discurso y la razón, y sujeto a premisas. Allah es más grande.

Las teorías de las religiones acerca de dios sólo pueden ser doctrinas o dogmas, enseñanzas que sólo pueden ser aceptadas por la fe, montajes que sostienen ideológicamente los edificios de instituciones mediadoras entre el hombre y su afán insaciable por trascender, afán que lo dirige a Allah y no a los ídolos. Cuando en el Islam hablamos de Allah, no pretendemos conceptualizarlo, nos referimos más bien a esa empresa profundamente humana que consiste en indagar en el universo-uno para encontrar su sentido último. Pero Allah ni tan siquiera es un objetivo; dirigirse hacia El como lo hace el musulmán es aventurarse por espacios insondables donde el ser humano se reencuentra, se reconoce y comprende, sin las ataduras de ninguna doctrina.