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“ASHADU AN LA ILAHA ILLALLAHU WA ASHADU ANNA MUHAMMADAN ‘ABDUHU WA RASULUHU” Abd Karim Farkhani
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“Doy testimonio de que no hay ídolos si no Allah y que Muhammad es su sirviente y mensajero”
Esta es la enseñanza básica y fundamental del Profeta (s.a.s.); la convicción de la Unicidad de Allah (s.w.t.). Esta bella frase es la piedra angular del Islam, su cimiento y su esencia. La aceptación o la negación de esta frase crea la diferencia entre los hombres. Sin embargo se debe señalar que la diferencia se hace patente sólo cuando hay una aceptación consciente del Din y una total adhesión a el. Simplemente decir las palabras no convierte a una persona en mu´min*. Para ser un mu´min, debemos aceptar conscientemente el significado de este aserto y adherirnos a todas sus implicaciones en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, repetir la palabra “comida” no calma nuestra hambre, realmente necesitamos comer. Pero no sólo el ser conscientes de esta frase implica el creer en ella. Para tener total certeza y convicción en ella necesitamos ser capaces de entender su significado.
La palabra árabe “Ilah” significa el que ha de ser adorado. El único que merece ser adorado es un ser que a causa de su grandeza y poder merece tal acción. El término adorar ha de entenderse como una sumisión total en completa humildad.“Ilah” tiene infinito poder de tal manera que todos los demás dependen de él, pero él no depende de nada ni de nadie más. “Allah” es el nombre árabe de tal ser, cuyo concepto no es asimilado en ninguna otra cultura. Así que literalmente “La Ilahi Illallah” significa que no hay otro “Ilah” que el Unico, conocido por el nombre de Allah”. Ahora que se ha explicado el significado de esta frase es necesario mirar su importancia y significación.
Desde el principio de los tiempos el ser humano ha sentido la necesidad de adorar a alguna deidad o deidades. De esto es lógico asumir que tener una deidad y adorarla esta profundamente arraigado en la naturaleza humana. Pero, ¿por qué tiene el ser humano la necesidad de adorar?
Si observamos al hombre en el contexto del universo, vemos que ni es autosuficiente ni puede existir por si solo, como lo es la naturaleza que lo rodea. De hecho, el hombre es débil. Cuando el hombre mira a su alrededor, a la naturaleza, ve el sol, la luna, las estrellas en constante movimiento, experimenta terremotos, tormentas y otros desastres naturales. Ve que grandes y poderosos son estos cuerpos, en contraste que insignificante es el hombre. Sin embargo al mirar a la naturaleza a menudo comete un gran error debido a su ignorancia. En el principio cree que estos cuerpos naturales tienen el poder en si mismos, poder real y autoridad y en consecuencia son divinos. Así comienza a adorar árboles, animales, ríos, montañas, al fuego, a la lluvia o al aire.
Pero si el hombre hubiese mirado más allá de la grandeza de estos cuerpos, hubiese visto que ellos mismos son dependientes y desvalidos, y son dependientes de un ser más grande, al igual que lo es el hombre mismo.
Así que cuando el hombre busca en el Universo a este ser más grande, será consciente de la uniformidad, la regularidad y la completa obediencia a una gran ley en todos los campos de la naturaleza. Esto lleva entonces a la conclusión lógica de que debe haber una deidad más grande que la naturaleza misma, que ejercita la suprema autoridad. Sí hubiese deidades independientes y separadas, toda la maquinaria del Universo se colapsaría. Esta deidad es conocida con varios nombres, Allah, Dios...
En tal contexto, el hombre se da cuenta de que hay una razón para su existencia y que ésta no se produce sólo por accidente. Se da cuenta de que el Universo no puede existir sin un Creador, un Diseñador que lo controle y gobierne. Este Creador debe tener infinitos poderes, debe ser el Señor del Universo y de todo lo que contiene, debe estar libre de fallos y debilidades y ningún otro poder puede interferir con Su obra.
El Politeísmo es una forma de ignorancia que no puede resistir a un escrutinio racional. Es una imposibilidad práctica. Los hechos de la vida y la naturaleza no pueden encajar en él. Automáticamente este escrutinio racional lleva al hombre a la auténtica realidad, esto es, el Tawhid, la Unicidad de Allah.
Este es el significado de “La Ilaha”, no hay ídolo, ni ser humano, ni objeto material que posea el poder divino y la autoridad que merezcan el sometimiento y la obediencia.
Cuando el hombre acepta el Kalimah, y es consciente de su completo significado, sólo entonces puede el Tawhid tener efecto en la vida cotidiana del hombre. En este momento el hombre es consciente de que sólo Allah es el que posee el Poder Absoluto, y por supuesto todo pertenece a Allah. Entonces es cuando el hombre puede sentirse pleno con su vida cotidiana, satisfecho con lo que le pertenece, sabiendo que es solamente por deseo de Allah que tiene lo que tiene y que puede perderlo con facilidad. De tal manera que el Creyente, el mu´min tendrá la característica de la modestia y la humildad. Un auténtico mu´min nunca será orgulloso ni arrogante, mientras que el no-creyente se vuelve orgulloso y presumido cuando consigue algún mérito mundano, creyendo que ese mérito es debido a su propio valor.
Cuando el hombre vive en este mundo y es un auténtico creyente, sabe que será juzgado por sus actos en este mundo, el ¨Tawhid lo hace virtuoso y justo. El sabe que no hay otros medios para el éxito y la paz interior que la pureza del alma y la rectitud de comportamiento. De tal manera si no vive con rectitud y actúa con justicia, no es un auténtico mu´min.
Por consiguiente, aún con toda la libertad del ser humano, el hombre no es independiente, depende de Allah. Su Iman lo consuela ante los fracasos y llena el corazón de esperanza. Si un mu´min de verdad cae o tiene problemas en su vida, en lugar de hundirse en la depresión y amargura como los no creyentes, vuelve su vista hacia Allah en busca de guía, con confianza total en la sabiduría de Allah. Esto le da el valor para seguir esforzándose en la vida.
El Tawhid hace al hombre obedecer y seguir las leyes de Allah. Es consciente de que Allah lo sabe todo, así que cualquier cosa que haga, buena o mala puede ser escondida a los ojos de sus semejantes pero nunca ante Allah. De tal manera que cualquier cosa que lleve a cabo, la hará para agradar a Allah.
Así al aceptar la Shahadah, se acepta el Tawhid y esto conduce al hombre a una vida plena de significado. Aun desconociendo su destino, mantiene su gran objetivo, buscar los actos que agraden al “Illah”; Allah.
* Mu´min. El que se abandona en Allah.
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