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Su
genealogía: Es
Shihab ed-Din abul-Abbas Ahmad bn Muhammad bn Ahmad bn Abderrahmán
bn abil-Aysh bn Muhammad al-Maqqari at-Tilimsani de nacimiento, habitante
de Fez y después El Cairo. Su
vida: Nació en la ciudad argelina de Tilisán (Tlemcén), aunque el origen de su familia está en el pueblo conocido por el nombre de Maqqara al que se remonta la genealogía de otros ulemas del Magreb.
En sus obras, no menciona al-Maqqari su fecha de nacimiento. El
orientalista Levy Provenzal y el doctor Husayn Munis la sitúan en el año 1000
de la Hégira, siglo XVII del cómputo occidental. El profesor Abdullah Inan
niega esta posibilidad según la cronología que al-Maqqari refiere acerca de
sus viajes. Para el profesor Ihsan Abbas nuestro autor habría nacido el año
986 de la Hégira apoyándose en las afirmaciones que ibn Mansur sostiene en su
Introducción a Rawdat al-As.
Sus primeros estudios fueron dedicados al Corán y el Hadiz, bajo la
dirección de su tío el shayj abu Uzmán Said bn Ahmad al-Maqqari. Fue en el
Hadiz donde destacó y más tarde sería célebre por sus conocimientos acerca
de esta materia. No obstante, fue iniciado en su ciudad natal en literatura y
Derecho malikí.
En dos ocasiones viajó a Fez; la primera en 1009 de H. donde pasó algún
tiempo mejorando sus estudios. Volvió en 1013 ya con intención de fijar su
residencia en la que era por entonces la mayor capital del Magreb e importante
centro de irradiación cultural.
No menciona al-Maqqari los motivos que le llevaron a Fez. Sea lo que
fuera, continuó en ella sus estudios y frecuentó a los grandes doctores de la
ciudad hasta convertirse en uno de los ulemas más destacados. En 1027, apoyado
por el sultán Zaydán as-Sadi, fue nombrado mufti así como también llegó a
ser imam de la mezquita al-Qarawiyyin. No se sabe con certeza qué le llevó a renunciar al alto cargo que ocupaba para abandonar el Magreb a finales del año 1027. Tal vez se deba a sus relaciones con la tribu argelina de los Sherega que al iniciar su sultanato Muhammad ash-Shayj as-Sadi colaboró con Abdullab bn ash-Shayj para usurpar el trono de Fez; o tal vez fuera la envidia de los que no soportaban ver el rango de ese extranjero junto al sultán que les conduciría a confabularse contra él y acusarlo de estar liado con la mencionada tribu. En cualquier caso, esa acusación parece ser el motivo de su decisión.
Abandonó la ciudad de Fez en dirección hacia Oriente: Alejandría, El
Cairo y finalmente Meca a donde llegó al año siguiente, donde permanece hasta
cumplir su primera peregrinación; visita después la tumba del Profeta en
Medina, y retorna a l Cairo donde lo encontramos el mes de Muharram del año
1029H.
En la capital egipcia no encuentra la acogida que esperaba y pocos
meses después se decide por Jerusalén, desde donde inicia viajes
intermitentes a Meca y Medina. En 1037 había estado ya cinco veces en Meca y
siete en Medina, y por primera vez se dedicó a la enseñanza del Hadiz en la
misma Mezquita del Profeta. Tras su quinta peregrinación vuelve de nuevo a El
Cairo (1037H) y de Egipto regresa a Jerusalén el mismo año, y comienza a enseñar
en la Mezquita de la Roca.
El mismo año visita Damasco donde después de algunos problemas con la
comunidad magrebí que allí residía, es recibido y acogido en los mejores círculos
literarios e intelectuales de la capital siria. Alcanza enorme prestigio durante
su enseñanza de las obras de Bujari en la gran mezquita omeya. Al-Mahabbi
escribe: <<Enseñaba el libro de Bujari en la alhama bajo la cúpula del
Aguila, siempre poco después de amanecer. A
los pocos días aumentó grandemente el número de asistentes a sus
conferencias y tuvieron que trasladarse al patio cerca de
la cúpula a la que se llamaba
al-Baunía. Comenzaron a asistir los más notables ulemas de la ciudad, así
como fue en aumento el número de sus discípulos que nunca se ausentaban a
ninguna de sus clases. El día que concluyó sus comentarios se convirtió en
una gran fiesta a la que acudieron miles de personas y donde muchas alzaron sus
voces en llanto>>.
No obstante, a pesar de sus éxitos en Damasco, su deseo era vivir en
Egipto donde nunca habrían de ser reconocidos sus méritos. En su siguiente
viaje a Egipto pasó por Gaza donde fue invitado por el shayj Ghasin y donde
colaboró con el emir en la construcción de una madraza. Al llegar a El Cairo
se dedicó de lleno a escribir pero no
tardó en encontrar una grave oposición por parte de las gentes de letras por
lo que volvió a Damasco el año 1040, y después de otro intento por quedarse
definitivamente en Egipto murió en Damasco el año 1041H, encontrándose
actualmente su tumba en el cementerio llamado al-Muyawirin. Su
obra:
La obra de al-Maqqari es extensa. Su interés abarca una amplia temática
que va desde el ensayo histórico, a la
creación literaria, del análisis jurídico a la relación de biografías y
genealogías. Su prosa se caracteriza por la fluidez que se consigue a través
del say’ que consiste en hacer
rimar diferentes partes del texto lo que obliga al autor a hacer gala de su gran
maestría en el manejo de la lengua árabe muchas veces en detrimento de la
calidad científica del texto. Al-Maqqari es también un excelente poeta, aunque
no llegue a igualarse a los mejores que ha tenido la literatura del
Islam, si competía con sus contemporáneos. Su exacta combinación de estilos y
la variedad de la temática ha hecho que se
le compare con otro gran autor del género <<adab>>: al-Yahid, el
autor del célebre <<Los Avaros>>. Al
menos dieciocho de sus títulos nos han llegado, y entre todos ellos cabe
destacar la inmensa enciclopedia que dedicó a la descripción de al-Andalus y
sus hombres; <<Nafh at-Tib>>, conocida en Occidente bajo el nombre
<<Las Analectas de al-Maqqari>>. El autor explica en su introducción
las razones que le llevaron a elaborar la obra (diez volúmenes en la excelente
edición que de la misma ha hecho la libanesa <<Dar al-Fikr>>):
<<Mientras habíamos fijado nuestra estancia en la bien custodiada
Damasco, mientras reflexionábamos
acerca de las bellezas y de su alhama, sus casas, sus alcázares y su vega, a
menudo ordenábamos en el collar de nuestras conversaciones las perlas de las
noticias que recogieron, y así me refugiaba a la sombra de los jardines con
aquellos hombres notables de encuentros felices, disputándonos entre nosotros
las mejores hojas del ciprés de la literatura y el bien decir, y bebíamos de
sus dulces aguas, y nos regalábamos con sus más preciados frutos extendiendo
frente a nosotros la alfombra del regocijo, procurando no caer en los
prolijo. Recordábamos entonces los diferentes países, invocábamos las
banderas de los sabios, y el discurso nos arrastraba, y las palabras se hacían
afligidas y más hermosas cada vez que nos referíamos al país de al-Andalus, y
describíamos sus jardines como de brocado de bellezas suspendidas. Entonces
comencé a citar piedras preciosas que habían dicho los más destacados hombres
de al-Andalus, genios de la elegancia y la
elocuencia, según podía recordar, dedicando especial atención al recuerdo de
su visir Lisan ed-Din bn al-Jatib de acuerdo a lo que sugería cada ocasión y
lo que exigía la abundante composición de nuestras charlas, y ello sorprendía
a los que más gala hacían de su memoria, los más conocidos en las artes de
los adornos de la lengua, sin duda el visir fue el caballero de la correcta
redacción y el poeta del amor y su prosa la mejor de la época. Cuando estas
reuniones se repitieron varias veces, y mis citas acerca del visir acabaron por
despertar sus oídos, llegaron a amarlo hasta que sus palabras parecieron el
consenso de la reunión, y penetraron sus corazones hasta convertirse en su única
exigencia>>. Fue durante una de sus estancias en el Cairo donde planeó la redacción del libro según le había sugerido el emir Ahmad ash-Shahini, pero diferentes circunstancias le impidieron acabarlo entonces. Aunque su intención primera era la de escribir un ensayo sobre el visir granadino Lisan ed-Din bn al-Jatib, pronto sintió la necesidad, según nos cuenta en la introducción, de realizar una extensa descripción de al-Andalus, su historia, principales personalidades, etc. lo que llegó a ocupar el cuerpo principal del libro. |
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