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LA SHAHÂDA
En
principio, lo que todos sabemos sobre la shahâda
es que es el acto por el cual una persona se reconoce a sí misma como
musulmana. En general, la palabra shahâda se suele traducir como testimonio o
bien se podría traducir como certificación, realmente es un acto en el que se
certifica algo. ¿Qué es la shahâda realmente? Mucha gente se imagina que es
“la conversión al Islam, el bautismo de los musulmanes”. Esto del
“Bautismo musulmán” presupondría en el Islam una serie de elementos de los
que carece por completo; en el Islam no existe ningún sacramento, por lo tanto
la shahâda no puede ser un Bautismo ni es un acto sacramental, ni ocurre nada
especial, ni es un rito mágico, sino que es un acto absolutamente sencillo en
el cual una persona se presenta a sí misma y al resto de los musulmanes como
musulmana. En el Corán se dice que ningún musulmán se debe negar a ser
testigo, es decir, cuando se requiere la presencia de un musulmán como testigo
en cualquier tipo de acto, un musulmán no debe negarse, lo que tiene es que dar
fe del acto que sucede, no hay mayor compromiso para esa persona, y nadie debe
negarse a cumplir esa acción. Cuando una persona decide hacer la shahâda lo único
que hace es comprometer a los musulmanes a ser testigos de ese acto. Esto quiere
decir que nadie lo acepta en al Islam, nadie lo convierte al Islam, no existe la
figura de un sacerdote que haga que esa persona de la noche a la mañana sea una
cosa rara o especial, ni nada de eso, sino que simplemente la comunidad está
comprobando que esa persona es uno de los musulmanes. La comunidad va a dar fe
de que esa persona se ha reconocido como musulmana y lo ha dicho en público, en
dos frases. Es decir la shahâda es simplemente eso; no existe ningún tipo de
consagración de nada, sino simplemente un acto social en el cual una persona se
presenta a sí misma como musulmana y los demás se prestan a ser testigos.
Ahora
bien, ese acto de la shahâda es tremendamente importante y es de lo que tenemos
que hablar aquí , sin que quede confusión en que la shahâda en sí no es ningún
ritual, ningún acto litúrgico que pueda ser homologado a ningún tipo de
bautismo, ni conversión ni nada de eso. Si no que simplemente es un acto social
abierto a la gente en el que, como explica la shari‘a, debe haber dos testigos
como mínimo, cuantos más mejor porque es un acto por el cual una persona se
adhiere a la comunidad musulmana, eso es formalmente la shahâda.
Pero
la shahâda es muchísimo más y tiene unas significaciones tremendas.
Tremendas, porque las recoge precisamente de esa sencillez en la que consiste:
si la shahâda fuese un acto complicado, seguramente tendría poca repercusión
y poco significado. Es precisamente gracias a su sencillez absoluta por lo que
puede poseer unas connotaciones y unas significaciones y unos alcances
infinitos, que es de lo que vamos a hablar aquí.
Rasûlullâh
(s.a.s.) enseñaba que todo tiene una puerta, es decir, que todo necesita un
primer paso, un acto de intención, un acto de voluntad con el cual tú mismo te
sitúas ante lo que puede ser. Es, pues, una elección personal: tu eliges
cuando te declaras musulmán introducirte dentro del Islam, practicar el Islam y
reconducirte hacia donde el Islam te oriente; eso tiene un acto primero en el
cual tú condensas tu aspiración, es sólo un gesto, pero esencial. Eso es la
shahâda. Por lo tanto, la shahâda es un acto de entrada, de iniciación; te
inicias a través de esa puerta en el Islam, no entras por las ventanas, sino
justamente por donde se debe hacer que es por un acto de ni‘a, de intención.
Por lo tanto, la shahâda fundamentalmente es un acto en el cual nosotros nos
ponemos serios con nosotros mismos y fijamos para nuestra propia memoria ese
instante en el cual empezamos de forma rigurosa el seguimiento de la vía de
Muhammad (s.a.s.). Así pues, la shahâda va a tener esta dimensión inaugural
que es tremendamente importante, es decir, es una toma de conciencia de la
importancia de empezar en una vía, una senda. Esto es la shahâda, eso es el
“acto de iniciación”: no tiene mayor misterio porque cualquier adorno en
torno a eso no haría más que esconder la cuestión y la cuestión es el deseo
de iniciarse dentro de una senda. Cualquier tipo de ritual en torno a eso no
hace más que confundir, estorbar. El Islam busca siempre en todo lo más
sencillo, por eso no hay ningún ritual en torno a la shahâda, es simplemente
la expresión del deseo poniéndose más dentro de lo que es lo humano,
utilizando el lenguaje, porque con el lenguaje tú expresas aquello que tú
tienes en la conciencia, le das una forma, te lo aclaras a ti mismo, y a partir
de entonces es posible una decisión y emprender un camino. Cualquier otra cosa
es ocultar aquello que es absolutamente básico, llano y sencillo, como es el
Islam. Desde este punto de vista se convierte, la shahâda en un acto válido;
una sincera declaración de intenciones es suficiente para que el acto sea válido,
ahí está la fuerza de la shahada. No niego que cualquier acto teatral en torno a eso ayude a
hacer del acto algo más -socialmente- cohesionador, algo más hermoso, y en
este sentido puede servir -más o menos-, ya depende de las circunstancias del
contexto cultural, pero fundamentalmente el hecho radical es aquel al que se
dirige el Islam desde el principio, a saber, a la desnudez de la voluntad humana
que se propone algo, y en este caso ¿qué es lo que se propone? Con el Islam se
propone ni más ni menos que fluir con Allah, fluir con la Verdad, fluir con el
que te ha creado, esto es lo que significa literalmente la palabra Islam, no
significa ninguna otra cosa más. Por tanto, volvemos a insistir en la desnudez,
en lo simple, en lo sencillo que no tiene ningún tipo de edulcorante, nada más
se le añade, es simplemente ese acto en el cual tú te hermanas porque el Islam
es una gran fraternidad, te hermanas con otras gentes dentro de un mismo
proyecto, ¿Cuál es ese proyecto, también tremendamente simple, sencillo y
llano? El sometimiento progresivo del mu’min
a la realidad. Todo va a ser en el Islam redundar constantemente en eso que
es básico, simple, llano, sencillo, asequible, comprensible. Y la shahâda
consiste pues en lo que debe consistir en palabras, en cosas que tú dices, que
tú expresas y que traducen realmente esa necesidad de expresión de los
sentimientos que es la palabra humana... , la fórmula de la shahâda, es:
lâ ilaha illa Allah, wa anna Muhammad rasûlullah, dos frases; quien dice estas
dos frases delante de dos testigos musulmanes inmediatamente ya es considerado
por la Umma, por la nación musulmana, como uno más de sus miembros y con eso
se acabó de cumplir con el primer pilar del Islam. ¿Quién debe cumplir con
este primer pilar del Islam?... porque este pilar del Islam no atañe a todo el
mundo, por ejemplo cualquier criatura que no haya sido convertida a ninguna
religión no le hace falta decir esto para ser musulmana. Lo es en aplicación
del hadiz de Rasûlullâh (s.a.s.) en el cual dice, todo ser humano, todo recién
nacido está en la fitra, de naturaleza primordial. El Islam no es más que la
recuperación de eso, de esa simpleza, de esa espontaneidad de lo primigenio.
Por lo tanto, a la hora de aplicarlo dentro de la shari`a, del fiqh, toda
criatura que no haya sido bautizada es musulmana, es lo que se ha dicho también
de toda la vida aquí, en Andalucía, todo el que no se ha bautizado se “ha
quedado moro”.
Hasta
lo dicho, la shahada como pilar; pero también se podía hablar de la shahada
como práctica islámica diaria, y en este caso, es algo mucho más intenso,
porque es -ni más ni menos- que lo que no dejan de decir los musulmanes
constantemente con sus vidas porque es el detonante de toda la espiritualidad
dentro del Islam, estas dos sencillísimas frases, que recordemos que dicho en público,
ante gente, hace que esa persona sea considerada musulmana. No se ha convertido
a nada, no ha sufrido ningún tipo de ritual, sino que simplemente ha hecho un
gesto social por el cual se integra en el seno de la nación de Muhammad (s.a.s.).
Al
conjunto de estas dos frases en árabe se les llama kálimat al-ijlás o kálimat
at-tawhíd, la palabra de la sinceridad o la palabra de la unidad, porque la
sinceridad es lo más desnudo, la sinceridad es lo más puro, y se le llama
palabra porque realmente todo es una sola palabra, aunque sean varias palabras
en árabe, en el Islam se considera que todas esas palabras forman una palabra:
“No hay más verdad que Allah, Muhammad es el mensajero de Allah” es una
misma palabra, es lo mismo, cada palabra de esas está significando el total del
conjunto de esas dos frases que significa que Allah es la meta del ser humano,
allí a donde nos conduce la muerte, nuestro origen y lo que soporta nuestra
existencia en cada momento, eso es lo que como Muhammad (s.a.s.) expresamos en
cada momento, aquello de lo que somos mensaje cada uno de nosotros, esto es lo
que significa la shahada. El que descubre eso, el que la esencia de la realidad
es la verdad creadora y vertebradora de todo, es lo inconcebible, el entramado
de la existencia entera, nosotros no somos otra cosa más que su forma de
aparecer su palabra, su modo de expresarse; eso es el Islam. Y por tanto en
tanto que manifestación, que traducción, que palabra de esa verdad subyacente
absolutamente en todo, en todo momento estamos siendo musulmanes. Realmente lo
que descubrimos con la shahada es lo que somos. Y simplemente se trata de ir
retirando todos los velos que nos han ido desviando de lo que realmente debemos
ser: musulmanes. Es decir, gente que fluye con la existencia, con la vida, con
cada momento como se nos va presentando. Quien realmente saborea lo que eso
significa, aquel que ha dejado de estar apartado de sí mismo (de su esencia, de
Allah, de su Creador, de su Verdad) es el musulmán. Por lo tanto, en el momento
de la shahada lo único que hace uno es proponérselo y hacerlo con un acto
firme. Lo importante es el momento rupturista en el cual se pronuncia la shahada;
depende de las personas, el que cada uno lo haga con mayor o menor intensidad,
pero evidentemente lo importante es que se ha producido algo, y eso es lo que
hace que la shahada tenga una dimensión extraordinaria. Por poca que sea la
intención que se ponga en el acto de la shahada, tiene la fuerza para
introducirte dentro del universo del Islam.
Una
cosa muy importante, los musulmanes no se pueden negar a aceptar como musulmán
a nadie, es decir los testigos son testigos, no son jueces. Y por lo tanto jamás
se puede decir a nadie que no puede hacer la shahada. Bajo ninguna razón se
admite este comportamiento. Una cosa es la comunidad a la que pertenece una
gente -que puede tener el grado de apertura al exterior que le apetezca a sus
miembros- y otra cosa es el Islam que está absolutamente abierto, que pertenece
a Allah, nosotros sólo somos testigos de la voluntad de una persona, de su
seriedad, de su sinceridad con Allah; así que la shahada
es algo entre ellos; no nos incumbe a nosotros más que dar fe de que se ha
producido el acto. Intentar juzgar la validez de una shahada es meternos en el
terreno de Allah, eso es ser inquisición, ser Iglesia, lo que no existe en el
Islam ni lo que debe darse. Por lo tanto la shahada es un acto espontáneo
suceda como suceda, y allí eso queda en manos de Allah. Como comunidad lo único
que podemos hacer es lo que hacía Rasûlullâh (s.a.s.), que era aceptar a todo
el mundo, sin meternos en el corazón de nadie, no podemos juzgar para nada a
quien hace la shahada. La fuerza que tiene el acto en sí depende de la
interioridad, del espíritu de esa persona, pero la validez es su simple
realización.
Todo
esto es muy importante porque va a diseñar lo que el Islam quiere como
comunidad: no una comunidad de gente que esté siempre vigilándose entre sí, a
ver quién es sincero y quien es hipócrita o quien es esto o quien es lo otro,
los musulmanes somos hermanos y ya está. Ser hermanos no es ser amigos, es algo
que nos une más allá de lo que puede ser la amistad, es algo mucho más
visceral, de mucho más adentro, eso es lo que es realmente importante.
La
shahada es por lo tanto interiorizar lo que significan esas palabras a la vez
que se expresan públicamente; es decir, ser lo que es la Creación entera,
sostenida por el Uno Único interiormente y pura ebullición y pura exuberancia.
Cuando tu pronuncias la shahada estás haciendo el mismo acto por el que surgió
el mundo; los sufíes nos van a enseñar que la shahada lo que de verdad
significa la shahada es todo lo que existe, es decir, que todo lo que existe no
deja de decir lâ ilaha illa Allah, Muhammad rasûlullâh. Los sufíes dicen la
shahada la llevan todos los seres escritos en la frente, eso lo que es la
existencia, el acto de la shahada no es más que descubrir que eso es así y es
empezar a ser lo que uno es y empezar por una vía, esto es lo importante a otro
nivel ¿por qué es importante el acto comunitario, el acto social? porque si no
el retraimiento, es decir el quedarse fuera de lo que es la expresión de lo que
significa eso te hace perder una de las dimensiones fundamentales de lo que es
el ser humano: el Islam no es solitario es comunitario y eso es fundamental,
porque el ser humano lo es. Negarse al hecho comunitario, negarse al hecho
civilizador es negarse al hecho humano también; el ser humano no es pura
espiritualidad sino que es también comunidad y fundamentalmente por esta razón
es en la comunidad donde empezamos a conocernos. Tengamos en cuenta que un hecho
comunitario siempre, por definición, es conflictivo y el conflicto hace falta
para que surja lo bueno y lo malo que llevamos dentro. Si surge lo bueno y lo
malo que llevamos dentro podremos verlo y si somos sabios podremos encauzarlo,
por eso la comunidad es un hecho fundamental, por eso la shahada
es un acto que se hace con la gente, no es un acto espiritual solitario,
retirado, marginando la realidad, marginando nuestro entorno, marginándonos a
nosotros al fin y al cabo, dejando todavía escondido aquello que nunca
mostraremos porque jamás vamos a entrar en confrontación, porque para nosotros
la comunidad es fundamental para el espíritu. El solitario, el asceta, el que
se retira de la sociedad, de las gentes, no es bien visto dentro del Islam.
Puede alguien necesitarlo durante un período, bajo la supervisión de un
maestro pueden hacerse ese tipo de cosas, no hay ningún problema, pero es la
excepción a la regla general que es la permanencia con la gente, la vivencia
con la gente, la confrontación con la gente. Quien no es capaz de asumir eso,
porque eso es ya yihad, eso es ya combatir, y prefiere estar retirado en su casa
haciendo sus devociones privadas, no es musulmán como lo era el Profeta , sino
que es un ser solitario que está siendo estafado por su ego, porque está
buscando la comodidad y la satisfacción egoísta de lo espiritual. Por eso, la
expresión de la capacidad espiritual del ser humano se hace con los demás,
porque la creación es todo, no eres tú retirado de la existencia, tú soñando
ni divagando, sino soñando y divagando con los demás, confrontando, cambiando,
corrigiendo, imponiendo, en definitiva, la vida, esa lucha, con todos los
aspectos negativos de los que todos por supuesto quisiéramos huir y que es sin
embargo donde está realmente el quid
de la cuestión. Porque como decían los sufis, Allah se me manifiesta en
aquello que detesto porque allí es donde es capaz de cambiarme, de sacudirme.
Ése es uno de los grandes secretos de la shahada en comunidad.
La
shahada es inmersión absoluta en el tawhid en la unidad y unicidad de Allah, en
la unidad y unicidad de la existencia, es navegar, fluir, en la paz y la
serenidad dentro de la acción, por eso lo que significa lâ ilaha illa Allah es
la unidad y unicidad absoluta de Allah, lo que significa Muhammad rasûlullâh,
el camino hacia Allah y el camino hacia Allah es acción, es el cambio, es el
progreso, es el evolucionar espiritualmente, es el ir dejando detrás siempre a
nuestros ídolos. Llevamos con nosotros a nuestros ídolos dentro del Islam,
claro que sí, sólo por haber pronunciado la shahada no has eliminado los ídolos
sino que has expresado el deseo de eliminarlos que es muy distinto, a partir de
ahí viene realmente la guerra, el yihad, el ir acabando con los fantasmas, con
los miedos con las esperanzas, con todo, para llegar al vacío absoluto de Allah
(t.), para ser ahí musulmanes, para realmente en esa meta hacer el suyud,
llevar la frente al suelo. Porque arrastramos con nosotros por supuesto todos
los dioses del mundo, todas las mentiras del mundo, todas las esperanzas del
mundo, todas las quimeras... ídolo dentro del Islam es todo aquello que no es
Allah, simplemente. Llegar a ese vacío en el cual sólo quede Allah, es decir,
el que no quede junto a Allah nada, es el propósito del musulmán que quiere
estar libre. Por lo tanto es fundamental esa compañía, el maestro con el discípulo,
el hermano con su hermano, el hijo con el padre...., en el cual se produce esa
lucha, esa confrontación continua en la cual cada uno se va despojando de todos
los ídolos que buenamente pueda, porque tampoco se pueden quitar todos los ídolos
de un golpe.
Y
Muhammad Rasûlullâh es la shari`a, es la disciplina, es el modo en el cual
nosotros amoldamos todo nuestro ser en una senda de Allah. Por ejemplo, el
trabajo inmediato de una persona que ha hecho la shahada, su primera actividad
dentro del Islam, es el salat; ¿qué es el salat? el salat es la orientación
hacia Allah. Dividir con rigor el día en cinco momentos. Para hacer bien el
salat hay que superar tres fases: la primera es la pesadez del cuerpo. El salat
exige esfuerzo físico, hay que lavarse con detenimiento, hay que esperar el
momento oportuno, van a ser gestos que tu realizas con el cuerpo, tienes que
activar el cuerpo, a todo esto -después de la novedad de los primeros salats-
se opone la pereza del cuerpo, la pesadez del cuerpo, porque ¿qué es lo que en
seguida aparece? la pereza, la gafla,
la desidia, el que son cinco veces al día, muchas rakats
y hay que vencer a la indisciplina; luego está el tema del wudu, el agua está
fría....., empezamos a justificar todo, entonces estamos volviendo atrás, no
estamos realmente siguiendo el camino de la disciplina. El camino del
adiestramiento corporal que evidentemente dentro del Islam tiene sus pasos: lo
primero, los primeros cinco salats -que para empezar es mucho- es todavía nada.
Entonces empieza a doblegarse el cuerpo, una vez se ha doblegado el cuerpo y el
salat empieza a hacerse menos dificultoso, porque ya no tienes la resistencia
del cuerpo, viene el gran problema del tiempo; la rutina, con lo cual hay que
volver a tensionarse, una vez acostumbrados al salat hay que hacer que cada
salat tenga calidad. Pero si somos inteligentes lo iremos haciendo gradualmente
todo y sabiendo hasta donde tenemos que llegar. Primero se trata de ir relajando
el cuerpo para que el cuerpo vaya admitiendo las formas del salat, para que
después, una vez que lo hayamos relajado, y siga el camino del salat, como te
dirán muchos musulmanes, “a mí ya es que el salat me lo pide el cuerpo”,
cuando llega el magreb y no se ha hecho el salat del magreb un musulmán se pone
nervioso porque le falta algo que..., es como cuando se respira, respiramos
espontáneamente, y si no respiramos nos damos cuenta y cuando comemos nos lo
pide el cuerpo a determinadas horas del día, pues llega un momento en que se
convierte en eso, y eso es muy bueno porque quiere decir que ya la primera
cuesta la hemos subido, es la de que el cuerpo responde, ahora lo que se retrae
es el corazón, al corazón le cuesta mucho trabajo estar presente durante el
salat, por lo tanto cuando el cuerpo se ha acostumbrado al salat y te lo pide,
magnífico, ahora hay que despertar el corazón, pero no se hace al revés. Hay
que seguir el camino tal como se va señalando, después por lo tanto hay que
empezar a disciplinar el corazón, y cuando se tensiona el corazón, llega a
despertar el corazón ya es con lo que estás con Allah. Pero es una simpleza
pensar que se es sufi porque se sientan cosas raras al principio cuando todavía
al corazón que le faltan años por despertar. Los primeros años son nada más
que para acostumbrar el cuerpo -que eso es lo más duro- porque es lo más
fatigoso; inmediatamente vas a decir: “es inútil, el salat es completamente
inútil, es perder el tiempo y echar a perder agua”, cuando se supera esto
empieza la rutina, otro período. Cuando estamos en la situación de la rutina
en el salat que significa algo bueno, desde el momento en que significa que ya
hemos doblegado el cuerpo, lo hemos hecho obediente ..... Ahora ya hay que
plantearse no el cuerpo, ahora el cuerpo ya funciona, déjalo, por sí sólo
seguirá haciendo el salat el resto de la vida sin ningún problema, ahora es el
momento de aplicarse al corazón para que al final nos conduzca hasta el
mujlisin.
¿De
qué se trata por lo tanto en el momento en que pronunciamos la shahada? De que
nos hemos dado cuenta de que hay algún sitio hacia el que ir, que no
simplemente estamos aquí para estar cómodos ahí, que pase el tiempo, nos
muramos y se acabó la historia. Eso es a lo que se le llama la gafla,
la desidia, la pereza, el no darse cuenta de nada. Si alguien es iluminado en su
interior y Allah le hace inquieto hay que empezar el camino. Si no, no pasa
nada, Allahu `alam, pero si alguien
siente esa inquietud, es porque en él se ha despertado algo en lo que debe
luchar contra esa pereza, contra esa desidia.
Así
pues, la shahada es el momento en el cual tú haces esa declaración con la cual
te introduces dentro de un universo de acción, de meditación, de reflexión.
Estamos hablando por ejemplo del salat como actividad con la cual tu participas
a todos los niveles, luego está -por ejemplo- cuestiones como la memorización
del Corán que es una disciplina mental de fijar la mente, de empezar a trabajar
también con ella, de sumirla completamente en el Tawhid, que es la Unidad y
Unicidad de Allah.
Una
de las costumbres es la de cambiar el nombre, me gustaría que viéramos este
tema porque Rasûlullah (s.a.s.) no lo hacía. Él no le cambiaba el nombre a
menos que el nombre fuera escandalosamente idolátrico. Sin embargo nosotros
cuando nos hacemos musulmanes y aceptamos un nombre islámico, lo que hacemos es
recuperar nuestro pasado; estamos en Al-Andalus, eso debe ser también una cosa
muy importante para nosotros, es simbólicamente un acto de descolonización y
eso también tiene su importancia. Todo por supuesto depende de como se lo tome
la persona, en cualquier caso la importancia que pueda tener eso es
relativamente secundaria, es decir, que no se le puede imponer a nadie un nombre
que no le apetezca ni muchísimo menos porque no tiene sentido, porque cada
persona con su Islam va ha hacer cosas muy distintas y hay quien se lo tome en
un sentido muy radical y otro en un sentido muy tranquilo y todo el mundo tiene
derecho a eso. Somos musulmanes en
Al-Andalus y en absoluto queremos cortar con nuestro pasado y volvernos personas
distintas, sino justamente recuperar una conciencia. Se trata de recuperar cosas
y no de la despersonalización de los comportamientos sectarios. Y éste es el
sentido de ese cambio de nombre que me parece a mí muy importante. Por supuesto
cada uno se lo tomará de una forma distinta, no se puede obligar a nadie a
renunciar a su nombre, ni a utilizarlo cuando queramos nosotros, sino que cada
una el uso que dentro de la prudencia, de la discreción, el atrevimiento...
Porque Rasûlullah (s.a.s.) no lo hacía, a muy poca gente el Profeta (s.a.s.)
le cambió el nombre, como mucho se le ponían apodos a la gente, pero no el
cambio de nombre. Pero que para nosotros dentro de la Yama`a Islámica de Al-Andalus
el sentido que tiene precisamente, entiendo yo, que es un poco la forma de
recuperar precisamente lo que de islámico tenemos nosotros que es mucho; no
estamos en cualquier sitio, estamos fundamentalmente en una tierra que tiene
ocho siglos de Islam, es decir ochocientos años, que se dice muy pronto, pero
tiene un peso en el cual, evidentemente, marca lo que es Andalucía en la
actualidad, que no es cualquier cosa, por lo tanto tiene mucha importancia, a mi
entender, el tema de descolonizar nuestros nombres, que no significa ni muchísimo
menos despersonalizarse, porque no estamos en una secta, ni tenemos creación de
secta, ni queremos manipular a nadie, y eso es porque no ganamos nada ante todo.
Tiene también el sentido de adoptar el Islam con más fuerza, el hecho de
adoptar un nombre, un nombre árabe porque es la lengua más relacionada con el
Islam, pero sabemos que los persas tienen nombres persas y son musulmanes, y los
turcos tienen nombres turcos y son musulmanes, y los bereberes tienen nombres
bereberes y son musulmanes. El tema no tiene mayor trascendencia que la que
queramos darle y dentro de la Yama'a Islámica de Al-Andalus la trascendencia
que se le da es precisamente la recuperación de los ochocientos años que no
tienen que perderse porque nos apetezca, sino que se ha de hacer un esfuerzo por
recuperar esa memoria. La shahada es como si fuera el resumen de todo. Ni muchísimo menos son casuales los sonidos de la que está compuesta. Tiene muchos secretos...
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