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Hay quien considera que este nombre proviene de la voz “jaque”, hace
del ajedrez que consiste en perseguir y acosar un jugador alguna pieza del
contrario, de donde se llamó así en la novela picaresca, a partir de El
Lazarillo de Tormes, a los pícaros valentones, que desafiaban y perseguían a
cualquiera. También se les denominó “jacos”, “jácaros”,
“jacarandos” y “jarandinos”.
La palabra “jácara” designaba un tipo de romance alegre en que por
lo regular se cuentan hechos de la vida airada, y en lenguaje de germanía, según
palabras de Cotarelo Mori, “se aplicó en un principio a designar el conjunto
de jaques, rufianes o pícaros,
su vida y sus costumbres, o lo que es igual a la picaresca; pero en lo que tenía
de más alegre, ruidoso y menos criminal”; y “jacarandina”, según expresión
de Salillas, “quiere decir junta o reunión de pícaros, lenguaje de pícaros,
engaño de pícaros y música de pícaros”.
Esta voz se considera tomada
del árabe ‘sayj’, ‘viejo, jeque, jefe, patrón, superior’, pero creo
que también podría haberse derivado del participio ‘ sâkk, ‘el que está
bien armado, de pies a cabeza; armado de punta en blanco; matón, pendenciero’
, lo cual equivale a decir ‘el que está perfectamente equipado para emprender
el ataque’ o ‘dispuesto a defenderse ante cualquier peligro’.
Esta segunda etimología la considero más adecuada, no sólo por su semántica,
más propia de la valentónica, sino también por la conservación del sonido a
frente a la e de “jeque”, cuyo étimo es ‘sayj’.
En la lengua castellana se han derivado dos voces de esta misma raíz árabe.
Una de ellas es el sustantivo ‘sâkk`, que dio la palabra “jaco”, el cual,
según Covarrubias, era: “lo mismo que cota... Eran los jacos un vestido
corto, ceñido al cuerpo, muy a propósito para el oficio que avían de hazer
los que en la guerra tenían cuidado y obligación de acudir al servicio del
real, que oy llamamos gastadores”. De “jaco”, más reducido, pasó luego a
ser “jaqueta”, convertida más tarde en la moderna “chaqueta”
(“chaquetilla” o “ chaquetón”) y en el elegante “chaqué”. Así con
los cambios de la moda y de la lengua. Dice Deleito que los hombres de vida
airada solían llevar un coleto de malla o ante, Impenetrable a las hojas de
acero”; su uso llamaba en lenguaje germánico “joco” o “las once mil de
acero” ; su uso estaba prohibido por la autoridad, pero ellos los seguían
usando.
La otra voz sería el participio que dio nombre al “jaque” y vino a
designar a la persona que iba bien pertrechada de estas armas defensivas y
estaba bien dispuesto para la pelea, lo que llegó a convertirlo, por su
arrogancia y seguridad en la victoria, en un ‘valentón’ y un ‘matón’,
siguiendo una ruta desgradante que lo había convertido en un guapo o un rufián.
Es probable que esta raíz árabe esté emparentada
con el persa y tenga relación con la semántica de ‘dar jaque’ o
‘tener bajo el peso de una amenaza’. El carácter del jaque, típicamente
andaluz, se refleja en los siguientes versos de El jaque y el gitano, donde se
manifiesta el antagonismo ancestral de dos castas, y que Rufino Blanco puso como
modelo de versos forzados:
“Dijo un jaque de Jeraz
con su faja y traje majo:
- A todos en
juego atajo
que soy jaque, y de Jerez.
y un gitano que al jaez
aflojaba a un jaco cojo,
cogió con terrible enojo
de esquilar la tijereta
y le dijo:
- Por la teja
Te la encajo si te cojo.
- ¡Nadie
me moja la oreja¡
Dijo el jaque y arrempujo...”
También tuvo derivado “jaquetón”, equivalente a ‘perdonavidas’.
En Andalucía se dice de una mujer que es una “jaquetona”, para elogiarle su
buen porte, su prestancia y su arrogancia.

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