LOS MORISCOS QUE NO SE FUERON
POR ELENA PEZZI
 

LOS JAQUES

 

        Hay quien considera que este nombre proviene de la voz “jaque”, hace del ajedrez que consiste en perseguir y acosar un jugador alguna pieza del contrario, de donde se llamó así en la novela picaresca, a partir de El Lazarillo de Tormes, a los pícaros valentones, que desafiaban y perseguían a cualquiera. También se les denominó “jacos”, “jácaros”, “jacarandos” y “jarandinos”.

          La palabra “jácara” designaba un tipo de romance alegre en que por lo regular se cuentan hechos de la vida airada, y en lenguaje de germanía, según palabras de Cotarelo Mori, “se aplicó en un principio a designar el conjunto de   jaques, rufianes o pícaros, su vida y sus costumbres, o lo que es igual a la picaresca; pero en lo que tenía de más alegre, ruidoso y menos criminal”; y “jacarandina”, según expresión de Salillas, “quiere decir junta o reunión de pícaros, lenguaje de pícaros, engaño de pícaros y música de pícaros”.

            Esta voz se considera  tomada del árabe ‘sayj’, ‘viejo, jeque, jefe, patrón, superior’, pero creo que también podría haberse derivado del participio ‘ sâkk, ‘el que está bien armado, de pies a cabeza; armado de punta en blanco; matón, pendenciero’ , lo cual equivale a decir ‘el que está perfectamente equipado para emprender el ataque’ o ‘dispuesto a defenderse ante cualquier peligro’.

            Esta segunda etimología la considero más adecuada, no sólo por su semántica, más propia de la valentónica, sino también por la conservación del sonido a frente a la e de “jeque”, cuyo étimo es ‘sayj’.

            En la lengua castellana se han derivado dos voces de esta misma raíz árabe. Una de ellas es el sustantivo ‘sâkk`, que dio la palabra “jaco”, el cual, según Covarrubias, era: “lo mismo que cota... Eran los jacos un vestido corto, ceñido al cuerpo, muy a propósito para el oficio que avían de hazer los que en la guerra tenían cuidado y obligación de acudir al servicio del real, que oy llamamos gastadores”. De “jaco”, más reducido, pasó luego a ser “jaqueta”, convertida más tarde en la moderna “chaqueta” (“chaquetilla” o “ chaquetón”) y en el elegante “chaqué”. Así con los cambios de la moda y de la lengua. Dice Deleito que los hombres de vida airada solían llevar un coleto de malla o ante, Impenetrable a las hojas de acero”; su uso llamaba en lenguaje germánico “joco” o “las once mil de acero” ; su uso estaba prohibido por la autoridad, pero ellos los seguían usando.

           La otra voz sería el participio que dio nombre al “jaque” y vino a designar a la persona que iba bien pertrechada de estas armas defensivas y estaba bien dispuesto para la pelea, lo que llegó a convertirlo, por su arrogancia y seguridad en la victoria, en un ‘valentón’ y un ‘matón’, siguiendo una ruta desgradante que lo había convertido en un guapo o un rufián. Es probable que esta raíz árabe esté emparentada  con el persa y tenga relación con la semántica de ‘dar jaque’ o ‘tener bajo el peso de una amenaza’. El carácter del jaque, típicamente andaluz, se refleja en los siguientes versos de El jaque y el gitano, donde se manifiesta el antagonismo ancestral de dos castas, y que Rufino Blanco puso como modelo de versos forzados:

          “Dijo un jaque de Jeraz

        con su faja y traje majo:

         -  A todos en juego atajo

         que soy jaque, y de Jerez.

         y un gitano  que al jaez

         aflojaba a un jaco cojo,

         cogió con terrible enojo

        de  esquilar la tijereta

        y le dijo:

        -  Por la teja

        Te la encajo si te cojo.

         -   ¡Nadie me moja la oreja¡

         Dijo el jaque y arrempujo...”

           También tuvo derivado “jaquetón”, equivalente a ‘perdonavidas’. En Andalucía se dice de una mujer que es una “jaquetona”, para elogiarle su buen porte, su prestancia y su arrogancia.