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SEVILLA.
Ismael Diadié Haidara, miembro de la Familia Kati
y responsable de la biblioteca andalusí de Tombuctú, vive a caballo entre Granada y
Mali. Desde la ciudad andaluza ha conseguido demostrar a las autoridades
autonómicas que los manuscritos custodiados por su familia desde hace más de quinientos años son una memoria
única para conocer la historia de Al-Andalus. Desde Tombuctú, ha
convencido a los suyos de que debían hacer realidad la última voluntad de
Mahmud -hijo del jurista visigodo Ali ben Ziyad al Quti, fundador de la dinastía que salió de Toledo en 1468 para instalarse en la curva del Níger- y, según rezaba su
testamento, evitar la dispersión de los 7026 manuscritos de los Kati: "Mi tatarabuelo, un
médico que
.
vivió en siglo XIX, compró muchos de los manuscritos a sus contemporáneos y yo he sumado a esta
herencia legítima la adquisición de algunos más para que volvieran a estar todos
juntos", explica Diadié, empeñado desde hace años en volver a dar vida a la
historia que unió los destinos de África y la Península Ibérica.
Ambas geografías y voluntades
convergen en dos espacios: la Biblioteca de Tombuctú recientemente inaugurada (
un edificio financiado por la Consejería de Relaciones Institucionales de la
Junta de Andalucia, que reúne todos los legajos, y que en breve espera poder acometer su digitalización)
y también en el libro Los últimos visigodos, la biblioteca de
Tombuctu, escrito por Diadié, que acaba de publicar la editorial sevillana RD.
Esta narración, a medio camino entre crónica; novela y ensayo
histórico, detalla con detenimiento la historia de los Kati desde su salida de Toledo y hasta el siglo
XX.
Para trazar la historia de su familia, Diadié ha utilizado como fuente principal las más de 5.800
anotaciones que sus antepasados inscribieron en los manuscritos atesorados durante centurias por la familia. "Anotar en los
márgenes de los documentos todo lo que ocurría es un mal que ha caracterizado desde siempre a mi familia", bromea el autor, quien define la biblioteca conservada por su familia como "una parte dolorosa de nuestra historia". "Hablar de los manuscritos es
rememorar el exilio y remover las cenizas todavía calientes entre los
Kati", sentencia.
Además de las anotaciones, que registran traslados, bodas, nacimientos, transacciones
comerciales, comentarios literarios y detalles de la vida cotidiana, Diadié se ha valido de la memoria oral de sus familiares para reconstruir su pasado. El estilo en el que ha
escrito el libro recuerda de a los cantares de Juglaría. "De algún modo, trato de reproducir la forma de
narrar que se ha transmitido viva generación tras generación", explica el escritor. Por las páginas
de Los últimos visigodos desfila también la historia de un Al-Andalus
muchas veces idealizado y todavía vivo en la memoria de los Kati.
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