MENTIRAS DEL 11 DE SEPTIEMBRE

LAS GRIETAS DE LA "VERSIÓN OFICIAL"

"El 11 de septiembre no se estrelló ningún avión contra el Pentágono".Así lo aseguran numerosos investigadores que cuestionan las tesis oficiales sobre los terribles atentados. Pero, ¿qué ocurrió realmente? ¿Existió una trama oculta detrás de los hechos? ¿Nos han contado toda la verdad?

Por Bruno Cardeñosa.  Revista Año Cero, edición Mayo 2002.


Mohammed Atta. Un fanático de 33 años que seguía a rajatabla la Ley coránica y que estuvo preparando el más atroz de los atentados durante varios meses. Que trazó con la frialdad del más irracional creyente un plan meticuloso para secuestrar un avión de pasajeros, modificar su ruta y estrellarlo contra el edificio más emblemático del planeta. Que se había entrenado para ello en varias escuelas de aeronáutica. A quien no le importaba sacrificar miles de vidas, si era por glorificar a su dios y a su jefe. Que ni tan siquiera se planteó que para lograrlo debía inmolarse. ..en nombre de Alá. Sólo dos días después de la tragedia del 11 de septiembre, el FBI señala la existencia de 19 pilotos suicidas como responsables de los atentados, entre quienes estaba Mohammed Atta. De inmediato, se le señala como uno de los hombres clave en la operación orquestada por Bin Laden. Al parecer -siempre según el FBI-, había aterrizado el día de autos en el Aeropuerto Internacional Logan de Boston a las seis de la mañana. Dos horas después, tal y como recogieron las cámaras de seguridad del aeropuerto, se sube al vuelo 11 de American Airlines con destino a Los Ángeles. Junto a los otros secuestradores, toma los mandos del Boeing 767, con 81 pasajeros a bordo, a las 8.15 horas. Modifican el plan de vuelo; se dirigen hacia Nueva York; giran a la derecha, pican con maestría hasta situarse a tan sólo 300 metros de altura y hacen chocar el avión contra la torre norte del World Trade Center (WTC).. las 8.48: la guerra ha comenzado.

Pero esta versión -la oficial- presenta extraordinarios agujeros negros. Atta es un saudí del Golfo; allí, la tradición de los terroristas suicidas ha sido siempre defenestrada por el imperante wahabbismo. Por lo que sabemos, tampoco las costumbres de Atta parecen las propias de un musulmám que hacía del Corán su modo de vida. Un ejemplo: se emborracha en un pub próximo a Miami cuatro días antes del atentado, un viernes, el día sagrado musulmán. También resulta sospechoso que los secuestradores del vuelo 11 se dejaran un panfleto con instrucciones de vuelo en coche junto con retratos de Bin Laden. O que fueran capaces de pilotar una fortaleza ingobernable como es un Boeing 767 durante media hora, efectuando giros complejos a baja altura y dirigiéndolo como un misil hacia las Torres Gemelas, cuando habían pilotado hasta ese momento sólo pequeñas avionetas Piper y Cessna. O que el pasaporte de un suicida fuera encontrado casi intacto el día de los hechos entre los escombros de las Torres Gemelas, logrando sobrevivir a los 1.000 grados de temperatura que durante horas asolaron el WTC.  O  -y esto ya no es una conjetura- que ní su nombre ní el de ningún otro ciudadano árabe aparezca en las listas oficiales de pasajeros de ese vuelo. 

Conviene no olvidar que la cadena CNN, por ejemplo, barajó entre las primeras hipótesis la posibilidad de que los aviones suicidas hubieran sido teledirigidos. En este mismo sentido, el diario de Bahrein The Gulf News propuso un escenario alternativo. Se basaba en los estudios del piloto Ishaq Kuheji, para quien resultaba imposible que pilotos sin experiencia hubieran sido capaces de manejar los mandos del Boeing con la precisión de un veterano. En su opinión, es más factible pensar que los sistemas de navegación de los aviones fueran programados con anterioridad, lo cual explicaría las complejas maniobras efectuadas por los aviones. 

Pero si los atentados de Nueva York presentan dudas más que inquietantes, el ocurrido en el Pentágono es un auténtico pozo de incoherencias. En Francia acaba de publicarse el libro "La terrible impostura", de Thierry Meyssan, el responsable de la crítica Red Voltaire, formada por políticos, periodistas e intelectuales que se han caracterizado siempre por sus batallas sociales y su búsqueda de la verdad. Entre otros logros, se les debe el fin del asalto político que llevó al ultraderechista Le Pen a cosechar continuos éxitos electorales. 

Polémica filmación 

Meyssan expone una serie de pruebas que ponen en jaque a las versiones oficiales sobre los hechos del 11-S. Asegura que tras los atentados -y tras Bin Laden y sus socios- podrían encontrarse determinados órganos del establishment político y militar de  EE. UU.  Las duras críticas recibidas no han hecho mella en el fondo de sus argumentaciones: «Esa fuerza inmisericorde ha dejado en pie la casi totalidad de interrogantes que ha suscitado el 11 de septiembre y que es imperativo contestar», escribía en El País José Vidal-Beneyto a propósito de un libro que ha vendido ya 120.000 ejemplares. 

El 7 de marzo, la cadena NBC daba a conocer la contradictoria filmación del atentado contra el Pentágono. La secuencia muestra cómo se produce en la base del edificio una terrible explosión. Al parecer, «alguien» la había filtrado sin autorización. ..¿Por qué? La razón podría esconderse en la misma secuencia, en la cual no se ve ningún avión de pasajeros chocando contra dicho edificio. Sólo tras visionarIa repetidas veces se observa cómo un pequeño objeto alargado de pocos metros de longitud se aproxima al edificio a ras de suelo. Sin duda, no es un Boeing... Casualmente, sólo unos días antes de que se filtrara esta filmación, Meyssan  ya había mostrado una serie de pruebas que parecían contradecir la versión oficial del incidente. Diversas fotografías  se convirtieron en argumentos de peso para sostener sus tesis. 

Pero vayamos por partes. Cuando emergieron las dudas sobre el suceso del pentágono, decidí centrar mi búsqueda en las informaciones que se ofrecieron horas después de los sucesos. Recordará el lector que cuando se produjo el atentado sobre Washington  - a las 9:43 - el planeta llevaba una hora estremecido con las imágenes del Word Trade Center. Los primeros teletipos informaban no del estrellamiento de un avión, sino de una explosión en el interior del Pentágono. Luego se hablaría de dos deflagraciones, e incluso de un camión-bomba.  La existencia de una aeronave involucrada sólo aparece una hora después de los hechos, cuando se alude a un testigo que observó «un pequeño avión sobrevolando el Pentágono» . Sólo entonces, esta tesis cobra fuerza y se recuerda que, a las 910, se había perdido el rastro de un avión que había despegado desde el aeropuerto Dulles de Washington. Al parecer, la aeronave dio media vuelta cuando se encontraba sobre Ohio, dirigiéndose de nuevo hacia la capital.  

Sin embargo, los testigos del incidente de Washington brillan por su ausencia Katty Kay, corresponsal de The Times, es quien recoge los primeros testimonios.  Uno de ellos es el de Alan Graham, que estaba aparcando su coche a 300 metros del edificio cuando  -asegura-  «oí un tremendo ruido; pensé que se trataba de un avión que pasaba sobre mi coche hacia el aeropuerto». Pero sólo oyó el avión... No lo vio. Tampoco observó la supuesta aeronave otro testigo presencial, el asesor del Partido Demócrata Paul Begala: «Vi una gran bola de fuego anaranjada», dijo. «Como la estela de un avión», añadió Dave Winslow, reportero de la agencia de noticias A.P. Ninguno de ellos -insisto- vio un Boeing. ..y quienes vieron «algo», no dudan en calificarlo de «pequeño», como informaría la ABC. Michael Kelly explicó a la CBS lo siguiente: «Vi una aeronave que venía a muy baja altura, y lo siguiente que observé fue una tremenda explosión. Era un avión pequeño». Lo que no pudo precisar es si aparato impactó o no contra el edificio; nadie asistió a esa escena. Ni siquiera un testigo perfectamente ubicado, el periodista español Javier Sierra (no confundir con el actual director de Más Allá), que se encontraba desayunando en una terraza junto al río Potomac: «De repente -nos explica- oí el ruido de motores de avión, seguido de una enorme explosión que conmocionó a personas y objetos. Me asomé a la derecha y vi una bola de fuego naranja mezclada con una espesa nube de humo negro levantarse sobre el Pentágono». Sin embargo, tampoco fue un testigo directo del impacto del avión. Sencillamente, no los hubo. De acuerdo a la versión oficial, en un principio, el avión parecía dirigirse hacia la Casa Blanca. Sin embargo, prosiguió su rumbo en dirección hacia la cara del Pentágono en donde se encuentran las oficinas de los altos cargos y, al superar el Potomac, efectuó un giro para estrellarse en la cara opuesta, justo en un sector del edificio que casualmente estaba prácticamente desocupado, puesto que había sido reformado y los funcionarios aún no se habían ubicado en las nuevas oficinas. Pero un análisis crítico de los hechos vuelve -nuevamente- a traicionar la versión oficial. De acuerdo a los datos ofrecidos por el Gobierno, el avión efectuó tras sobrevolar el río un giro de 180 grados. ..a casi 700 kilómetros por hora. O lo que es lo mismo: la maniobra se habría realizado a 10 G, imposible de ser asumida por humano alguno. Para que nos hagamos una idea: un F-16 puede ejecutar maniobras de hasta 9 G, el límite de lo que soporta un piloto. Un Boeing, claro está, no puede emularlo y, mucho menos, con un piloto sin experiencia. «Además, la maniobra, según los pilotos consultados, habría hecho perder al piloto el mando del avión», asegura Joe Vials, un investigador privado que ha estudiado los hechos, concluyendo que es harto improbable pensar que el piloto suicida, tras el brusco giro, hubiera sido capaz de gobernar el avión y enfilar con tino hacia el Pentágono a tan baja altura como en un aterrizaje, cuando según el FBI fueron precisamente los aterrizajes y despegues lo que menos importaba a los suicidas cuando se instruyeron en escuelas de vuelo. 

Casualmente, el único testigo de los acontecimientos que narra una versión coincidente con la oficial es el capitán del Ejército Lincoln Liebner quien, horas después de los hechos, aseguró haber visto al avión chocando contra un helicóptero y luego contra el Pentágono. Nada de esto se observa en la reveladora filmación. 

Pero las pruebas más rotundas  - y en las que Meyssan sostiene sus dudas- son las fotográficas. De los análisis de las imágenes se deducen las siguientes conclusiones: 

  1°. En un principio se in formó que el impacto había afectado a cuatro de los cinco anillos del Pentágono. Dicha información no es cierta, pues las imágenes muestran que sólo el primer anillo se colapsó. La otra parte del edificio dañada lo fue por culpa del posterior incendio. 

  2°. El impacto de un avión de cientos de toneladas debería haber provocado el derrumbe de la fachada. De hecho, en las imágenes ofrecidas por los medios de comunicación, aparece derruida. Sin embargo, las tomadas inmediatamente después del supuesto impacto muestran en pie el sector afectado el mismo, En éstas no se aprecian más que daños estructurales exteriores y algunos focos ígneos: el derrumbe llegó después. Pero el edificio quedó en pie. Es más: el Boeing 757 que se habría estrellado mide 13,6 m. de altura y, sin embargo, en las imágenes captadas tras el suceso, sólo la primera planta parece afectada, cuando -teniendo en cuenta las dimensiones de la aeronave- el impacto debió haberse producido en la tercera planta o incluso más arriba. 

  3°. El sector dañado mide 19 metros de ancho y 15 de profundidad. Sin embargo, la envergadura del Boeing es de 38 metros y su longitud de más de 47. Es difícil comprender que una fortaleza de tales características hubiera provocado un desperfecto tan pequeño. En todo caso, si el avión hubiera chocado sin penetrar en el edificio cientos de pedazos de fuselaje habrían quedado esparcidos por el terreno. No se encontró, sin embargo, pieza alguna del mismo: «Por decirlo de otra forma, no hay trozos del fuselaje, ni nada parecido», señaló al día siguiente de los hechos Ed Plauger, capitán de bomberos que comandó las operaciones. 

  4°. Si el Boeing hubiera llegado a ras de suelo, en el terreno colindante al sector del Pentágono en donde se produjo el incidente, la hierba y los alrededores estarían arrasados. En las fotografías, apenas se observa nada. Es más, Meyssan señala que dichas imágenes «muestran cómo sobre la hierba intacta se vertieron toneladas de tierra. .. ¿por qué?». El investigador francés sospecha que para ocultar pruebas... Pruebas que confirmarían que ningún avión se estrelló contra el Pentágono. Sin embargo, todos los pasajeros del vuelo 77 de American Airlines murieron. ¿ Qué ocurrió con el Boeing ? Todo parece apuntar a que la aeronave fue interceptada y derribada por un F-16 y que un misil «perdido» fue el verdadero causante de la tragedia de Washington. 

Trama financiera 

Algunos investigadores van más lejos y ven en lo ocurrido el 11-S una conspiración tramada desde el corazón del Imperio. De hecho, los movimiento bursátiles detectados seis días antes de los atentados invitan a pensar que alguien parecía prever lo que acabaría ocurriendo. Las acciones de las compañías aéreas involucradas en los trágicos sucesos cayeron en picado. Además, las opciones sobre compra de las participaciones de empresas asentadas en el WTC se multiplicaron. Los beneficios de las operaciones alcanzaron varios cientos de millones de dólares: «Es el delito por aprovechamiento ilícito de informaciones privilegiadas más importante jamás registrado», indicó en su informe la Organización Internacional de Comisiones de Valores. Pese al poderoso sistema de protección de datos que existe en el entramado bursátil norteamericano, parece que los grupos financieros Alex Brown y Carlyle capitalizaron el beneficio. En cuanto se confirmó este extremo, el FBI fue apartado de la investigación que se puso en marcha.  Y es que, como veremos en un próximo reportaje, tras estos grupos se encuentran hombres muy poderosos que forman parte del Gobierno estadounidense y, más concretamente, miembros del clan familiar del presidente Bush. Ralph Shoenman, quien fue secretario de Bertrand Russell, es uno de los estudiosos que están liderando en  EE. UU. la interpretación crítica de los acontecimientos del11 de septiembre. También él apunta al corazón del Imperio y recuerda el contenido de un documentos secreto de 1962 recientemente desclasificado. Se refiere a la iniciativa conocida como Operación Northwoods, una maquiavélica trama oficial que tenía por objeto buscar excusas para invadir Cuba: «Podemos secuestrar y derribar un avión de pasajeros nuestro y echarle la culpa a Fidel, como hicimos con el Maine». se lee en dicho documento (Continuaremos informándoles en próximos números). .

Nota:

En 1898, la voladura del acorazado estadounidense Mayne sirvió a los norteamericanos como excusa para intervenir en el conflicto hispano-cubano y desató una verdadera fiebre en favor de la guerra contra España, acusada de haber hundido el buque. Sin embargo, todo apunta a que se trató de una explosión accidental.