HISTORIA DE AL-ANDALUS 

 

1569..., 1996..., 2001: TODO EMPIEZA EN PURCHENA

 

JOSÉ ACOSTA MONTORO

 

 

    En vísperas de la séptima edición, primera del siglo XXI, la aparición de la revista «Cuadernos de los Juegos Moriscos» es momento para que se recomponga desde su sede, Purchena, el camino recorrido por los Juegos desde 1569, en que fueron convocados por Aben Humeya, hasta 2000, en que se celebró su sexta edición.

En primer lugar hay que dejar constancia del origen, de cuanto sucedió en la trayectoria de Aben Humeya en el momento en que decidió convocar fiestas en Purchena, los Juegos Moriscos que hoy tienen el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional y han sido declarados de Interés Turístico por la Junta de An­dalucía.

Sabido es que, asentado en el valle del Almanzora, y con su centro en Purchena, Aben Humeya intentó sitiar la ciudad de Vera. De esa efemérides guerrera se ocupan Mármol y Pérez de Hita. El primero (págs. 289­290 lib. VII, cap. VIII), que termina su relato diciendo: Aben Humeya tornó a Purchena y de allí a Laujar de Andarax, y envió la gente a sus partidas, informa con la minuciosidad que le adorna, pero también en esta ocasión se le escapan detalles que serán trascendentes, quizás porque no tuvo noticia de ellos, o porque no les dio importancia bélica, falto de facultades sicológicas y de «ensoñación», de lo que adolece su documentada obra.

No es el caso del cronista murciano, sobrado de unas y otras, fantasioso en el artificio barroco ciertamente, pero, en ocasiones, mejor dispuesto para seleccionar diversos y singulares aspectos. Pérez de Hita (págs. 140-142, cap. XIII) dice que Aben Humeya tomó su decisión de ir al oriente andaluz cuando supo de las negociaciones que sus enviados mantenían en Berbería y que, pasando por Purchena donde recogió la hueste del Maleh, y bajando el Almanzora dejó atrás a Zurgena, subió la atalaya de Ballabona y se puso ante Vera, a la que sitió. Continúa Pérez de Hita, con su peculiar estilo, que los moriscos empezaron a batir la ciudad, atacando sus murallas, desde donde le respondían. Duraba el cer­co un día y su noche cuando los rebeldes emplearon una de sus pequeñas piezas de artillería contra la base de una torre, haciendo daño. Pero se regocija Pérez de Hita: quiso Dios que aquel tiro, fuera el primero y el postrero, porque la pieÇa fue abierta por la demasiada carga que le echaron.

Pérez de Hita, al que se le nota informado en los mismos términos que Mármol, le hecha la sal y pimienta de su estilo y añade suspenso a la narración que alarga. Al fin, cuando Aben Humeya supo de la ayuda que le llegaba a los de Vera, se retiró la buelta del río de Almançora y llegando a las Cuevas las mandó saquear v destrozar un hermoso huerto del rnargués y cortar todos los frutales que el Rey no los tenía tales corno allí los avía. Cuando llegó el socorro de Lorca, Aben Humeya regresaba a Purchena.

La información que, sin duda, obtuvo Pérez de Hita de los moriscos con quienes trató, le hace incluir el suceso de Cuevas, absolutamente lógico dado el odio que mantenía Aben Humeya al marqués de los Vélez, y el remate que nos interesa: cuando el rey morisco llegó a Burxana deterrninó de hazer unas solemnes fiestas para alegrar sus gentes y todo su campo, y assí mandó que se pregonasen.

Era el 27 de septiembre, martes. Los Juegos Moriscos estaban en marcha...

 

SOBRE EL PRIMER SILENCIO ACERCA DE LA REBELION MORISCA ...x

De cuanto se refiere a la guerra de los moriscos no se tienen más fuentes que las crónicas de tres historiadores, cada uno en uso de sus características personales y de sus maneras de proceder. Las tres relaciones fueron publicadas después de haber fallecido Felipe II. Cabe discernir que el rey castellano deseó que del conflicto morisco no se conociese más versión que la dada por su Consejo y sus asesores eclesiásticos. Todos eran enemigos de cualquier versión que pudiera (aun hecha desde el punto de vista real/católico/patriótico), incluir datos más o menos objetivos, así como opiniones personales comprensivas hacia la causa de los derrotados y expulsados moriscos

Dos de aquellos cronistas eran granadinos de na­cimiento y el otro, murciano. Por su formación, edad y experiencia internacional, el más «político», quien avizó la guerra desde el «puesto de mando», ya que era tío del capitán general de Granada, Iñigo López de Mendoza, conde de Mondéjar, fue Diego Hurtado de Mendoza, que escribió Guerra hecha por el rey de España don Felipe II contra los moriscos de aquel su reino, sus rebeldes, publicada en Lisboa en 1627. El más informado de casi todos los detalles militares, porque siguió la guerra en la intendencia de los ejércitos del marqués de los Vélez, Juan de Austria y Luis Requesens, fue Luis de Mármol Carvajal, autor de Historia del rebelión (sic) y castigo de los morisco del reino de Granada, publicada en 1600 con gran éxito, apareciendo ediciones en 1757, 1792 y 1797. El más «novelero», que no quiere decir que estuviese desinformado, sino que atendió a cuestiones que para los otros serían entonces «poco serias», fue Ginés Pérez de Hita, a quien se debe la noticia de la convocatoria y desarrollo de los primeros Juegos Moriscos. Pérez de Hita, el más joven de los tres cronistas, dio a la imprenta en 1595 “Guerras civiles de Granada”, cuya segunda parte, directamente relacionada con la rebelión morisca, fue publicada en 1619.

Los tres cronistas escribieron desde el punto de vista católico/monárquico, fieles a Felipe II y a la sociedad que éste permitía, sostenía y representaba. Pero los tres aportaron párrafos que no gustarían, no sólo al absolutista Felipe II, sino también a su corte de eclesiásticos que formaban su Consejo y dictaminaban que política y catolicismo eran una misma cosa.

Por la valía de las opiniones de los tres cronista tocadas de cierto objetividad, es útil reproducir algunas de ellas. Los tres reflejan de dónde nace la guerra que sería declarada en 1567. Recogen diversas actuaciones de Cisneros contra los musulmanes, obligándoles al bautismo, y pasar de mudéjares a moriscos, destructor de mezquitas que convertía en iglesias, incinerador de libros, confesor de la reina Isabel que convenció a los Reyes Católicos de que no interrumpiesen la «conversión» por él encauzada y concediera (escribe Mármol en la obra citada, pág. 156, Lib. I, cap. XXVI) a quienes habían sido rebeldes y por ello merecían la pena de muerte y la perdición de los bienes, un perdón provisio­nal si se tornasen en cristianos o dejasen la tierra. Tal es el detalle y el momento, concluyentes y decisivos, en la trayectoria que iba a tomar el conflicto: bautizo 0 expulsión inmediata... Las capitulaciones que sirvieron para firmar la paz y la toma de la Alhambra, en que los reyes y sus sucesores se obligan para siempre a dejarles vivir en su religión y costumbres, conservando sus mezquitas y jueces quedaban inservibles, fracturadas, rotas... Se cumplía la petición que recoge Marmol (pág. 153, lib. l, cap. X) de algunos prelados y clérigos, hecha nada más entrar los reyes en Granada, de que pues nuestro  Señor les había hecho tan señaladas mercedes en darles una victoria como aquella, celosos de sus honra y gloria debían ordenar que los moros rendidos que quieran permanecer en su tierra se bautizaran y los que no aceptasen el bautismo tendrían que  marcharse a Berbería. Y argumentaban, cita Mármol, que todo aquello convenía a  la salvación de sus almas ..,  v sería bueno para la quietud y pacificación perpetua de   aquel reino...

Por tales derroteros Mármol (pág. 157, lib. II, cap. I) refiere que los moriscos eran herejes secretos; que se lavaban y hacían la zalá en sus casas a puerta cerrada; que restregaban a los bautizados para quitarlese el crismo y los olios; que las novias iban vestidas de cristianas a la iglesia y a la vuelta a su casa se desnudaban, vitiéndose como moros, para festejar con instrumentos y manjares de moros; que si algunos aprendían las oraciones era porque en caso contrario no podían casarse...

La protesta crecía, al punto de que Hurtado de Mendoza (pág. 70, lib. I) escribe que las autoridades nombradas por los Reyes Católicos gobernaban la ciudad y reino como entre pobladores y compañeros, con una forma de justicia arbitraria, unidos los pensamientos..., pero que esto se acabó con la vida de los viejos... O sea que, con el paso de los años y el relevo de genera­ciones, cuanto llevaban los jóvenes en su educación se­creta iba aflorándoles al exterior. Si los jóvenes heredaban los privilegios concedidos a sus mayores, alguna vez su comportamiento sería distinto..., como le ocurriría a Aben Humeya, hijo de una familia, los hunmaia que pactó colaboracionismo con el rey Fernando, mediante el cual recobró sus tierras de Válor y el derecho a ser miembros del cabildo granadino... Mármol resulta tajante (pág. 157, lib. II, cap. I): pues si aquellos decían que eran cristianos prestaban más atención a los ritos y ceremonias de la seta de Mahoma, y no atendían a los clérigos, pues siendo ricos, y más señores de sus haciendas de lo que lo eran en tiempos de los reyes moros, jamás se tuvieron por" contentos, suspirando siempre con la memoria de su antigua edad... empezando a acongojarse en exceso y a endurecer su mala inclinación, de donde les crecía cada hora mas la enemistad v el aborrecimiento del nombre cristiano.

Germinaba la rebelión inevitable. Con Carlos I rey se promulgó un edicto, a comienzos de 1518, sobre que los moriscos debían abandonar sus trajes. Pero el emperador, siempre tan necesitado de dinero, negocio los pagos, como haría después con motivo de otras prohibiciones, de modo que a cambio de los ducados fue retrasando la ejecución de sus disposiciones. Cuando visitó Granada, el 4 de junio de 1526, tras su boda con su prima Isabel de Portugal, quedó escandalizado por el memorial de agravios que le presentaron los moriscos. en el cual se daba cuenta de los malos tratos recibidos por parte de curas, jueces, escribanos v alguaciles..., y por la respuesta inmediata de la otra parte. Según expresa Prudencio de Sandoval (Historia de la vida y hechos de! emperador Carlos Y', pág ? 7 3. lib. IV. cap. XVII), eran muchos los agravios que se hacían a los moriscos, pero éstos eran muy finos moros veinte y .siete años hacía que eran bautizados y no se hallaron veinte y siete dellos que fuesen cristianos, ni  aun siete...

De la visita a los lugares granadinos ordenada por el rey Carlos se derivó que los moriscos, para ser buenos cristianos, tenían que abandonar sus costumbres musulmanas, con lo que no se les agraviaba sino que, por el contrario, se les hacía una buena obra... La consecuencia inmediata fue que Carlos I publicó otro edicto. el 7 de diciembre de 1526, por el cual se ordenaba a los moriscos que no hablasen su lengua; que vistiesen a la castellana; que no usasen los baños: que tuvieran las puertas de sus casas abiertas los días de fiesta, viemes y sábados; que no hiciesen zambras ni leylas; que las mujeres no se pintasen; que se casasen al modo cristiano, oyendo misa y con sus casas abiertas ese día; que no usasen sobrenombres musulmanes... Y añadía que no podrían abandonar los habitantes del Reino de Granada sus puntos de residencia, que no saldrían de sus casas sin lucir en el sombrero una media luna azul, que no trabajarían los domingos y fiestas de guardar, y que el tribunal de la Inquisición se trasladaría de Jaén a Grana­da...

La dureza de la disposición fue tan tremenda como inesperada para los moriscos. Por la protesta, pero, sobre todo, por la negociación económica que se pagarían antes de que saliese Carlos de Granada, por lo que aceptó suspender aquellos acuerdos. Sería una moratoria de cuatro décadas la que consiguieron los moriscos, que expiraría en 1566, lo que Felipe II, tan respetuoso con los legados de su padre, tendría en cuenta.

Después..., los cronistas recogen que Felipe II puso en vigor la pragmática dictada por su padre, nueva y definitiva. El 25 de mayo de 1568 llegó a Granada el recién nombrado presidente de la Audiencia, Pedro de Deza, un eclesiástico inflexible, unido totalmente a las ideas del cardenal Espinosa, presidente del Consejo de estado del rey. La pragmática ordenada por Felipe II se pregonó el 1 de enero de 1567. Mármol (pág. 162, lib. II, cap. VIII) da cuenta que se hizo con gran solemnidad de atabales, trompetas, sacabuches y dulzainas, para añadir: Luego incontinente se mandó que las Justicias hiciesen derribar los baños artificiales, y se derribaron, comenzando por los de su majestad porque los dueños de los otros no se agraviasen. Señala Mármol que la turbación de los moriscos fue extraordinaria cuando oyeron pregonar los capítulos en la plaza de Bib el Bonut, de modo que ninguna persona de buen Juicio dejara de entender sus dañadas voluntades. Y añade que los moriscos decían que la premática había de ser causa de la destrucción del reino...

Iba a incendiarse la sublevación. Los preparativos fueron sistemáticos. Hurtado de Mendoza (pags. 274, lib. I) detalla la reunión del 27 de septiembre, en la que el Zaguer, tío de Aben Humeya, convence a los moriscos de ir a la guerra: Representóles el estado de la cristiandad, las divisiones de herejes y católicos en Francia, la rebelión de Flandes, Inglaterra sospechosa y los flamencos huidos solicitando en Alemania a /os príncipes della. E/ rey falto de dinero y gente plática, mal armadas las galeras  proveídas a remiendos, la chusma libre, los capitanes y hombres del cabo descontentos, como forzados. Si previeren, no solamente c/ reino de Granada, pero parte del Andalucia, que tuvieron sus pasados y agora poseen sus enemigos, pueden ocupar con el  primer ímpetu ó mantenerse en su  tierra, cuanto se contente en ella sin pasar adelante. Y añade: Indignados y resolutos en general de rebelarse presto y en particular de elegir rey de su nación..., para señalar que: había entre ellos un mancebo llamado don Fernando de Válor cuyos abuelos se llamaron Hernandos y de Válor, porque vivian en Válor el Alto, lugar de la Alpujarra puesto casi en la cumbre de la montaña... y' fijar que en este pusieron los ojos, porque les movió la hacienda, el linaje, la autoridad del tío, como porque ha vengado la ofensa del padre... Hurtado de Mendoza (pág, 75, lib. I), dice que con veintiseís personas del Alpujarra, en casa de Hardón, hombre señalado entre ellos, eligieron a don Fernando de Válor para rey con esta solemnidad: los viudos a un cabo, los & casar a  otros, los casados a  otro, y las mujeres a otra parte... Añade que Aben Humeya nombró por capitán general a su tío el Zaguer. Y que en aquéllos días dieron comienzo los actos de matar a sus enemigos

Pérez de Hita confirma la elección (pág. 8, cap I). Y es, precisamente, quien cuenta que vió a Aben Humeya. Es el único que lo describe (pág. 8, cap. I) Pues este don Fernando que decimos era mancebo de  veynte y dos años. Era de poca barba, de color moreno, verde v negro, cejijunto, los ojos grandes y negros; mostrava en el talle el garvo de ser de sangre real; tenía los pensamientos reales, procedía realmente; era de todos los moros granadinos muy estimado y respetado; era veynticuatro de Granada. Doy señas porque k vide visto de luto en  compañía de  los demas veinticuatro, en las honras fúnebres de la serernísima Reyna doña Isabel de la Paz, muger de nuestro cathólico rey don Philipe segundo, y entonces .supe quien era y cómo se llamava.

Pérez de Hita (págs. 8-10, cap. 1), y no es casual su inclinación a encontrar motivos de ciertas actuaciones, narra el episodio de la daga, acontecido en el Ca­bildo, cuando Aben Humeya rompe con su veinticuatría v su fama de caballero cristiano, para opinar que se presume que don Fernando de Válor estava en l a conjuración del levantamiento del reyno. Asegura Pérez de Hita que el suceso del cabildo fue provocado por Aben Humeya para salirse de Granada. También sospechó de ello Mármol, que había recogido la presencia de Fernando de Valor en la elección de rey, morisco, pero que nunca muestra mínimo afecto por el joven, que escribe ( pag. 188, lib. IV cap. VII): bien se deja entrever que este don Hernando supo de lo que se trataba del levantamiento, ansí por la priesa que se dio en vender su veinticuatría (aunque no pudo efectuarle y el mismo Mármol ofrece los motivos) como según nos dijo el licenciado Andrés de Alava, inquisidor de Granada, con quien profesaba mucha amistad, que estando de camino para visitar la Alpujarra por orden particular de su majestad... había ido él (Aben Humeya) pocos días antes aconsejá por vía de amistad que no se pudiera en camino hasta que pasase la pascua de Navidad, por­que entonces estaría la gente va más quieta y le acom­pañaría él por su persona, y le había hecho tanta instancia sobre ello, que se podía presumir que él ya 10 sabía... Mármol falla otra vez en su labor de adquirir conocimientos, pues con aquella excusa pudo indagar sobre el papel de Aben Humeya rey, pero, dice, sea como fuere esta es la relación más cierta que pudimos saber de este negocio...

Metidos en la guerra, los tres cronistas admiten que Aben Humeya fue proclamado y coronado rey. Pero los datos exactos de cómo se produjo la elección y la coronación se sabrán por la declaración de Brianda Pérez, casada con Aben Humeya por el rito islámico, hecha en Granada, el 23 de marzo de 1571, ante Pedro de la Fuente, escribano de cámara de S.M., en presencia del juez Lope de Montenegro Sarmiento, que le tomó juramento.

Mármol había oído algo de la marcha de Aben Humeya con una sola mujer morisca que traía por ami­ga v un esclavo negro salió de Granada otro día luego siguiente, jueves 23 de diciembre, y durmiendo aquella noche en la almacería de tina huerta, caminó el viernes hacia el valle de Lecrín... Mármol estuvo informado de cuando Aben Humeya se dirigía hacia su coronación, pero ignoraba que la mujer era Brianda Pérez, todavía cristiana, y que el esclavo negro se llamaba Bartolomé...

Pérez de Hita, en su estilo novelero, resume cómo fue una de las coronaciones (pág. 12, cap. II): y luego le pusieron encima de la cabeza una corona de plata dorada  y rica, que era de una imagen de Nuestra Señora... Después de coronado le fue tomado juramento sobre un libro de Alcoran, que les ampararía y defendería hasta la muerte. Todo lo cual el reyecillo (que así le llamaremos de aquí en adelante) juró; y aviendo hecho este juramento, todas las chirimias y dulzainas y otros instrumentos sonaron con gran ruido. Luego de muchos lugares vinieron a dar la obediencia y a  besarle  la mano...

Los cronistas decían que tras los alzamientos en cadena, la Alujarra se convirtió en sede del reino de Aben Humeya. Los primeros días de 1569, alzadas las taas alpujarreña, la insurrección se propagaba. El número de seguidores de Aben Humeya era cada día ma­yor. Es Mármol quien describe (pág. 189, lib. IV cap. VIII) el entusiasmo popular era cosa de maravilla ver cuán enseñados estaban todos, chicos y grandes, en 1a maldita seta; decían las oraciones de Mahoma, hacían sus procesiones y, plegarias, descubriendo las mujeres casadas sus pechos, las doncellas las cabezas, ; y teniendo los cabellos esparcidos por los hombros, bailaban públicamente en las calles, abrazaban a los hombres, yen­do los mozos gandules delante haciéndoles aires con los pañuelos, v diciendo en alta voz que va era llegado el estado de la inocencia, y que mirando en la libertad de su ley, se iban derechos al cielo, llamándola ley de la suavidad, que daba todo contento y deleite... Y añade Mármol en la misma página: lo primero que hicieron fue apellidar el nombre y seta de Mahoma, declarando ser moros ajenos de la santa fe católica, que tantos años había que profesaban ellos, y sus padres y sus abuelos..., sin respetar a cosa divina y humana, como enemigos de toda religión y caridad, llenos de rabia cruel y diabólica ira, robaron, quemaron y destruyeron las iglesias, despedazaeron las venerables imágenes, deshicieron los altares, y poniendo manos violentas en los sacerdotes de Jesucristo, que les enseñaban las cosas de la fe y administraban los sacramentos, los llevaron por las calles y plazas desnudos y descalzos, en pleno escarnio v afrenta...

Los cronistas describían una guerra civil, pero sobre todo, religiosa... Por unas y otras cosas ni Felipe II ni sus clérigos querrían que se hablara de aquello, y menos que aparecieran libros que, cantando su victoria, dejasen traslucir otros hechos. Y más después de Aben Humeya escapara de la búsqueda de Mondéjar, que qui­so prenderlo, ofreciendo dinero a quien lo matase... El suceso fue recogido por los cronistas.

Mármol (págs. 248, 249, 250, lib. V, cap. XXIII y XXX1V9, narra el hecho principal. Le dijeron a Mondéjar que Aben Humeya y el Zaguer andaban por la sierras de los Bérchules, escondidos en una cueva cada día, mientras por las noches acudían a Válor cl Alto. que aún estaba por rendirse y a Mecina de Bomparon. sobre todo, donde se recogían en casa de Diego Lopez Aboo por razón de la salvaguardia que tenía. Mondejar envió dos compañias de infantería, mandadas por los capitanes Alvaro Flores y Gaspar Madonado, con seiscientos hombres escogidos, llevando consigo a espias, que les habían de mostrar las casas sospechosas para que fueran a los lugares y los cercaran o' procurasen predera aquellos dos caudillos, o matarlos .si se defendiesen, y traerle sus cabezas, significándoles la importancia de aquel negocio. Les advirtió Mondéjar que lo primero que debían hacer era cercar la casa de Aben Aboo, donde la sospecha más cierta indicaba que esta­rían Aben Humeya y el Zaguer. Encaramados Válor y Mecina en la falda de Sierra Nevada que mira a la Alpujarra y al Mediterráneo, les separaba una legua. Cuando los capitanes llegaron a Cádiar, resolvieron dividir a su gente en dos grupos e ir a los dos sitios al mismo tiempo, para que si no encontraban a quienes buscaban en uno de ellos no pudieran avisar al otro. Alvaro Flores fue a Valor y Gaspar Maldonado a Mecina. Aquella noche estaban Aben Hmeya y el Zaguer y el alguacil del lugar, llamado Dalay, no menos traidor y malo que ellos, en casa de Aben Aboo, después de pasar el día en una cueva. Habían bajado al lugar como otras noches inciertamente y a deshora, confiados en que no irían a buscarlos allí porque Aben Aboo tenía el salvoconducto que extendía Mondéjar a todos cuantos decían que se rendían. Sigilosamente se acercaron Caspar Maldonado y sus hombres, con las mechas de los arcabuces tapadas para que no se las viera desde lejos en la oscuridad de la noche, pero un inconsiderado soldado dejó que se disparase su arma al aire. Estaba la casa llena de mujeres, criados y moriscos descuidados, la mayor parte de ellos durmiendo. El Dalay escuchó el ruido y avisó a el Zaguer. Ambos se arrojaron por una ventana y huyeron a la sierra. Aben Humeya, que dor­mía acompañado en otro aposento, no se apercibió de lo que pasaba hasta que llegaron los soldados. Turbado, recorrió los aposentos de la casa y no se atrevió a lan­zarse por una ventana, no fuera a caer sobre ellos. Y cuando oyó que aporreaban la puerta de la casa, se puso igualado entre el quicio, y corrió la tranca para que la pudiesen abrir con facilidad. Aben Humeya se quedó enhiesto, mientras los soldados entraban en tropel sin apercibirse de que allí estaba Aben Humeya, quien sa­lió afuera y se fue sin que le sintiesen. Los soldados hallaron a Aben Aboo y a otros diecisiete moros, que algunos eran criados del Zaguer y los otros vecinos del lugar. Todos negaron saber dónde estaban Aben Humeya y su tío, afirmando que los que allí estaban se habían reducido con la salvaguardia que Aben Aboo tenía. Gaspar Maldonado ordenó que diesen tormento a Aben Aboo, mandándolo colgar de los testículos de una rama de un moral que estaba a la espalda de la casa. Aben Aboo se negó a hablar, y llegó a él un airado soldado, y como desdén le dio una coz, que le hizo dar un vaivén en vago y caer de golpe en el suelo, quedando los testí­culos y las binzas colgadas de las ramas del moral.

La versión de Hurtado de Mendoza, que puede referirse a otro intento de apresar a Aben Humeya, ter­mina en que, degollados capitanes y soldados, Mondéjar, que entendía la desgracia, puso en Orgiba guardia mayor, repartió los cuarteles a la caballería como quien esperaba a los enemigos. Llegada la noticia a Granada, se reforzó la guardia en la Alhambra, en la ciudad y la vega, Porque los moriscos, favorecidos por el suceso, no intentasen novedad...

Por lo uno y lo otro, creció la fama y el poder de Aben Humeya, más reconocido por rey que nunca, resurgido.

 

UN PARÉNTESIS PARA LA CENSURA...

Quizás sea momento de hacer una pausa y referirnos a la posible censura que impidió que los tres libros de los cronistas fuesen publicados antes de que fa­lleciera Felipe II, en 1598. De la guerra a sangre y fuego, que supuso la rebelión de los  moriscos supieron los que la protagonizaron y sufrieron, y pocos más, los que, de alguna manera, lograron burlar el silencio extendido... Cuando se habla de censura sobre aquel conflicto hay que señalar que no se conoce la existencia de documento que la certifique oficialmente. Es posible que los libros que trataran de la rebelión de los moriscos de Granada pudieran caer en el Indice de Quiroga (de 158?. gestado desde 1569), que contenía disposiciones de carácter general con condenas de obras y autores particulares. Aquel Indice, capaz de suprimir frases y páginas completas, introdujo en su regla IV la prohibición de libros de judíos y moriscos... Cabe que, dada su fecha. trece años después de las expulsiones del Reino de Granada, pudiera referirse aquella regla IV a los libros escritos por Mármol, Mendoza y Pérez de Hita, que no se publicarían hasta después de la muerte del rey absoluto. También conviene meditar en que cualquier censura no debe ser valorada únicamente por los Indices, que sólo reflejan una parte del espectro cultural de lo prohibido, sino sobre todo, por los condicionamientos que escapan al control absoluto irrealizable, pero dejan la advertencia de lo que puede o no puede pasar...

Pero las obras de Mármol, Mendoza y Pérez de Hita eran conocidas y se hablaba de la guerra según la habían descrito los tres cronistas... ¿Cómo puede ser que. publicadas las crónicas en 1600 la de Mármol, en 161 9 la de Pérez de Hita, y en 1627 la de Mendoza, haya constancia escrita de hechos por ellos mencionados..., eso sí, quince años después del fallecimiento de Felipe II?...

El tema es tan curioso como aleccionador. Cir­cunscritos a lo que puede demostrarse, el primer poeta que nombra a Aben Humeya es el cordobés Juan Rufo, que asistió a la batalla de Lepanto y publicó La Austriada en 1584. En el canto II de su poema aparece el nombre de Aben Humeya, a quien Rufo llama osado forajido:

Don Fernando de Válor se decía altivo mozo y 'de escabroso trato; mas nunca se entendió que subiría jamás a tal manera su trato.

De los antiguos` reyes descendía que en Córdoba tuvieron reino grato; hacienda tuvo v renta moderada; también fue veinticuatro de Granada...

 

Leyendo la parte dedicada al conflicto granadino es evidente que Juan Rufo se inspiró en la obra de Diego Hurtado de Mendoza, que no aparecería hasta 1627.

¿ Dónde está el misterio?. Es sencillo de resolver. El editor de la obra de Mendoza, Luis Tribaldos de Toledo habla en su introducción de una copia manuscrita que estaba en poder de un caballero que conoció en Lisboa.

Existen nueve manuscritos con traza de mucha antiguedad en el departamento correspondiente de la Biblioteca  Nacional. Uno de ellos, con letra    del siglo XVI, parece haberse medido con otros muchos, según se deduce de las enmiendas y aclaraciones marginales que en él abundan.

Resulta evidente el interés por lo narrado sobre la guerra que tanta expectación despertaría y que Hurtado de Mendoza dejó que se sacaran copias de su obra, abundantes, que corrieron de mano en mano. Una de ellas llegaría a Juan Rufo, famoso por sus incidentes juveniles y por su coba a Juan de Austria, a quien dedicaría La Austriada.

Hay más... cuando Rufo canta la muerte de Aben Humeya. alude a que una mujer fue su causa, prima y amante de Diego Alguacil, amigo y confidente de Aben Humeya, a quien el rey morisco se la quitó para incorporarla a su harén.... lo cual también pudo tomarlo de Mendoza.... pero es que Rufo la nombra, Zahara, y tal nombre únicamente lo utiliza Ginés Pérez de Hita, quien, seguramente. lo inventó...

El enigma se resuelve: pudieron conocerse las crónicas sobre la guerra de los moriscos porque circulaban sus copias..Como ocurre en los estados absolutistas y dictatoriales, siempre se encuentran formas de que circulen las historias...

 

TODO CONTINÚA EN PURCHENA...

La situación actual de los Juegos Moriscos se inició cuando al Ayuntamiento de Purchena llegó una carta de un ciudadano de Málaga que aludía a que en Purchena se habían celebrado «alguna vez» unos Jue­gos Moriscos... La carta se ha traspapelado, pero a su autor le corresponde el honor de considerarse origen del interés de la ciudad encaminado a la evolución moderna de aquellos Juegos.

Enterado el Ayuntamiento de que en septiembre de 1569 el rey morisco Aben Humeya había convocado unos juegos populares que tuvieron lugar en su ciudad, decidió, sin demora, que era obligado recordarlos en una moderna edición, situada junto a las actividades recreativas que se producían dentro del marcado interés en reconsiderar la presencia cultural de Purchena.

Se organizó un ciclo de conferencias sobre Juegos Medievales en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense que tenían lugar en Purchena. Quizás se entendía entonces que cuanto tuviera relación con el desarrollo de aquel pasado se encuadraba en la supuesta España medieval... Pero todavía quedaba muy lejos la singularidad de los Juegos Moriscos, que, por cierto, nada tuvieron que ver con las mínimas actividades lúdicas (nunca de disciplinas deportivas) de la Edad Me­dia. Persistía la incapacidad histórica de independizar una isla surgida en el corto mar de los escasos ejercicios físicos de la época elegida para el ciclo de conferencias. Además, pese a que la noticia que llegó por carta desde Málaga señalaba que de los Juegos Moriscos hacía alusión el escritor murciano Ginés Pérez de Hita, no se concibió cuánto podía significar que, concretamente, el cronista tratara de tema semejante en la sublevación de los moriscos contra Felipe II. El desconocimiento de la verdadera naturaleza de aquella rebelión, y la constante mistificación de una época singular, que ya se desgaja­ba del medioevo..., ha apartado en España las consideraciones que vinieran del mundo musulmán, así como su contribución indeleble al desarrollo de la cultura occidental.

En este primer número de los «Cuadernos de los Juegos Moriscos» se publican algunas de aquellas conferencias. El interés del ciclo organizado y el prestigio de los conferenciantes supuso otra llamada de atención en el desarrollo cultural que por entonces había emprendido el Ayuntamiento de Purchena, y mostraba una inclinación que, encauzada debidamente, desembocaría después en el estudio pormenorizado de los Juegos Moriscos que convocó Aben Humeya en septiembre de 1569, base de su desarrollo actual.

 

 

DE EJERCICIOS Y DIVERSIONES..., PERO NO DE DISCIPLINAS DEPORTIVAS

 

No es cuestión de concretar qué ejercicios, diversiones y juegos fueron tratados en aquellas conferencias, doblegadas bajo el peso constante de criterios exigidos sobre inexistencias de la «España» medieval... Pero será útil que nos refiramos, en general, a algunos de los que por entonces se practicaban, aunque sepamos que no eran de uso popular.

La diversión/ejercicio más apreciada fue la caza, consustancial al desarrollo del hombre. Se convirtió en el recreo favorito de los soberanos y de su corte. En las regiones boscosas de Sierra Morena los Omeyas practicaron la caza mayor. Se sabe que Abd al-Rahman II pasaba semanas acosando a los ciervos por aquellos montes, y que utilizaba el halcón en el valle del Guadalquivir para cazar en la zona de paso de las grullas; que Al Hakan I cazaba animales acuáticos...

La caza con halcón estuvo tan de moda en las cortes cristianas como en las musulmanas. El rey, Alfonso III de Portugal mantenía tres halconeros a su servicio. Después de la conquista de Fernando III de la cuenca baja del Guadalquivir, los castellanos imitaron a los musulmanes en los modos de esa modalidad de caza.

Según cuenta el infante D. Juan Manuel (Libro de la Caza, cap. XI), los señores castellanos adoptaron el hal­cón en vez de otra ave rapaz, el azor.

Los magnates de las taifas que sucedieron al Califato omeya persistieron en el ejercicio de la caza como diversión. Alguno hubo tan apasionado como el famoso al-Mutamid, de Sevilla, para quien el amor por la caza era una de las cualidades naturales de los hombres nobles. Los cronistas alabaron la pasión del nasrí Muhammad IV por la caza. En las pinturas del Partal de la Alhambra hay escenas de la caza del oso, reconociéndose en una de ellas a un oso pardo considerado entonces como un león. Exiliado, Boabdil se dedicó a la caza con azores en los campos de Dalías, durante el mes de diciembre de 1492. Ya en la Granada cristiana, en 1494 Jerónimo Münzer se quedó maravillado de la abundancia de caza mayor (osos, ciervos y gamos) en las monta­ñas que dominaban la ciudad granadina. En la época de la rebelión de los moriscos, 1568, las manadas de jabalíes afluyeron a las regiones esteparias que rodeaban Guadix.

Pese a la pasión árabe por los caballos, el arte de la equitación no se difundió en la parte musulmana de la Península hasta el período de decadencia del Califato cordobés, cuando los inmigrados jinetes magrebies, es­pecialmente de Ifriquiya, lo enseñaron. Los poetas de­dicaron ardientes versos a tan maravilloso animal. La moda de las carreras de caballos fue posterior al siglo X. Los nasríes las convirtieron en espectáculo fa­vorito del Reino de Granada. Muhammad IV fue un jinete consumado, buen conocedor de las capas y pelajes de los caballos. Los cronistas pusieron de relieve su habilidad para montar al galope a los purasangre.

Con los nasríes se difundió otro espectáculo popular en que también intervenían los caballos: la tabla. Fue el juego más ensalzado en la celebración de la circuncisión de un hijo de Muhammad V. El ejercicio, de competición, consistía en que los jinetes, dominando el galope de sus caballos, lanzaban con destreza unos pa­los sobre un blanco de madera.

Los granadinos también destacaron en torneos efectuados en campo cerrado, utilizando a los caballos. Desde su adolescencia, Muhammad V frecuentó las palestras y se midió con lanzas cortas con los jinetes más diestros. En las plazas públicas de Granada, especialmente en Bab al-Ramla, la Bibarrambla que da al paseo del Darro, y en la Puerta de los Ladrilleros, actualmente Carrera de la Virgen, y en la misma Alhambra, en la explanada llamada La Tabla, cerca de la Puerta de los Aljibes, llamada hoy Torre de los Siete Suelos..., se celebraban abundantes justas ecuestres. No fue raro que en los desafíos interviniesen caballeros cristianos. Durante el reinado del Abú al-Hasan, Diego Fernández de Córdoba, hijo mayor del conde de Cabra, retó a su enemigo Alonso de Aguilar en suelo granadino. El sultán se ofreció como mediador.

Fueron los musulmanes quienes extendieron el gusto por el juego de cañas, que practicaban con deleite, verdaderos expertos. Se sabe del éxito de una exhibición practicada por una embajada del Reino de Granada cerca de la corte de Juan II de Castilla. En tiempos de Muhammad VIII, una carta procedente de la corte nasrí, fechada el 30 de mayo de 1418 y dirigida a Alfonso V enumeraba entre los regalos destinados al rey aragonés un equipo para el juego de cañas. Este juego surgido en el Reino de Granada pronto fue copiado por los castellanos, que mostraron su destreza. Jerónimo Münzer asistió el 26 de octubre de 1494 a un juego de cañas. presidido por el conde de Tendilla, primer gobernador castellano de la Alhambra. Había convocado a los cien jinetes más diestros «en cierta explanada de más de cien­to treinta pasos de longitud que hay en la Alhambra destinada a este género de ejercicios. Divididos en dos cuadrillas comenzaron los unos a acometer a los contrarios con callas largas, agudas como lanzas; Otros, simulando una huída, cubríanse las espaldas con adar­gas v broqueles, persiguiendo a otros a su vez, y todos ellos montando a la jineta corceles tan vivos, tan veloces, tan dóciles al freno, que no creo que tengan rival. El juego es bastante peligroso, pero con este simulacro de batallas acostúmbranse los caballeros a no temer las lanzas de veras en la verdadera guerra. Después, con cañas más cortas, a modo de flechas, hicieron tiros tan certeros, como si se disparasen con ballesta o con lombarda. Nunca ví tan bizarro espectáculo...

Había entretenimientos de salón. Ningún juego de mesa igualó al ajedrez (sitrany), muy apreciado por los musulmanes a partir del siglo IX. Había sido introducido en Córdoba por el músico Ziryáb, o por algún otro emigrado iraquí. La corte leonesa lo adoptó muy pronto con toda la terminología de las normas del juego y de sus piezas. Se conservan dos peones de marfil, uno de 1067 y el otro, probablemente, de la misma época. En los tiempos de Alfonso X el ajedrez fue el pasatiempo favorito de los castellanos. El rey y su esposa Violante de Aragón, caballeros y damas, monjes y soldados, nobles y villanos, judíos y mudéjares, todos eran fervientes aficionados al ajedrez. Un romance de la época de Enrique IV de Castilla presenta a Fajardo el Murciano jugando al ajedrez con un rey de Granada, el rey moro. El letrado granadino del siglo XIV Muhammad b. Ahmad b. Qurtba al Ru'si, fue un famoso especialista en el juego, tenido por imbatible.

Los juegos de azar siempre estuvieron de moda, aunque prohibidos por la ley musulmana, ya que apartaban a los fieles del cumplimiento de sus obligaciones religiosas. Todos jugaban a los dados (nard). En el siglo XII se practicaba en Sevilla una especie de juego de damas (qirq) en que solía apostarse mucho dinero.

 

RESPUESTA A DESEOS Y PREGUNTAS FUNDAMENTALES

Faltaban dos premisas básicas referidas a los Juegos Moriscos convocados por Aben Humeya en septiembre de 1569: la comprobación y demostración de la singularidad histórica de los juegos narrados por Ginés Pérez de Hita (en la segunda parte de sus Guerras Civiles de Granada) y, esencialmente, la captación de que aquellos Juegos significaban un eslabón en la cadena del Olimpismo, eslabón perdido desde que la civilización grecorromana se quedó sin el movimiento olímpico, primero a causa de la prohibición del emperador Teodosio, y después por el silencio extendido con la lle­gada de los pueblos que habían cruzado el Danubio y fueron aposentándose en las tierras de Occidente, hasta apoderarse de ella,,.

Aquel ciclo universitario que tuvo lugar en Purchena puso en pie un deseo, y, posteriormente, una pregunta, esenciales. Deseo: conocer en su intensidad debida los juegos recogidos por Pérez de Hita... Pre­gunta: ¿de dónde v por qué venían aquellos juegos de la mano del rey morisco Aben Humeya?... A ellos se unía un planteamiento transcendente: ¿cual era la situación «deportiva» de la época estudiada, y, por tanto, de la península ibérica, y, por añadidura, del Occidente europeo?...; ¿qué entronque podían tener los juegos programados en la convocatoria de Aben Humeya con los habituales ejercicios físicos que se oficiaban entonces, así como con las pruebas «deportivas» de ellos derivadas...? ¿qué suponía la aparición de disciplinas desconocidas, más que olvidadas, en la convocatoria de unos juegos moriscos?...

DE OLIMPIA A PURCHENA

 

El Ayuntamiento de Purchena, entonces regido por Luis Caparrós Mirón, con el aliento del constante amor por la cultura y la curiosidad histórica del secretario municipal. Manuel Lorente, pronto tuvo presente que aquel suceso suponía un descubrimiento importante para la ciudad, v que podría aprovecharse para el desarrollo turístico ambicionado. Ambos, junto a Juan Grima, convocaron una reunión en Las Menas de quienes estuvie­ran dispuestos a interesarse por el tema y trabajar sobre él.

Juan Grima, editor de libro de José Acosta Montoro. El  valle del  Almanzora durante el Islam, llevó a dicha reunión al escritor/ periodista que se había embarcado en el conocimiento y divulgación del mundo musulmán en la comarca del Almanzora. Acosta, inmediatamente, percibió que estaban ante un hecho histórico de capital importancia en la cultura europea, y que le correspondía a Purchena poner en pie no sólo su memoria, sino también la documentación precisa para que se enriqueciera el desarrollo de la herencia clásica que corresponde a Occidente, de cuya historia forman parte los Juegos Moriscos de Aben Humeya.

El recuerdo de aquella efemérides (por modesto que fuera y todavía no precisada en los detalles la investigación histórica emprendida), supuso un suceso destacado. La conmemoración de unos Juegos acompañados por diversos actos culturales fue acogida con tal entusiasmo y orgullo ciudadano que obligó a plantearse la inmediata realización de la investigación emprendida, a partir de la cual la conmemoración de los Juegos Moriscos de Aben Humeya pudiera acometerse con la responsabilidad que exigían, de acuerdo a las posibilidades de la ciudad de Purchena.

Acosta Montoro, el Alcalde Luis Caparrós y el secretario municipal Manuel Lorente, integraron el trío que se quedaba solo ante el futuro..., aunque pronto se les unirían personas de 1a ciudad del valle del Almanzora plenas de actividad y de amor hacia su pasado, como Manolo Sola Bernabé y sus compañeros. Todos, convencidos de la transcendental importancia histórica del suceso, se dispusieron a llevarlo hasta sus últimas consecuencias.

Para ello, en primer lugar, sería imprescindible que fueran publicados los datos desconocidos hasta entonces, sujetos a investigación formal, demostrados, lo cual supondría la difusión transnacional de la cultura, así como compartir y desarrollar a escala occidental el patrimonio de la cultura común. El suceso recogido por Pérez de Hita, y cuanto de sorprendente suponía el descubrimiento, se plasmó en el estudio de José Acosta Montoro, titulado De Olimpia a Purchena. El texto fue enviado al Comité Olímpico Internacional para que tuviera conocimiento de los hechos históricos acaecidos y obrara en consecuencia. La respuesta fue admirable como se comprueba por cuanto se contiene en el prólogo firmado por el presidente Juan Antonio Samaranch.

Fueron sus palabras de expreso reconocimiento las que proporcionaron máximo impulso, desde la su­prema autoridad olímpica, para que los Juegos alcanzaran auténtica dimensión. Samaranch se percató desde el primer momento de que se trataba de rehacer un eslabón perdido de la cadena entre dicha (la cultura clásica griega) y el mundo moderno... Y llegó a más el presidente del Comité Olímpico Internacional: el estudio de los Juegos arroja nuevas luces sobre la historia del deporte e incluso podemos ir más lejos, so­bre las posibles derivaciones de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad...

El reconocimiento del Comité Olímpico Internacional supuso el espaldarazo contemporáneo a esta manifestación clásica que en 1569 rompió el profundo silencio que había caído sobre la soberbia herencia de los Juegos de Olimpia desde su prohibición por el emperador Teodosio, y, sobre todo, por el olvido a que les sometieron las llegadas de pueblos bárbaros que sustituían a la cultura clásica por los modos de hacer de galos, godos y visigodos cristianizados...

No cayó en el vacío la transcendental apreciación del Comité Olímpico Internacional. La publicación del libro fue inminente. Para el Ayuntamiento de Purchena supuso el punto original propulsor de que en todas las dimensiones se diera la importancia debida al contenido de la relación del escritor renacentista Ginés Pérez de Hita, y a cuanto pusiera de evidencia las raíces de las manifestaciones de los juegos narrados por el historiador murciano, y el contexto en que se celebraron.

Apoyadas en el texto, las palabras del presidente del Comité Olímpico Internacional constituyeron la nueva magnitud que necesitaba el recuerdo de los Juegos de Aben Humeya. Tan terminante decisión impulsó al Ayuntamiento de Purchena a promocionarlos en aras de la reconstrucción histórica y de la ilusión de un pueblo que recobraba parte de su formidable pasado, sobre la extensión de las nuevas luces que aportan a la civilización cultura, arte y deporte, todo ello perteneciente a Andalucía y a España. Incluso se tuvo en cuenta que, sobre las posibles derivaciones de los Juegos de Aben Humeya y su entronque con los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, podía promoverse el diálogo y el intercambio mutuo entre las culturas europeas y no europeas, tendiéndose lazos entre las dos orillas del Mediterráneo a través de un manifiesto de Paz y de Tolerancia redactado para la ocasión, y que, desde entonces, recibe ad­hesiones populares y de gran número de personalidades de todos los campos de la vida social, política y cultural.

LA ACTUALIDAD

 

La aparición de «Cuadernos de los Juegos Moriscos», presta la ocasión de que se muestren las superiores razones del éxito alcanzado por los Juegos de Purchena. Junto a su nacimiento aludido, deben recogerse los fundamentales puntos de apoyo en que se basó la concepción moderna de los Juegos de Aben Humeya. El primero de ellos, por su transcendental importancia, se elevó cuando de los Juegos, y de los trabajos de investigación realizados sobre ellos, tuvo conocimiento el Comité Olímpico Internacional. El prólogo a la primera edición de De Olimpia u Purchena fue firmado en Lausanne en 1997. Desde entonces, los Juegos no han hecho sino crecer de forma rotunda, espectáculo de expresión popular, para constituirse en Fiesta de Interés Turístico, y prepararse para la puesta en pie del pabellón que acoja a la «Ciudad de los Juegos»...

Sobre la urdimbre tejida por la investigación histórica que ofrecía el libro y el texto del prólogo redactado por el presidente del Comité Olímpico Internacional, Purchena puso empeño en que creciera la propagación europea de la similitud existente entre las fiestas pruebas de Aben Humeya y los valores del Olimpismo con lo cual la cooperación de una pequeña ciudad se propagaba hacia pueblos europeos y no europeos. Fieles a las precisas expresiones de Juan Antonio Samaranch, si el Olimpismo supone unión del Deporte  y la Cultura, y su cultivo fomenta el desarrollo armónico del individuo y la relación entre los pueblos, Purchena y sus representantes entendieron como ineludible obli­gación que la ciudad persistiese en el anhelo de arrojar nuevas luces sobre el desarrollo legendario del Deporte en la parte que la Historia le había concedido, cuando Purchena fue sede de los intentos renovadores de Aben Humeya, dedicados a rescatar la cultura islámica heredada de sus mayores, una cultura que a través de la península ibérica volvió a incorporarse al acervo de Occidente.

La convocatoria de los Juegos Moriscos de 1996 supuso otro gigantesco paso adelante, pues ya se contemplaba el evidente origen olímpico. La organización:-procuró respaldar los Juegos deportivos (a los que hasta, entonces no se les había dado el principal protagonismo debido) con otras manifestaciones culturales, especial mente de música y danza, tal y como se produjeron en 1569, y dentro del más correcto entendimiento de la cultura olímpica, reflejo de la civilización europea. Todo se uniría en la convocatoria y desarrollo de los Juegos y más con sus contribuciones innovadoras y experimentales, que tal serían su escenificación; los conciertos de música andalusí, mudéjar, mozárabe y sefardita, con uso de instrumentos autóctonos e históricos; la idea de poner en pie un Zoco Artesanal; el propósito de convocar los Concursos de Gastronomía y de Recuperación de la cocina andalusí y sus aportaciones a la cocina europea...

Fue el momento de afianzar la decisión de persistencia en la investigación histórica básica, y de dar comienzo a la preparación de la Escenografía que presen­tase a los Juegos tal y como tuvieron lugar en 1569, y en el mismo sitio, sobre la adaptación que se iba a redactar de acuerdo con el texto de Ginés Pérez de Hita. La con­vocatoria de 1997 constituyó un creciente éxito artístico, mediático y popular sobre el camino adecuado para conseguir que fuese una realidad el propósito de establecer los Juegos Moriscos de Aben Humeya como una institución de celebración anual, sobre la escenificación que recordara en todo punto a los Juegos celebrados en 1569, rescatada del pasado una herencia que pertenece a la civilización europea.

Movidos por ése ánimo y sobre los rieles cada vez mejor trazados, se convocaron los Juegos de 1998, Cuartos Juegos Moriscos de Aben Humeya, asistidos por la creciente ayuda economica que recibían. Se puso en pie la escenificación de dichas fiestas a través del respe­to que merece el texto que Ginés Pérez de Hita dejó en la segunda parte de sus Guerras Civiles de Granada, dándole prioridad al desarrollo deportivo y artístico... Se tomó la decisión de que las familias de Purchena aquirieran el derecho hereditario de que sus representantes protagonicen los papeles de la escenificación... Se persistió en el deseo de aportar estudios profundos y básicos de la época en que fueron convocados los Juegos por Aben Humeya, y de ahí la biografía de Aben Humeya, rey de los moriscos (1998), editada en colaboración con el Instituto de Estudios Almerienses, seguida por Hisn Burxana. Apuntes para una historia del Castillo de Purchena (1999).

 

LA BANDERA OLÍMPICA

El 27 de julio de 1999 el Presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, recibió en su sede de Lausanne a la Comisión representativa de los Juegos de Aben Humeya, integrados en ella miembros de la Junta de Andalucía y de la Diputación de Almería, como nueva prueba de su pleno apoyo a los Juegos en su correcta dimensión y autenticidad. Sabido es que únicamente son sedes olímpicas aquellas ciudades donde se han celebrado Juegos Olímpicos, y Lausanne, por ser residencia del Comité Internacional..., pero el presidente, en recuerdo y constancia de que la efemérides puesta en pie por los Juegos que convocó Aben Humeya en Purchena en 1569, un eslabón histórico con pruebas y ejercicios olímpicos, tuvo a bien conceder la bandera olímpica a la ciudad de Purchena, bandera que él mismo entregó a Luis Caparrós Mirón, entonces alcalde de la ciudad del valle del Almanzora, ahora sucedido por José Juan Cano Torres, quien ha tomado el relevo en la gestión de los Juegos con máximo ímpetu, responsable de la edificación del pabellón que los acoja... La bandera supone el privilegio que tiene Purchena para ondearla, así como para utilizar su simbología y la de los aros olímpicos, ya dentro del desarrollo de la cultura olímpica. La bandera presidió los Quintos Juegos Moriscos de Aben Humeya, como presidió los siguientes y como presidirá los que se sucedan...

En la Biblioteca Olímpica de Lausanne se alinean los estudios históricos publicados por Purchena, y entre los objetos de extraordinario valor que almacena el Comité Olímpico en su Museo de Lausanne figura el original de la artística copa que fue traída por el represen­tante del Comité Olímpico, doña Carmen Éberenz, que asistió en Purchena al desarrollo y clausura de la Quinta Edición de los Juegos. Dicha copa figura, junto a la bandera olímpica, en el Museo de la ciudad de Purchena, obsequio del Comité a la sede de los Juegos de Aben Humeya, hito histórico en el desarrollo de la civilización de los pueblos de Europa.

Después de los Quintos Juegos, y dado su éxito popular y mediático, y su conocimiento cada vez mayor en todos los ámbitos, la Junta de Andalucía los declaró de Interés Turístico, con la aportación que ello supone a la contribución de la cultura y al desarrollo socioeconómico.

La sexta edición se vio incorporada al incremento turístico que se recoge en el folleto 52 semanas y media que edita la Junta de Andalucía a través de la Consejería de Turismo y Deporte, y que reza así, bajo el epígrafe El eslabón perdido. Purchena. Los Juegos Moriscos de Aben Humeya: «Corría el siglo XVI cuan­do Purchena, noble villa extendida a !os pies de la .sie­rra de los Filabres, se convirtió en abanderada de la convivencia entre distintas culturas gracias a la recuperación de los Juegos Moriscos de Aben Humea, Juegos que han despertado el interés del Comité Olímpico Internacional que los definió corno «el eslabón perdido de /a cadena entre los Juegos olímpicos de 1a Antigüedad y el mundo moderno" Durante cinco días este pueblo recupera el aire y e! espíritu de 1569 y en las calles se pueden observar la lucha entre bravos mozos, e! levantamiento de peso, las carreras de velocidad, el tiro con arco o el lanzamiento de cantos. Además de estos juegos, todos los días hay  una representación teatral de los juegos; un sabrosísimo concurso gastronómico; actuaciones musicales con grupos de música andalusí, mudéjar y sefardita v un maravilloso mercado medieval en que se pueden encontrar las más variadas y bellas piezas artesanales.

El tema de los Juegos Moriscos sigue de moda y más ha de estarlo... Si un día se abordó por la necesidad de poner en pie un hecho histórico de transcendencia occidental, hoy se aborda con la obligación de basar consistentemente sus argumentos, sin concesión a frivolidad alguna, y dentro del tremendo respeto que merece la reivindicación de una época tan mal conocida y tergiversada de la Historia de España, en días en que la Tolerancia puede ser ley mayor, y en que hasta los más altos estamentos del Estado han proclamado la injusticia y el descalabro que supuso la expulsión de judíos y moriscos...