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INTRODUCCIÓN (1):
Algunos liberalistas se interesan acerca de la necesidad de mantener una
relación con los demás autonomistas peninsulares. Por lo que a mí
respecta, aprovecho esta oportunidad que me depara el que la anterior
carta electoral no viene a ocupar el espacio acostumbrado por las que
hubieron de precederla, para tener el gusto de publicar la correspondencia
que tuve, durante estos últimos tiempos con hombres destacados en la
política o en las letras catalanas.
1ª Carta a los Señores Consejeros
de la Generalidad, cuando llegaron
al Penal del Puerto
de Santa María.
Señores Luis Companys y compañeros de la Generalidad Catalana en la Cárcel
del Puerto de Santa María:
La llegada de ustedes a Andalucía nos tiene impresionados profundamente. Y
nuestra reacción fluye, desde que vinieron ustedes, en la tristeza de una
pena grande; cual es la de considerar que la verdadera Andalucía,
restaurada en nuestro espíritu, quisiera alojar en sus mejores palacios a
los hermanos ilustres de Cataluña; para quienes, por haber todavía
Andalucía irredenta, se ha dispuesto actualmente una prisión en una de
nuestras infortunadas ciudades.
Creo, señores, expresar el sentir de la Junta Liberalista de Andalucía
ofreciéndoles con vehemencia cuantos servicios pudieran ustedes necesitar;
esperando que con sencillez o libertad de hermanos dispongan ustedes de
nosotros. Les remito unos libros por si les distrajese leer cual fue el
pensamiento de nuestra Andalucía cuando España dijo con su palabra
República, que quería llegar a se lo que fue y lo que realmente es a pesar
del uniforme exótico con que la hubieron de vestir sus reyes, inspirados
por normas extranjeras.
Aquellos individuos del Gobierno Provisional no pagarán nunca el mal que
hicieron cuando llegaron a difamarnos y a perseguirnos con furia;
preparando entre otros males este de que haya venido a abrirse en
Andalucía una cárcel en vez de un palacio para alojar a nuestros hermanos
del generoso país Catalán.
Salud y la Paz les desea respetuosamente su afectísimo.
2ª Carta a los mismos señores
don Luís Companys, etc.
Espero que dentro de unos días irán a visitarles algunos amigos del grupo
gaditano. Yo también quiero ir a saludar a ustedes.
Hablamos mucho de ustedes. Sufrirán mucho en esa cárcel, sobre todo con
este horrible calor de Andalucía. Sufrimiento trascendente para la
fecundidad catalana. La vida de Dios es el goce puro del sufrimiento por
la fecundidad que es la alegría. El único enemigo de Dios es el dolor
estéril de los que no sufren por ella.
Por tierras de España, ya lo sabrán ustedes, cada vez más intensa la
guerra civil o su alma latente; recíproca e irreductible incomprensión. El
infierno en España. Ya lo dijo nuestro antiguo Profeta: "El día en que un
alma no comprenda a otra alma, este es el único infierno"(2) . Cuando
perdimos Granada, salmodiaban nuestros mártires esta profecía que recoge
el Cancionero de Palacio:
"Pobre España, sin ventura
Todos te deben llorar
Despoblada de alegría
Para nunca en tí tornar".
Acaso la alegría de todas las españas, y por consiguiente de la inmortal
Cataluña, dependa de esa condición que, en relación con aquella profecía,
se pudiera venir a simbolizar diciendo que la alegría o libertad de las
españas, ha de ser coincidente con la resurrección de Granada, es decir, de
Andalucía. Es una clave extraña, pero la fluencia de la España verdadera
bajo capa de cinco siglos de historia fingida, de ser considerada con
atención, tal vez la viniera a justificar.
Acuérdense, recuerden que hasta que no llegó a derrumbarse con Granada el
baluarte postrero del puro vivir andaluz; nuestro asidero último a la
libertad en el seno de la Patria común; hasta entonces no pudo comenzar a
erigirse el estado político absolutista en España; y fue desde entonces,
iniciado el proceso de la centralización determinante de una involución
hacia el desvivir en cuanto a la existencia de los pueblos españoles.
Fíjense; está muy claro. Ningún pueblo español, muerta Granada, pudo
evitar la vigencia en la península de la fórmula general renacentista
Europea referente al absolutismo político: Del mismo modo; en la gran era
hegemónica de Andalucía sobre el resto Ibérico. También hubieron de
impedir el que la Europa uniformista siempre, activista siempre,
asimilista siempre, llegase a implantar en España su fórmula política medievalista
coincidente con el feudalismo. Y es que para que España sea España, se precisa de que dentro de ella aliente un genio o un pueblo que
por ser diferente de Europa, evite, la absorción por Europa de España.
Y perdonen ustedes estas letras que acaso no sirvan para distraer ni para
orientar. Sólo el fervor implica la alegría y excluye la necesidad de
consuelo. Allá va la fe nuestra a fundirse fraternalmente con la de
ustedes por la libertad verdadera de España.
Salud y la Paz les desea respetuosamente su afectísimo.
Poco después, además de los liberalistas del grupo gaditano, fuimos a
entrevistarnos con los prisioneros del Puerto de Santa María, una
representación de los liberalistas de Sevilla. Tuvimos la alegría de
distraerles un poco, departiendo con ellos, a través de las rejas y de
explicarles las especiales características de nuestra empresa, o lo que es
igual, las particularidades de la inspiración andalucista, así como las de
nuestros métodos o modos de nuestra acción.
3ª Carta al escritor catalanista
señor Cases-Carbó
16-1-36. Don Joaquin Cases-Carbó.
Mi querido señor: El goce de ser en los demás se experimenta al saber que
vive en los demás el pensamiento propio. Sea para usted ese goce por esta
carta mediante la cual le comunico que ha llegado a vivir en mí su
pensamiento, en correspondencia agradecida a la amabilidad que tuvo
conmigo remitiéndome su libro admirable, el cual, capítulo tras capítulo,
he aprendido con lectura seguida; sobre todo, los dos estudios que usted
hubo de señalar, en su grata, a la preferencia de mi atención.
Nosotros, hemos practicado la táctica política. No hay más que una
táctica: acomodación de la conducta política ( u ordenada al beneficio de
la Comunidad), según las exigencias o permisiones de las circunstancias
vigentes. Durante un cuarto de siglo hubimos de dirigirnos atentos a un
aprovechamiento completo o exhaustivo de aquellas permisiones, elaboradas
por nosotros mismos, o suscitadas por el azar, que a nuestra acción se
iban ofreciendo. Pero, !con qué tacañería nos proporcionó el trabajo los
medios de preparar las ocasiones, y la suerte nos brindó las oportunidades
de avanzar sobre la tierra a nuestros anhelos de restauración!. Además: A
todos los autonomistas peninsulares, salió al paso solamente una
dificultad o prejuicio: el españolista. Contra nosotros, a más de este
obstáculo, otros tres enemigos llegaron a oponerse, con tenacidad
desesperante intentando obstruirnos definitivamente la posibilidad de
abrir camino para nuestra marcha:
Primer enemigo: El prejuicio europeísta, contrario al devenir y, por
consiguiente, a la acción política, referidos a la Andalucía auténtica.
Hablar de restaurar, adecuándolas a las condiciones de los tiempos
actuales, nuestras instituciones liberalistas de Al-Andalus, su ambiente
cultural, su pensamiento acerca del mundo; su sentido de orientación
vital; los únicos que pueden llegar a formalizar y a satisfacer, y a
ordenar por cauces propios, el alma original de este pueblo. Esta
pretensión tenía caracteres de sacrificio y, nuestras evocaciones,
resonancias de blasfemia hasta para los mismos pseudo-andaluces creyentes
todavía en la mítica creación de Europa-Arquetipo; modelo mesiánico o
salvador de todos los pueblos de la tierra.
!Con cuánto sigilo tuvimos que deslizarnos en el desarrollo vigilante de
una inspiración de complot siempre enmascarados con la careta pragmatista,
midiendo palabras, disfrazando acciones, hasta llegar a preparar alma tras
alma, para llegar a recibir sin escándalo, nuestras revelaciones, casi
iniciáticas o comunicadas en tono de misterio! (3)
Segundo enemigo: Depresión de la psiquis andaluza:
Vosotros sois un pueblo de señores con relación a nosotros, pobre pueblo
conquistado; estilo no europeo, a quien la dureza de la acción
conquistadora asimilista, llegó a sugerir un concepto de sí mismo,
coincidente con la creencia en la propia espureidad o en una inferioridad
racial dimanante de un inexorable Destino; procedente de una fatalidad
ineludible, escrita, para siempre y desde siempre, en un Decreto
ineludible de la Naturaleza, ordenada por una necesidad del Cosmos o para
el Cosmos.
!Si, hasta nuestra historia llegaron a enterrar con saña u odio jamás
igualados por alguna empresa de coloniaje!. Como que nuestro mayor crimen
era para Europa y, para España (triste instrumento de Europa, contra
nosotros) precisamente nuestra gran Historia. Único pueblo peninsular a
quien le fue interdicto hasta el goce del recuerdo. Único pueblo
peninsular que tuvo que hablar un idioma cuya prosodia repugnaba a su
garganta y a quien proscribieron hasta el alfabeto que contiene las grafías
propias para representar los sonidos correspondientes a la
constitución particular de su laringe, condenándole a usar un alfabeto
extraño con el cual le privaron aún de la dicha de ver fotografiada su
palabra verbal, en la escrita: único pueblo que no sabe nombrar a sus
antepasados ilustres: Todavía, el nombre de andaluces, nos lo hubieron de
conservar con repugnancia; gracias a que los europeos llegaron a encontrar
para este nombre una germana o vandálica etimología: (Vandalusía) que
viniera a desplazar, aunque disparatadamente, el idioma odiado. Vosotros
conserváis la altivez de los pueblos vencedores porque en la anfictionía
de esos pueblos hubisteis de formar contra nosotros. Y pudisteis, por
esto, obrar con la seguridad de señores y con la firmeza de quien llega a
actuar en su propio mundo, el cual, para vosotros, es el de Europa.
Nosotros, sumidos en un mundo extraño, aherrojados secularmente, malditos
y despreciados por la ortodoxia (no solamente religiosa) europea;
castigados desde siempre, primero con hogueras, después con el hambre
eterna, y siempre vejados, injuriados o escarnecidos; a contar desde
aquellos tiempos de las pretendidas expulsiones, en las cuales nos cazaban
como los espartanos a los ilotas; hemos tenido que avanzar,
cautelosamente, después de asomar a la superficie con la timidez
correspondiente al ánimo desconfiado, de quien, durante siglos, estuvo
condenado a morar en escondrijos y a deslizarse por subterráneos.
Tercer enemigo: La pobreza del pueblo andaluz:
El verdadero pueblo andaluz es muy pobre. Nada tiene: Ni aún su tierra por
donde vaga como un ciego. Nos lo quitaron. El pueblo andaluz, auténtico,
es el pueblo jornalero o campesino pequeño terrateniente o colono de
nuestros distritos rurales. Los pudientes, los amos de la tierra o los
dueños de la industria o del gran comercio, son los descendientes de los
capitanes de las mesnadas conquistadoras; o los inmigrantes de las
montañas de Castilla o de Asturias, o de otras regiones españolas o del
extranjero. ¿Quién de entre estos señores iba a sentir simpatía por
nuestra empresa?. Al contrario; odio o desdén; !no nos iban a facilitar
medios económicos para una labor contraria a sus intereses!. Y, así, sin
más recursos que los que pudieron proporcionar con su trabajo, y
sustrayéndolos a necesidades apremiantes de los propios hogares,
profesionales liberales, empleados, industriales o artesanos y obreros
modestísimos, poco pudimos caminar; aunque a nuestro entender, dado lo que
esperábamos, hayamos avanzado mucho. Abrazados al jornalero, que es ir
abrazados a Andalucía, ya sabíamos que habríamos de adelantar muy poco. El
pudiente, nos ve marchar, lacerados por el dolor de conducir a nuestra
madre hambrienta y atormentada; y como hoy dicen proletarios y obreros a
los jornaleros que personifican la pureza de nuestra raza y la esperanza
de nuestra Historia, creen que nos movemos, no impulsados por el anhelo
restaurador de un pueblo que fue muy grande cuando era libre; sino por
credos, sistemas o sectarismos de redención y tiranía de los pudientes. Y,
perdone señor Carbó, que sin pensar se corrió el escribir. Dije que le
remitieran algunos testimonios de nuestra táctica; correspondiente a los
diferentes momentos de nuestra actuación; y, le agradeceré me diga, para
mi tranquilidad, si los llegó a recibir, tal como yo lo encargué.
La Paz, y un saludo de su aftmo. Blas Infante.
(1) Del libro "Blas Infante: Perfiles de un Andaluz". pp.120-128, por los
andalucistas Juan Antonio Lacomba, J.L. Ortíz de Lanzagorta y José Acosta
Sánchez publicado por la Diputación de Málaga en su Colección Biblioteca
Popular Malagueña nº 15, en 1.979?.
(2) Infante hace referencia a un Hadiz de los considerados auténticos;
evidentemente Infante conocía bien el Islam y lo que es más en muchos
escritos lo acepta como propio.
(3) Infante, vuelve a deslizar un concepto típico morisco la "Taqiya" o
autorización que tienen los musulmanes y muy especialmente los morisco
para no hacer público su sentido de la Trascendencia mientras viven
sociedades donde peligraría su vida.
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