La población andaluza está compuesta de elementos turdetanos-bereberes: las invasiones a las que estuvo expuestas
( romana , visigoda ,
castellana ) no afectan la composición étnica . No se trata de asentamientos
gentilicios sino de ocupaciones militares y administrativas. Por tanto, la
civilización que se va a desarrollar sobre la geografía
andaluza es autóctona y no dudará en recoger de su mundo (esencialmente unitario y bereber ) los aportes culturales que se adecuan a su
propio genio, participando de un intercambio enriquecedor. Por ello, las
imposiciones de las que será objeto a lo largo de su inquieta historia acabarán
por fracasar, contestadas desde posturas que le son propias y claras. Con la
primera mitad del siglo VII, el Imperio Visigodo alcanza la cumbre de su poder, al expulsar Suintila a los bizantinos y someter a los vascones. La
administración visigoda se encontraba en condiciones óptimas para rechazar
cualquier agresión procedente del exterior, pero sus figuras internas la
hicieron tambalear y caer al producirse una guerra civil que se inicia en las
provincias africanas y andaluzas del Imperio. Pero nadie podía sospechar
entonces que otro acontecimiento, remotamente lejano en el oriente, modificaría
inesperadamente aún más el destino de la Península .
Otras península, la árabe, de características diametralmente
opuestas a la ibérica, desértica, pobre, escasamente poblada, nunca
interesó a las grandes potencias de la antigüedad. Pero un habitante de este
país, olvidado y marginal, Muhammad, el Sello de los Profetas ( s. a. s. ),
promovía otra revolución que cambiará la faz del mundo conocido al extenderse
su mensaje liberador, el Islam, impregnando a los pueblos circundantes, más
cultos, ricos y poseedores de una mayor experiencia civilizadora, convirtiéndose
finalmente en una civilización universal. Esta revolución profética se
expande rápidamente y llega a Andalucía en el siglo VIII. No se trata de una
supuesta invasión árabe, sino de la aportación profética de Oriente a África
y Andalucía, donde tendrá un brillante desarrollo al conectar con el
genio propio de sus pueblos.
La población andaluza fue asimilando progresivamente el Islam y
adoptando el árabe, la lengua del Corán, como instrumento de cultura y
comunicación con el resto de la Umma, la gran nación musulmana. Como parte
integrante de ese nuevo mundo, abierto y tolerante, los andalusíes pudieron
aprovechares del contacto con otras civilizaciones y pueblos, transitar por las
rutas comerciales, abrirse en definitiva hacía nuevos espacios posibilitados
por el Islam al que también enriquecieron con su personalidad. Nunca en al-Andalus el Islam fue impuesto. Los
no musulmanes en esa Andalucía abocada al Islam conservaron su status. Tanto
judíos como cristianos eran libres para organizarse, administrándose de
acuerdo a sus normas y leyes. La consolidación de al-Andalus en el Islam
hizo de esta tierra un gigantesco crisol donde se fundían las influencias de
Oriente y Occidente. Es imposible enumerar los logros y el elevado nivel de la
civilización andalusí. Baste recordar Córdoba, la mayor y más prospera
ciudad de Europa, cuando París o Londres no pasaban de ser modestas e
insalubres aldeas. En la capital del califato creó Abderramán III la primera
escuela médica de Europa; sus bibliotecas eran afamadas como la de al - Hakam
II con más de 400.000 títulos, sólo comparable con la de Alejandría, ya
desaparecida varios siglos antes, su Universidad afamada y sus sabios y
doctores reputados y venerados. Una inquietud científico-técnica impregna a
esa sociedad interesada en las novedades y los descubrimientos. Un ejemplo insólito
lo encontramos en Abbas ibn Firnás que en el 875 tripuló un planeador de su
invención, seiscientos años antes de las investigaciones de Leonardo da Vinci, y anticipándose más de mil años a los primeros vuelos sin motor de Otto
Liliethal. Los experimentos de ibn Firnás tuvieron escasa trascendencia, al
contrario de lo ocurrido con otro descubrimiento: el secreto de la fabricación
del cristal. Sus trabajos son una muestra más de la capacidad creativa de al-Andalus, en la que florecieron relevantes juristas como ibn Bashkwal,
pensadores como ibn Masarra, médicos como Abulcásis, filósofos como ibn Basán, astrónomos como Máslama al - Mayriti, ensayistas como ibn Hazm, músicos
como Ziryab, y un larguísimo etcétera, relación inacabable de grandes y
originales personalidades.
Los ideales de tolerancia y convivencia alcanzaron su punto más alto
durante los siglos X y XI , a pesar del empuje, cada vez más cerrado, de los
conquistadores del norte. Alfonso el Sabio crea la primera escuela de
traductores que reúne a judíos, cristianos y musulmanes, aunando los
esfuerzos de los sabios de las tres culturas de al - Andalus, para auspiciar lo
que posteriormente se desarrollará como renacimiento de las humanidades en
Occidente. Esta idea de intentar reproducir en los reinos cristianos las
actitudes andalusíes, durante poco tiempo: Alfonso XI y Pedro I. Fruto de
aquel sentimiento de la vida es el arte mudéjar, perfecta simbiosis de estilos
aparentemente antagónicos.
A partir del siglo XIV, la idea de convivencia de las tres culturas va paulatinamente cediendo, y los andalusíes pierden derechos ante el auge de la intransigencia entre los ocupantes. Muchos de ellos abandonan sus tierras y emigran al reino de Granada, último bastión de la soberanía de al - Andalus. La caída de Granada supuso el fin de una civilización .
La
Diáspora Andalusí
El exilio y la emigración de una parte significativa de la población de
al - Andalus es largo y complejo, revistiendo diferentes fases :
1.- Migraciones voluntarias o expulsiones que acompañan al fenómeno
revolucionario islámico .
La primera salida importante de andalusíes que se recuerda, es a
consecuencia de un periodo de sequías, malas cosechas y por consiguiente,
hambre, que obliga a pasar a África ( 751-756 ). Grupos de emigrados andalusíes
pueblan Ceuta, Tánger, Arcila y el Rif .
La siguiente emigración se produce en el 818, a consecuencia de lo que
se ha dado en llamar la “Revuelta del Arrabal “. El emir al - Hakam I
expulsa unas 20.000 familias. Algunas de ellas se establecen en convivencia con
las tribus bereberes del Rif y en ciudades del país, otras marchan a Fes y
crean un arrabal tan importante que aún conocido por “ la ciudad de los
andalusíes “. Otro grupo estableció una pequeña república en Egipto,
arrebatando Creta a los bizantinos y fundan allí una nueva administración islámica. Mucho más tarde, con los almorávides, algunos grupos andalusíes son
exiliados a África, como el rey al - Mótamid de Sevilla, desterrado a Agmat
con su familia .
Otros grupos emigran voluntariamente acompañando a los almorávides en
su caída durante las guerras civiles que promueven los almohades.
2.- A partir de la conquista de Andalucía occidental y del Estrecho
de Gibraltar .
A lo largo del siglo XIII se asiste a un notable progreso de la conquista castellano - leonesa. Sólo el reino nazarí de Granada opone una resistencia efectiva ante esta agresión, convirtiéndose en lugar de refugio para quienes no podían soportar el yugo de los invasores. La relación de estos últimos con la población andalusí que pasaba a estar bajo su dominio estaba condicionada, en principio, a la resistencia que hubiesen opuesto:
Si la población no aceptaba rendirse y era necesario el asedio,
la conquista
conllevaba no sólo la perdida de las fortalezas y ciudades, sino la de todas
las propiedades, salvo los bienes muebles, que eran repartidos entre la
nobleza y el clero cristiano. Esto sucedía cuando se trataba de la conquista
de las ciudades, las únicas que podían ofreces una resistencia bien
organizada: Baeza, Úbeda, Jaén, Córdoba, Sevilla, etc. Esta oposición
hizo que todas sus tierras fuesen repartidas, siendo el origen de los
latifundios andaluces actuales.
La segunda modalidad de trato y que
afecto a buena parte del territorio andalusí, y en especial a la población
rural, se aplicaba cuando ésta se entregaba sin lucha acogiéndose a un pacto.
En esos casos, los musulmanes se hacían con una serie de privilegios que se
estipulaban en esas capitulaciones. Teóricamente, se les respetaría la
libertad personal, la practica del Islam, el régimen judicial y fiscal dentro
de su propia, aunque muy restringida administración musulmana. A esta población
se la denominaría en adelante “ mudéjar “.
Pero
al amparo de estos pactos, cada vez con menos sutileza, se va forzando la
castellanización de los andalusíes. Si los señores feudales habían sido
benignos con las poblaciones rurales, no era por simple magnanimidad, sino
porque interesaba que alguien les trabajara sus nuevas propiedades. El norte
carecía de densidad demográfica y, por lo tanto, no hubo repoblación. No
pudiendo soportar esta explotación, muchos emigraron a Granada.
3.- Conquista del reino de Granada ( 1.429 ) :
Otro periodo de emigraciones se abre con la progresiva conquista del último
reducto de soberanía andalusí. El hostigamiento cristiano es cada vez más
intenso y, ante la critica situación, muchos emigran al norte de África con
la esperanza de retornar algún día. Los Reyes Católicos facilitan viajes, y
cuando una población se resistía no dudaban en dispersarlos por los
territorios de Al - Andalus ya colonizados, como sucedió con la población
malagueña. Las corrientes de refugiados revitalizan en África, ciudades como
Shauen y Tetuán. Tras la ocupación de Granada, las Capitulaciones fueron del
todo olvidadas y las condiciones para los musulmanes se hicieron extremadamente
penosas. El más ilustre emigrado de esta fase fue Boabdil, último de los
reyes nazaríes..
4.- Las expulsiones del siglo XVII .
Tras la rebelión morisca de 1.500 - 1502, se les da a elegir a los granadinos entre el bautismo o la expulsión. Entre 1.525 y 1526 normas similares se adoptan por toda la geografía andalusí. Las poblaciones se convierten al cristianismo masivamente. Desde esa fecha, oficialmente no quedan musulmanes en la Península Ibérica. Pero el Islam sin cuestionar las heroicidades, permite la “ taqiyya “, la cautela cuando no puede hacerse pública su practica reservando su identidad al ámbito individual y familiar en espera de que las circunstancies cambien, evitando poner en peligro la vida de los musulmanes. Es decir, los moriscos sólo aparentaban ser cristianos para evitar la expulsión. No obstante, entre 1569 y 1614 unos 60.000 moriscos fueron expulsados y emigraron fundamentalmente al norte de África. Los expulsados fueron aquellos andalusíes que no pudieron ocultar del todo su condición de musulmanes: se perdieron así hábiles artesanos, buenos oficiales y notables personalidades. Este terrible escarmiento sirvió para que la población andalusí acentuara su disimulo y adoptará exteriormente todas las formas y costumbres de los castellanos, lo que causó con el tiempo su total pérdida de memoria histórica; en esta siniestra labor destacó la política represiva de la Inquisición que infundo tal terror entre los andaluces.
Labor
civilizadora
La diáspora andalusí fue mucho más importante que ninguna otra e
infinitamente menos conocida, quedando una inmensa tarea por hacer en cuanto a
su estudio y valoración. No se debe olvidar la labor civilizadora de estos
emigrados en los países en los que se asentaron. Ilustres sabios, escritores, pensadores, científicos, etc., promovieron la cultura entre diferentes países
del mundo. Un ejemplo es el de la comunidad andalusí que se estableció en Túnez. Se trata de exiliados sevillanos de la conquista de Fernando III. Fueron magníficamente
acogidos por la administración otomana que veía en ellos capacidad para ocupar
altos cargos en las ciudades y promover el desarrollo de la agricultura en los
campos. Así , muchos se establecieron en la capital, poblando barrios
especiales puestos a su disposición como el Hawat al - Andalus. Hortelanos y
pequeños industriales fueron a
vivir a otros centros urbanos, creados algunos para ellos en las cercanías de
Túnez, mientras que los labradores repoblaron las regiones desérticas del
norte. Los andalusíes practicaron la endogámica formando una especie de
aristocracia local, orgullosa de su origen andalusí.
La importancia del Al-Andalus, su aportación a la historia de la
humanidad y la tragedia de la diáspora andalusí, son temas que inciden en
nuestra conciencia histórica, y ahora se nos ofrece una ocasión única, no sólo
para revisarlos sino para poner en marcha una apasionante
experiencia de convivencia humana.