|
Enviado a el web Islam y Al-Andalus por:
mujeresdenegromdp@yahoo.com.ar
La matanza comenzó a las seis de la tarde del jueves 16 de
septiembre de 1982, cuando el ejército israelí facilitó el ingreso
de más de 300 elementos de las milicias derechistas, Fuerzas
Libanesas, al área de los campamentos de Sabra y Chatila en una
operación que, según alegara más tarde Tel-Aviv, pretendía eliminar
unos dos mil combatientes palestinos que Arafat había dejado atrás
en los campamentos de refugiados. Esos alegatos eran totalmente
infundados.
La masacre prosiguió hasta las ocho de la mañana del sábado 18 de
septiembre, o sea más de 36 horas de asesinatos en medio del total,
absoluto y hermético silencio de Israel.
Después de 21 años aún se mantiene la incógnita en torno al número
exacto de víctimas civiles de aquella matanza y lo más probable es
que nunca se sepa, ya que los estimados de los aparatos israelíes de
inteligencia militar calculan una cifra de entre 700 a 800
palestinos ultimados durante la criminal acción. Mientras fuentes
palestinas estiman la muerte de varios miles, entre ellos niños,
mujeres, incluso embarazadas, y ancianos que fueron vejados de las
peores maneras y algunos apuñalados, pasados por las bayonetas y
destrozados antes o después de ser asesinados.
Según informes de periodistas que llegaron al lugar pocas horas
después también hubo masivas y sumarias ejecuciones de jóvenes.
Un testigo directo, el periodista estadounidense Thomas Fredman, del
diario The New York Times, dij;He visto frecuentemente grupos de
jóvenes en la edad de entre veinte y treinta años que fueron
alineados junto a las paredes, atados de manos y pies y exterminados
a posteriori con ráfagas de ametralladoras al estilo de las bandas
profesionales de gangsters.
Todas las versiones confirman que los ejecutores de esta carnicería
eran miembros de la falange Fuerzas Libanesas, una milicia armada
por Israel y que constituyó el más fiel aliado de Tel Aviv desde el
desencadenamiento de la Guerra Civil en El Líbano, en 1975. Sin
embargo, hay que señalar que esos actos criminales fueron llevados a
cabo en una zona bajo el total control del ejército israelí, que
incluso tenía establecido un puesto de mando en la azotea de un
edificio a 200 metros al sudoeste del campamento de Chatila.
La operación de irrupción comenzó mientras el ejército israelí, que
cercó ambos campamentos, impedía la entrada y salida de ellos y
lanzaba proyectiles de iluminación nocturna para facilitar la tarea
de las milicias. Los soldados sionistas ofrecieron ayuda a las
milicias maronitas durante la matanza.
Las informaciones sobre la masacre comenzaron a filtrarse después de
la huída de varios niños y mujeres hacia el Hospital Acre en
Chatila,
donde informaron a los médicos de lo ocurrido, mientras las noticias
al respecto llegaron a los periodistas extranjeros en la mañana del
viernes 17.
De las 20 mil personas que se encontraban dentro de esos dos
campamentos en el momento en que comenzó la carnicería,
3.097hombres, mujeres y niños fueron asesinados en menos de dos
días. De ellos, 1.800 fueron ultimados en las calles y callejuelas,
1.097 en el Hospital Gaza y otros 400 en el Hospital Acre. Entre los
cadáveres se encontraron más de 136 libaneses. (Nota del Editor.-No
obstante, otras fuentes estiman que la cifra exacta de víctimas
jamás será conocida, pues otros varios cientos de palestinos fueron
masacrados sin poder registrarse oficialmente su deceso.)
Menahem Begin, el entonces Primer Ministro israelí, en su comentario
sobre la masacre ante el Knesset expresó que los miembros de la
Resistencia palestina eran; animales que caminaban sobre sus dos
patas; mientras un oficial falangista declaró después de la noticia
de los sucesos que; las espadas y fusiles de los cristianos
perseguirían a los palestinos por donde fueran y acabarían con ellos
definitivamente.
Otro oficial declaró a un corresponsal norteamericano; hemos
esperado mucho tiempo para poder entrar en los campamentos del Oeste
de Beirut, los israelíes nos han seleccionado porque somos mejores
que ellos en ese tipo de operaciones de casa en casa; y cuando el
periodista le preguntó si se habían tomado prisioneros respondió
que; en ese tipo de operaciones no se tomado prisioneros. Radio
Londres a través de su corresponsal transmitió que mientras duraron
los actos de matanza los soldados israelíes cerraban con tanques los
campamentos y disparaban contra todo lo que se movía.
La creación de la Comisión Kahan
Con la divulgación de la noticia de la masacre y su repercusión en
todas las capitales del mundo, Israel estuvo obligada a crear la
Comisión encabezada por el presidente del Tribunal Supremo, Isaac
Kahan, para investigar los hechos. El Consejo de Ministros determinó
que la Comisión reuniera las verdades y los elementos relacionados
con los actos salvajes cometidos por una unidad de las, Fuerzas
Libanesas, contra los civiles en los campamentos de Sabra y Chatila.
De ese modo, la investigación culpaba a las Fuerzas Libanesas como
único responsable de la matanza y con lo que se descartaba la
participación directa de Israel.
También se señaló la participación de otros grupos como las fuerzas
de Saad Hadad, entonces Jefe del Ejército Libanés en el Sur, creado
por Israel.
Los resultados de la investigación tenían que aparecer de modo tal
que a Israel solo se le culpara por, negligencia o error de
apreciación.
Los demás informes sionistas e incluso libros editados en Israel no
dejaron de mencionar nombres de altos dirigentes falangistas y de
las Fuerzas Libanesas, como Elias Houbeika, Fady Efram y otros,
culpándolos totalmente de la planificación de la matanza y de dar
las órdenes de ejecuciones masivas. Sin embargo a dirigentes
sionistas como Ariel Sharon, ministro de Defensa en aquel entonces,
y a Amir Doury, Jefe Militar de la Región Norte, sólo se les culpó
de haber participado en reuniones donde se discutió el tema del
ingreso de militares falangistas a ambos campamentos para darle
participación en el control de Beirut Oeste.
Los resultados de las investigaciones de la Comisión Kahan.
En febrero de 1983, la Comisión Investigadora israelí encargada de
indagar la realidad de los hechos ocurridos en Sabra y Chatila, una
entidad independiente, integrada por tres miembros y conocida como
la Comisión Kahan, incluyó en los resultados de su investigación el
nombre del entonces ministro, Ariel Sharon, como una de las personas
que asumen responsabilidad personal, en los hechos ocurridos.
El informe de dicha Comisión refirió en detalles el papel directo
desempeñado por Sharon para permitir a las milicias falangistas
entrar a los campamentos de Sabra y Chatila.
El General Rafael Etan, Jefe del Estado Mayor General del Ejército
Israelí en aquel momento, en su testimonio afirmó que el ingreso de
las milicias falangistas a los campamentos se hizo sobre la base de
un acuerdo entre él y Sharon. Más tarde el ministro de Defensa se
dirigió a la Sede Central de las milicias falangistas donde se
reunió con un grupo de personas, entre ellas varios dirigentes
falangistas. La oficina de Ariel Sharon, un día antes de los
acontecimientos, emitió un documento que contiene un resumen del
ministro de Defensa donde aparece un señalamiento: Para ejecutar la
operación de los dos campamentos hay que enviar a las milicias
falangistas; y agrega dicho documento que las Fuerzas de Defensa
israelíes asumirán la tarea de conducirlas en la zona.
En relación con el alegato del ex ministro Sharon ante la Comisión
Kahan en el sentido de que nadie podía imaginar que las milicias
falangistas iban a cometer una carnicería en los dos campamentos, la
Comisión concluyó que nadie podría justificar la toma imprudente de
una decisión que permitía la posibilidad de una matanza, porque
nadie necesita de mucho raciocinio para pronosticar la gran amenaza
de crímenes que acontecerían en caso de que entrasen milicianos
falangistas a los dos campamentos sin estar acompañados por las
Fuerzas de Defensa de Israel. La Comisión fue aún más allá al
decir
nosotros vemos que cualquier persona involucrada en los
acontecimientos en El Líbano debe dudar y tener presente la gran
posibilidad de una matanza en estos dos campamentos, si se conoce de
que las Falanges Libanesas van a entrar allí sin que las fuerzas
israelíes asuman el control y la real supervisión... y se le agrega
a esto la realidad del odio visceral que albergan los falangistas
contra los palestinos, sobre todo por el gran choque que representó
para ellos la reciente muerte de Bachir Jemayel, presidente libanés
de aquel entonces.
La Comisión Kahan concluyó también que; si realmente el ministro de
Defensa no dudaba, cuando decidió la entrada de las milicias
falangistas a los dos campamentos sin la participación de las
Fuerzas de Defensa israelíes, que tal decisión conduciría a tal
desastre, la única explicación entonces es que él pasó por alto todo
motivo de preocupación respecto a lo que podría ocurrir ya que los
objetivos que pretendía lograr mediante la entrada de los
falangistas a los dos campamentos no lo dejaron tomar las medidas
correspondientes.
La Comisión aclaró que; si la decisión fue tomada sabiendo que
existía el peligro de que la población de ambos campamentos sufriera
daños, no habría que olvidar que existía un compromiso israelí en el
sentido de tomar las medidas adecuadas para garantizar la
supervisión real, efectiva y constante por parte del Ejército sobre
las acciones de las milicias falangistas en el lugar, para impedir
tal amenaza o reducirla hasta el mínimo. No obstante, el ministro de
Defensa no tomó ninguna medida al respecto.
La Comisión finalizó su informe diciendo; Nosotros vemos que el
ministro de seguridad israelí ha cometido un grave error al no tomar
en cuenta el peligro de actos de revancha y derramamiento de sangre
a manos de las milicias falangistas contra la población de estos dos
campamentos.
La última recomendación ofrecida por la Comisión Kahan consiste en
que; el ministro de defensa israelí, Ariel Sharon, sea relevado de
su cargo, y que el primer ministro analice su despido si es
necesario.
|