LOS DIEZ FUNDAMENTOS: BREVE EXPOSICIÓN DE LA VÍA DE AL-GAZZALI

Por el Imâm Abû Hâmid al-Ghaççâli

Allah es al-Muwáffiq, el que propicia a los corazones el seguimiento de la Sunna y las normas del Corán. Es al-Fattâh, el que abre la visión interna hasta que ésta permite ver a los ojos todo aquello que perjudica al ser humano y lo ciega, así como aquello que lo beneficia y es de su provecho. Y es al-Múlhim, el que inspira lo acertado y guía por una senda recta hacia Él mismo.

      Allah es quien convoca a los seres humanos estimulando en ellos una ansiedad hacia lo eterno que se convierte en pasión, y les dice: “¿Cómo el amante puede quedarse dormido y dejar de mirar hacia el Amado?” Y entonces, los más afortunados despiertan, refrescan sus ojos y abandonan los lechos de la comodidad y la negligencia, y hacen de la noche sus mejores momentos de intimidad con el Dueño de sus corazones. Los afortunados son los que hacen de sus noches días, los que se hacen reproches acusándose de desatención hacia el Amado, los que convierten sus alegrías en tristeza porque todavía en ellas no tienen la compañía de Allah, los que cuando consiguen su intimidad saben echar un velo celoso, los que no dudan en permanecer en los umbrales de Allah hasta que les sea dado permiso para entrar, los que se esmeran y redoblan sus esfuerzos por alcanzar al Uno-Viviente. Para ellos, el desierto y la ciudad son lo mismo, y son quienes acaban oyendo lo que nadie puede oír. Son los felices, porque se han quedado a las puertas y no las han abandonado, y han insistido hasta entrar en la Morada del Encuentro.

      Allah retira sus velos y se les muestra en toda su belleza y esplendor. Disipa la niebla que a los demás no permite acceder al verdadero significado de sus Palabras. Y cuando esto sucede, la perplejidad se apodera de los afortunados, y no pueden expresar su emoción más que derramando abundantes lágrimas. Los afortunados son quienes no temen las censuras de las criaturas, se desnudan de la maldad que los hombres tienen por cosa preciada y se revisten con las mejores cualidades, aquéllas que son agradables a su Creador, y esperan con ansiedad hasta que Él es dice: “Yo soy el que se vuelve hacia el que se vuelve hacia Mí”.

      Y en ese feliz encuentro beben del licor de la unión: ¡qué podría decirte acerca de esa bebida! Ellos la absorben en su ser y pierden los sentidos, y es cuando entre ellos y su Dueño Verdadero ya no hay distancias. Se han dejado a sí mismos atrás, y ahora están en su Señor. Y cuando recuperan la sensatez, he aquí que se han vuelto sabios, y su sabiduría es extraña al resto de los mortales. El poeta dijo: “La Verdad ha retirado el más denso de sus velos, y deja a sus íntimos escuchar las más perfumadas de sus palabras. Están presentes en una asamblea entre íntimos, y en ella pierden la conciencia cuando muere todo sufrimiento. Estando siempre cerca de ellos, Allah aún más los aproxima a Sí dándoles de beber de un licor que pertenece a los de más alto rango. Con ello los convierte en reyes, y los hace sultanes de la creación, y son como montañas para el mundo. Son los que han rasgado el velo, y ya nada se interpone entre ellos y lo esencial. Han seguido la mejor de las sendas, y de ella no se han apartado: han declarado la Unidad de Allah y no han dejado de hacerlo hasta tropezar con ella. Han tenido como guía los textos del Libro, y el Corán ha sido para ellos la luz. Y se han aferrado a la Costumbre de la mejor de las criaturas, y la Sunna ha sido para ellos huellas sobre las que depositar sus pies. Son los que no han dejado de ajustarse a sí mismos las cuentas, antes de que nadie tenga que hacerles algún reproche. En la soledad han hablado consigo mismos, y se han dicho verdades. Al llegar la noche, puedes observar que cuando los demás duermen ellos despiertan: saben que es el momento en que menos distancia hay entre Allah y su creación. Dan vida a las oscuridades pronunciado palabras de Allah, y se hacen dignos de su Señor. La Verdad no deja de observarlos, y presume de ellos. Y por ellos se apiada del resto de las criaturas. Yo les envío mi saludo: tal vez lo escuchen en el estrépito del trueno y lo vean en el resplandor del relámpago”.

      Por todo ello yo quiero elogiar aquí a Allah con una alabanza que me haga digno de Él, quiero agradecerle sus bondades para conmigo con una gratitud que propicie aún más su generosidad y la desborde, y me haga pertenecer por todo ello al número de los afortunados, aquellos que han logrado poseer corazones despiertos. Y afirmo que no hay más Verdad que Allah, y que todo lo demás es ilusión. Y con estas palabras rechazo todos los ídolos, todos los fantasmas y todas las fantasías que distancian al ser humano de lo esencial y auténtico. Ojalá que la firmeza de estas palabras me aparte de toda insensatez y me libere de las creencias inútiles, e ilumine mi entendimiento evitándome la ignorancia de los que polemizan sin más argumentos que sus sueños y sus esperanzas. De Allah sólo sé que no puedo definirlo, ni medirlo, ni pensarlo, ni situarlo, ni contemporalizarlo, ni afirmar nada de su cercanía ni de su lejanía, y sólo sé de su grandeza en la media en que la creación me habla de su sabiduría, de su poder, de su resolución, de su belleza y de su majestad. Es la creación, y no sólo yo, la que lo glorifica y exalta en cada instante, pues no hay momento que no sea expresión de la inmensidad de la Verdad que la sostiene y la hace real. A ese fundamento es a lo que llamo Allah, Señor de los Mundos. Y porque sé que nada puede ser dicho acerca de su naturaleza, callo y no la imagino, y mis palabras sólo pueden expresar mi perplejidad y asombro ante lo que carece de forma, de perfiles, de peso, tiempo y espacio.

Y junto a este testimonio pronuncio otro que lo completa, y digo que Muhammad es el mensajero de Allah, y su esclavo y traductor. Él es quien con mayor claridad ha sentenciado acerca de estos temas, y nada sé yo que él no lo haya sugerido. No hago sino intentar beber de su manantial que es la fuente de toda sabiduría sensata. Él es quien sembró la simiente para la destrucción de los ídolos que impiden llegar al Verdadero, y avisó para que su nación no se torciera de ese camino. Ojalá Allah me permita ser su seguidor y amarlo con una pasión que me acerque a él en todo momento. Allah lo bendiga y salude con una paz en la que disfrute de la Abundancia Inagotable de su Dueño.

 Después de todo lo antes dicho, pido a Allah que nos acaricie con la brisa de su cercanía y nos de de beber de las copas de su amor. Quiero explicaros de modo resumido los fundamentos de lo que entiendo como el mejor camino para llegar a saborear a Allah. Ésta senda que resumo es la que se desprende de nuestras experiencias, y tiene diez bases.

 

Primer fundamento: an-niyya as-sâdiqa

La base de todo bien ante Allah es la intención sincera (an-niyya as-sâdiqa) en la que no hay ninguna doblez, porque el Profeta dijo: “El ser humano sólo consigue en verdad aquello en lo que ha puesto su intención”. Niyya, o intención, quiere decir firmeza interior. Es sincera (sâdiqa) cuando su propósito es alcanzar a Allah, y no tiene otro interés, por lo que se rinde por completo a su objetivo y no busca otra cosa: su sola satisfacción está en su Señor, y no en sí misma ni en sus actos. Y además es firme y continua, y nada influye sobre ella ni se tambalea ante nada. Es una intención con la que se busca la Verdad, y por ello es verdadera.

 

Segundo fundamento: al-‘ámal lillâh

El segundo fundamente es actuar por Allah (al-‘ámal lillâh). Es decir, hacer lo que se tenga que hacer por Allah, sin asociarle nada. Nada esperarás de la creación, ni te fijarás en lo que opine acerca de ti. No esperarás que te admiren, ni temerás sus censuras. Esto es lo que quiere decir al-‘ámal lillâh. El Profeta dijo: “Sirve a Allah como si lo vieras; si no lo ves, Él te ve”. Tener presente estas palabras es lo que permite cumplir con este segundo pilar del camino. En otra ocasión, el Profeta dijo: “El servidor del dinero es desgraciado”, no esperes, pues, ninguna recompensa que no sea tu Señor en Sí mismo. Además, para cumplir con este segundo fundamento, debes abandonar todas tus esperanzas y expectativas. Sólo sirve a Allah por Allah el que no espera nada de Él como no sea Él mismo. Nada te bastará que no sea tu Señor. El Profeta dijo: “Signo de buen Islam es que abandones lo que no te concierne”, y a ti sólo te concierne Allah.

 

Tercer fundamento: muwâfaqat al-Haqq wa mujâlafat an-nafs.

En tercer lugar, es necesario coincidir con Allah (muwâfaqat al-haqq) y rebelarse contra el ego (mujâlafat an-nafs). Coincidir con Allah quiere decir abandonarse al destino, fluir con lo que Allah decide, no frustarte ante lo que no te satisface. Rebelarse contra el ego consiste en someterlo a tu disciplina y no entregarte a sus caprichos, perezas y comodidades. El hombre común hace lo contrario a lo señalado en este tercer fundamento: se rebela contra Allah, y acaba frustrado, y coincide con su ego, por lo que acaba cegado. Sin embargo, quien sigue este consejo rompe el velo y entra en el espacio de las revelaciones: duerme poco, prefiere la soledad, practica el ayuno, es humilde, silencioso y pobre. Por ello, es sabio.

 

Cuarto fundamento: al-‘ámal bil-ittibâ‘.

Actuar conforme al ejemplo (al-‘ámal bil-ittibâ‘), es decir, amoldarse a las enseñanzas del Profeta, y seguirlo en el paradigma que nos ofrece. Esto te evitará tus arbitrariedades. Nada consigue el que se sigue a sí mismo, pues aunque no lo quiera es inspirado por su ego, y el ego es un dios, un rival  de la Verdad. El Profeta dijo: “Oid y obedeced, aunque sea a un esclavo etíope”, es decir, respetad a quien tenga algo que enseñaros. Y el mejor de los maestros ha sido Muhammad (s.a.s.).

 

Quinto fundamento: (al-himma al-‘úlia)

Tener una aspiración elevada (al-himma al-‘úlia), es decir, contar con fuerzas suficientes en el corazón como para no dejar nada para mañana, y saber que quien se contenta con poco nunca tendrá mucho.

 

Sexto fundamento: al-‘aÿç

Junto a todo lo anterior debes tener una clara conciencia de tu impotencia (‘aÿç). A pesar de tu resolución y firmeza, tu incansable esfuerzo y tu decisión imperturbable, debes saber que nada de ello te acercará a Allah si Él no quiere. Esto se basa en la Verdad de las cosas, pero también te hará humilde y no despreciar a las gentes. Cuando realmente llegues a saborear que todo está en Manos de Allah estarás de verdad cerca de Él y cerca de las gentes. Habrás comprendido entonces lo esencial.

 

Séptimo fundamento: al-jáuf wa r-raÿâ

Simultanear el miedo (jáuf) y la esperanza (raÿâ). Temer a Allah te evitará echarte a atrás, y esperar únicamente de Él te hará avanzar. No tengas miedos pequeños ni esperanzas pequeñas: sea tu miedo de Allah y tu esperanza de Allah, y así tus pasos serán de gigante.

 

Octavo fundamento: al-wird ad-dâim

Te es necesario un wird permanente (al-wird ad-dâim), pues quien no tiene wird no tiene de dónde beber. Tu práctica del Dzikr es el soplo con el que desatas los nudos, pues las palabras sirven para relajar el mundo interior. Haz que tus palabras sean en buena medida Dzikr, y así iluminarás tu corazón y lo desatarás.

 

Noveno fundamento: al-mudâwama ‘alà l-murâqaba

Constancia en la vigilancia (al-mudâwama ‘alà l-murâqaba). Debes ser consciente de tus momentos, e intentar estar siempre en Presencia de Allah. Quien vigila constantemente su propio corazón acaba descubriendo en él a su Señor, y una vez logrado no debe de apartar de Él la mirada. Con el Dzikr niegas lo que no sea Allah, y eso va despejando tu mundo hasta que en él ya no puedes encontrar lo que no sea la Verdad, y es en tu corazón donde resplandecerá con mayor intensidad. Primero entenderás que no hay movimiento ni calma en el universo que no sea Voluntad de Allah y Presencia directa suya. Después te elevarás sobre esta percepción hasta que esa observación se convierta en certeza, y vivas movido y calmado por Allah. Al final, exclamarás: “Nada veo en lo que no esté Allah”, y es así puesto que Allah es el Sostenedor de todas las cosas. Deja de ver las cosas y distinguirás su Fundamento. Y todo esto te enseñará sobre todo a ser cortés con cuanto existe, pues el Profeta (s.a.s.) dijo: “Me ha educado mi Señor y ha hecho hermosa mi cortesía”.

 

Décimo fundamento: al-‘ilm

Y también debes procurarte conocimiento y ciencia (‘ilm) pues todo lo que se hace sin saber da como fruto ignorancia y fanatismo. Puesto que buscas ser iluminado, has de caminar por una senda clara. Y lo primero que has de procurar conocer es la Sharî‘a para que tus acciones sean conformes a la Revelación, se ajusten a una norma sabia y te enseñen humildad y sencillez. La Sharî‘a no es otra cosa que el Corán y la Sunna, y en ellos está la Senda.

 

Sobre estos fundamentos he asentado los pilares de palacios que son más valiosos que los palacios. Sobre cada uno de estos cimientos he colocado sólidas piedras para que sobre ellas se suban los que quieran divisar el horizonte de Allah. Son un campo de cultivo que arar con azadones de wird y dzikr, para en ellos sembrar los jardines prometidos a los afortunados. Son mi alcázar que he adornado con las ricas alfombras del Salat, y sobre ese reposo he estimulado mi esfuerzo y he redoblado mi esmero. Así es como espero recolectar los frutos de mis acciones: sólo deseo que sean regados por el frescor del agua de Allah. Ciertamente, Él es el Generoso, el Noble, el que no escatima a los que ansían su Abundancia.

Y la Paz se apodere de quienes sigan estos pasos e imiten el ejemplo del Profeta (s.a.s.). Allah lo bendiga y lo colme de secretos íntimos, así como a los suyos y a sus compañeros. Âmîn.