LA GUERRA DE BUSH

¿QUE HAN HECHO CON MI PAÍS, TIO?

BOLETIN Nº31 - octubre 2004

 

  Nuevo libro de Michael Moore

 


                                                          

                           
 

Michael Moore se dio a conocer en todo el mundo no sólo por su documental Bowling for Columbine, que fue premiado con un Oscar, sino porque cuando fue a recogerlo lanzó un speach contra la Administración Bush y la guerra de Irak de padre y muy señor mío. Moore desconoce el significado de lo políticamente correcto.

 

No hace muchas  semanas veíamos la oronda figura de Michael Moore, como si de una escultura de Botero se tratara, en un rudimentario estrado arengando a las 500.000 personas que se manifestaron por las calles de New York contra el peor presidente de los EE.UU, en toda su historia, y tal vez el más sanguinario. Todo para impedir que George W. Bush continúe en la Casa Blanca.

En ¿Qué han hecho con mi país, tío?, Moore denuncia en clave de humor y por enésima vez los excesos de un gobierno feroz y cruel, al tiempo que enseña unos Estados Unidos que nada tienen que ver con lo que aparece en el cine y en los informativos de televisión. El director de Farenheit 9/11 ha denunciado en numerosas ocasiones la invasión de Irak, llevada a cabo por cuestiones económicas y nunca para exportar la democracia.

Con todo, la posición anti-sistema del cineasta no es nueva. Nacido en 1954, en Flint, Michigan, con 22 años fundó el diario alternativo The Flint voice, del que fue editor durante diez años. A mediados de los años ochenta fue productor, director, autor y presentador de la serie para televisión TV Nation, crítica, ironía y humor a partes iguales.

En 1989, un documental en el que grabó su odisea para entrevistar al presidente de la General Motors, Roger Smith, responsable del cierre de una planta de montaje que había en su pueblo, le llevó a la popularidad. En 1997, The Big One fue también otro corto que realizó para denunciar a las grandes empresas multinacionales, entre otras Nike, como explotadores no sólo de hombres sino de mujeres y niños en Indonesia, que en condiciones infrahumanas fabricaban las famosas zapatillas que se venden en todo el mundo.