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JUTBAS DE LA YAMA'A |
JUTBA |
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BOLETIN Nº31 - octubre 2004 |
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Allhamdullillah, Allhamdullillah, Allhamdullillah, wahda hu, wa ssalatu wa ssalamu ala rasul i llah, salla llahu alaihi wa ssalam wa ala alihi wa sahbihi wa salim taslima wabaad:
En algún momento de nuestra vida, cada uno de nosotros ha sido visitado por la desgracia, la tragedia o alguna perdida bien de carácter emocional o material. Los sentimientos experimentados ante tales hechos son difícilmente descriptibles. Se da una sensación de desespero, de vacío, un cúmulo de sentimientos tan negativos que en algunos casos nos pueden llevar a cuestionarnos el propósito y el significado de la vida. En ocasiones nuestro propio espíritu y la ayuda de los demás nos pueden ayudar a salir del bache, pero a menudo encontramos a alguien tan hundido por el dolor o la pena que no son capaces de reaccionar, sufren períodos de absoluta depresión, cambios de carácter y en casos extremos algunos pierden toda el deseo de vivir pudiendo llegarse a producir el suicidio. ¿Cómo deberíamos los musulmanes tratar estas sensaciones, cómo deberíamos confortar a un amigo o pariente que está sometido a alguna de estas desgracias? En la Sura Al-Baqara, Allah (SWT) nos recuerda: “Vamos a probaros con algo de miedo, de hambre, de pérdida de vuestra hacienda, de vuestra vida, de vuestros frutos. Pero ¡anuncia buenas nuevas a los que tienen paciencia. A los que, cuando les acaece una desgracia, dicen: «Somos de Allah y a Él volvemos»! Ellos reciben las bendiciones y la misericordia de su Señor. Ellos son los que están en la buena dirección.” (Corán, 2:155-157)
Esté aya nos muestra que en la vida del musulmán, ni la desgracia ni las penalidades son extrañas, son parte de la vida y por tanto parte de nosotros. De hecho Allah (SWT) nos avisa que en nuestra vida encontraremos penalidades en uno u otro momento. Es una prueba para nuestro Iman, y no deberíamos desesperar, ya que de cada situación de nuestra vida se desprenden unas lecciones que no deberíamos obviar especialmente de los momentos duros y difíciles. Un viejo proverbio dice que el mejor profesor es una mala experiencia. El auténtico musulmán debe ser consciente de que durante su vida puede ser visitado por el éxito y el fracaso, por el placer y el dolor, por la pérdida y la ganancia. Esta es la inseparable dualidad de la vida. No podemos valorar nada sin conocer sin conocer su opuesto. Debemos aceptar la vida como viene, en lo bueno y en lo malo con la misma tolerancia y humildad.
Consideremos el
ejemplo del Nabi Ayyub: “Y a Ayyub. Cuando invocó a su Señor: «¡He sufrido una
desgracia, pero Tú eres la Suma Misericordia!»
El Nabi Ayyub era un hombre próspero, con fuerte Iman, que sufrió grandes penalidades. Su ganado fue destruido, sus sirvientes asesinados y su familia exterminada bajo su propio techo. Pero el siguió fiel en su devoción y amor a Allah (SWT). Se vio cubierto de llagas desde los pies a la cabeza, y sus amigos lo abandonaron, pero su iman permaneció sólido como una roca. A causa de esto, Allah (SWT) se sintió complacido con él. Restauró por completo su salud; y no solamente dobló su prosperidad anterior, si no que su familia y amigos volvieron a él, llegó a tener siete hijos y tres hijas, y vivió una larga vida viendo a cuatro generaciones de sus descendientes antes de morir. Esta historia es un maravilloso ejemplo para todos nosotros. Cuando nos llegue una penalidad repentina, no deberíamos autocompadecernos, ya que esto no conduce a ningún sitio. Deberíamos poner toda nuestra confianza en Allah (SWT), con la certeza en el corazón y en la mente de que al final de nuestras penalidades la rahma de Allah nos envolverá por completo. Para el auténtico musulmán, la buena y la mala fortuna son simplemente dos caras de la misma moneda de la vida. Aunque no demos la bienvenida al sufrimiento, tenemos que ser conscientes de que incluso en la plenitud de nuestra vida, estamos bajo la sombra de la muerte; en la cima de nuestra prosperidad nos encontramos a solo unos pasos de la pobreza y en la plenitud de nuestra salud, la enfermedad se arrastra en las sombras cercanas.
Un hadiz narrado por Abu ‘Abbas ‘Abdullah dice: “Recuerda a Allah en los tiempos de abundancia, y EL te reconocerá en los momentos de necesidad. Recuerda que la victoria llega a través de la paciencia, que el alivio viene tras la aflicción y que la comodidad llega tras momentos de penalidad”.
Allhamdullillah, Allhamdullillah, Allhamdullillah
El Profeta (SAS) también padeció penalidades y dolor, especialmente en su juventud, y los soportó con extraordinaria paciencia y perseverancia. Era huérfano, criado por un ama, por su abuelo y tíos. Durante los primeros años de su misión, fue ridiculizado, burlado, amenazado, y perseguido por su propia tribu. Muchos de sus seguidores fueron asesinados por abrazar el Islam. En sus 63 años de vida, experimentó todas las penalidades posibles del ser humano, desde la pérdida de sus padres y abuelos hasta la de sus más queridos amigos, poseyó la riqueza personal y se vio expulsado de su tribu. Pero su Iman, y la fuerte convicción en lo que hacía le granjearon el éxito en este mundo y en el Más Allá. Cuando encontremos penalidades en nuestra vida, recordemos la sura Ad-Dhuha, esta sura va dirigida directamente al Profeta (SAS) pero se puede aplicar indirectamente a todos los musulmanes en cualquier momento y circunstancia: “¡Por la mañana! ¡Por la noche cuando reina la calma! Tu Señor no te ha abonandonado ni aborrecido. Sí, la otra vida será mejor para ti que ésta. Tu Señor te dará y quedarás satisfecho. ¿No te encontró huérfano y te recogió? ¿No te encontró extraviado y te dirigió? ¿No te encontró pobre y te enriqueció? En cuanto al huérfano, ¡no le oprimas! Y en cuanto al mendigo, ¡no le rechaces! Y en cuanto a la gracia de tu Señor, ¡proclámala!
Allahumma cuando la penalidad nos alcance deja que la confianza depositada en ti nos guie. Allahumma que las pruebas a los que nos sometas nos sirvan de aprendizaje y de lección. Allahumma ayúdanos a que nuestro Iman sea fuerte sin importar las circunstancias que nos rodeen.
Du´a |