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La sociabilidad es fruto del buen carácter mientras que la separación y la
distancia entre los seres humanos derivan del mal carácter, la hosquedad y
las formas hurañas. Quien está adornado de cualidades nobles y generosas
invita espontáneamente a que se trabe amistad con él.
Pero quien siente en su corazón ira, rencor, envidia, quien sea grosero o
introvertido, de ése se aparta la gente. Por eso, el carácter amistoso y
abierto es apreciado en el Islam, que considera el Húsn al-Juluq, la forma
bella de ser y el comportamiento amable, como una de las virtudes que hay
que atender con especial atención y cuidado.
Rasûlullâh (s.a.s.) en cierta ocasión dijo: “Nada pesa tanto en favor del
musulmán el Día de la Resurrección como el Husn al-Júluq, es decir, su
buen carácter”, y también dijo: “El más amado por mí y el más cercano a mí
el Día de la Resurrección serán el de mejor carácter de entre vosotros, y
el que más repugnante me resultará y el que estará más lejos será el de
mal carácter”. En otra ocasión, sus Compañeros le preguntaron qué es lo
que hará entrar a las gentes en el Jardín y él respondió: “El respeto a
Allah y el buen carácter (Taqwà y Husn al-Júluq)”.
En un hadiz, Rasûlullâh (s.a.s.) dijo que Allah (s.w.t.) ha dicho: “Amo a
quienes se aman en Mí; amo a quienes se obsequian entre sí por Mí; amo a
quienes se visitan por Mí”. Con esto, se anima a los musulmanes a trabar
amistad entre sí, pero también hay una condición para esa amistad, y es
que se realice ‘en Allah’ (s.w.t.). Esto significa que deben existir unos
criterios a la hora de escoger amigos, y quien los cumple ama en lo que
Allah (s.w.t.) ama, que es el bien, la rectitud y el desinterés. Por el
contrario, el musulmán debe detestar lo que Allah (s.w.t.) detesta, de
modo que le resulte repugnante lo que es desagradable para Allah, (s.w.t.)
y que es el mal, la falsedad y el egoísmo.
Según lo anterior debes amar a los musulmanes por su Islam y debes
detestar sus errores. Por el contrario, debes detestar al kâfir por su
kufr, pero valorar sus bondades. En cualquier caso, hay que escoger para
la intimidad y la amistad a quien cumpla las mejores condiciones, para que
su bien redunde en tu favor y seas de las gentes a las que Allah (s.w.t.)
ama. Rasûlullâh (s.a.s.) dijo: “La persona sigue la senda de aquél a quien
acompaña. Que cada uno de vosotros observe atentamente a quien acompaña”.
No toda persona es adecuada para tu compañía. Tu amigo debe estar
revestido por cualidades que te hagan desear su compañía. Lo que el común
de los hombres valora en otro es su simpatía, o su poder o su riqueza.
Pero aquí tenemos que hablar de otros valores, y son aquellos que estiman
quienes buscan en realidad a Allah (s.w.t.). Se ha dicho que el verdadero
amigo debe cumplir cinco condiciones: que sea razonable, que tenga buen
carácter, que no sea perverso ni se aparte del Islam ni ambicione
conquistar el mundo.
Que sea razonable (‘âqil) quiere decir que tenga inteligencia, pues la
inteligencia es el verdadero capital del ser humano. Debe evitarse la
compañía del tonto, que si quiere hacerte un bien te daña. Dotado de
inteligencia es el que comprende las cosas tal como son o, al menos, el
que, si se le explican las cosas, las entiende.
Que tenga buen carácter (Husn al-Júluq), pues muchos inteligentes son
hoscos y huraños y no valen para la compañía. Muchos inteligentes son
vencidos por la ira o el rencor, y obedecen a sus inclinaciones más bajas, a
pesar de estar en posesión de un gran entendimiento.
Que no sea perverso, y perverso (fâsiq) es el que no respeta a Allah (s.w.t.).
Quien no tiene la Taquwa de Allah (s.w.t.) no tiene límites para su
avidez, ni para su falsedad, ni para su vileza, y no puedes confiar en él
ni echar cuenta a sus palabras.
Que no se aparte del Islam, que no sea un mubtadi‘, un ‘innovador’ que se
invente el Islam y te confunda, pues quien se engaña a sí mismo no dudará
en engañarte.
Y por último, que no ambicione conquistar el mundo, pues pasará por encima
de ti para alcanzar lo que desea, y te traicionará cuando menos te lo
esperes.
‘Omar ibn al-Jattâb (r.a.a.) dijo: “Vive bajo los auspicios de los amigos
de la sinceridad, que son adorno en la abundancia y provisión en la
desgracia. Pon por delante a tu amigo, para que no dude en auxiliarte
cuando lo necesites, y abandona a tu enemigo. Pero guárdate de tus amigos,
salvo del digno de tu confianza, y no hay nadie más digno de confianza que
el que tiene la Taqwa de Allah. No acompañes al perverso, porque
aprenderás sus perversidades, y no le descubras tu secreto. Consulta para
todo lo que te interese a quienes aman a Allah (s.w.t.), pues ellos sabrán
aconsejarte”.
El musulmán es sociable por naturaleza, y hace amigos por naturaleza. Su
buen carácter, si es un musulmán sincero, lo hace todo por él, y la
amistad no nace entonces de un esfuerzo fingido ni ninguna artificialidad.
Allah (s.w.t.) ama el buen carácter del musulmán, por eso debemos
alimentar en nosotros lo que hay de mejor en nuestros corazones, y ello
nos abre a la gente, y facilita las relaciones amistosas, y es un elemento
importante en la constitución de la Umma. La Comunidad la construimos
entre nosotros, es el resultado de nuestros esfuerzos y de lo que somos y
de cómo somos. Cada cual tiene el ‘mundo’ que corresponde a su forma y a
su naturaleza más íntimas. Busquemos hacer habitable nuestro universo, y
para ello tenemos un puntal en la sensatez de los sabios del Islam.
Allhamdullillah, Allhamdullillah, Allhamdullillah
Al igual que tenemos derecho a elegir nuestros amigos, nuestros amigos
tienen derechos que debemos respetar:
Auxiliarles y ayudarles en sus necesidades. En primer lugar, las que
expresen; y, en segundo lugar, incluso las que no expresen. E, incluso,
poner por delante sus necesidades a las nuestras, en una progresión que
madura con la amistad y con el conocimiento de la Generosidad de Allah (s.w.t.).
Quien descubre lo Generoso que Allah (s.w.t.) es para con él, no es avaro
ni remiso con sus amigos.
Tu amigo tiene derecho a que hables a veces y que calles en otras
ocasiones. En realidad, la lengua es la principal anuladora de amistades,
y controlarla con justicia es un arte que escapa a la mayoría. Debes
hablar cuando de tus palabras resulte un bien y debes callar cuando de tus
palabras se derive un mal. Un defecto de tu amigo puede merecer una
censura si va a servir de algo, pero debes callar si lo único que puedes
hacer es molestarlo. Evita desconfiar o sospechar de él. No lo insultes,
ni lo calumnies. En cualquier caso, los secretos que te comunique, tenlos
por algo sagrado.
Pide a Allah (s.w.t.) por tu amigo, en vida y tras su muerte, no
permitiéndote el olvidarlo en tus invocaciones. En una ocasión, Rasûlullâh
(s.a.s.) dijo: “Las palabras de quien ruega a Allah en favor de su hermano
en la intimidad, no dejan de tener respuesta. Junto al que invoca hay un
mala´ika que escucha, y cuando lo hace en favor de un hermano, el
mala´ika
le dice: ‘Sea lo que pides, y para ti otro tanto’...”. En otra ocasión,
Rasûlullâh (s.a.s.) dijo: “Cuando uno de vosotros invoca en favor de algún
hermano suyo muerto, un mala´ika se encarga de trasmitírselo, y le dice:
‘¡Oh, solitario habitante de esta tumba! Aquí te traigo el obsequio de un
amigo que te ama’...”.
Tu amigo tiene derecho a tu sinceridad y a tu lealtad, y a que seas
constante en la amistad hacia él hasta la muerte, y esa amistad se
prolongará entonces después de la muerte. La traición, la falsedad, el
fingimiento, la exageración, la artificialidad en la relación, todo esto
es contrario a la lealtad. Y signo de la autenticidad de la lealtad es que
si el prestigio o el poder de tu compañero crecen, que no te hagas servil
ni finjas modestia ante él, al igual que si empobrece o se debilita su
rango, que no seas altanero con él.
Pero has de saber que el límite de la lealtad es el Islam, de modo que si
tu amigo contraviene la Ley Revelada, es decir, si causa un mal, no le
debes fidelidad.
Por último, en esta breve lista de los derechos de tu amigo, es que no te
hagas pesado ni quieras aprovecharte de él ni abuses de su cargo, su
ciencia o su paciencia. No lo agobies con tus problemas ni le exijas por
encima de sus posibilidades. Eres tú quien debe atenderle en la medida en
que te lo permitan las circunstancias.
Quien cumple con lo dicho en esta Jutba posee Husn al-Júluq, una Bella
Naturaleza, haciéndose merecedor de estar junto a Allah (s.w.t.) el Yáum
al-Qiyâma, pues ama lo que Allah ama y detesta lo que Allah (s.w.t.)
detesta, se abre a la creación y construye un mundo mejor.
Du´a.

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