HISTORIA DE AL-ANDALUS 

                 

FONDO KATI

 

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA BIBLIOTECA ANDALUSÍ EN TUMBUCTU.

 

Revista: ANDALUCÍA en la HISTORIA

Ismael Diadié

 

Aquí están de nuevo manuscritos de Derecho, Métrica, Filología, Lógica, Matemáticas, Astronomía, Medicina, Teología... de autores de Toledo, Málaga, Granada, Sevilla, Valencia, Almería, Ronda, Zaragoza... Aquí de nuevo vuelve a vivir al-Andalus en una memoria de pergaminos, vitelas, papeles y tintas que los Banu l-Quti de Tombuctú conservan.

Todo empezó en Toledo el 22 de julio del año 1467. Una férrea oposición enfrentaba a Enrique IV con el príncipe Alfonso mientras nobles y clérigos tomaban parte por Alfonso en esta lucha por la corona de Castilla. En un día llamado de la farsa de Ávila, canónigos y nobles destronaron a Enrique IV, el rey huraño. Los cristianos viejos trabajaron con empeño para limpiar las tierras de Castilla de todos aquellos que llevaban sangre judía, que fuesen practicantes de la fe Moisés o conversos venidos al cristianismo desde el judaísmo o el Islam. Éstos, sintiéndose amenazados, se sublevaron en Toledo en aquel día de los fuegos de la Magdalena.


Después de fuertes discusiones, conversos y cristianos viejos se enfrentaron en una dura lucha. Fuertemente armados, los conversos pusieron cerco a la catedral y mantuvieron a los cristianos asediados después de matar a dos canónicos y algunos cristianos más. Un millar de cristianos y un refuerzo de ciento cincuenta hombres llegados de Ajofrín vinieron a socorrer a los asediados. Los conversos tomaron puertas y puentes de la ciudad y montaron cuatro barricadas. Los combates se iniciaron entonces en los alrededores de la catedral y prosiguieron en el barrio de la Magdalena, donde fue hecho prisionero el licenciado Alonso Franco. Los asediados pudieron salir: unos dicen que por la puerta que da sobre la calle de Ollas; otros, que por la del Reloj. La respuesta de los conversos fue prender fuego al barrio de la Magdalena. Todas las casas vecinas al Corral de Don Diego ardieron al instante. Fray Mesa, un cronista de Castilla, dice que el fuego se extendió con la fuerza del viento a la Trinidad, pasó cerca de San Juan de la leche, redujo a cenizas la calle Nueva y la de la Sal, llegando hasta el mercado de las  especias y Santa Justa. El incendio prosiguió, según el cronista, por la calle de los Tintes y quemó la casa de Diego García de Toledo. 1600 casas quedaron destruidas. Los cristianos viejos, des­pués de largos días de lucha, pudieron finalmente controlar el fuego y reducir a los conversos. Su cabecilla, Fernando de 1a Torre, fue ajusticiado; muchos otros Conversos correrían la misma suerte en días posteriores.
 
De poco sirvió a los sublevados las acciones que llevaron a cabo durante los fuegos de la Magdalena, viéndose muchos obligados a huir de Castilla con sus bienes Los que optaron por quedarse privados de su derecho a llevar armas, o a ocupar puestos en la Administración, finalmente tuvieron que convertirse y dar fe de su buena voluntad de ser cristianos ante el Tribunal de la Inquisición.
 
Ali b. Ziyad al-Quti el último visigodo de Castilla
Ante tan sombrías expectativas, Ali b. Ziyad al-Quti al-Tulaytuli al-Andalusí un godo islamizado de Toledo, dejó en la ciudad del Tajo mujer, hijos y bienes y emprendió un largo viaje hacia el sur, con poco oro y muchos libros manuscritos. Se dirigió hacia Sevilla para después tomar el camino de Granada, donde reinaban todavía los nazaríes. Fue por poco tiempo. Granada vivía entre el constante asedio de los castellanos y la lucha tenaz que los nazaríes libraban entre sí. El toledano siguió, pues, su camino en busca de una tierra de paz y tranquilidad que en la Península no encontraba.
 
Antes de él poco se sabía de la vida de los visigodos en Castilla. Pocos sabían que después de la conquista musulmana muchos de los descendientes del rey Vitiza se quedaron entre Toledo, Córdoba y Sevilla, y que años más tarde, algunos dejaron de vivir en su comunidad mozárabe para convertirse al Islam, adoptando su lengua y sus costumbres. Muhammed Ibn al-Qutiya, descendiente de Sara la Goda, vivió en el siglo X en Medinat al-Zahra, cerca de Córdoba; fue un gran historiador, poeta y eminente filólogo. También vivió en Córdoba Hafs b. Albar al-Quti, el gran traductor de los Salmos de David; y más tarde en Toledo vivió Suleymán b. Harit al-Quti, médico de profesión, autor de un tratado de oftalmología publicado en su versión latina por Pagel, en Alemania, en el año 1896, y en su versión catalana, por Mestre Joan Jacme, en Barcelona, en el año 1933. Fueron los más conocidos de los Banu l-Quti. Ali b. Ziyad fue el último Quti en surgir en la historia de Castilla; fue el último godo de Castilla.

Por los caminos del desierto
Ali b. Zíyad al-Quti llevaba con él todo lo que pudo sacar de Castilla: oro, libros y mucha amargura. Pasó el Estrecho, dios sabe cómo, y llego a Ceuta, ciudad que según dijo perteneció a los territorios gobernados por su familia en los lejanos tiempos de los reyes godos de Toledo. Poco después marchó a Fez, desde donde viajó hacia los límites del gran desierto de África. Seis meses permaneció en el Tuwat, donde compró una biografía del Profeta del Islam escrita por Cadi Iyad al-Andalusí de Ceuta, titulado Kitab as-Shifa. En un folio de este manuscrito apuntó lo siguiente: «Compré este manuscrito dorado, titulado Es-Shifa Cadi Iyad, a su primer propietario, Muhammad b. Umar, por el valor de 225 gramos de oro puro pagado en total al vendedor. Esto fue dos meses después de nuestra salida de Toledo, tierra de los godos. En este momento estamos en ruta por el Bilad as-Sudan, la tierra de los negros. Pedimos a Allah el todopoderoso que nos conceda allí la tranquilidad. El esclavo de su Señor, Ali b. Ziyad al­Quti. 22 del mes de Muharram del año 873 de la Hégira.»
 
Ali prosiguió su camino por las sendas del desierto. Pasó seis meses en Sijil­masa y regresó de nuevo a el Tuwat. Más tarde hizo un viaje a la Meca y de regreso a el Tuwat encontró a uno, andalusíes con quienes hizo el camino hacia la tierra de los negros. Pasó cuatro meses en Walata, la última ciudad del Sahara hacia el sur, y después emprendió de nuevo viaje hacia Gumbu, una ciudad del antiguo imperio de Gana que Habrahán Cresques no mencionó en su mapa el Atlas Catalán del año 1375.
 
Ali b. Ziyad se caso con la sobrina del rey sunni Ali, Kadiya bint Abubakr Sylla.
Una vez en Gumbu, Ali b. Ziyad al-Quti se casó con una sobrina del rey del país sunni, Ali rey del Songhay. Su mujer Kadiya bint Abubakr Sylla, era la hermana mayor del futuro emperador ghay Askia Muhamad b. Sylla. De este matrimonio entre un descendiente del rey Vitiza de Toledo y una mujer de la familia real de Gumbu, nació Mahmud Kati, de quien descienden los Quti del Valle del Níger, y aquí comienza la fascinante historia del fondo Kati. Empezó a formarse con los manuscritos de Ali b. Ziyad al-Quti. Muchos están hoy destruidos pero todavía en el Fondo conserva su Corán copiado por un turco en el año1423, treinta años antes de la caída de Constan­tinopla, y su biografía del Profeta comprada en el Tuwar, entre otros. A éstos y otros se ha añadido los manuscritos del emperador Askia Muhammad, hermano de su esposa. Así nació la primera biblioteca del África negra, a 1a que pusieron el nombre Hazanat de los Banu I-Quti. Ali b. Ziyad murió antes del año 1516; sobre su tumba hay una piedra donde se puede leer: «Esta es la tumba de Ali b. Ziyad al-Maghribi al-Andalusí». Antes de morir pasó unos seis años entre el Maghreb y Al Andalus. De su tierra volvió de nuevo con manuscritos para su biblioteca.
 
Su hijo Mahmud Kati estaba en Gao cuando llegó de Fez León el Africano y su tío, mandado como embajador del rey de Marruecos a la corte del emperador Askia. Años más tarde, Mahmud Kati, que hizo su peregrinación con Askia en el año 1497, será nombrado gobernador en el Songhay occidental, ministro de Finanzas y finalmente juez supremo en Tindirma, segunda capital del imperio. Mahmud Kati desplazó a esta última ciudad la biblioteca y la enriqueció considerablemente. En los már­genes de sus manuscritos fue anotando página a página todos los acontecimientos del imperio. Murió en Arkodia, en la región de Mopti, el 27 de septiembre del año 1593.


Dos años antes de su muerte llegó a Gao, capital del imperio Songhay, un ejército de moriscos, marroquíes y muchos renegados cristianos dirigidos por Yuder Pachá, un renegado natural de Cuevas de Vera, hoy Cuevas de Almanzora, en Almería. Fueron enviados por AlManzor, rey de Marruecos, para conquistar el imperio Songhay. Libraron batalla en Tondibí, el 13 de marzo del año 1591 y la ganaron feliz­mente. Este abigarrado ejército se instaló a lo largo de la Curva del Río Níger, ese dios indómito, apartando del poder a los Askia y sus familiares entre los que se contaban los Banu l-Quti, cuyo patriarca era entonces Ismael Kati. Éste vio cómo en 1612 los Kati abandonaron Tindirma para instalarse en Kirshamba y sus alrededores. Ismael Kati murió solo y desdichado.
 
Mahmud Kan II, casado con Miriam bint Muhammad Es-Sahili al-Ghar­nati, una descendiente del arquitecto granadino Al-Saheli, se estableció en un pueblo de Yennée, la Venecia del Mali, y a su muerte, acaecida en 1648, la biblioteca fue repartida entre sus hijos.
 
Ibrahim, uno de los hijos de Mahmud Kati II y de Miriam la Granadina, com­pró todas las partes de la biblioteca heredadas por sus hermanos y herma­nas, y la instaló en Thié (otro pueblo de Yennée), donde se casó con una nativa, nacida fuera de la cerrada aristocracia.
 
Este matrimonio poco afortunado acabaría perjudicando a la biblioteca en torno a la cual había transcurrido la  vida de los Kati. Ibrahím, hombre adinerado, propietario de muchas tierras y ganados, siguió comprando manuscritos. Pero de poco le sirvió su dedicación. A su muerte, la biblioteca volvió a dispersarse.


Muhammad Abana, nieto de Ibrahim, emprendió el camino de su abuelo. Durante años, viajó entre Gumbu, Gundam, Kirshamba y tantos otros pueblos para comprar los manuscritos de la familia dispersados entre sus hermanos y primos. Compró algunos a cambio de una vaca, otros por camellos, y aún hubo otros que adquirió mediante el pago de reales y otras monedas del siglo XIX. Se casó con Arkia Ali-Gao b. Mahmud Kati III y mandó todos los manuscritos a Gundam, una aldea cercana a Tom­buctú. Jurista, historiador y médico, Muhammad Abana escribió varios tra­tados sobre al-Andalus, pero vio su vida matrimonial truncada por su suegra y sus cuñados, quienes le recordaban siempre que su abuelo Ibrahim se casó con una mujer de clase baja. Muhammad Abana aban­donó la biblioteca y dejó en Gundam a su esposa e hijos. El lugar donde se encuentra su tumba constituye un misterio. Con su muerte, la biblioteca sufrió una nueva dispersión.
 
Cuando los franceses conquistaron la Curva del Níger a finales del siglo XIX se dedicaron con ahínco a la búsqueda de la famosa biblioteca de los Kati y de uno de sus manuscritos llamado Tarikh al-Fettash. Fehx Dubois, periodista de Le Figaro, dedicó en Tombuctou la mysterieuse, publicado en 1897, un capítulo sobre Mahmud Kati, quien desde entonces fue conocido en París y otras zonas del mundo como el sabio Kati.
 
Los años han pasado y un bisnieto de Muhammad Abana, llamado Diadié Haidara, dedicó su vida a buscar los manuscritos de la familia para unificar la biblioteca. Pero murió el 18 de diciem­bre del año 1995 sin ver hecho realidad su sueño. Su hijo Ismael pudo, finalmente, hacer lo que sus antepasados, Ibrahim y Muhammad Abana no lograron: unificar el Fondo Kati que Mahmud Kati pidió en su testamento que quedase unificado.

Aquí están de nuevo manuscritos de Derecho, Métrica, Filología, Lógica, Matemáticas, Astronomía, Medicina, Teología... de autores de Toledo, Málaga, Granada, Sevilla, Valencia, Almería, Ronda, Zaragoza... Aquí de nuevo vuelve a vivir al-Andalus en una memoria de pergaminos, vitelas, papeles y tintas que los Banu l-Quti de Tombuctú conservan como su única patria.