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El sentido musical puede decirse que era una cualidad innata a la personalidad del "majo", hasta tal punto que Caro Baroja afirma: "no hay majo sin guitarra ni maja que no baile". En un soneto de González del Castillo, durante una conversación entre barberos andaluces, se llega a decir:
"Al barbero que no es majo se le echa luego del gremio" A lo que un cliente añade: "¡Qué guitarrones sois!"
Estos bailes requerían una gallardía corporal y una gracia muy difíciles de imitar; a los cantos se les daba una modulación especial de voz, acompañados normalmente con instrumentos de timbres muy peculiares. Este tipo de expresión musical despertaba en los espectadores, incluso los no "majos", una verdadera conmoción psicológica y hasta física. Al conjunto de estas fiestas se les llamaba zambras, e iban acompañadas, como las de los árabes, de meriendas y refrescos:
"...ha de ser todo merienda, bailes y zambras"
En El fandango del candil, D. Ramón de la Cruz ofrece una descripción perfecta del ambiente de estas zambras, con unos cuantos versos:
(Juana) "¿Con que tú de buena gana vieras algún fandanguillo del candilejo? (Leonor) Me bailan las piernas sólo de oír las bandurrias destempladas y las voces de becerro con que estas gentuzas cantan. (Juana) Tampoco para mí hay rato como verlos dar zancadas, y a ellas, cómo sin escuela, en un concurso se plantan con desenfado a saltar, y salga allí lo que salga; cuando a nosotras nos cuesta más estudios y más plata saber bailar, que a los hombres el graduarse en Salamanca. (Jorge) A mí, como que son gente sin vergüenza, no me espanta."
En las casas de los barrios "majos" era costumbre organizar festejos de este tipo, con la menor ocasión; los dueños, a veces, se veían desbordados por la masa de público que acudía espontáneo a sumarse al festival:
- "¿No ves la canalla que porfía por entrar? - Es que son bailes de fama los de casa de mi prima; lo menos tienen guitarra, violín, bandurria y toda toda llena de asientos la sala..."
En la mayor parte de las ocasiones las puertas de las casas, durante estas zambras, permanecían abiertas, para que cualquiera que lo desease pudiera disfrutar libremente del espectáculo:
(Bardasca, maja): "¿Qué se les ofrece a ustedes? ¡El demonio de la entrada tan a deshora! (Juliana, maja): Bailar si nos diere gusto y gana; que en cuarto donde esté abierta la puerta y suene guitarra cualquiera se puede entrar."
En la nota que este texto lleva al pie, en su edición de 1893, se hace constar: "Esta costumbre aún subsiste en los barrios bajos". Y no se hacían sólo en las casas más acomodadas, sino en cualquier cuarto que se prestase a ello, aunque fuese de un modesto menestral:
- "Tú: recoge la mantilla, y ve a buscar a tu hermana, que te espera para ir al fandango de la Paca la carpintera."
Los nombres de los cantos y de los bailes "majos" formarían una lista demasiado extensa. En los sainetes de D. Ramón se citan expresamente muchos de ellos; los más frecuentes son: la "zarabanda", la "jota" o "tirana" (se da como equivalente), el "fandango" (y "fandanguillo"), y sobre todo siempre predominan las "seguidillas", con sus muchas variantes ("boleras", "manchegas", "majas", "gitanas", "guapas"...).
Habitualmente el canto y el baile eran acompañados por instrumentos de cuerda; ya hemos visto un texto en el que se cita "guitarra, violín, bandurria",que era el grupo acostumbrado, a más de las castañuelas. En Las çastañeras picadas se hace una acotación para la escena en donde se indica: "arreglarán, ínterin cantan las boleras, que después han de servir para bailar, con la guitarra, bandurria, un violín y castañuelas".
Pero, a veces, se bailaba acompañándose sólo del canto, incluso con las voces de los mismos bailadores. En La maja majada se escucha el siguiente diálogo:
Bastiana (maja]: - "Bailar y cantar a un tiempo, no hay garganta que lo pueda aguantar. D. Mariano (petimetre): - También se lucen a un tiempo voces y piernas. Petra (maja): - El bailar sin instrumentos parece bailar a secas."
El bailar para la "maja" era un placer y un orgullo:
"Yo me doy por pagada con bailar en esta boda" …… - "A bailar el bolero y asar castañas, apuesto en todo el orbe con la más guapa."
Estos bailes, desenvueltos y chocarreros en su mayoría, tenían mucho de licenciosos; eran los sucesores de los que ya estuvieron de moda en el siglo XVII y aún antes, como la "zarabanda", considerada como lasciva y peligrosa para la moral, por lo que fue prohibida por Felipe II, junto con la "chacona" y el "escarramán", aunque la costumbre pudo más que la ley.
Es curioso que el ritmo de la "chacona" era igual al de nuestras "granadinas" y se bailaba con castañetas, panderos y guitarra. Un jesuita de la época describía así este voluptuoso baile:
"¡Qué ocasión más peligrosa estarse un mancebo mirando a una destas mujeres cuando está con su guitarrillo en la mano porreando, danzando con grande compostura (sic), cantando con dulce voz y regalada, bailando con aire y donaire..., el cabello con mil lazos marañado..., el vestido muy compuesto, la banda recamada, la basquiña corta, la media que salta al ojo, el zapato bordado, las chinelas de plata!".
Por su atavío, bien podría ser la bailarina una morisca o una "maja".
Algunos instrumentos, típicamente moriscos, se mezclaban en las orquestas organizadas por los "majos" para sus fiestas, y es probable que sus intérpretes fuesen también, en gran parte, músicos del mismo origen. En un saínete de D. Ramón de la Cruz, un "majo" busca músicos para formar una orquesta, con que obsequiar a su novia, y le anuncia a ésta, para contentarla:
"Mira, he topado al maestro de capilla de los niños dotrinos, que tiene un yerno que toca la chirimía como un clarinete."
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