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CONDOLEEZZA RICE Y COLIN POWELL
La
decisión del presidente George W. Bush sobre Irak tuvo que optar entre las dos
posturas excluyentes: la línea de los halcones encabezada por la consejera de
seguridad nacional Condoleezza Rice y la propuesta de las palomas del secretario
de Estado Colin Powell, las dos con enfoques diferentes respecto a Irak, los dos
personas de color, los dos con posibilidades electorales que miran hacia la Casa
Blanca.
Así, la política exterior de Bush pasa justamente por dos personas disímbolas en
enfoques pero orientadas hacia un mismo objetivo: saldar la cuenta Irakí
pendiente. Los dos, Rice y Powell, tuvieron relación directa con el gobierno de
George Bush en 1992 y con la Operación Tormenta del Desierto: Rice como analista
de asuntos soviéticos y Powell como jefe del Estado Mayor conjunto.
En sendas entregas, la revista Newyorker hizo perfiles completos sobre cada uno
de ellos. En esos retratos se presenta, a su vez, la percepción del presidente
Bush Jr. hacia cada uno de ellos. Los perfiles muestran el carácter de los dos.
Y en los textos se revela que hay corrientes que impulsan a Rice como candidata
a vicepresidente de Bush en el 2004 y a la presidencia en el 2008, en tanto que
Powell insiste en seguir su carrera hacia la Presidencia de EU.
1.-
Rice, una Kissinger
En su retrato de Rice, Nicholas Lemann indaga la historia de una mujer ajena a
los conflictos del color y de las luchas por los derechos civiles. Estudiosa de
música, Rice resultó una niña prodigio que hizo su primer concierto de chelo
cuando tenía cuatro años de edad, además de haber destacado en la danza. Cuando
se siente presionada por los conflictos, Rice se distrae tocando el piano.
Mujer endurecida de carácter, no vacila en optar por la línea dura. Rice está
convencida del poderío norteamericano. “De su oficina salió un importante
documento sobre la estrategia de seguridad nacional donde dice que hay un modelo
sustentable para el éxito de las naciones: Estados Unidos. Saluda el poder sin
precedentes de Washington y dice que somos lo suficientemente fuertes como para
disuadir a nuestros adversarios de construir o sobrepasar a EU”.
Rice opina que Estados Unidos “no dudará en actuar solo ni en ejercer el derecho
de la autodefensa prioritaria si es necesario”. A partir de este criterio ha
sustentado su línea de ataque sobre Irak, a quien considera una “nación
pilla,
tunante”. Y su criterio es directo: las naciones que apoyan el terrorismo no son
democráticas.
Para Rice, Irak es un régimen brutal por sus ataques y atentados. Y dentro de la
Casa Blanca ha sido partidaria de la tesis de no dejar que “los peligros se
junten”. Se refiere a la posibilidad de una alianza entre Saddam Hussein y los
dirigentes de Al Qaeda.
La consejera de seguridad nacional de la Casa Blanca forma parte del primer
equipo de Bush Jr. Rice fue reclutada en 1984, en una cena en Washington, por
Brent Scowcroft, quien sería consejero de seguridad nacional del gobierno de
Bush padre. Scowcroft la introdujo en el ambiente social de la política de
Washington. Y en 1989 Rice se incorporó al CSN como encargada de los asuntos
soviéticos.
Más tarde, Rice fue impulsada por George Shultz, secretario del Tesoro y luego
secretario de Estado de Reagan. De ahí se ligó a los equipos de George W. Bush.
“Condi tiene mucho qué decir”, le dijo Shultz a Bush Jr. y en 1999 se convirtió
en la jefa del equipo exterior del entonces candidato presidencial.
Rice, escribe Lemann, tiene un don para hablar, exponer con detalle, es sólida
en sus argumentos, impecablemente preparada y organizada, expone de manera
sencilla y clara. Comienza sus presentaciones con la misma frase: “¿cuáles son
los intereses de Estados Unidos?”.
El papel de
Rice en el equipo de Bush Jr. va más allá de cualquier otro consejero. Algunos
analistas la equiparan con Henry Kissinger en el primer gobierno de Nixon, sólo
que “no se exhibe ni alardea”. Se reúne con el presidente todos los días, habla
con él a lo largo de la jornada de trabajo, comparte la pasión por el fútbol y
pasa con Bush mucho tiempo fuera de las horas de trabajo y cuando nadie ve al
presidente. “¿qué tanto hablan?”, se preguntan intrigados en los pasillos de la
Casa Blanca.
Nacida en 1954 en una población de derechos restringidos a la población de
color, Rice no quedó marcada. Le gusta defender sus espacios pero en función de
capacidad intelectual. Lemann revela uno de los principios de Rice: “el
individuo puede triunfar sobre todas las limitaciones y no hay que pedir nada
sobre criterios raciales o quejarse del racismo”. El mundo, para ella, es de
lucha.
Especialista en relaciones internacionales, sus aprendizajes vienen de anécdotas
del poder. Y gusta aplicar la táctica Stalin: “se va a la derecha aislando a la
izquierda, luego a la inversa, para después regresar a la derecha sin tener
enemigos al frente”. Rice se formó como analista en el CSN justo en los años del
desmoronamiento de la Unión Soviética.
Rice es una luchadora. En la academia destacó en Stanford aunque se sintió
subestimada. Pero llegó a ser la número 2 de la Universidad. De mano dura, cortó
el presupuesto en 10 millones de dólares y no se conmovió ante ninguna de las
protestas ni ante las huelgas de hambre. “Yo no tengo hambre. Y no soy la que no
está comiendo”.
Luego entró al ámbito de la iniciativa privada. Shultz la sentó en la mesa
directiva de la Chevron -empresa petrolera, hoy que el conflicto de Irak huele a
petróleo- y de ahí se conectó a Schawb y Transamerica. Por eso se siente una
triunfadora. Y aunque no alardea, le gusta señalarlo. Lemann cuenta una anécdota
de Rice en una joyería en la que la trataron mal por ser de color. “Pero yo
estoy de este lado porque pude hacer más y usted está detrás del mostrador
ganando 6 dólares la hora”, le dijo al dependiente.
Bush y Rice se refuerzan, dice Lemann. Y tiene futuro. Hay un fuerte rumor en
Stanford, dice el biógrafo, que dice que Rice podría ser vicepresidente de Bush
Jr. en el 2004 y buscar la nominación presidencial en el 2008. Pero Rice dice
que no, que el vicepresidente será Dick Chenney. Sin embargo, su papel en el
equipo presidencial no se agotará pronto.
2.-
Powell, el blando
A
diferencia de la dura Rice que viene de la academia, Colin Powell es una paloma
que viste uniforme militar. “La fuerza militar debe usarse para lograr un
objetivo militar específico, ligado al logro de un propósito político o alguna
meta”, dice la doctrina Powell que el secretario de Estado de Bush Jr. ha
popularizado.
Formado en el ejército, con una maestría de la Universidad George Washington,
Powell se benefició con una beca en la Casa Blanca y ahí se relacionó con el
equipo de los duros de Reagan: Caspar Weinberger y Frank Carlucci. Ahí, dice
Henry Louis Gates en su texto de Newyorker, Powell aprendió dos máximas: “no
sabes lo que puedes obtener hasta que tratas” y “nunca te pelees con la gente
que compra tinta del mismo barril”.
El escándalo Irán-Contras despedazó al consejo de seguridad nacional de Reagan
pero facilitó los ascensos de Powell. Estratega militar, ha sabido aplicar las
tácticas castrenses a la lucha burocrática por el poder. “La clave está en no
tomar decisiones rápidas sino oportunas”.
Powell dice que aplica su fórmula sobre el timing para la toma de decisiones:
“P=40 a 70”, donde P es la probabilidad del éxito y los números indican el
porcentaje de información adquirida. “No actúo si no tengo suficiente
información para darme un 40 por ciento de posibilidades de estar en lo
correcto. Y no espero hasta que tengo suficientes hechos para estar 100 por
ciento seguro de estar bien porque para ese momento ya sería demasiado tarde”.
Así, Powell toma las decisiones en el rango de 40 a 70 por ciento de las
posibilidades de éxito.
En 1989, el hoy vicepresidente Dick Cheney proyectó a Powell hacia la junta de
jefes de estado mayor, la jefatura operativa máxima del poder militar de EU.
“Nunca lo lamentaron”. Powell era entonces demócrata pero le fue leal a
Reagan.
Powell parecería a veces más marcado que Rice sobre el color de su piel, aunque
en Washington lo consideran “el negro bueno de los blancos”. El reverendo Jesse
Jackson, que mantiene una rivalidad con él, dice que “la derecha blanca puede
confiar en Powell”. “Para los líderes blancos, Powell está bien porque es un
militar negro, con el pelo bien cortado y se convierte en algo muy bueno para
vender y promover”.
Formado militarmente en la guerra de Vietnam, Powell combatió ahí en 1968 -el
año de las protestas contra esa guerra absurda- y llegó a ser jefe de
operaciones. Reagan le autografió una fotografía presidencial con la siguiente
dedicatoria: “si tú lo dices, Colin, debe ser correcto”.
Colin, dice un ex secretario de Defensa, no es un hombre excepcional. “Hay
muchos negros generales como él, pero Powell es listo y competente. Es visible
para los republicanos y ahora los republicanos están en el poder”.
Powell se enfrenta por segunda vez a Hussein e Irak. Pero lo culpan de haberlo
dejado políticamente vivo en la Guerra del Golfo y el Irakí se pudo sobreponer a
la derrota militar por la invasión de Kuwait y se volvió a convertir en una
amenaza para EU.
A diferencia de una Rice dura y de iniciativas, Powell se presenta como un
negociador que opera en función de una máxima propia: no tomar decisiones ni muy
temprano ni muy tarde
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