LA GUERRA DE BUSH               

                       DOS AÑOS DESPUÉS 

                           Le Monde, Editorial

Septiembre 2003

Traducido para Islam y Al-Andalus (zawiya) por: Suleyman Segura.

 

 

  Los ataques del 11 de  Septiembre de 2001 contra el Centro Mundial del Comercio en Nueva York y el Pentágono en Washington D.C. impulsó una ola de solidaridad con los Estadounidenses sin precedente en la historia. El número de víctimas, los métodos empleados, y los símbolos destruidos levantaron sentimientos en todo el mundo. Pocos fueron los que osaron alegrarse del sangriento "castigo" inflijido sobre los más emblemáticos representantes de Occidente.

 

  Dos de años después, los Estados Unidos están en su nivel más bajo. La compasión ha pasado al miedo a que acciones sin recapacitar agraven los problemas y que la lucha contra el terrorismo no sea OTRA COSA  SINO UN INTENTO DE EXTENDER LA HEGEMONÍA ESTADOUNIDENSE.

 

  El Presidente George W. Bush está  convencido de que el mundo civilizado se comprometido en una nueva guerra mundial contra un nuevo Totalitarismo. Esta espíritu de cruzada ha hecho pocos conversos, incluso entre los aliados tradicionales de EE.UU.  El mundo  es más complejo que una sensación dual de vulnerabilidad y omnipotencia como quieren hacernos creer.

 

  La coyuntura del fundamentalismo, las armas de destrucción masiva, y los estados defectuosos seguramente constituyen un  riesgo para democracias. ¿ Deben colocarse los Estados Unidos, de cualquier manera,  a sí mismos como juez y policía del mundo , una tentación recurrente que ha resurgido poderosamente desde el 11 de Septiembre ?

 

  Ahora los resultados de la política llevada a cabo en los últimos dos años, no tienen duda. Ciertamente ni los Estados Unidos ni Europa ha conocido las olas de ataques que Bin Laden y sus emuladores prometieron, gracias, sin duda, a la cooperación entre su policía y servicios de inteligencia, algunas veces al precio de transgresiones sobre libertades públicas. Es en otra parte, en el Maghreb o en el Sudeste Asia donde han atacado los terroristas, quienes afirman con base o no  ser de Bin Laden.

 

  En lo que concierne al jefe de Al-Qaeda, está todavía en libertad, a pesar de la destrucción del estado Taliban que lo guareció en Afganistán. En ese país, el progreso hacia la estabilidad, para no decir nada de democracia, ha sido sumamente débil. En Iraq, el fantasma de Saddam Hussein's continúa  vagabundeando y el país sigue siendo  "el frente central en la guerra contra el terrorismo" (George W. Bush), aunque que la cuestión era que la caída del dictador terminara con las amenazas. La reestructuración democrática del Medio Oriente, presentada como la idea genial de la Presidencia  Bush,  ha visto más retiradas que avances  y el sangriento baño en el conflicto Israelí - Palestino no inspiro mucho optimismo.

 

  Los Estados Unidos solos no pueden  "hacer el mundo más seguro para la democracia" en las palabras de Woodrow Wilson's de 1917. Ellos tienen que escuchar a sus aliados, tomar en cuenta las diferentes situaciones en las que ellos intervienen, respetar las leyes internacionales que ellos sí mismos ayudaron para redactar y aplicar. La  hoja de balance de los dos últimos años resuena a un recordatorio para seguir estos  principios.