LA GUERRA DE BUSH

SOROS ANTE EL PELIGRO

 

CON MAS ARMAS QUE GARY COOPER EN «SOLO ANTE EL PELIGRO» -7.000 MILLONES DE DÓLARES-, GEORGE SOROS SE HA ATREVIDO A INICIAR UNA LUCHA CONTRA BUSH Y SU IDEAL IMPERIALISTA. 

NO LE FALTA PUNTERÍA: ES EL 38 HOMBRE MAS RICO DEL PLANETA.

 

PABLO PARDO / MARIA RAMÍREZ. Washington

 

Sociedad cerrada: aquélla donde la clase alta y dirigente cree que es la única poseedora del conocimiento y de la verdad, impuestas al resto a través de la fuerza. Característica del fascismo y del comunismo. Ejemplos: la Alemania nazi, la Unión Soviética y sus países satélite, la posible América de Bush.


«La política de George W. Bush fracasará porque está asentada sobre el fundamentalismo del libre mercado». «Es como una burbuja financiera en la que sus propias profecías se acaban cumpliendo. Y, como toda burbuja financiera, acabará por estallar». «Me opongo profundamente a las políticas de la Administración Bush. No sólo en Irak, sino todas juntas. Creo que la Administración Bush está llevando a los Estados Unidos y al mundo en la dirección equivocada».


¿Quién dijo que Bush gobierna para los ricos? Las citas anteriores no son de Noam Chomsky o de James Petras. De hecho, su autor tiene una fortuna de 7.000 millones de dólares -6.300 millones de euros- lograda casi exclusivamente a base de especular en los mercados financieros, sobre todo en el de divisas. Su nombre es sinónimo de devaluaciones, de crisis y caídas de gobiernos y de depresiones económicas. El autor de las críticas es George Soros.


La causa de su enfado es la política poco íntegra de Bush, quien está arruinando en Estados Unidos el concepto de sociedad abierta -«una sociedad imperfecta abierta al desarrollo», según la definición del filósofo Karl Popper, interpretado por Soros, su devoto alumno.En contra de su política, ya no sólo tiene a los manifestantes o a los chicos de Moveon (la página web www.moveon.org, convertida en el foro progresista por excelencia tras su campaña contra la guerra en Irak), sino al especulador más famoso y poderoso del mundo.


El Fondo para una Sociedad Abierta, la fundación filantrópica del rey de los especuladores, se ha dedicado desde 1979 a promover la idea de las sociedades como foros de debate y conocimiento sobre todo en los países de Europa del Este. Soros, que sufrió como hijo de una familia judía en Hungría la ocupación nazi y el régimen comunista, ha repartido dinero para becas de estudio, investigación, fotocopiadoras, diarios, revistas o programas de intercambio en Hungría, China, Sudáfrica, la República Checa, Albania, Croacia, Serbia, Bosnia o Kirguizistán. Pero, en los últimos meses, su cruzada por la sociedad abierta también se dirige a Estados Unidos, el país del que ahora es ciudadano y que hasta los cartones de leche -como se puede leer en el reverso de los envases de la marca más popular- definen como «la tierra de la libertad».


Desde el año pasado, el millonario, autor y apasionado de la filosofía de Popper, que fue su profesor en la London School of Economics (LSE) en los años 50, ha criticado a la Administración Bush en conferencias en universidades americanas y a través de artículos publicados sobre todo en la prensa europea. Las nuevas dudas sobre la utilización por parte del Gobierno republicano de documentos falsos para empujar el país hacia la guerra en Irak, han enervado a Soros. Hace exactamente una semana lanzó su campaña publicitaria y página web We deserve the truth (Merecemos la verdad).


El domingo pasado apareció en los diarios The New York Times, el Houston Chronicle y el St. Louis Post Dispatch un anuncio a toda plana invitando a los americanos a contactar con sus senadores y representantes para «conseguir la verdad» sobre «la exagerada y falsa inteligencia» con la que el Gobierno Bush justificó la guerra. Una serie de citas sobre las armas de destrucción masiva de Colin Powell, Donald Rumsfeld y Bush acompañan la publicidad.


Soros, según su portavoz, cree que «el Gobierno de Estados Unidos ha sido capturado por un grupo de extremistas que no son buenos para este país». Quiere que sus conciudadanos se den cuenta de que sus líderes no están demostrando «integridad» y que los «manipulan» con información «cuestionable».


La publicación de los anuncios más la manutención de la página web le han costado a Soros, apoyado por Lewis y Dorothy Cullman, otra pareja de filántropos millonarios demócratas, 185.000 dólares. La inversión es necesaria, según Soros, por «la falta de crítica» contra la Administración Bush. Desde que empezó la guerra, una mayoría de congresistas demócratas han optado por callar o incluso apoyar al Gobierno republicano por temor a acusaciones de antipatriotismo.


A los casi 73, y a punto de publicar otro libro, La burbuja de la supremacía americana, Soros es aún hoy una mezcla de tiburón financiero implacable -se hizo famoso por echar a la libra del Sistema Monetario Europeo con la especulación- y alma caritativa que, en varias ocasiones, ha dado más ayuda humanitaria que su propio país.


Soros nunca ha estado dispuesto a ser simplemente la trigésimo octava persona más rica del mundo, su posición según el ranking que elabora todos los años el semanario Forbes. Después de haber apoyado la democracia en la Europa del Este, ahora también quiere ser la conciencia crítica de Estados Unidos. Dinero no le falta. Y, en un país donde los millonarios son como oráculos a quienes todo el mundo escucha, audiencia tampoco.


El 27 de febrero, en un discurso en la universidad Carnegie Mellon, en Pittsburg, Soros acusó a la Administración Bush de tener «una aversión visceral a la cooperación internacional» y de sufrir «una visión imperialista basada en que Estados Unidos lidera y el resto del mundo le sigue». Era el comienzo más decidido de una campaña que Soros define como «coherente» con sus principios. Dos semanas después, repitió las mismas palabras en la escuela de relaciones internacionales de la universidad Johns Hopkins.


Soros escogió el campo de juego en principio más difícil. No eligió hablar frente a ninguna audiencia propicia para su mensaje en una universidad de izquierdas, como Columbia, Georgetown o Harvard, sino, literalmente, en el corazón del territorio enemigo.


Uno de los mayores donantes de Carnegie-Mellon es Richard Mellon Scaife, otro multimillonario con una fortuna de 1.200 millones de dólares, aunque opuesto en sus planteamientos a la filantropía democrática de Soros. Según The Washington Post, Mellon entregó más de medio millón de dólares en la segunda mitad de los 90 a la organización Vigilancia Judicial (Judicial Watch), un grupo de presión que presentó nada menos que 18 denuncias contra Bill Clinton (ninguna de ellas prosperó). Según su reciente biografía, Living History, Hillary Clinton considera a Mellon Scaife como la principal fuente de financiación del acoso legal que sufrieron ella y su esposo durante sus años en la Casa Blanca.

CONTRA LA GUERRA

En Johns Hopkins, una universidad que recibió 500 millones de dólares el año pasado en contratos del Pentágono, Soros dio la conferencia en la escuela que dirigió hasta hace dos años Paul Wolfowitz, el actual subsecretario de Defensa de EEUU. Wolfowitz, el principal ideólogo de la guerra contra Irak, lidera el grupo de los llamados neoconservadores, un colectivo de intelectuales que propugna que los estadounidenses deben moldear el mundo -y, en primer lugar, Oriente Medio- a su imagen y semejanza.


Sin embargo, Soros es más famoso que Wolfowitz y tiene más dinero que Mellon Scarfe, por lo que ninguna universidad le cerraría sus puertas, en especial en un momento en el que la crisis económica ha cortado el grifo de donaciones que las instituciones educativas americanas perciben de sus ex alumnos. Al fin y al cabo, en 1997 Soros contribuyó con 3,7 millones de dólares a las arcas de Johns Hopkins, y muchos de sus estudiantes de los países del Este llegan gracias a las becas de la Fundación para una Sociedad Abierta. Aunque ya no dona cantidades récord como los 530 millones de dólares que entregó a diferentes causas en 1998, Soros todavía es la gran fuente filantrópica internacional.


Su presencia, además, garantiza que la universidad de turno salga en los medios de comunicación. Pocos días después de su discurso en Johns Hopkins, Soros publicó un artículo titulado El exagerado sentido de la superioridad de Bush, un resumen de sus reflexiones en Financial Times, un periódico cuya edición estadounidense se presenta como la contrapartida demócrata del ultra-conservador Wall Street Journal.


La argumentación de Soros está cuidadosamente calibrada. Él ataca las formas, no el fondo de la política de Bush. Como ha señalado Neil Clark, en el semanario progresista The New Statestman, «Soros no está enfadado con los objetivos de Bush -extender la Pax Americana y hacer el mundo más seguro para los capitalistas-, sino con la forma grosera en que Bush lo hace ( ). Durante años, Soros y sus ONG han extendido las fronteras del mundo libre de una forma tan hábil que nadie se ha dado cuenta. Ahora, un patán texano y una banda de hiperentusiastas neoconservadores han hecho saltar por los aires todo eso».


Si Soros no convence a la izquierda, en la derecha lo ha tenido siempre mucho más crudo. Durante una entrevista, el rey de los especuladores tuvo un duro enfrentamiento, que rayaba en el ridículo, con Sean Hannity, una de las estrellas de la cadena de televisión Fox y destacado miembro de la derecha religiosa americana. Soros trataba de explicar su pretenciosa teoría de la reflexividad en los mercados financieros y en la política -en realidad, algo tan simple como que si los poderosos dicen que algo va a pasar, al final pasa- frente a un interlocutor que literalmente le gritaba y al que sólo le faltó acusarle de ser compañero de Udai Husein. En realidad, Soros nunca se ha opuesto de manera oficial a la guerra.

ESTRATEGIAS DE TIBURÓN

Poco después, otro de los líderes de esa cadena, Neil Cavuto, le acusó de haber perdido el olfato para los negocios. En realidad, Soros, ahora más volcado en su filosofía y en sus libros, está prácticamente retirado desde 2000. Este año, su mayor operación sólo ha sido aumentar en dos millones de euros su participación en Bluefly, empresa de venta al por menor en Internet. Su tranquilidad no le ha impedido amargar la vida de sus rivales, como cuando en diciembre contrató a Robert Bishop para gestionar el patrimonio de su familia valorado en 11.500 millones de dólares. Bishop era el protegido de Julian Robertson, el director del fondo de inversión Tiger Management y el único especulador aún más temible que el propio Soros. Sin embargo, Robertson tuvo que abandonar el negocio unos meses antes, sepultado por un alud de pérdidas a causa de la debacle de las bolsas tras el estallido de la burbuja de Internet. Con un rápido movimiento. Soros consiguió quitarle el hombre de confianza a su rival y ponerlo en nómina a su servicio.


Entre pequeñas distracciones inversoras y algunos juegos que siguen demostrando a la competencia su habilidad, Soros se entretiene con la política. Su conferencia en Johns Hopkins, publicada en la prensa europea y en The American Prospect, una revista claramente opuesta al Partido Republicano, sigue teniendo eco. En vísperas del viaje de Bush a África, propuso que las empresas petroleras y mineras occidentales paguen más a los países africanos en los que desarrollan sus actividades. La Casa Blanca se opone a la idea, y Soros esperó a que el presidente estadounidense empezara su tour para relanzarla.


Su carta de presentación es la de un inmigrante húngaro convertido en multimillonario gracias a sus juegos financieros y en filántropo universal gracias a la filosofía de Popper y a la London School of Economics. Su sentido de las libertades civiles le viene, según él, de su padre Tivadar Soros, quien resistió con su familia durante la ocupación de Budapest ocultando su verdadera identidad.


Aquellos meses de 1944 en la Hungría donde 400.000 judíos fueron exterminados por los nazis le marcaron para siempre, contó Soros hace unos meses en la presentación de la traducción inglesa del libro de su padre, Mascarada: bailando alrededor de la muerte en la Hungría ocupada por los nazis, publicado en 1965 en esperanto, una de las seis lenguas que Soros senior hablaba. El adolescente George, que se hacía pasar por el hijo de un oficial húngaro, tenía que llevar notificaciones a judíos elegidos por los ocupadores para que se presentaran con sábanas y comida ante el Seminario de Rabinos. Tivadar recomendaba entonces a su hijo: «Tienes que hacerlo, ir allí y entregar el mensaje, pero dile a la gente que si se presentan serán deportados». Uno de los judíos a los que el chico entregó la nota acompañada de la advertencia le dijo una vez: «Soy un ciudadano que respeta la ley. No pueden hacerme nada». Fue entonces cuando George, cuenta él, comprendió que contra las leyes inmorales, cabe siempre la desobediencia civil.


Ése es básicamente el principio que le ha impulsado durante toda su vida a promover medios de comunicación y a financiar movimientos de oposición en las dictaduras, en principio las comunistas, como Polonia, Hungría y la antigua Yugoslavia. Soros fue, de hecho, el gran artífice económico de la intervención estadounidense contra el régimen de Slobodan Milosevic. Sus críticos le acusan de aprovecharse de las circunstancias y de no hacer nada de forma desinteresada.

De lo que no es particularmente sospechoso Soros es de revolucionario. Sus relaciones con el gobierno de Estados Unidos siempre han funcionado bien. Ha invertido en el Carlyle Group, subcontratista de Defensa y donde también han participado el ex secretario de Estado con Ronald Reagan, James Baker; el ex secretario de Defensa Frank Carlucci e incluso Bush senior y un hermano de Osama bin Laden.

Fue un gran defensor de la política multilateral de Bill Clinton, para mantener el imperio, según sus críticos, o para fomentar sociedades abiertas y la globalización no sólo de la economía, sino de los derechos humanos, según él.


Soros disfruta ahora de un momento particularmente dulce en la batalla. La popularidad de Bush está desplomándose: la mitad de los americanos cree que exageró la amenaza de Irak y un porcentaje similar estima que derrocar a Sadam no merecía gastar tantas vidas de estadounidenses. Soros puede decir, además, que él ya lo había predicho. Con su experiencia para tratar con los países en vías de desarrollo o que salen de una dictadura, pocos días antes de que estallara la guerra, Soros dijo: «Irak sería el último país donde yo iniciaría un proceso de construcción nacional».


A lo largo de su vida, Soros ha demostrado que tiene ambición, ego e inteligencia. Y el amor al riesgo queda fuera de toda duda para alguien que ganó 1.000 millones de dólares el 16 de septiembre de 1992 cuando expulsó a la libra del Sistema Monetario Europeo y luego perdió 2.000 en una semana en agosto de 1998, cuando Rusia suspendió pagos. Su capacidad para incordiar a Bush es tan ilimitada como su cartera. Y parece dispuesto a todo con tal de demostrar la validez de su máxima: «Para jugar, no basta con que haya reglas. También hay que tener principios».

 

LOS RICOS DE LA OPOSICIÓN P. P.

La mayoría de los millonarios americanos son republicanos hasta la médula. Pero existe un grupo de ricos que son, para los parámetros estadounidenses, rojos.


WARREN BUFFET. (30.000 millones de euros). Es el segundo hombre más rico del mundo después de Bill Gates. Ha hecho su fortuna de la forma opuesta a Soros: invirtiendo a largo plazo en los sectores más aburridos de la Bolsa, como maquinillas de afeitar Gillette y Coca-Cola. La semana pasada, alguien pagó 105.000 dólares por cenar con él y escuchar su opinión sobre la bolsa. Favorece el control de los flujos de capital, y ha calificado a los derivados financieros de «armas de destrucción masiva del sector financiero». Ha dicho que la última bajada de impuestos de Bush es «una gran ayuda para que los ricos seamos más ricos».Su hija Susan es una de las líderes del Partido Demócrata en Nebraska.


MICHAEL BLOOMBERG. (3.000 millones de euros). El alcalde de Nueva York se hizo republicano para, literalmente, comprar ese partido en la ciudad. Demócrata convencido, lo tenía más difícil con esta formación -a la que ha subvencionado generosamente-, porque no tiene tanta influencia en Nueva York. No habla contra Bush, pero toda su política es una pesadilla para la Casa Blanca: ha prohibido fumar en todos los locales de la ciudad, ha subido los impuestos y dejó que el Ayuntamiento emitiera una declaración contra la guerra en Irak. Por si fuera poco, está divorciado, y eso de la abstinencia sexual que predica Bush no va con él.

DAVID ROCKEFELLER. (2.200 millones de euros). Nieto de John Rockefeller.Es uno de los más destacados opositores a la propuesta de Bush de eliminar el impuesto de sucesiones.

JAY ROCKEFELLER. (200 millones de euros). Senador demócrata por Virginia Occidental y uno de los mayores opositores a la guerra en Irak.

TERESA HEINZ. (500 millones de euros). Heredera de la familia Heinz (la de la mayonesa), se especula si pondrá su fortuna al servicio de su marido, el senador demócrata John Kerry, candidato a la presidencia en 2004. Claro que Kerry tampoco va a tener problemas económicos: su segundo apellido es Rostchild.

ROBERT RUBIN. Su fortuna no es tan grande, pero es uno de los millonarios más influyentes de EEUU. Fue secretario del Tesoro con Clinton y en Wall Street se le considera el artífice de la expansión económica. Es presidente no ejecutivo del Citigroup.

JOHN CORZINE. (200-500 millones de euros). Otro multimillonario metido a político. El senador deNew Jersey se encarga de coordinar las relaciones del Partido Demócrata con Wall Street. Antes de ser político fue presidente del banco de inversión Goldman Sachs