HISTORIA DE AL-ANDALUS: BIBLIOGRAFÍA
  

 

 

 

 

LAS ANALECTAS DE AL-MAQQARI
TRADUCCIÓN DE ABDERRAMAN MOHAMED MANAN

 

                                  Mención de Córdoba en cuya populosa capital tuviera sede el Califato que supone reducir a sus enemigos y de su mezquita omeya de sorprendentes y magníficas maravillas y alusión fugaz a las residencias reales. Azahara la del Naser y Zahira la del ‘Amer y descripción de algunos de sus lugares de recreo y esparcimiento de bellezas insinuadas y otras evidentes donde tuvieran lugar conversaciones arrulladas que exigen ser hermosamente citadas y que dan testimonio de un ingenio encendido y de ideas agudas y brillantes.

 

                              Dijo ibn Said, al que Allh halla acogido en Su Misericordia: <<Pertenece el reino (mámlaka) de Córdoba (Qúrtuba) al cuarto clima, y está orientado hacia el Sol. En dicho reino hay minas de purísima plata en el pueblo llamado Karach y de mercurio y cinabrio en el municipio de Bastasa, todos estos minerales tienen propiedades excelentes. Y la tierra de Córdoba es en extremo fértil y generosa en vegetación>>.

                              El mismo autor, en su obra <<al-Mughrib>>, explica del modo siguiente la elección de Córdoba para encabezar su estudio de los diferentes reinos andalusíes: <<Sólo adelantamos este reino a los demás porque fue el trono que adoptaron los primeros sultanes de al-Andalus, no abandonando jamás aquella sede por otra, y lo mismo hicieron tras ellos los sultanes omeyas y sus califas. Tres fueron los lugares que escogieron para el califato, y todos ellos en la misma tierra, y fueron Córdoba, Azahara y Záhira, y ello al verlas dignas de tal privilegio. Y así es que Córdoba supera el resto por el alto nivel que en ella adquirieron las ciencias y por la abundancia de sus riquezas, todo ello a causa de la continuidad que mantuvo la cultura y la solidez de la estirpe>>.

                              En su libro <<al-Hulla al-mudzáhhaba fi hila mamálik Qúrtuba>>, ibn Said divide en once las coras de Córdoba y dedica a cada una de ellas un tratado a los que denominó de la manera que sigue: <<Tratado del manto dorado, adorno de Córdoba; Tratado de  las perlas recatadas, adorno de la cora de Balkuna (Porcuna);Tratado del diálogo amable, adorno de la cora al-Qusayr (Alcocer); Tratado de  la seda bordada, adorno de la cora de al-Mudawwar (Almodóvar); Tratado del logro del deseo, adorno de la cora de Murad (?); Tratado de la lluvia fecundante, adorno de la cora de Kuçna (Kuzna, alcázar al sur de Alcaracejos); Tratado del aroma de la gema preciada, adorno de la cora de Gháfiq (Belalcazar); Tratado del aroma fragante, adorno de Istiya (Ecija); Tratado de las estrellas fulgurantes, adorno de la cora de Qabra (Cabra); Tratado de la dulzura del amor, adorno de la cora de Istiba (Estepa); Tratado de la azucena, adorno de la Cora de al-Yusanna (Lucena)>>.

                              Y dijo el mismo autor que los edificios de Córdoba, Azahara y Zahira son continuos, y que se podía ir de una a otra iluminado por la luz de las antorchas que se extendían a lo largo de diez millas, como también menciona ash-Shaqandi en su Risala, y a continuación afirma: <<Y cada una de las ciudades de Córdoba y sus dependencias municipales tienen méritos que les son propios y dignos de ser señalados>>. Y después menciona las distancias que separan los diferentes reinos cordobeses, diciendo: <<Entre Almodóvar y Córdoba hay diecisiete millas, y entre Córdoba y Murad hay veinticinco millas, y entre Córdoba y Alcocer hay veinticinco millas, y entre Córdoba y Belalcazar hay dos etapas, y entre Córdoba y Estepa hay treinta y seis millas, y entre Córdoba y Porcuna hay dos etapas, y entre Córdoba y Porcuna hay dos etapas, y entre Córdoba y Osuna hay cuarenta millas, y entre Córdoba y Baena (Bayyana) hay dos etapas, y entre Córdoba y Ecija hay treinta millas. La cora de Ronda formó parte antiguamente de la circunscripción de Córdoba, pero más tarde paso al reino de Ishbilia (Sevilla), del que está más cerca y en una relación inmediata>>.

                              A su vez, ibn Said ordenó su tratado <<el manto dorado, adorno de Córdoba>> en capítulos que son los siguientes: <<Trovar melodioso, adorno de la sede cordobesa>>, <<Luz de la aurora, adorno de Azahara>>, <<Bellezas resplandecientes, adorno de Záhira>>, <<La rosa, adorno de la ciudad de Shaqanda (?)>>; <<El trago agradable, adorno de la cora de Waçgha (?)>>.

                              Y dijo el autor en su capítulo <<Trovar melodioso, adorno de la sede cordobesa>>: <<Córdoba es una de las novias de su reino>>, y en la terminología del libro se entiende que la novia, de perfecta belleza, tiene como ornamento el trono, que es con lo que ibn Said caracteriza a Córdoba en su mención, así como le corresponde la corona que es su nobleza sultana, como también está adornada por collares con los que se refiere a los literatos, a sus prosas y poemas, y se la revista con un manto que es el signo de los ulemas y autores de obras de ensayo y cuyas semblanzas no deben ser descuidadas, y sobre la novia se colocaban hojas de ciprés que significan a las gentes de las diferentes artes más livianas.

                              Y a continuación, enumera ibn Said, al que Allah haya acogido a Su Misericordia, los distintos capítulos divididos a su vez en numerosas partes, algunas de las cuales resumo aquí con anotaciones de otros autores, y así digo:

                              Se ha escrito en el libro <<Iyar>> (que es la Geografía de al-Idrisi, que escribió para Iyar, uno de los reyes normandos de Siqilia, Sicilia): <<Córdoba significa <<su habitante es recompensado>>, y fue arabizada bajo la forma de Qúrtuba>>, y a continuación dice: <<La circunferencia de Qúrtuba es de un total de treinta mil codos>>.

                              Y dijo otro: <<En cuanto a la superficie rodeada por la muralla, es decir, excluyendo los arrabales, es desde la qibla hasta su centro se seiscientos codos. En tiempos de los omeyas la zona urbanizada se extendía de forma continuada a lo largo de ocho parasangas y a lo ancho de dos (cada parasanga tiene ocho kilómetros), que en millas son veinticuatro en la longitud y seis en la anchura. Todo eran casas, palacios, mezquitas y huertos a lo largo de la ribera del valle al que se llama Guadalquivir, que es el único valle de al-Andalus con denominación árabe. No dejó Córdoba de crecer desde su islamización hasta el año cuatrocientos (de la hégira) en que inició su declive al generarse en ella disputas y discordias, hasta que aconteció la gran desgracia cuando fue ocupada por el enemigo cristiano el veintidós de shawwal del año seiscientos veintitrés (de la hégira)>>.

                              Este mismo autor dice: <<La circunferencia amurallada de Córdoba, con exclusión de sus arrabales, es de treinta y tres mil codos, y la circunferencia de su alcázar es de mil cien codos. El número de sus arrabales es de veintiuno, y en cada uno de ellos hay mezquitas, mercados y baños públicos suficientes para bastar a su población. Rodeando Córdoba hay tres mil alquearías, en cada una de las cuales hay un almimbar y un alfaquí tocado con un turbante especial al que se llama qualansúa, y que estaba encargado de emitir fatwas o sugerencias para la mejor marcha de la convivencia basándose en criterios islámicos. Se dice que nadie se colocaba la qualansúa a menos que conociera de memoria la Mawatta del Imam Málek (el maestro de una de las escuelas de jurisprudencia en el Islam), o bien conociera también de memoria diez mil hadices o tradiciones heredadas del Profeta (s.a.s.) y además la al-Mudawwana (otro de los tratados tradicionales más importantes de la escuela malekí). Estos alfaquíes llegaban los viernes a Córdoba para asistir a la assalat de la asamblea con el califa, al que saludaban e informaban de la situación de sus pueblos>>.

                              Dijo también: <<A Córdoba, en los días de Almansur (Almanzor) ibn ‘Amer, llegaban en concepto de recaudación tres millones de dinares. En otros lugares de esta obra citamos cifras diferentes>>.

                              ¡Qué hermoso es lo que se dijo:

                              Olvida Bagdad y su esplendor,

                              déjate  de Persia y la China;

                              en la tierra dada hay semejante a Córdoba

                            ni nadie ha caminado sobre ella como ibn Hamdín.

Y dijo otro: <<En cuanto a Córdoba, es el fundamento de al-Andalus, su eje, su tierra mayor, la madre de sus ciudades y sus hogares, es la sede de los califas, la casa de la administración del reino como fuera para los cristianos y es para los musulmanes. Es la ciudad de la ciencia, lugar donde firmemente se ha asentado la Sunna y la Comunidad. En ella encontraron hospedaje alguno de los continuadores del Profeta (s.a.s.), y continuadores de los continuadores; y también hay quien dice que la habitaron compañeros directos del Profeta (s.a.s.), pero sobre esto último hay opiniones diferentes. Es una ciudad extraordinaria y antiquísima, con construcciones de los primeros hombres, de buenas aguas y aire sano, cercada por huertos, olivares, albergues, fortalezas, aguas y manantiales por doquier, y es feraz no habiendo en toda al-Andalus tierra que se le pueda comparar en abundancia de bendiciones>>.

Dijo ar-Razi: <<Córdoba es la madre de las grandes ciudades, el ombligo de al-Andalus, lugar de residencias reales tanto en la Yahilía (la época de la ignorancia) como en el Islam. Su río el mayor de cuantos hay en al-Andalus y sobre él está el puente que es una de las rarezas del mundo por la maravilla de su factura y hermosa y equilibrada medida, y en ella está la Alhama no habiendo nada más grande ni en el-Andalus ni en todo el Islam>>.

Y dijo otro de ellos: <<Es la ciudad mayor de al-Andalus, y en ninguna otra parte del Occidente encontrarás con qué compararla en abundancia de habitantes, grandeza de espacios, amplitud de mercados, limpieza de sus calles; nada podrás comparar a sus edificios, sus mezquitas, el número de sus baños públicos y sus alhóndigas. Dicen algunos de sus habitantes que se asemeja a Bagdad, y aunque no sea cierto no la desmerece. Y es una ciudad bien protegida, rodeada por una muralla de piedra, siendo bello su emplazamiento; fue antiguamente residencia de sultanes; sus casas están dentro del reciente amurallado, y tanto las puertas del alcázar real como todo el sur de Córdoba se asoman a su río>>.

Y dice este mismo autor: <<Y a Córdoba se la distingue por encima de sus arrabales diferenciándose claramente...>>.

Y escribió al-Hiyari: Fue Córdoba en tiempos de la dinastía de los marwánidas, la cúpula del Islam, el lugar de reunión de todos los sabios que hay en la especie humana, los que son estandartes de la humanidad; en ella encontró fijeza el califato y fueron ordenadas las tribus que antes contenían entre si. Hacia Córdoba viajaban quienes deseaban que se les transmitiera la ciencia de la poesía y en ella estaban los poetas. Todo ello al ser el centro donde convergía la generosidad y la nobleza, era la mina de la sabiduría: allí no dejaban nunca de llenarse los corazones, y era donde rivalizaban las gentes de los libros con las de las milicias, curso para lo sublime, cauce para los adelantados, sitio de detención para todo lo excelso, recinto de verdades. Para al-Andalus es lo que la cabeza al cuerpo y el rugido al león. Su entrada es amplia y su salida hace asomarse hacia espacios de recreo para la mirada: el que en ella entra o de ella sale, se encuentra cómodo pero con la vista cansada en su continuo asombro>>.

Y dijo ‘Ali ibn Said: <<Me informó mi padre que el gran sultán Abu Ya’qub ibn ‘Abdelmu-min dijo a su padre  Muhammad ibn ‘Abdelmálek ibn Said: <<¿Qué opinas de Córdoba?>>, dijo: le dije: <<No me corresponde hablar antes de oír lo que el emir de los creyentes piensa del asunto>>. Dijo el sultán:

<<Cuando los reyes omeyas la tomaron como sede para su reino ciertamente sabían lo que hacían: muchas casas amplias, calles espaciosas, enormes edificios, río caudaloso, clima atemperado, rica agricultura, vegetación suficiente, zona centrada entre el oriente de al-Andalus y su occidente>>. Dijo: dije: <<El emir de los creyentes no me ha nada que decir>>.

A continuación dice ibn Said: <<Y fueron palabras de mi padre acerca de ella: Es de lo mejor del país de al-Andalus en cuanto a construcción, la de caminos más amplios, la mejor lograda en su detalle y en su conjunto. Supera a Sevilla en cuanto a salubridad en invierno porque no abunda el barro. En sus gentes se nota cierto aire aristocrático y desprenden respeto: la pasión por el conocimiento entre ellos parece como si fuese hereditaria. Pero el vulgo cordobés es de  las gentes más curiosas, amantes de chismes y alborotos, hasta difundirse por al-Andalus sentencias y refranes en los que se alude a la desobediencia de los cordobeses a sus reyes, sus continuos tumultos, su crítica hacia todos quienes la administran, su impaciencia y descontento ante todo lo que les ordenan. Cuando el sayyid Abu Yahya ibn Ya’qub ibn Abi ‘Abdelmumin fue apartado de sus funciones como gobernador y se le preguntó su opinión acerca de las gentes de Córdoba, comentó: Son como los camellos que si aligeras su peso se quejan y si los cargas demasiado se quejan; no se puede saber que les place para proporcionárselo ni lo que les disgusta para evitárselo. Cuando Allah impuso entre ellos el terrible oleaje de la discordia el vulgo se mostró más malvado que el bagdadí. Habérseme separado de mis funciones de wali ha sido para mí un verdadero regalo, y si se me encargase retomarlas, diría: al creyente no le pica la misma serpiente dos veces>>.

Dijo mi padre: <<Entre las bellezas de Córdoba está la elegancia con la que visten sus habitantes, las manifestaciones externas del Islam, la regularidad con la que sus gentes establecen la assalat, la veneración que sienten hacia su gran alhama, su odio hacia el vino no dejando de romper un recipiente que lo contenga allí donde lo encuentren, se apartan y alejan de todo lo censurado por el Islam, se enorgullecen de su estirpe, de su capacidad guerrera y de sus conocimientos y ciencias. Es la ciudad de al-Andalus donde más abundan los libros, y sus gentes son las que más se preocupan por tener en sus casas alacenas repletas de libros, convirtiéndose ello en motivo de celebración entre los cordobeses. En Córdoba no se encargan funciones públicas sino de quien se puede decir que posee una biblioteca, y que tal libro sólo lo tiene él, o que tal libro de tal calígrafo sólo se puede encontrar en su casa>>.

Dijo al-Hadrami: <<Residí cierta ocasión en Córdoba y frecuentaba el mercado de los libreros vigilando la aparición de un libro por el que estaba muy interesado hasta que lo encontré escrito con una hermosísima caligrafía y acompañado de un excelente comentario; haberlo hallado me produjo una gran alegría y por ello no dudé en pujar por él durante su subasta, pero otro hombre siempre me excedía en la pujanza hasta que el libro alcanzó un precio exagerado. Dije al subastador: <<Tú, muéstrame a quien me sobrepuja en la compra del libro hasta hacerle alcanzar un precio muy superior al que le es necesario>>. Y me mostró a un individuo vestido como lo hace la gente notable. Me acerqué ante él y me incliné respetuosamente, y le dije: <<Allah te fortalezca, alfaquih. Si tienes interés por este libro te lo dejaré para ti pues nuestra pugna le ha hecho alcanzar un precio desorbitado>>. Me dijo: <<No soy alfaquíh ni conozco el contenido del libro. Sucede que en mi casa he mandado construir una biblioteca que celebro para poder vanagloriarme entre los notables de la ciudad, y me falta por llenar en ella un espacio que muy bien habría de ocupar este libro; cuando lo he visto de excelente caligrafía y hermosa encuadernación me ha parecido el apropiado, y no me importa lo que pueda costarme, alabanza a Allah que me ha beneficiado abundantemente>>. Dijo al-Hadrami: Me dejó asombrado e hizo que le dijera: Si, la riqueza en bienes solo conviene a quienes son semejantes a ti; se dan nueces a quien no tiene dientes; yo sé lo que contiene ese libro y lo busco porque me sería de utilidad y sin embargo no dispongo de medios, y lo poco que hay en mis manos se interpone como un obstáculo entre mí y el libro>>.

Se preguntó a ibn Bashkwall (ibn Pascual) por el alcázar de Córdoba, y dijo: <<Es un palacio inmemorial que se han ido pasando los reyes desde los tiempos de Moisés el profeta, sobre nuestro Profeta y él sean las bendiciones de Allah; en él hay edificios muy antiguos y vestigios sorprendentes de origen griego, y después romanos, visigodos, y otras naciones pasadas, y la lengua es incapaz de describirlos. Y después los califas marwánidas desde que Allah les facilitó al-Andalus, añadieron sorprendentes y bellísimas maravillas, y han dejado en él excelentes vestigios, y elegantes arriates por los que han hecho fluir aguas dulces canalizadas desde la serranía cordobesa atravesando grandes distancias, abastecido también con ellas al noble alcázar. Esas aguas corren por todas sus glorietas conducidas por canales de plomo que llegan hasta cisternas con imágenes y formas diferentes hechas en oro acendrado, plata pura y bronce recubierto de donde pasan a lagunas grandiosas, albercas únicas y estanques extraordinarios con cuencas de mármol bizantino excelentemente grabado>>.

Dijo: <<Y en este alcázar está el gran dique, de inmensa altura, que nadie ha podido comparar con nada en el oriente de la tierra ni en su occidente>>.

Dijo: Y algunos de sus palacios célebres y de sus jardines renombrados son: al-Kámil (el Perfecto), al-Muyaddad (el Renovado), al-Hair (el que asombra), ar-Rawda (el Vergel), az-Zahir (el Florido), al-Ma’shuq (el Deseado), al-Mubárak (el Bendito), ar-Rashiq (el Grácil), qasr as-Surur (el alcázar de la Alegría), at-Tay (la Corona) y al-Badí (el Insólito)>>.

Dijo: <<Y entre sus puertas, que Allah ha abierto para la ayuda de todos los que sufren injusticias, para aligerar las cargas de todos los apesadumbrados, y para distinguir justicia según la Verdad, está aquella sobre la que asoma la terraza cubierta que no tiene modelo en el mundo. Y sobre esta puerta hay una puerta de hierro en la que se han dispuesto aldabas de latón que se asemejan a la forma de un hombre con la boca abierta: son las aldabas de la ciudad de Arbuna (Narbona) del país de los francos que abrió el emir Muhammad; él fue quien trajo esas aldabas para la puerta del alcázar . Y tiene una puerta anterior, que es la conocida con el nombre de bab-al-yinan (la puerta de los jardines). Y frente a estas dos puertas mencionadas, sobre la calzada que se asoma al gran río hay dos célebres mezquitas por su bendición donde el emir Hisam ar-Radi impartía justicia intentando con ello lograr la copiosa recompensa de Allah. Y tiene otra tercera puerta, conocida como Bab al-Wadi (Puerta del Valle), con otra a su izquierda conocida como Bab Qawaría. Y tiene una cuarta puerta llamada la Puerta de la Alhama, que es antigua y por donde pasaban los califas el viernes para acudir a la Mezquita Alhama por la galería>>. Y enumera otras puertas del alcázar que han desaparecido después de la discordia de los tiempos de al-Mahdi ibn ‘Abdel-Yabbar.

Y menciona ibn Bashkwal, al que Allah halla acogido en su Misericordia, que las puertas de la ciudad de Córdoba eran siete: Bab-al-Qántara (la Puerta del Puente) en dirección hacia la qibla, conocida también como Bab-al-Wadi (la Puerta del Valle) y por Bab al-Yazira al-Jadrá (la Puerta de Algeciras), que está situada sobre el río; y Bab al-Hadid (la Puerta de Hierro), llamada también bab Saraqusta (Puerta de Zaragoza); y Bab ibn Abdel-Yabbar que es Bab Tulaytula (Puerta de Toledo); y Bab Rumía (Puerta Romana), donde convergen las tres calzadas de la circunferencia de la tierra desde la isla de Qádis (Cádiz), a Qarmuna (Carmona), a Qúrtuba (Córdoba), a Saraqusta (Zaragoza), a Tarrakuna (Tarragona), a Arbuna (Narbona) pasando por la Gran Tierra; después Bab Talabira (la Puerta de Talavera) que es también Bab Lion (la Puerta de León); y después Bab ‘Amer al-Qorashi frente a la que está el cementerio que lleva su nombre, y después Bab al-Yuza (la Puerta de la Nuez), conocida también como Bab Batalyaws (la Puerta de Badajoz); y después Bab al-‘Attarin (la Puerta de los Perfumeros); y finalmente Bab Ishbilia (la Puerta de Sevilla)>>.

Y menciona también el número de los arrabales (arbad) de Córdoba que son su ampliación cuando ya estaba acabada de edificar, y son veintiuno, el primero de los cuales el situado frente a Córdoba en la otra orilla del río y llamado Rabad Shaqanda; y también el Rabad Almunia de ‘Ayab. En su parte occidental había nueve: Rabad Hawanit ar-Rayhán (Arrabal de las tiendas de arrallán), Rabad ar-Raqqaqín (Arrabal de los pulideros), Rabad Másyid al-Kahf (Arrabal de la Mezquita de la Cueva), Rabat Balat Mughiz (Arrabal del Palacio de Mughiz), Rabad Masyid ash-Shifá (Arrabal de la Mezquita de la Curación), Rabad Hamman al-Ilbiri (Arrabal del Baño de Elvira), Rabad Masyid ar-Rawda (Arrabal de la Mezquita del Vergel), Rabad as-Syn al-Qadím (Arrabal de la Prisión Antigua). En cuanto a los arrabales de la zona norte eran tres: Rabad Bab al-Yahud (Arrabal de la Puerta de los Judíos), Rabad Masyd Umm Salma (Rabad de la Mezquita de Umm Salma), en cuanto a los arrabales de la parte oriental de la ciudad, son siete: Rabad Shablar, Rabad Qarn Birril, Rabad al-Bury (Arrabal de la Torre), Rabad Almunia de ‘Abd-Allah, Rabad Almunia de al-Mughira, Rabad az-Zahira, Rabad al-Madína al-‘Atiqa (Arrabal de la Ciudad Antigua).

Dice: <<Y en medio de estos arrabales está la alcazaba de Córdoba caracterizada por su muralla de la que carecen los arrabales. Cuando se iniciaron las guerras civiles fueron rodeados por fosos y muros poderosos>>.

Y menciona ibn Ghálib que  la circunferencia de este muro tenía un total de veinticuatro millas. Shaqanda se incluye en las medidas de la ciudad, porque es antigua y amurallada.

Dice ibn Said en <<al-Mughrib>>: <<Y recordemos ahora algunos de los lugares de recreo, y citas de Córdoba, aquellos que son célebres por ser mencionados en verso y prosa, sin ocuparnos de los otros que no tienen la misma fama ni son tan interesantes. Bordaré su  mención con poemas cordobeses que recuerde referentes a aquellos lugares, y con la descripción de lo que contienen sus recintos. El primero de esos parques es el de los califas narwánidas, que es el alcázar de la Ruzafa. De él decimos: este palacio fue construido por Abderrahmán ibn mu’awiyya en sus primeros días para su esparcimiento, y donde residió la mayoría de las veces fue en la almunia de la Ruzafa que situó al norte de Córdoba ligeramente inclinada hacia el oeste. Hizo de ella un hermoso palacio y lo rodeó de espaciosos jardines en los que plantó raras especies vegetales y nobles árboles de todos los lugares. Allí sembró las semillas escogidas y extrañas que sus dos emisarios Yasid y Safar le trajeron de Siria (Sham). Crecieron dichas plantas por la seriedad y el cuidado que se les había dispensado y en poco tiempo se convirtieron en árboles inmensos que daban maravillosos frutos que en poco tiempo se extendieron por todo al-Andalus, que reconoció la virtud de sus diferentes especies>>.

Dice la leyenda: <<Y le dio el nombre de Ruzafa por el de su abuelo Hisham en tierras de Siria, las cuales amaba. Por haberla escogido, por la atención que le dirigió, por lo mucho que la frecuentaba –en ella residía la mayoría de  las veces-, por todo ello voló su fama en sus días, y la preferencia y la inclinación que hacia Ruzafa tenía se continuó después de él en el recuerdo de los cordobeses>>.

Dijo: <<Todos ellos (los omeyas) la prefirieron, y ampliaron sus edificios, y afilaron su ingenio los poetas para descubrirla, compitiendo entre ellos, hasta llegarnos hoy de ellos versos que se han hecho famosos y son apreciados>>.

Y dijo ibn Said: <<Y  la granada <<safrí>>, cuyo cultivo se ha extendido por todo al-Andalus hasta llegar el punto de que los andalusíes sólo prefieren esa especie, tiene su origen en la Ruzafa. Habla de ella ibn Hayyan y le consagra un capítulo en su obra, diciendo: es descrita por sus virtudes, la preferida con gran diferencia entre todas las clases de granadas, por la dulzura de su sabor, por la suavidad de sus semillas, por su abundancia de líquido, por su hermosa forma. Fue su emisario a Siria para traer su hermana a al-Andalus quien trajo con él algunos ejemplares de la Ruzafa que allí se atribuye a Hishaam. Dijo: Y Abderrahmán la mostró a sus hombres mostrándose orgulloso de ella, y entre los presentes se encontraba Safr ibn ‘Ubaid al-Kula’i, soldado jordano, del que se dice de los ansar (habitantes de Medina que auxiliaron al Profeta cuando este emigró) y que era de los que portaban las banderas del Profeta (s.a.s) en sus batallas, y se dice que eran los que después portaban las banderas delante de los califas omeyas. El emir le dio parte de esa granada cuya belleza le agradó. Se la llevó consigo a un pueblo de la cora de Rayya (Málaga), y trató sus semillas y se las ingenió hábilmente para sembrarlas, alimentarlas y cambiarla adecuadamente de lugar hasta que creció convirtiéndose en un árbol abundante en frutos maduros, pareciéndose a su original, siendo insólita su belleza. Al poco se presentó con ella ante Abderrahmán, y he aquí que era lo más parecido a la primera granada ruzafi. El emir le preguntó por ella, y Safr le narró las estratagemas que había utilizado. Maravilló a Abderrahmán la lucidez de Safr, y consideró noble sus aspiración, y le agradeció su obra, y se le mostró generoso, y sembró de esa granada en la almunia de la Ruzafa, y en otros de sus jardines. Así fue como esa especie se ha extendido, y las gentes se dedican ampliamente a su cultivo. Y se le ha dado su nombre, siendo conocida hasta hoy como granada safrí>>.

Esta granada ha sido descrita por el poeta Ahmad ibn Muhammad ibn Farah con versos que envió a alguien que le regaló unos ejemplares de este exquisito fruto:

Vestida de nacar rojo

te llega repleta de rubíes.

Como si abrieses una suave cajita

de sangriento coral

con granos como sonrojo de

amante,

con gotas de miel, si quieres.

A safr se atribuye

pero no se ha alejado

haciéndola añorante la distancia

ni sufre viajando de noche.

Pero sí,

se ha separado de su frondoso

jardín,

sus dulces ramas lozanas,

y llega hasta ti con su mejor

adorno,

su fresca rama cubierta de rocío

que  reverdece siempre antes de

dar fruto,

obsequio de quien se regala a sí

mismo

y se cree avaro.

 

Y dijo ibn Said: <<Y me informó mi padre diciendo: me informó el destacado compositor de muwashshahas al-Muhsin abul-Hásan al-Mariní, diciendo: Mientras bebía con mis amigos frente a la Ruzafa, he aquí que se allegó a nosotros un hombre de aspecto raído, de semblante rudo, que se sentó a nuestro lado. Le dijimos: ¿Cómo te atreves a sentarte junto a nosotros sin que haya un conocimiento previo? Dijo: No os apresuréis a conjeturar una opinión sobre mí. Después, pensó un momento, levantó la cabeza y nos recitó:

Danos de beber frente al alcázar de

la Ruzafa

y medita sobre el destino del

califato,

observa como continuamente el

horizonte

se transforma en tierra

para que el inteligente reconozca

y vea que todo  lo que hay en él,

sea placer o gloria

no es más que estupidez.

Así todo  lo contemplo, salvo una

cosa:

la pasión del amor y la primicia

del vino.

 

Dijo al-Marini: Y besé su cabeza, y le dije: Por Allah, ¿quién eres tú? –Me dijo: Qásem ibn ‘Abbud ar-Riyahi, aquel  del  que  dicen  las  gentes que está loco- -Dijo: le dije: Esos no son versos de un loco, hombres con su sentido son incapaces de crearlos. Por Allah, completa nuestra alegría con tu compañía y la recitación de las agudezas de tu poesía-. Y así fue que hizo feliz ese momento nuestro y nos complació con sus versos, haciéndonos sentir la bondad de la vida, hasta que nos despedimos, y se fue golpeándose contra las paredes de ebrio que iba, y decía: ¿Oh Allah, perdón!>>

Dijo: <<Y uno de los alcázares de las afueras de Córdoba es el de sayyid Abu Yahya ibn Abi Ya’qub ib’abd  al-Múmin, que estaba sobre el gran río encima de una estructura de arcos. Cuando al sayyd se le preguntó por el motivo que le llevó a afanarse tanto en la construcción de aquel alcázar situándolo lejos de las gentes de Córdoba, dijo:: Sé que ellos no recuerdan a ningún wali después de haber abandonado sus funciones ni para ellos tiene ningún valor, y eso por la admiración que sienten al recordar el califato marwánida. He querido dejar en sus tierras un vestigio mío por el que ser recordado a pesar suyo>>.

Dijo ibn Said: <<y me ha relatado mi padre que Nahid ibn Idris, el poeta de Wadi Ash (Guadix) en su tiempo le recitó lo siguiente en aquel palacio:

¿Acaso no habría de  celebrarse

un alcázar alzado sobre el agua

desde abajo por piedras arqueadas?

Es el edificio soberbio

Que desdeña a las Pléyades,

y cabalga a lomos del río

con orgullo y fuerza,

pero donde asienta sus pies

no hay cimientos,

y  es así que siempre está habitado

y a sus puertas las muchedumbres

rebosan,

y por siempre en sus horizontes

se celebran bodas.

 

Y dijo al-Fath en su obra <<Qala-id al-‘iqán>> al mencionar al visir ibn’Ammar: <<Paseaba por el Dimashq (Damasco) de Córdoba, que es un alcázar erigido por los omeyas con finas láminas de piedra y columnas, cuidando su detalle sin reserva, siendo portentosa su edificación, adornados sus espacios abiertos y patios, e hicieron de él el campo de sus descansos y el recinto de sus alegrías, logrando en él las cotas de su palacio oriental, y lo alzaron cual si fuese una estrella brillante, en ese magnífico se le recitaron a Ibn ‘Ammar estos versos:

Todos los palacios,

que no el Dimashq,

son censurables.

En él maduran los frutos

y son deliciosos los aromas.

Una vista límpida,

aguas saludables,

tierra fresca, perfumada,

y un alcázar altivo.

Allí velaba

y para mí eran la noche y la

alborada

ambar gris y cálido almizcle.

 

Y menciona al-Hiyari en <<al-Mushab>>, que el arraez Abu Bakr Muhammad ibn Ahmad ibn Ya’far al-Mashafi pasó junto a  la almunia llamada al-Mashafía y que fuera de su abuelo durante los días que ocupó el cargo de hayib  para el califa al-Hakam al-Mustansir. Al acercarse a la almunia, el arraez derramó lágrimas al recordar el triste destino de su abuelo en la época de Almanzor ibn Abi’Amer que le despojó de sus dominios y posesiones, y dijo:

Deténte un momento junto a la al-

Mashafía

y humedece una pupila que ya no

tiene iris,

y pregúntale por Ya’far,

por sus aguas agitadas,

por su rocío,

en aquellos tiempos ya pasados.

Ya’far es como Ya’far, el iman,

al que el tiempo ha impuesto dificultades y humillación.

Cuántas veces se ha advertido de

la perdición

y  nos hemos hecho los sordos:

¡no hay seguridad para el poderoso!

Mientras el se eleva

el mañana le reserva

el otro platillo de la balanza.

 

Dijo ibn Sa’id: <<Me informó mi padre que le había dicho su  padre: Salió conmigo hacia esa almunia en los tiempos de Fath an-Nuwwar, Abu Bakr ibn Baqí, el célebre poeta, y nos sentamos bajo una raya de almendros recién florecidos, y dijo ibn Baqí:

Una línea de almendros en el

huerto

ha salido a mi encuentro.

Nada sobrepuja a nada, ni tiene

defecto,

como si cada rama fuese el brazo de

una muchacha

que flexible, pliega la brisa en

una danza.

 

Y recitó otros poemas, entre ellos:

 

Me asombra quien se apiada del

vino de su tinaja

la mañana en la que ve florecer el

almendro del jardín.

 

Y no recuerdo el resto de los versos>>.

 

Dijo mi abuelo: <<Y tras algún tiempo me reuní con él en Granada y le recordé nuestra reunión en la almunia de az-Zubayr, entonces suspiró y pensó durante un momento, y dijo: <<Anotad lo que os voy a dictar>>, y escribimos:

Riegue Allah el huerto de

Az-Zubayr,

Y permanezca bajo su protección el

fluir del río

mientras canten las palomas.

En su atrío nos vimos favorecidos,

en sus verdes extensiones

de sereno ascendente.

Es el rincón floreciente,

de cálidas sombras,

de aguas derramadas.

Ahí es donde me enamoro

ardientemente,

esté ya cerca, esté lejos,

y es así que le conviene mi recuerdo

y mi pasión.

Por el corazón latente de ese río, late

el mío cuando me ausento.

 

Dijo: le dije: <<Alláh os reúna de acuerdo con tu apetito>>. Dijo: A ti te es posible facilitármelo>>. Dije: <<Y, ¿cómo  podría yo ayudarte?>>. Dijo: <<Entrégame esa espada que llevas al cinto,  para que me sea provisión en el camino, y gaste lo que sobre en él, según sabes>>. Dijo: dije: <<Con esta espada  me honró el sultán Abu Zacaría ibn Ghánia, y no me es posible desprenderme de él, pero te entregaré su valor>>. Salió y volvió con una persona conocedora del valor de las espadas para que lo valorase y al que dijo: <<Es la espada del sultán ibn Ghánia>>, para que su final recogió el dinero que había sido fijado, y recitó improvisando estos versos:

 

Prolongue Allah la vida

del generoso Said,

y le haga permanecer, y  lo alce la

felicidad.

Su  nobleza ha dado causas para

mi retorno

a la patria,

y heme aquí que a ella vuelvo.

Beso agradecido su puño

y mi camino recita los signos de su

generosidad en himnos.

Me ha obsequiado de entre sus

tesoros

con una espada

que no dejará cuello para las tristezas.

 

Y el alcázar persa es otro de aquellos a los que acude la gente con la intención de recrease por las afueras de Córdoba. Fue mencionado por el visir Abu-Walid ibn Zaydún en el poema en el que enumera los lugares de esparcimiento de Córdoba  y donde podrás informarte. Motivó ese poema una fiesta que tuvo lugar después de su huida de Córdoba durante los días de los Banu Yahwar, que le recordó las alegrías de las fiestas de su patria y sus encuentros amorosos con Wallada a la que amaba profundamente y que le inspiraba sus versos. Aquel poema comenzaba diciendo:

Amigo,

no me alegra la ruptura del ayuno

ni la fiesta del sacrificio.

Así es para quien amanece amante

tal como se acostara.

 

Y ya insertaremos esta qasida en el capítulo, así como la de Abul-Qásim ibn Hisham al-Qúrtubi que empezaba:

Un obsequio

que temprano llega