LA GUERRA DE BUSH

ESPECIAL CONDOLEEZZA RICE Nº2

BOLETIN Nº31 - octubre 2004

 

  CARLOS RAMÍREZ - MEXICO

   CONDOLEEZZA RICE Y COLIN POWELL

    

La decisión del presidente George W. Bush sobre Irak tuvo que optar entre las dos posturas excluyentes: la línea de los halcones encabezada por la consejera de seguridad nacional Condoleezza Rice y la propuesta de las palomas del secretario de Estado Colin Powell, las dos con enfoques diferentes respecto a Irak, los dos personas de color, los dos con posibilidades electorales que miran hacia la Casa Blanca.
Así, la política exterior de Bush pasa justamente por dos personas disímbolas en enfoques pero orientadas hacia un mismo objetivo: saldar la cuenta Irakí pendiente. Los dos, Rice y Powell, tuvieron relación directa con el gobierno de George Bush en 1992 y con la Operación Tormenta del Desierto: Rice como analista de asuntos soviéticos y Powell como jefe del Estado Mayor conjunto.
En sendas entregas, la revista Newyorker hizo perfiles completos sobre cada uno de ellos. En esos retratos se presenta, a su vez, la percepción del presidente Bush Jr. hacia cada uno de ellos. Los perfiles muestran el carácter de los dos. Y en los textos se revela que hay corrientes que impulsan a Rice como candidata a vicepresidente de Bush en el 2004 y a la presidencia en el 2008, en tanto que Powell insiste en seguir su carrera hacia la Presidencia de EU.

1.- Rice, una Kissinger
En su retrato de Rice, Nicholas Lemann indaga la historia de una mujer ajena a los conflictos del color y de las luchas por los derechos civiles. Estudiosa de música, Rice resultó una niña prodigio que hizo su primer concierto de chelo cuando tenía cuatro años de edad, además de haber destacado en la danza. Cuando se siente presionada por los conflictos, Rice se distrae tocando el piano.
Mujer endurecida de carácter, no vacila en optar por la línea dura. Rice está convencida del poderío norteamericano. “De su oficina salió un importante documento sobre la estrategia de seguridad nacional donde dice que hay un modelo sustentable para el éxito de las naciones: Estados Unidos. Saluda el poder sin precedentes de Washington y dice que somos lo suficientemente fuertes como para disuadir a nuestros adversarios de construir o sobrepasar a EU”.
Rice opina que Estados Unidos “no dudará en actuar solo ni en ejercer el derecho de la autodefensa prioritaria si es necesario”. A partir de este criterio ha sustentado su línea de ataque sobre Irak, a quien considera una “nación pilla, tunante”. Y su criterio es directo: las naciones que apoyan el terrorismo no son democráticas.
Para Rice, Irak es un régimen brutal por sus ataques y atentados. Y dentro de la Casa Blanca ha sido partidaria de la tesis de no dejar que “los peligros se junten”. Se refiere a la posibilidad de una alianza entre Saddam Hussein y los dirigentes de Al Qaeda.
La consejera de seguridad nacional de la Casa Blanca forma parte del primer equipo de Bush Jr. Rice fue reclutada en 1984, en una cena en Washington, por Brent Scowcroft, quien sería consejero de seguridad nacional del gobierno de Bush padre. Scowcroft la introdujo en el ambiente social de la política de Washington. Y en 1989 Rice se incorporó al CSN como encargada de los asuntos soviéticos.
Más tarde, Rice fue impulsada por George Shultz, secretario del Tesoro y luego secretario de Estado de Reagan. De ahí se ligó a los equipos de George W. Bush. “Condi tiene mucho qué decir”, le dijo Shultz a Bush Jr. y en 1999 se convirtió en la jefa del equipo exterior del entonces candidato presidencial.
Rice, escribe Lemann, tiene un don para hablar, exponer con detalle, es sólida en sus argumentos, impecablemente preparada y organizada, expone de manera sencilla y clara. Comienza sus presentaciones con la misma frase: “¿cuáles son los intereses de Estados Unidos?”.

El papel de Rice en el equipo de Bush Jr. va más allá de cualquier otro consejero. Algunos analistas la equiparan con Henry Kissinger en el primer gobierno de Nixon, sólo que “no se exhibe ni alardea”. Se reúne con el presidente todos los días, habla con él a lo largo de la jornada de trabajo, comparte la pasión por el fútbol y pasa con Bush mucho tiempo fuera de las horas de trabajo y cuando nadie ve al presidente. “¿qué tanto hablan?”, se preguntan intrigados en los pasillos de la Casa Blanca.
Nacida en 1954 en una población de derechos restringidos a la población de color, Rice no quedó marcada. Le gusta defender sus espacios pero en función de capacidad intelectual. Lemann revela uno de los principios de Rice: “el individuo puede triunfar sobre todas las limitaciones y no hay que pedir nada sobre criterios raciales o quejarse del racismo”. El mundo, para ella, es de lucha.
Especialista en relaciones internacionales, sus aprendizajes vienen de anécdotas del poder. Y gusta aplicar la táctica Stalin: “se va a la derecha aislando a la izquierda, luego a la inversa, para después regresar a la derecha sin tener enemigos al frente”. Rice se formó como analista en el CSN justo en los años del desmoronamiento de la Unión Soviética.
Rice es una luchadora. En la academia destacó en Stanford aunque se sintió subestimada. Pero llegó a ser la número 2 de la Universidad. De mano dura, cortó el presupuesto en 10 millones de dólares y no se conmovió ante ninguna de las protestas ni ante las huelgas de hambre. “Yo no tengo hambre. Y no soy la que no está comiendo”.
Luego entró al ámbito de la iniciativa privada. Shultz la sentó en la mesa directiva de la Chevron -empresa petrolera, hoy que el conflicto de Irak huele a petróleo- y de ahí se conectó a Schawb y Transamerica. Por eso se siente una triunfadora. Y aunque no alardea, le gusta señalarlo. Lemann cuenta una anécdota de Rice en una joyería en la que la trataron mal por ser de color. “Pero yo estoy de este lado porque pude hacer más y usted está detrás del mostrador ganando 6 dólares la hora”, le dijo al dependiente.
Bush y Rice se refuerzan, dice Lemann. Y tiene futuro. Hay un fuerte rumor en Stanford, dice el biógrafo, que dice que Rice podría ser vicepresidente de Bush Jr. en el 2004 y buscar la nominación presidencial en el 2008. Pero Rice dice que no, que el vicepresidente será Dick Chenney. Sin embargo, su papel en el equipo presidencial no se agotará pronto.

2.- Powell, el blando

A diferencia de la dura Rice que viene de la academia, Colin Powell es una paloma que viste uniforme militar. “La fuerza militar debe usarse para lograr un objetivo militar específico, ligado al logro de un propósito político o alguna meta”, dice la doctrina Powell que el secretario de Estado de Bush Jr. ha popularizado.
Formado en el ejército, con una maestría de la Universidad George Washington, Powell se benefició con una beca en la Casa Blanca y ahí se relacionó con el equipo de los duros de Reagan: Caspar Weinberger y Frank Carlucci. Ahí, dice Henry Louis Gates en su texto de Newyorker, Powell aprendió dos máximas: “no sabes lo que puedes obtener hasta que tratas” y “nunca te pelees con la gente que compra tinta del mismo barril”.
El escándalo Irán-Contras despedazó al consejo de seguridad nacional de Reagan pero facilitó los ascensos de Powell. Estratega militar, ha sabido aplicar las tácticas castrenses a la lucha burocrática por el poder. “La clave está en no tomar decisiones rápidas sino oportunas”.
Powell dice que aplica su fórmula sobre el timing para la toma de decisiones: “P=40 a 70”, donde P es la probabilidad del éxito y los números indican el porcentaje de información adquirida. “No actúo si no tengo suficiente información para darme un 40 por ciento de posibilidades de estar en lo correcto. Y no espero hasta que tengo suficientes hechos para estar 100 por ciento seguro de estar bien porque para ese momento ya sería demasiado tarde”. Así, Powell toma las decisiones en el rango de 40 a 70 por ciento de las posibilidades de éxito.
En 1989, el hoy vicepresidente Dick Cheney proyectó a Powell hacia la junta de jefes de estado mayor, la jefatura operativa máxima del poder militar de EU. “Nunca lo lamentaron”. Powell era entonces demócrata pero le fue leal a Reagan.
Powell parecería a veces más marcado que Rice sobre el color de su piel, aunque en Washington lo consideran “el negro bueno de los blancos”. El reverendo Jesse Jackson, que mantiene una rivalidad con él, dice que “la derecha blanca puede confiar en Powell”. “Para los líderes blancos, Powell está bien porque es un militar negro, con el pelo bien cortado y se convierte en algo muy bueno para vender y promover”.
Formado militarmente en la guerra de Vietnam, Powell combatió ahí en 1968 -el año de las protestas contra esa guerra absurda- y llegó a ser jefe de operaciones. Reagan le autografió una fotografía presidencial con la siguiente dedicatoria: “si tú lo dices, Colin, debe ser correcto”.
Colin, dice un ex secretario de Defensa, no es un hombre excepcional. “Hay muchos negros generales como él, pero Powell es listo y competente. Es visible para los republicanos y ahora los republicanos están en el poder”.
Powell se enfrenta por segunda vez a Hussein e Irak. Pero lo culpan de haberlo dejado políticamente vivo en la Guerra del Golfo y el Irakí se pudo sobreponer a la derrota militar por la invasión de Kuwait y se volvió a convertir en una amenaza para EU.
A diferencia de una Rice dura y de iniciativas, Powell se presenta como un negociador que opera en función de una máxima propia: no tomar decisiones ni muy temprano ni muy tarde