LOS ANDALUCES

 

BARAHONA DE SOTO, LUIS

 

Poeta y médico andaluz.

Nace en la ciudad cordobesa de Lucena en 1527. Muere en Archidona el día 5 de Noviembre de 1595.

 

 

Quizás la referencia más certera y la que al mismo tiempo confiere más alto rango a la obra poética de Luis de Barahona –dado el carácter universal de libro en que se habla- sea la que hace Cervantes de su ingenioso Hidalgo, cuando en casa de Don Quijote, los amigos de éste condenan a la hoguera la mayor parte de sus libros, que consideran culpables de su falta de cordura. Y así, uno de los libros tomados al azar por el barbero, cuyo título reza en la portada: <<Las lágrimas de Angélicas>>, hace exclamar al cura: <<Lloráralas yo si tal libro hubiera mandado quemar, porque su autor, fue uno de los más famosos poetas del mundo… y fue felicitadísimo en la traducción de algunas fábulas de Ovidio>>.

 

Acerca del lugar donde naciera –aun cuando esté demostrado que Lucena fue su cuna-,  no ha faltado quien situé su nacimiento en diversos lugares  de  nuestra  geografía  nacional,  siendo  el  mismo  poeta   quien –seguramente sin proponérselo-, más colaboró a propagar tales errores. Así, por ejemplo, algunos pretendían que Granada fue su patria chica, queriendo ver una prueba de ello en las palabras del poeta, quien llevado de su amor por la bellísima ciudad, escribió en una de sus églogas:

¡Dulce Granada mía…!

 

Criado en el seno de una familia de origen noble, pero venida a menos, cuya fortuna había menguado hasta el punto de impedirles pagar la estancia del hijo en la universidad, hubo Luis Barahona de recurrir a la protección de amigos y parientes para realizar sus estudios.

 

En la primera época de estudiante de Medicina en Antequera, se manifiestan en él esos rasgos de carácter comunes a la mayoría de andaluces, que llegan a configurar nuestra particular idiosincrasia: es generoso y honesto, desprendido o más bien indiferente para los asuntos pecuniarios, y un poquito zumbón. Veamos unos versos de esa poesía titulada A la pobreza.

 

Es asco por ventura usar el cobre?

Dos higas dó a la plata y cuatro al oro

Si aquéstos faltan como aquel me sobre

 

Y estos en los que zahiere a los hidalgos que, a pesar de la manifiesta ruina que padecen, aún se muestran fatuos y alardeadotes:

 

 Y ¡cuántos caballero á ser lacayo

Se mojarara en sayo, capa y gorra!

 

O estos otros donde canta las ventajas de ser pobre:

 

No hay hombre que le lleve su hacienda

Ni salteador que espíe su camino

Ni viñadero que le coja prenda.

 

Se lamenta de la poca estima en que se tiene a los literatos; pero adviértase cómo en el último verso expresa claramente ese sentimiento de desprecio, de indiferencia, con que el andaluz, llevado de su talante altivo, suele definirse en situaciones especialmente difíciles que le afectan de modo directo, pero a las que no puede oponer sino la rabia contenida o el orgullosos desdén:

 

Ya fue el ingenio más premio que el oro

Y agora no hay estiércol más pisado

Más ¿qué me va a mi en esto o a qué lloro?

 

En Antequera tiene por maestro a Juan de Vilches, insigne humanista eclesiástico a cuyo entusiasmo para con las letras clásicas y al buen quehacer de su oficio, se debió en gran medida el nacimiento de aquella famosa Escuela de Antequerana; en torno a la cual brillaron con luz propia grandes vates, y que en la segunda mitad del siglo XVI y primera del XVII, hizo Antequera lo que algunos llamaron La pequeña Atenas Andaluzas, por la pléyade de literatos que en ella surgieron.

 

Desde finales de 1567 hasta 1569, Barahona reside en Granada, ciudad en la que traba una sólida amistad con el lisbonense Gregorio Silvestre, poeta y organista de la catedral granadina.

 

Será por tanto testigo de los sucesos que tuvieron lugar en la ciudad la noche del 16 de Abril de 1568, en que se alzan en armas los andaluces de las Alpujarras contra la autoridad tiránica del Imperio español.

 

Cuanta Mármol Cavajal en su Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada, <<que en la Navidad de aquel año, los moriscos que habitaban el barrio del Albaicín también querían rebelarse, a lo cual les incitaban los monfíes, que venían por la noche a alentarlos (…) y como chispa de fuego que prende en campo de seca mies, se extendió la rebelión por toda la Alpujarra, alzándose casi a un tiempo las tahas de Órgiva, Poqueira, Ferreira, Jubiles, Los Caheles, Ugíjar, los lugares de Adra (…) Mandaron sofocar la rebelión al marqués de Mondéjar y con él, a su buen amigo Don Alonso de Granada y a los hombres de armas que acudían de Úbeda y Baeza y de otras cien partes>>.

 

¿Tomó parte Barahona en la guerra contra esta rebelión? Rodríguez Marín asegura que sí, basando su afirmación en el hecho fácilmente refutable, de que tras aprobar su segundo curso de Medicina en Granada el 4 de Junio de 1569, no se matriculó para el tercero hasta el 14 de Octubre del mismo año, pretendiendo el biógrafo que Luis Barahona durante esos cuatro meses <<estuvo batallando contra los infieles>>.

 

Lo cierto es que no hemos encontrado de esas fechas pruebas concluyentes, que hagan suponer la autenticidad de los hechos que Rodríguez Marín da por seguros. A este respecto, sería bueno preguntarse si los estudiantes de la universidad de Granada en el siglo XVI tenía vacaciones; pero tan natural se nos antoja, que tanto los ilustres profesores que ejercían su cátedra en las universidades de la época, como los alumnos que concurrían a las mismas, disfrutaran de un período de descanso, que habría de coincidir, por lo menos en Andalucía, con los calurosos meses de verano…

 

Hagamos una valoración de la dedicatoria que hace de unas poesías propias, quince años más tarde de la fecha a que estamos asistiendo, a su protector y amigo el marqués de Peñafiel, y que Rodríguez Marín utiliza como sustento de su débil teoría Es natural que sus poemas de aquella época nacieran entre las zambras, dado que la población del reino nazarí hacia el año 1568, nos dice B. Vicent era de algo más de 250.000 habitantes, de los cuales la gran mayoría eran andaluces o moriscos como los apellidan los invasores.

 

En cuanto a los desasosiegos que tuvo entre las armas y las letras, resulta pueril que semejante observación constituya un testimonio fehaciente, sobre el que establecer su participación en la guerra contra los independentistas andaluces.

 

Tras la muerte de su amigo Gregorio Silvestre, acaecida poco después en Granada, se resiste a seguir viviendo en dicha ciudad que tan dolorosos recuerdos le trae.

 

En Octubre de 1569 se matricula en la universidad de Osuna para seguir el tercer curso de Medicina. Poco más tarde le veremos relacionado con lo más selecto de la intelectualidad de esta ciudad, que acostumbra a darse cita en casa de Cristóbal de Sandoval, culto y rico propietario de la ciudad. Precisamente en la tertulia de Sandoval llega a manifestar Barahona una serie de opiniones y comentarios diversos, que llegados a oídos del rector de la universidad, Antonio Quirós y vera, hacen que éste decrete su inmediata expulsión de las aulas.

 

Nuestro poeta envía entonces al rector un escrito donde explica que <<en la academia de Cristóbal de Sandoval se ejercita poesía latina y castellana, y de ello no había redundado ni redundaba ninguna causa de escándalo, antes cosas de ingenio y virtuosas; y esto en los días libres de estudio, los quales, otros suelen ocupar menos bien>>.

 

Pero el escrito no basta para lograr el perdón del rector, por lo que tiene que acudir al caballero de Sandoval y a Francisco Gil, quienes tras complejas gestiones, consiguen que el iracundo rector deponga su actitud, restituyendo al alumno su derecho a continuar en la universidad.

 

Rodríguez Marín analiza las causas que pudieran haber concurrido en el mencionado caso, suponiendo que tal vez el poeta llegara a escribir alguna letrilla mordaz, parecidas a aquellas otras con que <<el vulgo estudiantil, satirizaba a quienes en virtud de cédulas de curso obtenidas sin frecuentar las aulas, se hacían de golpe y porrazo bachilleres, licenciados, y doctores>>. Todo parece indicar pues, que Antonio Quirós montó en cólera al verse tratado vejatoriamente en las citadas coplillas, ya que por lo visto, no era todo lo docto que se pudiera pensar a tenor del cargo que le distinguía.

 

La academia de Sandoval debió ser por entonces en Osuna, una especie de foro donde se pasaba revista a las mil y una injusticias derivadas del mal gobierno de chancilleres y regidores. Para refrendar lo dicho, baste recordar aquel acuerdo que adoptó el Consejo de Justicia y Regimiento, por el que ante el problema de la crisis de abastecimiento, producida tal vez por el abandono de las tareas agrícolas, o como consecuencia de alguna epidemia de peste que asolara la comarca, resuelve sacar el trigo del pósito y darlo a los panaderos para que lo amasen; de forma que éstos, habían de cobrar al contado a los compradores, gentes del pueblo llano que nunca andaban sobrados de dinero, a fin de pagar diariamente al síndico del pan, mientras que a cada uno de los jueces de la audiencia del duque y a cada uno de los oficiales del cabildo, <<se les daba al fiado un amasijo de seis fanegas para pasar el mal tiempo>>.

 

Barahona, indignado ante tal medida, compuso el siguiente epigrama:

A los regidores de un Cabildo que repartieron el pan del pósito entre sí, sin dar a los pobres parte:

Pues sois cabezas señores,

Ved, oid, oled, gustad

Lo que pasan los menores

Por vuestra parcialidad

Si sentís vuestros trabajos

Y no los de esotras gentes

Dirán vos cabezas de ajos

Pues no tenéis más que dientes

 

Puede inferirse de la lectura de estos versos que Barahona era un hombre preocupado por la justicia social, y que pese a estar en relaciones de amistad con caballeros nobles y principales, no se privaba de criticar los abusos de la clase dominante, dando así muestras de una rectitud de criterio ejemplar.

 

A finales de 1573, después de haberse licenciado en Medicina por la universidad de Osuna, se traslada a la corte del nuevo Estado, residiendo en Madrid por un tiempo indeterminado. Allí se le nombra agente del mitrado de Compostela, posiblemente por la intersección que en su favor lleva a cabo la casa de Osuna; <<pero ya porque a pesar de tan poderosos padrinos no logra medro en la corte, o ya porque el trato de aquellas gentes no agrada a su natural, franco y sin doblez, abandona las orillas del Manzanares>> -arroyo aprendiz de río-, y vuelve a las del caudaloso Betis, de las cuales conserva gratísimos recuerdos.

 

Sobre ese Madrid cicatero y gazmoño en que vivió Luis Barahona, transcribimos unos versos de su amigo, el poeta zafreño Cristóbal de Mesa:

Todo es Andalucía, todo es cautela (…)

El que os muestra buen rostro y os apoya

En cesando las dádivas y los dones,

No hay más memoria que de aquí a Troya…

 

En Sevilla conoce a Fernando de Herrera, el maestro de la escuela poética sevillana. Con él tiene un disgusto que no pasa a mayores, por unos versos que llega a escribir criticando el estilo artificioso y grandilocuente de Herrera, quien le responde con otros versos impregnados de ofendida dignidad. Finalmente todo se arreglará, quedando los dos poetas más unidos que antes.

 

La estancia de Barahona en Sevilla no debió ser larga, pues en 1578 regresa a Granada, donde tenemos noticia de un lance amoroso entre el poeta y cierta dama de la nobleza local. Contrae matrimonio con una dama de Archidona a mediados de 1582. Era una mujer joven y bella, de poco más de 18 años, recientemente enviudada de un rico labrador.

 

Unos años después del nacimiento de la primera hija habida en el matrimonio y bautizada con el nombre de Luisabel, es nombrado médico del concejo de Archidona, asignándole un sueldo de 12.000 maravedíes anuales; también es designado para ocupar el cargo de regidor, <<en atención a sus muchos méritos>>.

 

Durante esta época tiene ya terminada la primera parte de Las Lágrimas de Angélica, poema épico basado en el Orlando Furioso de Ariosto. Solicita el privilegio para su publicación y lo obtiene por diez años.

 

Al nacer Roquiana, la segunda hija del poeta, Doña Isabel enferma gravemente a consecuencia del parto. Los intentos de Barahona de Soto por salvarla son inútiles, muriendo a la edad de 40 años. Su amistad con Cervantes hay que situarla entre 1587 y 1593, período en el que el autor del El Quijote, obtiene el empleo de comisario del rey, viajando a Sevilla y recorriendo numerosos pueblos y ciudades de nuestra geografía <<cumpliendo los deberes que su desmadrado ejército le imponía>>. Es muy probable que ambos literatos se encontrasen en Archidona y que luego mantuvieran una regular correspondencia.

 

En Vélez-Málaga vive Doña María Navas, doncella joven y rica en conocimientos, a diferencia de Isabel Sarmiento, su anterior mujer. Nuestro poeta contrae segundas nupcias el año 1591. El matrimonio no tiene hijos propios, disfrutando Luisabel y Roquiana de un admirable trato por parte de su madrastra; mujer de temperamento dulce y agradable que <<animaba a su esposo en sus tareas y aún emitía juiciosas opiniones sobre sus escritos>>.

 

A la tertulia que Barahona crea en su casa, concurren cuantos literatos y poetas había a la sazón en la ciudad, así como también aquellos que yendo de paso se detenía por unos días en Archidona. <<En las contiendas que solían suscitarse, Barahona, para dirimirlas o acaso para enzarzarlas, echa mano de alguno de los 400 cuerpos de que contaba su selecta librería>>.

 

Hallándose en plena madurez profesional y creativa, mientras su existencia transcurre con placidez, le sobreviene la muerte a los 48 años de edad, un domingo 5 de Noviembre de 1595. Sirvan las palabras de su biógrafo, Francisco Rodríguez Marín, a modo de epitafio en este nuestro homenaje particular a la memoria del gran poeta andaluz.

 

<<Día de profundo duelo fue aquel para todo el mundo en Archidona que estimaba al ilustre licenciado como a un hijo predilecto. Durante seis meses, todos los domingos y fiestas de precepto ardió un hacha de cera sobre el sepulcro de Luis de Barahona. Extinguióse la luz en que consistía aquella ofrenda piadosa, pero no el suave resplandor del genio del poeta>>.