R.
Bauman
En las fiestas católicas de los pueblos
indígenas de Guatemala se suelen encontrar grupos de pintorescos danzantes,
con vistosa indumentaria, bailando en las procesiones de los santos o delante
de la iglesia. Son campesinos Mayas que salen durante varios años en las
fiestas de los pueblos y bailan, “ de sol a sol “, en cumplimiento de
mandas. Sus “ bailes “ son verdaderas obras de teatro dialogadas, en
castellano o en lengua indígena, interrumpidas por sones y pasos de baile.
Entre estas danzas que muestran una gran variedad de temas y estilos,
predominan obras que representan, sobre todo, las luchas “ históricas “
de los cristianos contra sus enemigos : moros, judíos o indios paganos. En
Guatemala, y en las fiestas populares de casi todos los países de Iberoamérica,
se encuentran fiestas de moros y cristianos ; son representaciones teatrales muy
extendidas.
Se
sabe que para los castellanos, la conquista del Nuevo Mundo fue una continuación
de la “ Cruzada de Reconquista “ medieval ; los conquistadores llevaron sus
tradiciones y fiestas al otro lado del Atlántico y los frailes misioneros
utilizaron el teatro y la danza como medios de propaganda para evangelizar a las
poblaciones de América. Pronto, las fiestas de moros y cristianos dieron
origen a representaciones de creación propia y cuyo tema principal era la
celebración de la conquista del Nuevo Mundo. Cuando comencé a estudiar las
tradiciones y bailes Maya ( en 1985 ), me sorprendí grandemente al presenciar
un “ baile de moros y cristianos “ en que los guerreros cristianos iban
imitando a la caballería yanqui “ en las típicas películas del Oeste. En
1986, viajé a la alpujarra, “ último baluarte de los moros en Andalucía
“, en busca de las raíces de estas fiestas de moros y cristianos. Este
trabajo es el resultado de este viaje por las tierras alpujarreñas y sus
festejos tradicionales en relación con “ el baile de la conquista de
Guatemala “. Ambas tradiciones surgieron en tierras cristianizadas en el
siglo XVI con la intención de rememorar un determinado y muy concreto hecho
histórico, y son ilustrativas de la relación entre la Historia y su
representación en la cultura popular.
I.
MOROS Y CRISTIANOS EN LA ALPUJARRA
Estudios comparativos
revelan temáticas comunes y la misma estructura dramática en todas las fiestas
de moros y cristianos andaluzas. Moros o turcos, atacan un pueblo mientras éste
celebra a sus santos patronos. En un primer momento, un embajada “ mora “
exige la rendición del pueblo y la conversión de sus habitantes al Islam ;
este primer lance termina en combate y en la victoria musulmana. En la segunda
etapa de la fiesta, se repite la ofensiva, pero esta vez consiguen salir
victoriosos los cristianos, reconquistan el pueblo y sus símbolos : el
castillo y la imagen del santo. La función termina con la conversión de los
moros y oraciones en común al patrono; así culmina la eterna rivalidad entre
culturas.
De
estas fiestas andaluzas, destacan por su número la de las Alpujarra, una
comarca de sierra que vivió su edad de oro bajo el reino de los nazaríes
granadinos. Después de la conquista de Granada los andaluces musulmanes
fueron obligados a bautizarse y empezó a conocérseles, tras su conversión
forzosa y masiva, con el nombre de moriscos. Durante la primera mitad del
siglo XVI, a consecuencia de los conflictos surgidos entre el imperio de los Austrias y el imperio otomano, los moriscos fueron considerados como un enemigo
interno del estado español y se les sometió a una discriminación y una opresión
creciente en todos los aspectos de la vida social. Según las fuentes de la
historiografía cristiana, la rebelión general de los moriscos empezó a
finales del 1568, en la Alpujarra. Tras una larga guerra “ a fuego y sangre
“, caracterizada desde su principio, por el deseo de eliminar a la población
autóctona del reino de Granada, fueran “ moriscos de paz o de guerra “,
los ejércitos de Felipe II acabaron con los rebeldes. La Alpujarra fue
repoblada por cristianos viejos, pero hasta bien entrado el siglo XVIII, esta
región estaba expuesta a los desembarcos y ataques de los piratas, muchos de los
cuales eran moriscos que habían sido expulsados de todo el Estado español desde
el año 1610.
La
representación de moros y cristianos de Válor es de las más conocidas de
Andalucía y, según publicaciones turísticas o reseñas de fiestas en prensa
y televisión, rememora la “ revolución morisca del 1568 “, encabezada
por Abenhumeya, jefe de los rebeldes y oriundo de Válor. Sin embargo, el
texto de la función, no hace mención directa de Abenhumeya o de la rebelión
; la acción transcurre, claramente, después de la expulsión de los moriscos
: los moros exiliados en Africa, vuelven para reclamar su tierra y apoderándose
de Adra y Motril, marchan rumbo a Válor. En el 1620, los “ turcos “
desembarcaron en Adra, pero fueron rechazados por las escuadras de milicianos
alpujarreños ( incluido Válor ), y esta victoria inspiró las fiestas de
moros y cristianos alpujarreñas. En Válor, así como en el resto de Andalucía
y Levante en general, las funciones más antiguas ( como la de Alcoy ),
comenzaron con las “ soldadescas “ de las milicias locales. Las soldadescas
eran al mismo tiempo desfile y maniobras militares ; constituían un género
popular a medio camino entre el festejo y la guerra : durante las fiestas
principales de su pueblo, los milicianos escoltaban las procesiones religiosas, hacían disparos en señal de regocijo, desfilaban y se entrenaban
representando alguna escaramuza o simulacro de batalla entre moros y cristianos, inspirados en comedias del teatro del siglo de Oro. En el 1860, al finalizar
la “ Guerra de Africa “, se le encargó a la poetisa granadina Enriqueta
Lozano, reescribir el texto de la función de Válor y desde entonces, la
fiesta fue utilizada por los jerarcas como un símbolo local de poder y de
prestigio. Los actores solían ser “ caciques “ o “ señoricos “ ( el
secretario, el maestro, etc. ), y los soldados eran campesinos, arrendatarios o
colonos.
Durante
mi primera estancia en Válor, preguntaba a la gente del pueblo la historia de
su fiesta y me contaban episodios de la Conquista o de la Guerra de la Alpujarra. Algunos relacionaban hechos de la “ revolución morisca “ con episodios de
la Guerra civil, una época en la que también los “ malos “ habían
martirizado a los “ buenos “ ( los cristianos ) y habían quemado la iglesia
del pueblo. Esto fue lo que despertó mi interés por los hechos de las guerras
civiles en el marco de la Alpujarra - la primera en 1568, la segunda en 1936 -. Esta analogía
era ya “ tradicional “. En un libro dedicado a los “ gloriosos mártires
de la Cruzada “, un maestro local refiere : “ … todavía no se han
extinguido los ecos de la última triste realidad que hemos vivido ; los nuevos
y más pérfidos moriscos que han dado al Cielo nuevos mártires y han destruido
su Iglesia “. Durante la Segunda República, las derechas granadinas solían
establecer paralelos entre los conflictos sociopolíticos contemporáneos y la
rebelión de los moriscos, como lo demuestran varios artículos del periódico
granadino “ El Ideal “, o la campaña para la beatificación de los mártires
de la Alpujarra en el 1935. Según este modelo de proceso, la Historia se
repetía y los “ nuevos moriscos “, es decir, los “ bandoleros “,
socialistas, etc., intentaban borrar la fe cristiana de la Alpujarra, esta
tierra bendita por la sangre de los mártires de 1568. En julio de 1936, se
inició una nueva “ Cruzada de la Reconquista de España “ y la Alpujarra se
quedó entre dos frentes, el de los “ cruzados “ de Granada y los
milicianos de Almería que intentaban poner cerco a la ciudad de Boabdil. Desde
tiempos inmemoriales, cada año, cerca de Granada, en las fiestas de Quéntar, los moros venían a apoderarse del pueblo y después de varios combates eran
vencidos por los cristianos y se convertían ; en septiembre de 1936, los moros
que atacaron Quéntar se hicieron los dueños del pueblo, vencieron a los
cristianos y no se convirtieron. Eran regulares, moros de la Santa Cruzada y,
así en el 36, los “ cruzados “ de Africa derrotaron a los “ Nuevos
moriscos “, los vecinos cristianos que luchaban por la bandera de la República
española.
La
guerra civil produjo una ruptura en la tradición festiva : algunas funciones se
acabaron o se modificaron, la victoria de Franco les daba también un nuevo
sentido histórico, como símbolo de la nueva cruzada y de la unión del pueblo
alrededor de la Cruz. En Válor, los soldados cristianos ensayaban semanas
antes de la fiesta, haciendo la instrucción ( la hacían también durante el
resto del año, en calidad de milicia local de falange ) ; mientras tanto, en
la sierra, civiles y regulares perseguían a los “ últimos bandoleros rojos
“. En los años sesenta, debido a la emigración, se produjo una fuerte decadencia
de la “ tradición “ y la función de Válor perdió sus vínculos con el poder.
Las
fiestas de moros y cristianos de la Alpujarra mencionan la vuelta de los moros
exiliados en Africa, quienes, después de vencer al principio, son derrotados, convirtiéndose a la “ Verdadera fe “ y reconciliándose con los
cristianos viejos. Las relaciones ( recitaciones ) olvidan que los moriscos
expulsados habían sido bautizados y eran cristianos forzosos ; quizá por eso
nunca consiguieron los moriscos que se les tratara como a iguales con los
castellanos, a pesar o tal vez por su conversión nacida del terror, siempre
fueron tratados con desprecio como extranjeros en su propia tierra, hasta no
dejarles más que la posibilidad del destierro, la esclavitud y la muerte. En
la función se representa : en el 1568, los monfíes ( bandoleros moriscos ),
y los moriscos de la Alpujarra, martirizaron a los cristianos viejos de la
comarca mientras éstos celebran en sus iglesias el nacimiento de Jesús.
Fiestas, guerra y matanza….
Felices
fiestas de San Juan del año 1569. El día 23 de junio de 1569, don Juan de
Austria ordenó a todos los moriscos del Albaicín que se concentraran en la
iglesia del barrio ; esta misma noche de San Juan, y al día siguiente, estos
granadinos - que eran “ moriscos de paz “ - que no habían participado en la
rebelión, fueron sacados presos de los templos y entre guardas armados
llevados fuera de su tierra. Mucho de ellos murieron en el camino, de cansancio
y hambre o asesinados por los mismos guardas … Era tiempo de fiestas … como
solución final a la cuestión morisca.
En
la Alpujarra, las fiestas de moros y cristianos comenzaron como un simulacro de
lucha : un ensayo de la posible vuelta de los exiliados. Los colonizadores
cristianos representaban sus temores : derrotados en principio, luego lograban
la victoria total ( militar y religiosa ). Las funciones se revitalizaron con
la Guerra de Africa en 1860, que actualizó la historia del conflicto entre la
Cruz y la Media Luna. Las hazañas de las huestes castellanas en Tetuán repetían
los hechos de la Conquista y prometían la redención del estado español. Los
conflictos sociales en el siglo XX, reactivaron el mismo modelo de conflicto
religioso entre moros y cristianos : cuatro generales cristianos, endurecidos
por las sangrientas campañas del Rif, “ liberaron “ a “ España “
gracias a un ejercito africano, producto de unas guerras coloniales que siempre
habían dado al pendón castellano gloria y orgullo.
II.
LA
CONQUISTA DE GUATEMALA
El baile o la danza de la Conquista, es una de las más
típicas expresiones del folklore indígena y está basado en auténticas
tradiciones históricas en la que se conserva una visión de la conquista
castellana desde el punto de vista de los Mayas vencidos. El baile representa
la lucha de Tecum Uman, el héroe Mayas
Quiché, con el teniente de Hernán Cortés, don Pedro de Alvarado en 1524.
Durante la decisiva batalla entre los Quiché y los conquistadores, cerca de la
actual ciudad de Quezaltenango, Tecum logra matar al caballo de Alvarado, pero
éste le traspasa una lanza. Moribundo, Tecum transmite el mando a su teniente, quien depone las armas y solicita ser bautizado. El baile termina con Mayas y
castellanos marchando juntos a la iglesia. No se conocen descripciones del
baile de la conquista de Guatemala, ni manuscrito alguno de los textos antes
del siglo XIX, pero sí tenemos noticia de dos documentos Quiché de la mitad
del siglo XVI, los “ Ixquin - Nehaib y Huitzitzil Tzunun “, de la región
de Quezaltenango, reseñan la conquista y la muerte de Tecum, tal y como
figura en el baile. Los Mayas no diferencian el baile de la Conquista de los
hechos reales acaecidos, el baile es la historia de la conquista. Se sabe que
partes del Popol Vuh - el libro más importante conocido de los Mayas prehispánicos
-, eran representadas en forma de bailes y, pienso, que desde la segunda
mitad del siglo XVI, existía un baile indígena de la conquista de Guatemala
basado en las tradiciones de la nobleza Quiché de Quezaltenango, las cuales
inspiraron también los dos documentos antes mencionados. Esta historia de la
Conquista y de la muerte de Tecum, fue el producto de una situación de
enfrentamiento cultural ; después de su derrota, los nobles Quiché se
convirtieron e intentaron apropiarse del sistema de hidalguía y la religión
cristiana para convertirlas en nuevas bases de la cultura Maya.
El
baile de la conquista, restringida su popularidad en los primeros tiempos a los
Quiché, se extendió por todo el pueblo y, tras la declaración de
independencia de Guatemala, fueron traducidos los textos a versos castellanos,
tal y como se conocen hoy.
Funciones
de la época colonial ( “ Baile de Cortés “ y “ Fiesta del Volcán “ ), a veces presentadas como posibles orígenes del Baile de la Conquista, son
producciones de origen castellano y de carácter genérico que se refieren a
datos concretos de la historia local. En las grandes funciones callejeras de la
época colonial, que conmemoraban las victorias castellanas, se solía reducir
a un mismo estereotipo a indios paganos, moros o turcos, todos eran servidores
del mal. A veces, simulacros de luchas con indios y moros, formaban parte del
programa de una misma fiesta ; así en octubre de 1571, en Alcalá de los
Gazules, una representación del cautiverio de Moctezuma fue seguida unos días
después, por una función de moros y cristianos. En el estado español, a
pesar de sus tentativas de adaptación a la nueva situación políticoreligioso, los musulmanes fueron eliminados y, en las fiestas de moros y cristianos,
aparecen como Tarfe, Boabdil u otro Mahoma, los moros de siempre, genéricos. En Guatemala, los mayas sobrevivieron y su visión de la conquista, así
como la memoria de su héroe Tecum Uman, se conservan en el baile de la
Conquista.
El
sentido de los símbolos culturales es cambiante, y diversos grupos socio - políticos
compiten por apoderarse de ellos y darles nuevos contenidos. El texto
castellano del Baile de la Conquista casi no ha cambiado, pero faltan en él
las nuevas interpretaciones que tiene la historia de Tecum en su representación. Ahora, los guatemaltecos dan mayor importancia a la resistencia contra los
castellanos y Tecum es héroe nacional por decreto legislativo desde 1960. Por
otro lado, los Mayas le dan otra interpretación : el valiente Tecum, vencido
y asesinado por los crueles conquistadores se convierte para ellos en un
salvador que sufre y se sacrifica por la libertad de su pueblo. Para mí, la
importancia que se da en el baile a la conversión de los Quiché se entiende si
consideramos esta conversión como el único medio que, tras la derrota, tenía
los Mayas para que les fueran reconocidos, al menos, los mismos derechos que a
los conquistadores. Hoy, cinco siglos después del nacimiento de la historia
de Tecum, sigue vigente este mensaje a favor de la igualdad de derechos puesto
que los Mayas continúan viviendo la represión.
III.
CONCLUSIÓN
El baile de la Conquista
es una obra histórica, representa unos hechos reales y reproduce su
significado en el marco de la memoria colectiva del pueblo que lo celebra. Se
rememora lo ocurrido y sus consecuencias posteriores. Por contraposición, las
fiestas de moros y cristianos no son repetición fidedigna de un acontecimiento
histórico, pero se mantiene el mismo sentimiento de terror hacia el
conquistador y el fracaso de los intentos de integración en el nuevo orden
social. Los cristianos viejos, tras la conversión de los moriscos, siguieron
considerándolos como si fueran moros. En 1942 y en 1936, los vencidos no
fueron trasladados igualitariamente. Desde 1939 hasta la llegada de la
democracia, los derrotados siguieron siendo enemigos, objeto de sospechas, odios
y represiones.
Ahora, las fiestas de moros y cristianos
quedan como vestigios del espíritu de la cruz alzada con una espada que en el
nombre de dios, mata y esclaviza, un símbolo del espíritu de cruzada que
legitimó el genocidio de los indígenas de América y de Africa y justificó
las guerras civiles de 1568 y de 1936. Sin embargo, no pienso que se puedan
reducir las fiestas de moros y cristianos a meras manifestaciones de la vieja
ideología nacional - cristiana y del espíritu de la cruzada. A pensar de su
carácter permanente, las relaciones escritas, producto de un contexto histórico
específico, nunca lograron limitar todos los sentidos históricos asociados
con las fiestas y hoy, el pueblo en su mayoría, le da otros sentidos. En
1990 participé en las fiestas, vestido de soldado cristiano y, al verme pasar
hacia la plaza, un anciano me dijo : “ Ya viene la internacional “. Este
hombre en febrero de 1937, junto con los rusos de la XIII Brigada Internacional, había luchado en Sierra Nevada contra los “ moros “ de Franco. Un señor
de la Antigua élite del pueblo me dijo que, siendo belga, saliera de
cristiano representando a los tercios de Flandes que vencieron a los moriscos.
Y me parece irónico pensar en estas dos analogías, sabiendo que se suele
calificar a la participación de voluntarios extranjeros en el ejercito
republicano de “ cruzada de izquierdas “ y, sabiendo también, que entre
los brigadistas que lucharon con los moros en Pitres y Trevélez, iban también
judíos de Bélgica, y que ellos eran los primeros judíos que estuvieron en la
Alpujarra desde la expulsión en 1492. Tales actuaciones rituales, como las
fiestas de moros y cristianos, nunca logran detener la realidad de los procesos
de los cambios históricos y de la repetida invención del pasado por el pueblo. Precisamente, porque son actuaciones que nos presentan cuadros del pasado,
estas fiestas nos permiten recordar, enfrentar o cambiar la memoria de la
historia del pueblo y tal como existen, ofrecen la posibilidad de recordar y de
pensar en lo que pasó para no olvidarlo y para que no vuelva a repetirse la
misma historia.