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La
diáspora andaluza, que tuvo su origen tras la conquista de AI-Andalus, ha
escrito una de sus páginas más emotivas y legendarias al otro lado del gran
desierto del Sahara, en la Curva del Níger, donde hace cuatro siglos un ejército
andalusí capitaneado por el almeriense Yuder Pachá, conquistó un imperio con
la intención de construir un nuevo hogar, como consecuencia de la pérdida del
viejo solar andaluz. Un capítulo de nuestra historia, desconocida por la gran
mayoría de los andaluces, que ha sido silenciado o distorsionado a propósito
por diversos investigadores, temerosos de que pudiera proporcionar datos
reveladores sobre la destrucción de una cultura que hizo brillar al medioevo andaluz.
Ya
han transcurrido cuatro años desde que una expedición científica, organizada
por las universidades de Granada y Sevilla, atravesó la inmensa planicie
pedregosa del Tanezrouft y los temibles arenales de la Markuba, en el Sahel,
para encontrarse con los descendientes de
aquellos conquistadores andaluces, que aún sobreviven a las continuas
turbulencias políticas y climáticas que azotan a la Curva del Níger. Lo que
encontraron a orillas del Níger los investigadores andaluces fue muy distinto
de lo que contemplaron los andalusíes a finales del siglo XVI. A Yuder Pacha y
su ejército el mitico río Níger, padre fecundador del Africa occidental, le
evocó el Guadalquivir, que por entonces bañaba una tierra fértil que hizo
abrigar esperanzas a nuestros andaluces de construir una nueva Andalucía. Pero
cuatro siglos después de aquella hazaña insólita, aquella región africana,
perteneciente al actual Estado de Mali, se encuentra sometida a un proceso
incesante de desertificación que amenaza a los habitantes de la Curva y la
propia comunidad andaluza. Proceso que se ve acentuado por la política de
disgregación étnica que ejerce el gobierno de Bamako, encaminada a destruir
las señas de identidad de los andaluces, comunidad de 50.000 personas.
A
pesar de todo, diversos intelectuales de esta comunidad consiguen mantener
la conciencia sobre sus orígenes, algunos elementos que los identifica como
colectivo y recuerdan con orgullo la gesta heróica que protagonizaron sus
antepasados. Hagna Doumbou Touré primer jefe de esta comunidad de origen
andaluz, que murió recientemente como consecuencia de las difíciles condiciones
de vida que afligen a los habitantes del Sahel, dijo a los científico andaluces
que el ejército capitaneado por Yuder disponía dcl apoyo logístico del sultán
de Marruecos, AlMansur, y en sus filas contaba con un cuerpo de fusileros
procedente del AlAndalus. Que disponía de cuatro cañones manejados también
por andalusíes y un segundo cuerpo de lanceros marroquíes. Explicó Magna que
el grupo expedicionario, integrado por 4.000 hombres, tardó cuatro meses en
cruzar el desierto del Sáhara, en cuya travesía -la primera que realizaba un
ejército en la historia del gran desierto- quedó sensiblemente diezmado. En
Tondibi, a los pies de las montañas Negras, tuvo lugar la gran batalla que
permitió a los andalusíes la conquista del imperio regido por la dinastía de
los Askia, hoy, una aldea de escasas chozas duramente castigada por la sequía.
Fue en esta población donde sonaron por vez primera en África occidental las
detonaciones de la artillería andaluza que provocaron el pánico en el poderoso
ejército del emperador. Sólo así se explica la vertiginosa caída del impero
Songhai, pues los africanos desconocían hasta entonces
lo que eran las armas de fuego. Desde ese momento los aborígenes de la
Curva denominan a los descendientes de los conquistadores con el apelativo de
"armas", en memoria de la decisiva batalla de Tondibi, que cambió
bruscamente el curso de su historia.
Hagna
Dojmbou explicó a los científicos de
las universidades andaluzas, que cuatro siglos después sigue las huellas de los
conquistadores a través del desierto, mediante Land Rovers, que la dominación
de los andalusíes se prolongó hasta 1833, en que fueron derrotados en Diré
por la etnia de los peul, que aprendió precisamente de ellos el arte de hacer
la guerra con armas de fuego. El que fuera primer jefe de la comunidad y uno de
los principales intelectuales de la Curva afirmó que el declive andalusí
estuvo en parte motivado por las luchas intestinas que se producían
continuamente entre las distintas facciones del ejército de Yuder, las
procedentes de Al-Andalus y la originaria de Marruecos, conflicto que respondía
a los proyectos enfrentado del capitán almeriense y Al-Mansur. El
gran estratega andalusí deseaba crear una nueva Andalucía para los
moriscos expulsados del reino de Granada, mientras que el sultán pretendía
someter el Sudán a su soberanía.
No
obstante, los armas o al menos parte importante de ellos han logrado permanecer
dentro del grupo de hombres notables de ese país africano, superando los
distintos cambios políticos acaecidos en la región, desde que llegaron hasta
nuestros días. Ejemplos como el de Hagna Doumbou Touré, uno de los
intelectuales mejor documentados de la Curva, recordado como una auténtica
biblioteca viviente, o el de su sobrino, Zacaría Touré, hasta hace poco
alcalde de la ciudad de Gao, son suficientemente ilustrativos. Ambos se
consideraban descendientes directos de Yuder Pachá y son capaces de remontarse
hasta la octava generación en su árbol genealógico, pero seguramente lo sean
de los hijos que adoptara el líder andalusí para asegurar la consecución de
la dinastía, ya que Yuder era eunuco.
Pero
existen en la Curva del Níger otros "armas" vinculados a la élite
social de Mali. Son los casos del director del Instituto Ahmed Babá de Tombuctú,
Mohamed Zoubert, descendiente del poeta sevillano Ibn Al-Zubayr, o el alcalde de
esta misma ciudad, Ben Barka, que lo es de un miembro perteneciente a la fracción
marroquí del ejército de Yuden. Esta situación privilegiada obedece, sin
duda, al papel destacado que protagonizó la comunidad andaluza de los
"armas" para lograr la descolonización del país por parte de los
franceses y en la construcción del nuevo estado de Malí, surgido tras la
independencia que obtuvo en 1960.
Son
los "armas" que permanecen en la clase privilegiada de Malí quienes
poseen hoy una memoria sólida sobre sus orígenes y evolución. En algunos
casos, lucen todavía los distintivos que utilizaron sus antepasados en el ejército
de Yuder, que se los van pasando de unas generaciones a otras, y conservan la
toquilla que llevaran sus ancestros, de distinto color, según la categoría
militar que hubiesen tenido: roja para los comandantes, negra para la tropa y
amarilla o verde para grados intermedios. No ocurre lo mismo con los miembros de
esta comunidad pertenecientes a clases sociales inferiores, que apenas si
recuerdan su procedencia. Aunque la mayoría suele vestir impecables túnicas
blancas que constractan fuertemente con los llamativos "bubús"
utilizados por las distintas etnias que habitan la Curva.
Una
de las costumbres sociales que mejor han conservado los "armas" es el
rito nupcial, idéntico al que se observa todavía en algunos pueblos andaluces.
La boda que celebran entre ellos se caracteriza en que la novia -acompañada de
familiares y amigos- se dirige a la grupa de un caballo hacia la casa del novio.
Formando parte de la ceremonia, los parientes de los novios protagonizan
un juego simbólico en el que se intentan introducir los respectivos estandartes
familiares en la casa del contrario. Según la tradición, el estandarte portado
por el séquito del novio es de color rojo, mientras que el de la novia toma
como distintivo el color blanco.
Sin
embargo, el futuro de los "armas" es inquietante. Su comunidad puede
extinguiese en los próximos años, y con ella, un testimonio muy valioso sobre
uno de los periodos más impresionantes de la historia de Andalucía. Los
"armas", al igual que la otras comunidades de la Curva, se ven
sometidos a la política de disgregación étnica que promueve el gobierno de
Bamalco, controlado por la etnia Bambara. Antes de la independencia, los
franceses también intentaron socavar sus señas de identidad, saquearon sus
casas y robaron los escudos, los cañones, las pistolas, las banderas, que ahora
se encuentran repartida por los museos de París, Centro Europa, Este de Europa
o Estados Unidos. Pero si los franceses no lo consiguieron del todo, ahora las
autoridades malienses parecen decididas a culminar el proceso. Incluso los científicos
andaluces que en 1984 fueron a su encuentro tuvieron dificultades en localidades
como Bourem, donde es la propia gendarmería de policía la que prohíbe
terminantemente hacer cualquier tipo de investigación en tomo a esta comunidad
andaluza.
El Gobierno de Malí está propiciando la mezcla de las numerosas etnias
que coexisten en la Curva, tanto de la mayoritarias -Songhai, Bambara, Peul, y
Dogón- como de los grupos étnicos menores Malinké, Dioula, Sarakoli, Bobo,
Mossi, Senoufo, Minianka, Toucouleur,Tuaregs y por supuesto, la comunidad de
los "armas". Quizá con propósito de eliminar las posibles
rivalidades que puedan persistir y potenciar el sentimiento nacional en una
población tan heterogénea, pero esta versión se contradice con el hecho de
que los bambara acaparan la mayoría de los cargos públicos de la Administración
en detrimento de las restantes etnias o grupos.
Hagna
Doumbou Touré señalaba en su conversación con los investigadores de la
universidad andaluza que "la ley prohíbe hacer particularismos" y añadía
que sus hijos no tendrían más remedio que elegir esposa entre las mujeres de
la etnia songhai.
En
la actualidad, todos los 'armas' se han mezclado con miembros de esta etnia u
otras, lo que ha provocado la pigmentación de su piel y la consiguiente pérdida
de hábitos propios. Las mujeres "armas", por ejemplo, se han visto
asimiladas en casi todas las facetas de su vida a las costumbre de la mujer
songhai. Es la encargada de moler el mijo grano que sirve de alimento básico a
la población y se les encomienda la función específica de procrear, muy
importante en un país donde el índice de mortalidad infantil es elevado. Se
desconoce por la intimidad de la costumbre si realizan, al igual que otras
etnias, la ablación clitoridiana y la infibulación, pero viven tal y como lo
hacen las mujeres songhai, en las chozas ubicadas en los grades patios que
caracterizan a las casas de la Curva. A pesar de todo la mujer arma" de
Tombuctú continúa aplicando a sus hijos el corte de pelo propio de la
comunidad, que denominan "diokoti": un rapado que se caracteriza por
la fijación de cinco puntos en el cráneo. Esta costumbre ha desaparecido, en
cambio, entre las mujeres "armas" de la ciudad de Gao, segunda ciudad
en importancia, después de Tombuctú, en la que se asienta la comunidad
andaluza.
También
los "armas" hacen denodados esfuerzos por conservar algunas
expresiones de origen y palabras como "alcaide", "alfalfa",
"alpargata" , "albornoz", "garrafa", "ámbar',
"alfombra", todas ellas procedentes del castellano que hablaban sus
antepasados cuando llegaron a la Curva, idioma éste que a su vez las tomó del
árabe. Algunas de estas palabras han sido asimiladas por la lengua songhai, con
las lógicas distorsiones. Y son los miembros más ancianos de la comunidad
quienes todavía saben contar hasta diez en castellano. Las nuevas generaciones
sólo conocen el francés. No obstante, en el prestigioso Centro Cultural Ahmed
Babá de Tumbuctú se recopilan numerosos documentos escritos en árabe y
castellano antiguo en los que se recoge el origen y la evolución de los
"armas".
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