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Sayyida al-Hurra bint Mawlay Ali ibn Rashíd, más conocida como Sitt al-Hurra más coloquialmente, fue, por sí misma y por lo que significó en la
historia del norte de Marruecos, una de las
más importantes personalidades femeninas del occidente islámico, en la Edad Moderna, en cuya historia se resume, en cierta
medida, la de toda la zona vinculada al Estrecho de Gibraltar, dentro de los complicados
cambios
y
trasvases de intereses que se produjeron a finales del siglo XV y comienzos del XVI. Sitt
al-Hurra pasó a ser una
singularidad, una mezcla, un eje alrededor del cual puede moverse nuestro pensamiento cuando lo enfocamos sobre aquella involucrada
sociedad que existía por entonces en las dos orillas del Estrecho. Su época y su talante fueron los del Renacimiento.
En 1453,los turcos osmanlíes conquistaron Constantinopla, con lo que terminó. el Imperio Bizantino, heredero
del Imperio Romano de Oriente, y comenzó el Imperio Osmanlí u otomana, que duraría hasta
el primer cuarto del pasado siglo XX. Hubo todo un cambio de actitudes, de medios e
inversiones económicas, una alteración del equilibrio político, cultural y
comercial que había existido hasta entonces.
A partir de 1487, los portugueses, que ya se habían asentado en el litoral marroquí para sus
navegaciones, descubrieron una ruta alternativa hacia la India que contorneaba el Cabo de Buena Esperanza,
y abrieron un nuevo camino mercantil a las riquezas que hasta entonces habían discurrido por el Mar Rojo, Arabia y Medio Oriente. Fue el período en el que empezó a forjarse
Europa e, incluso, en el que comenzaron la expansión y el ideario coloniales modernos. Pero además del camino oriental existía otro,
que era la ruta occidental del oro y de la sal, el marfil y los esclavos, las plumas de
avestruz, los productos manufacturados; vía que arrancaba del Golfo de Guinea e iba rumbo a Marruecos y a
al-Andalus; y de aquí a Europa. La ruta discurría por tierra,
mediante caravanas. Ambos mercados sufrieron el colapso causado por los descubrimientos marítimos portugueses y naturalmente por el descubrimiento de América. Se produjo un cambio
de rumbo de la situación, como acabo de decir, al verificarse que las dos vías podían hacerse navegando en régimen de monopolio -portugués durante un tiempo- y con mayores beneficios, puesto
que el número de intermediarios disminuía considerablemente.
Los estados y territorios que habían sido los intermediarios habituales en ambas vías experimentaron unos deterioros notables, tanto en sus haciendas como en sus culturas, sociedad y política, llegando varios de ellos a perder
la independencia. Este fue el caso de Egipto y el caso de Granada, por ejemplo; uno en la vía oriental y la otra, en la
occidental. Egipto pasó
a
pertenecer al
Imperio Otomana
y
Granada fue conquistada por Castilla y Aragón.
Marruecos sufrió de todos estos estímulos negativos exteriores, unidos a otros interiores, y el imperio
meriní, implicado en la política granadina y
en la de los reinos cristianos europeos durante la Guerra de los Cien Años, vio desgastarse su capacidad política y su brío; incluso su apología como potencia islámica.
Bajo los visires wattasíes, los ataques portugueses en las costas marroquíes progresaron, hasta que, en 1471, terminaron por expugnar
Arcila. Hay que recordar que ya tenían Ceuta
desde 1415, no obstante
haber
fracasado en
Tánger en 1437. Entonces, el que hasta hacía poco había sido señor de Arcila se transformó en el primero de los sultanes
wattasíes, inaugurando así una dinastía que se limitó a prolongar la inestabilidad interior y a aumentarla. Fueron en estas circunstancias en las que se produjeron los
primeros resultados específicos de la conquista de Constantinopla y de las navegaciones portuguesas, y será poco después cuando los reinos de Castilla y Aragón, unidos, emprendan
la conquista del reino de Granada.
Los reinos marroquí y granadino eran por entonces unos avisperos de luchas internas y de debiIidades y el Marruecos de
los wattasíes no acudió en ayuda de los granadinos cuando el último Estado andalusí -anterior al de los
moriscos de las Alpujarras un siglo después fue siendo arruinado por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.
Mientras tanto, las plazas conquistadas por los portugueses se mantuvieron en un equilibrio oportuno, gracias a sus pactos con el entorno,
hasta
que los jefes de guerra musulmanes -como el granadino Sidi al-Mandri, en
Tefuán, o
su suegro Mawlay Ali ibn Rashíd, en Chauen - no empezaron un acoso serio contra ellas. El pasado empeño de los meriníes de pasar por campeones del Islam, unido a la anquilosada herencia wattasí fue lo que permitió y
potenció el fenómeno de los jefes de guerra y el impulso de los morabitos. Los wattasíes dejaron la reconquista, el
hostigamiento y la presión a los jefes periféricos que eran, en buena parte, andalusíes o
marroquíes fuertemente influenciados por el último al-Andalus:
Y aquí entra en la Historia la figura renacentista de Sitt al-Hurra como la de
uno de los protagonistas de la resistencia y de la mezcla de culturas de la
época, y de sus formas de actuar
En realidad, es
poco lo que sabemos de primera mano o documentalmente acerca de
esta Noble Dama aunque haya bastantes referencias históricas respecto a ella; muchas europeas.
Conocida en la Historia
como Sayyida al-Hurra, la Noble Dama pudo
haber tenido el nombre propio de Aysha, en cuyo caso lo de al-Hurra, que significa
la libre, sería un apelativo que le fue dado cuando asumió el gobierno de Tetuán. De
todas formas, el apelativo de Sayyida al-Hurra
viene a significar Noble Dama y lo llevaron antes y después varias mujeres
notables musulmanas. Lo cierto es que era hija
de 'Mawlay Ali ibn Rashíd, sharit o noble descendiente del santo
Sîdî Abd al-Salám Ibn Mashísh, y de Lalla Zuhra Fernández, una mudéjar o morisca de Vejer de la Frontera,
cerca de Cádiz, o tal vez una elche. El padre de Sitt al-Hurra se había convertido en el príncipe de un estado prácticamente independiente de los
wattasíes, con capital en Chauen, ciudad que fundó poblándola con gente de la comarca y con emigrados
granadinos, o de otras partes, que escapaban del avance de los Reyes Católicos.
Su madre tenía un hermano, Martín
Fernández, igualmente islamizado, si es que no era ya musulmán, tomando el nombre de
Ali Fernando; persona que debió tener puestos de responsabilidad en Tetuán y
en la cora de Arcila. Y del matrimonio entre el príncipe Ibn Rashíd y Lalla Zuhra
Fernández hubo otro hijo, probablemente el primogénito, Ilamado Mawlay
Ibrahím, que llegó a la cumbre
del poder sucediendo a su padre y siendo el
valido del sultán wattasí de Fez. Era un buen
político, un excelente militar y un hombre de carácter, siempre pendiente de su hermana
Aysha, tan emprendedora y fuerte de temperamento como él. Siendo todavía una adolescente,
Aysha, la futura Sitt al-Hurra, se casó con Aly AI-Mandri, aristócrata andalusí desplazado a Tetuán y repoblador de esta ciudad.
AI-Manzari, fonéticamente transformado en AI-Mandari, era procedente del reino de Granada, con cuya familia real estaba emparentado por un primer matrimonio, del que seguramente tuvo hijos que debieron luego formar parte de la aristocracia tetuaní. Cabe la posibilidad de que haya conocido a Ibn Rashid en la guerra de Granada, cuando
él era alcaide dé Piñar, una fortaleza nazarí que se rindió a los Reyes Católicos instigado
por Boabdil, y que se haya trasladado al norte de Marruecos por invitación de aquél. Lo cierto es que Tetuán fue reconstruida por los granadinos alrededor de 1485 y, en ese
momento, AI-Mandari estaría entre Ios treinta y los cuarenta años, dada su trayectoria anterior y las responsabilidades que había desempeñado. De 1485 a 1510, o 1512, año en el que Sayyida
al-Hurra se hizo cargo del poder en Tetuán, en nombre de su marido y tal vez por incapacidad de éste, que se había ido quedando progresivamente ciego por una herida de guerra, hay unos veinticinco años en los que deben
haberse producido el nacimiento de la misma Aysha o Sayyida al- Hurra, su matrimonio, el nacimiento de sus hijos y su propio aprendizaje político. Podríamos pensar, pues, que la Noble Dama nació en torno a 1485,
algo después que su hermano Mawlay Ibrahím, al mismo tiempo que nacía Tetuán, y que se casó con.
AI- Mandari en torno a 1500, con una diferencia de edad de unos treinta o cuarenta años entre ambos, lo que no parece haber
afectado su entendimiento mutuo.
Ella
aprendió a su lado y estuvo colaborando
con él y, luego, representándolo y cuidándolo hasta su muerte; cosa que no se hubiera producido de no existir un consenso en la pareja y una adaptación de sus caracteres, indudablemente recios. Lo cierto es que, en torno a
1510-1520, la pareja casó a una hija de ambos con Ahmad, un hijo de Hasan Hásim o quizás
Hashim, granadino
inmigrado procedente de Baza y rival de AI-Mandari en el gobierno de la ciudad, y Sayyida al- Hurra estuvo apoyándose más o menos
verbalmente en su yerno para regir Tetuán, aunque su sostén fundamental lo haya tenido en su hermano Mawlay
Ibrahím,
que gobernaba Fez como factótum del sultán Ahmad al-Wattasi. Probablemente fue en esos mismos años cuando otra hija de la pareja se casó con un tal Abu
Ali, asimismo de origen granadino.
La inmigración granadina, como buena parte de la andalusí y de la morisca ulterior, se dedicaba de modo muy activo al
corso, actividad oficialmente permitida y alentada
por los Estados, con la que sacaba riqueza y mermaba la capacidad comercial, humana y militar de sus
enemigos, en este caso los cristianos peninsulares. AI-Mandari y Sayyida al-Hurra sostuvieron y financiaron la navegación corsaria, o la controlaron y abastecieron cuando no era
propia, aprovechando el excelente caladero del río, que estaba resguardado. El empeño que puso Sayyida
al-Hurra en proteger esta actividad concitó en contra de ella muchas enemistades, tanto extranjeras como marroquíes, que empezaron a pesar en su perjuicio, y en el del sultán, que lo consentía a pesar de los
acuerdos internacionales. Esto, no pareció importarle verdaderamente hasta 1539-1540.
Y es que, en 1539, murió
Mavylay Ibrahím, su hermano uterino y protector, y se hizo cargo del gobierno de Chauen su
hermanastro Sidi Muhammad, con quien no se llevaba bien y que, a partir de esa fecha, intentó intervenir en Tetuán.
AI-Mandari continuó en vida hasta
1540: "Todavía suspiraba por España el viejo caudillo", viene a decir de él un testimonio contemporáneo... Muerto su marido, Sayyida
al-Hurra continuó rigiendo la
ciudad con su yerno Ahmad, probablemente con menoscabo para su otro yerno Abu Ali, lo que creó rivalidades entre sus dos hijas. Sin embargo, dadas las
dificultades que se le iban acumulando, la Noble Dama, en 1541 y con más de cincuenta años, dio un vuelco a la situación logrando
que el propio sultán de todo Marruecos, Ahmad al-Wattasi,se casara con ella.
El sultán viajó de Fez a Tetuán para desposarla, cosa que nunca había ocurrido antes en el país. Visto
lo
cual, la Dama desechó evidentemente todos los prejuicios y manejó a su antojo los asuntos de la región, como
dice el historiador Gozalbes Busto. Así fue, lo hizo intensa, abusivamente, pero por poco tiempo.
Porque, el 22 de octubre de 1542, Hasan Hásim o Háshim, consuegro de Sayyida
al-Hurra, viniendo de Fez con un grupo de jinetes y en connivencia con su hijo
Ahmad, entró en Tetuán y dio un golpe de poder
destituyendo a Sayyida al- Hurra, expulsándola de la ciudad y arrebatándole los bienes.
"Citalforra alcaidesa
y senhora de dicha ciudad"
-como dicen los Anais portugueses- había caído. Este golpe de Estado queda muy oscuro. Parece ser que el sultán avisó a la Noble Dama, pero desconocemos por
qué,
ella no le, hizo caso, y no sabemos en qué medida conspiraron las propias hijas de ésta en contra de su madre y en favor de sus esposos, pero sí parece que lo hicieron. Tampoco sabemos si el sultán quedó hasta cierto punto complacido con este final,
puesto que talvez contara con que los sucesores de la Noble Dama iban a ser más fáciles que ella misma, de cara a los problemas
internacionales que le causaba la 'Granada tetuaní' señera
y
autónoma.
¿Qué
fue de Sayyida al-Hurra después?
No lo
sabemos.
.
Parece que regresó a la casa paterna de Chauen, en donde se aisló y en donde
probablemente
vivió
y murió, ignoramos en qué, fecha, en una habitación que todavía se conserva con sus cosas. Está enterrada cerca de esa casa, en la zawiyya raisuniyya.
una. vez desaparecida de Tetuán, Iá ciudad fue gobernada por su yerno Ahmad y
puede que por un hijo de éste, o sea, por un nieto de al-Mandari y de Sayyida
al-Hurraa, que tal vez adoptó el apellido AI-Mandari, y en este tiempo hubo luchas entre los Hásim o Háshim y los Abu Ali, o sea guerras
nobiliarias familiares que implicaban a
los grupos granadinos, hasta que un nuevo sultán hizo ocupar la ciudad, en
1562, por sus tropas, que eran en buena parte moriscas.
Resulta muy difícil meterse en la interpretación de una persona coma Sayyida
al-Hurra,
así de contrastada entre luces y sombras.
¿Que fue de Sayyida al~Hurra después.? No lo sabemos
tanto
más cuanto que no disponemos, por,
ahora, de más material histórico que el analizado, ni de más fuentes. Tal vez convenga repasar los datos subjetivamente, desde
dentro, empezando por la etapa en que vivió y fue protagonista de cosas.
Aquella fue una época en la que se reequilibró el mundo. Prácticamente todo:
las vías comerciales, la concepción y anchura del orbe, el concepto de Estado, la ciencia y la
invención, el ten con ten de las religiones, los bloques expansivos, la emigración, el
saber, los índices demográficos, la alimentación, los ejércitos, el arte...
La
gente que participó, dentro del área siempre susceptible y múltiple del Estrecho de
Gibraltar, lo hizo acomodándose a las nuevas dimensiones sobre un tejido social muchas veces antiguo o pasado, no pudiendo afirmarse de
cara a la marejada por falta de un suelo estable. Es lo que probablemente le ocurrió a Sayyida
al-Hurra. Pero
ella tuvo el arrojo y
la inteligencia de ser protagonista de la situación.
Sus acciones fueron seguramente las convenientes dentro de su medio político y social, dentro de su paisaje. Gobernó porque era de una familia de gobernantes y estaba casada con un gran jefe. El gobierno y la directriz
eran su ambiente desde niña y, en cuanto tuvo que hacerlo, lo hizo, quizás con un endurecimiento progresivo que terminó por perjudicarle. Al morir su marido, no supo continuar siendo una mujer extraordinaria apoyada en un hombre dentro de una sociedad de hombres, y quiso
ser ella misma el hombre con comportamiento de tal y con,
desafío; lo cual, en aquella época, era imposible de imponer y de mantener. El hecho de que nadie se opusiera abiertamente a su caída, lo prueba.
No debió ser una mujer altiva, aunque sí convencida de poder superar a todos por lo que terminó pecando de confiada. Y, por lo tanto, es posible que haya creído mucho en sí misma, siendo también una buena creyente en
Allah, que debió aceptar, sobre todo en la etapa silenciosa y última de su vida, lo
que 'el Altísimo' le fue dando.
Ahora su cuerpo ocupa una pequeña tumba, en un rincón discreto de la zawiyya
raysuniy ya, que dije antes. Hay una reducidísima ventana que da al exterior y, por fuera, muchas mujeres de Chauen depositan flores en el alfeizar. Sitt
al-Hurra, Sayyida al-Hurra nunca ha dejado de ser una
Noble Dama y continúa siendo un símbolo de libertad para muchos,
y de esperanza.
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