ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

  

 

BOLETÍN Nº2 - MAYO 2002

BOLETÍN YAMA'A

 

FIESTAS DE LA CONQUISTA EN ANDALUCÍA Y AMÉRICA

 

R. Bauman

 

       En las fiestas católicas de los pueblos indígenas de Guatemala se suelen encontrar grupos de pintorescos danzantes, con vistosa indumentaria, bailando en las procesiones de los santos o delante de la iglesia. Son campesinos Mayas que salen durante varios años en las fiestas de los pueblos y bailan, “ de sol a sol “, en cumplimiento de mandas. Sus “ bailes “ son verdaderas obras de teatro dialogadas, en castellano o en lengua indígena, interrumpidas por sones y pasos de baile. Entre estas danzas que muestran una gran variedad de temas y estilos, predominan obras que representan, sobre todo, las luchas “ históricas “ de los cristianos contra sus enemigos : moros, judíos o indios paganos. En Guatemala, y en las fiestas populares de casi todos los países de Iberoamérica, se encuentran fiestas de moros y cristianos ; son representaciones teatrales muy extendidas.

     Se sabe que para los castellanos, la conquista del Nuevo Mundo fue una continuación de la “ Cruzada de Reconquista “ medieval ; los conquistadores llevaron sus tradiciones y fiestas al otro lado del Atlántico y los frailes misioneros utilizaron el teatro y la danza como medios de propaganda para evangelizar a las poblaciones de América. Pronto, las fiestas de moros y cristianos dieron origen a representaciones de creación propia y cuyo tema principal era la celebración de la conquista del Nuevo Mundo. Cuando comencé a estudiar las tradiciones y bailes Maya ( en 1985 ), me sorprendí grandemente al presenciar un “ baile de moros y cristianos “ en que los guerreros cristianos iban imitando a la caballería yanqui “ en las típicas películas del Oeste. En 1986, viajé a la alpujarra, “ último baluarte de los moros en Andalucía “, en busca de las raíces de estas fiestas de moros y cristianos. Este trabajo es el resultado de este viaje por las tierras alpujarreñas y sus festejos tradicionales en relación con “ el baile de la conquista de Guatemala “. Ambas tradiciones surgieron en tierras cristianizadas en el siglo XVI con la intención de rememorar un determinado y muy concreto hecho histórico, y son ilustrativas de la relación entre la Historia y su representación en la cultura popular.

 

I. MOROS Y CRISTIANOS EN LA ALPUJARRA

     Estudios comparativos revelan temáticas comunes y la misma estructura dramática en todas las fiestas de moros y cristianos andaluzas. Moros o turcos, atacan un pueblo mientras éste celebra a sus santos patronos. En un primer momento, un embajada “ mora “ exige la rendición del pueblo y la conversión de sus habitantes al Islam ; este primer lance termina en combate y en la victoria musulmana. En la segunda etapa de la fiesta, se repite la ofensiva, pero esta vez consiguen salir victoriosos los cristianos, reconquistan el pueblo y sus símbolos : el castillo y la imagen del santo. La función termina con la conversión de los moros y oraciones en común al patrono; así culmina la eterna rivalidad entre culturas.

     De estas fiestas andaluzas, destacan por su número la de las Alpujarra, una comarca de sierra que vivió su edad de oro bajo el reino de los nazaríes granadinos. Después de la conquista de Granada los andaluces musulmanes fueron obligados a bautizarse y empezó a conocérseles, tras su conversión forzosa y masiva, con el nombre de moriscos. Durante la primera mitad del siglo XVI, a consecuencia de los conflictos surgidos entre el imperio de los Austrias y el imperio otomano, los moriscos fueron considerados como un enemigo interno del estado español y se les sometió a una discriminación y una opresión creciente en todos los aspectos de la vida social. Según las fuentes de la historiografía cristiana, la rebelión general de los moriscos empezó a finales del 1568, en la Alpujarra. Tras una larga guerra “ a fuego y sangre “, caracterizada desde su principio, por el deseo de eliminar a la población autóctona del reino de Granada, fueran “ moriscos de paz o de guerra “, los ejércitos de Felipe II acabaron con los rebeldes. La Alpujarra fue repoblada por cristianos viejos, pero hasta bien entrado el siglo XVIII, esta región estaba expuesta a los desembarcos y ataques de los piratas, muchos de los cuales eran moriscos que habían sido expulsados de todo el Estado español desde el año 1610.

     La representación de moros y cristianos de Válor es de las más conocidas de Andalucía y, según publicaciones turísticas o reseñas de fiestas en prensa y televisión, rememora la “ revolución morisca del 1568 “, encabezada por Abenhumeya, jefe de los rebeldes y oriundo de Válor. Sin embargo, el texto de la función, no hace mención directa de Abenhumeya o de la rebelión ; la acción transcurre, claramente, después de la expulsión de los moriscos : los moros exiliados en Africa, vuelven para reclamar su tierra y apoderándose de Adra y Motril, marchan rumbo a Válor. En el 1620, los “ turcos “ desembarcaron en Adra, pero fueron rechazados por las escuadras de milicianos alpujarreños ( incluido Válor ), y esta victoria inspiró las fiestas de moros y cristianos alpujarreñas. En Válor, así como en el resto de Andalucía y Levante en general, las funciones más antiguas ( como la de Alcoy ), comenzaron con las “ soldadescas “ de las milicias locales. Las soldadescas eran al mismo tiempo desfile y maniobras militares ; constituían un género popular a medio camino entre el festejo y la guerra : durante las fiestas principales de su pueblo, los milicianos escoltaban las procesiones religiosas, hacían disparos en señal de regocijo, desfilaban y se entrenaban representando alguna escaramuza o simulacro de batalla entre moros y cristianos, inspirados en comedias del teatro del siglo de Oro. En el 1860, al finalizar la “ Guerra de Africa “, se le encargó a la poetisa granadina Enriqueta Lozano, reescribir el texto de la función de Válor y desde entonces, la fiesta fue utilizada por los jerarcas como un símbolo local de poder y de prestigio. Los actores solían ser “ caciques “ o “ señoricos “ ( el secretario, el maestro, etc. ), y los soldados eran campesinos, arrendatarios o colonos.

     Durante mi primera estancia en Válor, preguntaba a la gente del pueblo la historia de su fiesta y me contaban episodios de la Conquista o de la Guerra de la Alpujarra. Algunos relacionaban hechos de la “ revolución morisca “ con episodios de la Guerra civil, una época en la que también los “ malos “ habían martirizado a los “ buenos “ ( los cristianos ) y habían quemado la iglesia del pueblo. Esto fue lo que despertó mi interés por los hechos de las guerras civiles en el marco de la Alpujarra  - la primera en 1568, la segunda en 1936 -. Esta analogía era ya “ tradicional “. En un libro dedicado a los “ gloriosos mártires de la Cruzada “, un maestro local refiere : “ … todavía no se han extinguido los ecos de la última triste realidad que hemos vivido ; los nuevos y más pérfidos moriscos que han dado al Cielo nuevos mártires y han destruido su Iglesia “. Durante la Segunda República, las derechas granadinas solían establecer paralelos entre los conflictos sociopolíticos contemporáneos y la rebelión de los moriscos, como lo demuestran varios artículos del periódico granadino “ El Ideal “, o la campaña para la beatificación de los mártires de la Alpujarra en el 1935. Según este modelo de proceso, la Historia se repetía y los “ nuevos moriscos “, es decir, los “ bandoleros “, socialistas, etc., intentaban borrar la fe cristiana de la Alpujarra, esta tierra bendita por la sangre de los mártires de 1568. En julio de 1936, se inició una nueva “ Cruzada de la Reconquista de España “ y la Alpujarra se quedó entre dos frentes, el de los “ cruzados “ de Granada y los milicianos de Almería que intentaban poner cerco a la ciudad de Boabdil. Desde tiempos inmemoriales, cada año, cerca de Granada, en las fiestas de Quéntar, los moros venían a apoderarse del pueblo y después de varios combates eran vencidos por los cristianos y se convertían ; en septiembre de 1936, los moros que atacaron Quéntar se hicieron los dueños del pueblo, vencieron a los cristianos y no se convirtieron. Eran regulares, moros de la Santa Cruzada y, así en el 36, los “ cruzados “ de Africa derrotaron a los “ Nuevos moriscos “, los vecinos cristianos que luchaban por la bandera de la República española.

     La guerra civil produjo una ruptura en la tradición festiva : algunas funciones se acabaron o se modificaron, la victoria de Franco les daba también un nuevo sentido histórico, como símbolo de la nueva cruzada y de la unión del pueblo alrededor de la Cruz. En Válor, los soldados cristianos ensayaban semanas antes de la fiesta, haciendo la instrucción ( la hacían también durante el resto del año, en calidad de milicia local de falange ) ; mientras tanto, en la sierra, civiles y regulares perseguían a los “ últimos bandoleros rojos “. En los años sesenta, debido a la emigración, se produjo una fuerte decadencia de la “ tradición “ y la función de Válor perdió sus vínculos con el poder.

     Las fiestas de moros y cristianos de la Alpujarra mencionan la vuelta de los moros exiliados en Africa, quienes, después de vencer al principio, son derrotados, convirtiéndose a la “ Verdadera fe “ y reconciliándose con los cristianos viejos. Las relaciones ( recitaciones ) olvidan que los moriscos expulsados habían sido bautizados y eran cristianos forzosos ; quizá por eso nunca consiguieron los moriscos que se les tratara como a iguales con los castellanos, a pesar o tal vez por su conversión nacida del terror, siempre fueron tratados con desprecio como extranjeros en su propia tierra, hasta no dejarles más que la posibilidad del destierro, la esclavitud y la muerte. En la función se representa : en el 1568, los monfíes ( bandoleros moriscos ), y los moriscos de la Alpujarra, martirizaron a los cristianos viejos de la comarca mientras éstos celebran en sus iglesias el nacimiento de Jesús. Fiestas, guerra y matanza….

     Felices fiestas de San Juan del año 1569. El día 23 de junio de 1569, don Juan de Austria ordenó a todos los moriscos del Albaicín que se concentraran en la iglesia del barrio ; esta misma noche de San Juan, y al día siguiente, estos granadinos - que eran “ moriscos de paz “ - que no habían participado en la rebelión, fueron sacados presos de los templos y entre guardas armados llevados fuera de su tierra. Mucho de ellos murieron en el camino, de cansancio y hambre o asesinados por los mismos guardas … Era tiempo de fiestas … como solución final a la cuestión morisca.

     En la Alpujarra, las fiestas de moros y cristianos comenzaron como un simulacro de lucha : un ensayo de la posible vuelta de los exiliados. Los colonizadores cristianos representaban sus temores : derrotados en principio, luego lograban la victoria total ( militar y religiosa ). Las funciones se revitalizaron con la Guerra de Africa en 1860, que actualizó la historia del conflicto entre la Cruz y la Media Luna. Las hazañas de las huestes castellanas en Tetuán repetían los hechos de la Conquista y prometían la redención del estado español. Los conflictos sociales en el siglo XX, reactivaron el mismo modelo de conflicto religioso entre moros y cristianos : cuatro generales cristianos, endurecidos por las sangrientas campañas del Rif, “ liberaron “ a “ España “ gracias a un ejercito africano, producto de unas guerras coloniales que siempre habían dado al pendón castellano gloria y orgullo.

 

II. LA CONQUISTA DE GUATEMALA

 

   El baile o la danza de la Conquista, es una de las más típicas expresiones del folklore indígena y está basado en auténticas tradiciones históricas en la que se conserva una visión de la conquista castellana desde el punto de vista de los Mayas vencidos. El baile representa la lucha de Tecum Uman, el héroe  Mayas Quiché, con el teniente de Hernán Cortés, don Pedro de Alvarado en 1524. Durante la decisiva batalla entre los Quiché y los conquistadores, cerca de la actual ciudad de Quezaltenango, Tecum logra matar al caballo de Alvarado, pero éste le traspasa una lanza. Moribundo, Tecum transmite el mando a su teniente, quien depone las armas y solicita ser bautizado. El baile termina con Mayas y castellanos marchando juntos a la iglesia. No se conocen descripciones del baile de la conquista de Guatemala, ni manuscrito alguno de los textos antes del siglo XIX, pero sí tenemos noticia de dos documentos Quiché de la mitad del siglo XVI, los “ Ixquin - Nehaib y Huitzitzil Tzunun “, de la región de Quezaltenango, reseñan la conquista y la muerte de Tecum, tal y como figura en el baile. Los Mayas no diferencian el baile de la Conquista de los hechos reales acaecidos, el baile es la historia de la conquista. Se sabe que partes del Popol Vuh - el libro más importante conocido de los Mayas prehispánicos -, eran representadas en forma de bailes y, pienso, que desde la segunda mitad del siglo XVI, existía un baile indígena de la conquista de Guatemala basado en las tradiciones de la nobleza Quiché de Quezaltenango, las cuales inspiraron también los dos documentos antes mencionados. Esta historia de la Conquista y de la muerte de Tecum, fue el producto de una situación de enfrentamiento cultural ; después de su derrota, los nobles Quiché se convirtieron e intentaron apropiarse del sistema de hidalguía y la religión cristiana para convertirlas en nuevas bases de la cultura Maya.

     El baile de la conquista, restringida su popularidad en los primeros tiempos a los Quiché, se extendió por todo el pueblo y, tras la declaración de independencia de Guatemala, fueron traducidos los textos a versos castellanos, tal y como se conocen hoy.

     Funciones de la época colonial ( “ Baile de Cortés “ y “ Fiesta del Volcán “ ), a veces presentadas como posibles orígenes del Baile de la Conquista, son producciones de origen castellano y de carácter genérico que se refieren a datos concretos de la historia local. En las grandes funciones callejeras de la época colonial, que conmemoraban las victorias castellanas, se solía reducir a un mismo estereotipo a indios paganos, moros o turcos, todos eran servidores del mal. A veces, simulacros de luchas con indios y moros, formaban parte del programa de una misma fiesta ; así en octubre de 1571, en Alcalá de los Gazules, una representación del cautiverio de Moctezuma fue seguida unos días después, por una función de moros y cristianos. En el estado español, a pesar de sus tentativas de adaptación a la nueva situación políticoreligioso, los musulmanes fueron eliminados y, en las fiestas de moros y cristianos, aparecen como Tarfe, Boabdil u otro Mahoma, los moros de siempre, genéricos. En Guatemala, los mayas sobrevivieron y su visión de la conquista, así como la memoria de su héroe Tecum Uman, se conservan en el baile de la Conquista.

     El sentido de los símbolos culturales es cambiante, y diversos grupos socio - políticos compiten por apoderarse de ellos y darles nuevos contenidos. El texto castellano del Baile de la Conquista casi no ha cambiado, pero faltan en él las nuevas interpretaciones que tiene la historia de Tecum en su representación. Ahora, los guatemaltecos dan mayor importancia a la resistencia contra los castellanos y Tecum es héroe nacional por decreto legislativo desde 1960. Por otro lado, los Mayas le dan otra interpretación : el valiente Tecum, vencido y asesinado por los crueles conquistadores se convierte para ellos en un salvador que sufre y se sacrifica por la libertad de su pueblo. Para mí, la importancia que se da en el baile a la conversión de los Quiché se entiende si consideramos esta conversión como el único medio que, tras la derrota, tenía los Mayas para que les fueran reconocidos, al menos, los mismos derechos que a los conquistadores. Hoy, cinco siglos después del nacimiento de la historia de Tecum, sigue vigente este mensaje a favor de la igualdad de derechos puesto que los Mayas continúan viviendo la represión.

 

III. CONCLUSIÓN

 

    El baile de la Conquista es una obra histórica, representa unos hechos reales y reproduce su significado en el marco de la memoria colectiva del pueblo que lo celebra. Se rememora lo ocurrido y sus consecuencias posteriores. Por contraposición, las fiestas de moros y cristianos no son repetición fidedigna de un acontecimiento histórico, pero se mantiene el mismo sentimiento de terror hacia el conquistador y el fracaso de los intentos de integración en el nuevo orden social. Los cristianos viejos, tras la conversión de los moriscos, siguieron considerándolos como si fueran moros. En 1942 y en 1936, los vencidos no fueron trasladados igualitariamente. Desde 1939 hasta la llegada de la democracia, los derrotados siguieron siendo enemigos, objeto de sospechas, odios y represiones.

     Ahora,  las fiestas de moros y cristianos quedan como vestigios del espíritu de la cruz alzada con una espada que en el nombre de dios, mata y esclaviza, un símbolo del espíritu de cruzada que legitimó el genocidio de los indígenas de América y de Africa y justificó las guerras civiles de 1568 y de 1936. Sin embargo, no pienso que se puedan reducir las fiestas de moros y cristianos a meras manifestaciones de la vieja ideología nacional - cristiana y del espíritu de la cruzada. A pensar de su carácter permanente, las relaciones escritas, producto de un contexto histórico específico, nunca lograron limitar todos los sentidos históricos asociados con las fiestas y hoy, el pueblo en su mayoría, le da otros sentidos. En 1990 participé en las fiestas, vestido de soldado cristiano y, al verme pasar hacia la plaza, un anciano me dijo : “ Ya viene la internacional “. Este hombre en febrero de 1937, junto con los rusos de la XIII Brigada Internacional, había luchado en Sierra Nevada contra los “ moros “ de Franco. Un señor de la Antigua élite del pueblo me dijo que, siendo belga, saliera de cristiano representando a los tercios de Flandes que vencieron a los moriscos. Y me parece irónico pensar en estas dos analogías, sabiendo que se suele calificar a la participación de voluntarios extranjeros en el ejercito republicano de “ cruzada de izquierdas “ y, sabiendo también, que entre los brigadistas que lucharon con los moros en Pitres y Trevélez, iban también judíos de Bélgica, y que ellos eran los primeros judíos que estuvieron en la Alpujarra desde la expulsión en 1492. Tales actuaciones rituales, como las fiestas de moros y cristianos, nunca logran detener la realidad de los procesos de los cambios históricos y de la repetida invención del pasado por el pueblo. Precisamente, porque son actuaciones que nos presentan cuadros del pasado, estas fiestas nos permiten recordar, enfrentar o cambiar la memoria de la historia del pueblo y tal como existen, ofrecen la posibilidad de recordar y de pensar en lo que pasó para no olvidarlo y para que no vuelva a repetirse la misma historia.

 

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